LA FLOTA PERDIDA
Jack Campbell
INTRÉPIDO IMPÁVIDO OSADA VALIENTE INCANSABLE VICTORIOSO
Título original: Dauntless Fearless Courageous Valiant Relentless Victorious
Año de publicación: 2006 2007 2008 2009 2010
Editorial: La factoría de Ideas
Colección:
La flota perdida
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Traducción: Roberto Gelado Beatriz Ruiz Martín Luna Raúl Campos
Edición: 2009 2010 2011 2012
Páginas: 315 315 314 314 316 320
ISBN: 978-84-9800-
Comentarios de: Luis del Barrio

Me habían hablado mucho y bien de esta serie de ciencia-ficción militarista. Que si era adictiva, que si era emocionante, que si transcurría a un ritmo trepidante, que había grandes batallas espaciales, que no todo eran milicos dando voces de mando, sino que también había una buena parte de intrigas políticas, que además había un romance muy bonito. Elementos todos estos que hacían la serie muy atractiva para mis consejeros. Siempre me había desentendido amablemente de estas recomendaciones. La ciencia-ficción bélica no me interesa, prefiero otras formas menos sangrientas de imaginar el futuro, lo poco que he leído, alguna novela de Honor Harrington o Miles Vorkosigan, si es que las novelas de Miles se pueden considerar como tales, me habían parecido entretenimientos competentes e inmediatamente olvidables, y bueno, que el criterio de alguno de mis asesores se nubla a menudo por el entusiasmo, así que hay que tomar con calma sus recomendaciones.

El caso es que a finales de noviembre tuve una mala caída en el trabajo y, por suerte o por desgracia me tiré un mes de baja, que más unos pocos días de vacaciones de Navidad, se convirtieron en mucho tiempo para ver películas, para leer y para recibir visitas. Una de esas visitas fue la del asesor entusiasta, si el del criterio nublado, que me trajo un gran paquete con los seis (6) volúmenes de La Flota Perdida para que me entretuviera durante la convalecencia. Durante un par de semanas ni me acerqué al montón. Pero un día, por curiosidad, eché mano del primer volumen (INTRÉPIDO) y bueno, libro a libro acabé por leerme la serie entera.

Tengo que reconocer que la serie es entretenida. Tosca, ingenua, desigual, repetitiva... cualquier adjetivo que se use para que quede claro que no es una obra maestra de la literatura será bienvenido porque seguramente se adaptará sin problemas a sus características, sin embargo, no quepa la menor duda de que es tremendamente adictiva, no tanto porque Jack Campbell sea un maestro de la literatura, sino porque consigue diferenciar muy bien los buenos de los malos, y hacer que el lector se identifique con los buenos, siendo éste además el único punto de vista desde el que se desarrollan todas las novelas excepto la última, en la que los malos, toman un protagonismo más allá que el de meros enemigos sin rostro.

El argumento es muy sencillo, los planetas colonizados por los humanos están dividido en dos grandes potencias, por un lado la Alianza, que aglutina una gran cantidad de planetas más o menos autónomos y repúblicas independientes pero afines, por otro, el espacio Síndico gobernado con mano férrea por una jerarquía de corte burocrático aunque de espíritu empresarial. Las relaciones entre ambos siembre han sido tensas, pero fluidas, y el comercio y todo tipo de intercambios se desarrollaban con normalidad, hasta que cien años antes de los hechos que se relatan en INTRÉPIDO, el primer volumen de la serie, los síndicos atacaron sin previo aviso a la Alianza desencadenándose una guerra que parece será eterna.

Durante una de las primeras acciones de la guerra el capitán John Black Jack Geary retiene a las superiores fuerzas síndicas permitiendo escapar al resto de su escuadra, perdiendo su crucero y escapando él mismo en el último minuto en una cápsula de salvamento averiada, lo que a la postre, le salvará la vida. Esta acción le convierte en un héroe legendario.

Pasados cien años la Alianza, fiándose de la colaboración de un traidor síndico, ha reunido una formidable flota con la intención de atacar los mundos síndicos para asestar el golpe definitivo que termine la guerra. Durante el viaje recuperan por casualidad la vieja cápsula de Black Jack Geary devolviéndole a la vida.

Sin embargo, la información del traidor es falsa, se trata de una trampa de los síndicos que vapulean a la flota de la Alianza. No obstante, antes de aplastarla definitivamente, llaman a parlamentar a sus principales mandos. A modo de deferencia, el almirante de la flota de la Alianza cede el mando de la misma de forma provisional a Black Jack Geary, sin embargo, cuando los oficiales de la Alianza llegan a la nave síndica descubren que se trataba de una nueva trampa, y son asesinados fríamente. John Geary, aún aturdido por el despertar de su largo sueño, reacciona con más presteza que sus recientes subordinados y ordena escapar a la flota por el punto de salto más cercano antes de que los síndicos vuelvan a atacarles.

Es entonces cuando empieza la aventura de la Flota Perdida. Durante seis volúmenes la flota de la Alianza salta de sistema estelar en sistema estelar de los mundos síndicos huyendo de éstos, pero presentando batalla cada vez que encuentran una flota síndica. Las tácticas de combate se ha simplificado con el paso de la guerra convirtiéndose en un puro toma y daca entre las formaciones enemigas. El capitán Geary, con sus anticuados conocimientos sobre táctica y estrategia, da una ventaja a la Flota Perdida, aprovechando sus propias fortalezas y las debilidades del enemigo.

Campbell desarrolla batalla tras batalla de manera brillante y realista. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con sistemas de puntería y disparo es automático, guiado por computadora, argumentando que a las velocidades a las que viajan las naves, en una y dos décimas de la velocidad de la luz, es imposible realizar esas acciones para un humano. También tiene en cuenta las distancias, y no siempre los hechos suceden en tiempo real; debido a la velocidad de la luz los enemigos pueden no saber que les acecha hasta horas después de que el peligro haya saltado al sistema estelar, o las flotas pueden verse durante días mientras se acercan para entablar batalla. Por esa misma causa, el retraso de las comunicaciones es una constante. El armamento también tiene su lógica, el arma principal es metralla, simples ladrillos metálicos lanzados a varias décimas de la velocidad de la luz, para acciones más contundentes también recurre a misiles, y rayos de energía (lanzas infernales), además de otro armamento más sofisticado al que no saca tanto partido.

El realismo lo realza haciendo que esa munición se agote, y el combustible se acabe. De hecho, la Flota Perdida libra la última batalla con muchas de sus naves navegando por pura inercia, con las células de combustible agotadas y sin nada que disparar. De ahí que de una enorme importancia a las naves auxiliares, enormes factorías que acompañan a la flota fabricando armas y refinando combustible con el que abastecer los depósitos de las naves de combate.

Pese a todo esto, seis novelas contando lo mismo son demasiadas, se describen más de una docena de batallas, y finalmente se convierten en algo repetitivo.

Otro aspecto que cuida Campbell es el transfondo político que envuelve la operación. La evolución de la flota de la Alianza ha ido más allá de la pérdida de habilidad táctica. La disciplina se ha relajado y las decisiones en la flota se toman por consenso de todos los capitanes. El comandante supremo de la misma debe hacer auténticos equilibrios políticos para que sus propuestas sean aceptadas. John Geary cambia esto, imponiendo de nuevo un mando único, centralizado y jerarquizado, lo que naturalmente le grajea el odio de buena parte de los capitanes, incrementado por la forma en la que obtuvo el mando. Si bien era con carácter honorario, muerto el almirante y los oficiales superiores, reglamentariamente le corresponde por antigüedad (cien años, nada menos) algo con lo que no todos están de acuerdo porque, además, el rango le fue concedido a título póstumo. Sin embargo su aura de héroe mítico y una serie de buenas decisiones, acciones afortunadas y el nuevo aire que le da a la flota aumenta la confianza y el número de sus partidarios, e incrementa el odio de sus enemigos, que llegan a poner en peligro la integridad de la flota con tal de acabar con él.

Eso en el aspecto militar. En la nave insignia también viaja un observador civil, la senadora Copresidenta de la República de Callas Victoria Rione. Es fría y calculadora, antepone sus intereses, en primer lugar, y los de la Alianza, en segundo, a cualquier otra cosa, y desconfía profundamente de John Geary y sus intenciones, sospechando que, en caso de volver al espacio de la Alianza, pretenda convertirse en dictador aprovechando su halo de héroe invencible. Finalmente acaban convertidos en una especie de aliados a la fuerza, visto que sus objetivos son comunes y son los únicos que están fuera de lugar dentro de la estructura de la flota. La relación entre ambos es tensa e intensa, hasta el punto de que pese a desconfiar mutuamente acaban teniendo un romance que en realidad se reduce a una serie de encuentros sexuales más pasionales que románticos.

Sin embargo, y por mucho que Campbell se esfuerza en introducir detalles que den a lo que es la simple aventura unas referencias amplias y un marco consistente, no termina de lograrlo, quedando mayormente en anécdotas que, justo al contrario de lo que pretende, no hacen más que interrumpir la narración de lo único que acaba por convertirse en realmente interesante: las batallas y maniobras de la flota entre sistemas.

El problema es que Campbell no es un escritor especialmente dotado. Se le podría calificar de simplemente correcto. Los diálogos son rígidos, apenas se preocupa por dar un poco de relieve a los personajes y la ambientación, es casi nula. Por ejemplo, se echa en falta que los tripulantes y personajes principales se dejen llevar por la desesperación y el desánimo. No en balde nos cuentan historias de una guerra ya dura un siglo, y una flota condenada a la destrucción. No hay cinismo, no hay paranoia, no hay mercado negro de drogas, no hay nada comparable a, por ejemplo, el ambiente en la Galáctica, con personajes rotos y angustiados. Todos recuerdan demasiado a aquellos animosos y un poco ingenuos soldados de las películas americanas de los años 40 y 50 sobre la Segunda Guerra Mundial.

El escenario tampoco está trabajado. Campbell considera que con saber que todo está pintado en gris armada y que las naves de combate tienen ligera forma de tiburón es suficiente. Añade el detalle, eso si, del tosco acabado de las naves a causa de la precipitación con la que son construidas y su previsiblemente corta vida operativa, y muy al final aporta observaciones sobre el recorte de gastos, y por tanto ínfima calidad de las nuevas clases que salen de los astilleros de la Alianza, pero poco más.

¿Recomendable? Yo me lo pasé bien, lo reconozco. Es simplemente literatura pulp, pura serie B, con todas las virtudes y defectos de la misma. No gustará a quien este tipo de literatura militarista no agrade, tampoco gustará a quien busque ante todo calidad literaria, pero si hará pasar muy buenos ratos a quien no espere encontrarse con algo más que una emocionante novela de a duro.

Una última cosa que no me resisto a comentar: desconcertantes y engañosas las portadas tanto de las ediciones originales como las de la Factoría de Ideas. En todas viene a aparecer un recio guerrero, trabuco en ristre, en un paisaje de combate. Aunque es cierto que algunos episodios están protagonizados por los infantes de ¿marina? que lleva la flota embarcados, nada tienen que ver con las batallas espaciales que son la sal y la pimienta de la serie. Desde mi punto de vista, una elección incomprensible.

© Luis del Barrio, (1.913 palabras) Créditos