XXI
XXI Francisco Miguel Espinosa
Título original: XII
Año de publicación: 2011
Editorial: Ediciones B
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2011
Páginas: 209
ISBN:
Precio: 15 EUR

Quien me conoce sabe que tengo una seria aversión hacia los relatos de corte flower power que echan sobre la espalda de la humanidad la culpa de todos los males, pasados presentes y futuros, que aquejan a este planeta y parte del extranjero. En realidad, que esa es la motivación principal del libro no queda claro hasta el final, pero bastó para hacerme torcer el gesto y no perdonar ninguno de sus principales defectos.

En primer lugar, había leído por ahí que era una novela trepidante y de buen ritmo. Ni lo uno ni lo otro, el libro está lleno de traslaciones en el tiempo y en el espacio que hacen de la lectura un ejercicio continuado de parones y acelerones muy poco gratificante. Hay si, escenas de acción narradas con fluidez, pero como no forman parte ni justifican por si mismas el argumento de la novela, no dejan de ser estampas brillantes, pero solo eso: pirotécnia sin contenido. La novela funciona más como un conjunto de relatos unidos por un hilo común que como una verdadera narración unitaria. No hay nada de malo en eso si se vende así. Así pues, advertidos quedáis, novela no, colección de relatos ambientados en el mismo escenario si.

La cosa va de que un loco, o iluminado o vaya a saber usted, que lanza un par de soflamas por radio y televisión diciendo aquello de que humanos, malos, malos, y la gente de todo el mundo mundial, convencida por una voz agradable y unas buenas palabras, se lanza a suicidarse, masacrarse y, en general, destruir esta, nuestra malvada civilización. Así, tal cual, por las buenas. Si, si, sin más justificación. Tan absurdo como lo leen.

A todo esto, el loco iluminado se ha largado a ¡Sudáfrica! y desde allí sigue lanzando soflamas e incluso retando a que cualquiera que tenga un par vaya hasta allí a pegarle un par de tiros.

Las estampas que componen el libro son episodios barajados un tanto al azar de unos cuantos supervivientes que están en la brega de cargarse al loco iluminado. De lo mucho que se cuenta queda claro que a Francisco Miguel Espinosa el hecho de relatar un viaje prodigioso desde varios puntos del mundo hasta Sudáfrica era lo de menos. Incluso los desvaríos del loco iluminado tampoco tienen demasiado protagonismo, nada en el libro convence sobre la supuesta habilidad del interfecto para mover masas. A la larga, acaba siendo una excusa para narrar diferentes episodios de la vida de los protagonistas, ya completamente desconectadas del hilo principal de la historia.

¿Significa esto que el libro no merece la pena? Desde mi punto de vista no, como digo, el acercamiento debe ser al de un libro de relatos antes que a una novela. Aunque la estructura del libro sea rara, por decir algo, al menos el autor es un narrador competente, y cada estampa, tomada por si misma, resulta interesante, porque lo que es el hilo conductor deja mucho que desear, y al acabar queda la sensación de que ha desaprovechado la oportunidad de desarrollar tres viajes iniciáticos con la profundidad necesaria. Toda esa travesía, excepto un par de episodios a medio camino entre la ultraviolencia y el onirismo, es negada al lector, al que se regala, por el contrario, con episodios de nulo interés de la vida pre-apocalipsis de los protagonistas.

Tampoco hace creíble, en ningún momento, que un solo hombre haya convencido al resto de la humanidad para que arrase con el planeta, o mejor dicho, para que se suicide en una orgía de locura y violencia, todo basado en esa tesis repelente de que la humanidad, como raza es despreciable y abominable, y que merece desaparecer de la Tierra y el Universo. Una idea que siempre me ha resultado vomitiva. Juzgarnos por los desmanes que cometemos es ver solo la parte mala del asunto, despreciar los logros materiales, éticos e intelectuales que la humanidad es propio de fanáticos brutales. Si alguien quiere suicidarse es muy libre de hacerlo (significativamente, el loco iluminado no empieza por dar ejemplo, que va, se queda de los últimos por aquello de que vayan otros, que él ya irá), pero que lo haga él solo, a su aire, sin llevarse a nadie por delante. Los demás estamos muy bien como estamos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (715 palabras) Créditos