CORAZÓN DE ALACRÁN
CORAZÓN DE ALACRÁN Felipe Colorado
Título original: ---
Año de publicación: 2012
Editorial: Juan José Aroz, Editor
Colección: Espiral, ciencia-ficción, número 51
Traducción: ---
Edición: octubre de 2012
Páginas: 440
ISBN:
Precio: Descatalogado

La verdad es que esta novela me ha dejado un poco a contrapié. Felipe Colorado es un narrador más que competente, es pulcro, su prosa no es para nada alambicada, y parece tener muy claro qué quiere contar. Se le puede acusar de excesivamente esquemático, de correr más de la cuenta apoyándose en abundantes diálogos y descripciones en las que prima la economía de palabras. Sin embargo, toda esa precipitación tiene el problema de que los conceptos deben quedar bien fijados desde el principio, y eso es algo que no consigue.

CORAZÓN DE ALACRÁN es una historia en la que un mal muy maligno venido desde lo más frío del universo llega al espacio humano (esto es, los planetas que han colonizado los humanos), se queda hibernado unos cuantos miles de años y vuelve al cabo para, de mano de unos a modo de piratas implantar su reino del terror. O lo que sea. Por supuesto están los buenos, que se encargarán de intentar pararle los pies y los malos, que abducidos o algo así por tan maligna presencia procuran expandir los límites de sus barbaridades por el Universo y más allá. Esto dicho así de forma esquemática.

El relato sigue el esquema habitual de este tipo de historias con grandes batallas, grandes persecuciones, espías, traidores, y largo etcétera de lugares comunes, que no por conocidos deberían ser menos eficaces. En el arranque de la novela Colorado usa bien todos estos recursos y, aunque hay cuestiones que no quedan del todo bien aclaradas, la acción avanza con eficacia. Los problemas empiezan a surgir cuando llegado a cierto punto los personajes se hacen intercambiables y, para abundar en la confusión, alguno tiene dos nombres y las referencias al mismo se hacen indistintamente por uno u otro.

Eso, con una lectura atenta y reposada no debería ser un obstáculo, pero tengamos en cuenta que yo suelo leer en el Metro, a las seis de la mañana, medio dormido, y de vuelta ya cansado, a las cuatro de la tarde, lo que implica que si un libro no es sólido y consistente según que detalles se me pierden, sobre todo si se pasa por ellos a gran velocidad, como ya he comentado que es el caso del estilo de este autor.

Por si todo esto fuera poco, el último tercio del libro se convierte en una ida y venida entre distintos lugares físicos y temporales, llenos de flashbacks, y saltos entre localizaciones que si, quedan muy bien a nivel experimental, pero desde el punto de vista de lector de aventuras resultan ser un completo desastre.

En los relatos que acompañan a CORAZÓN DE ALACRÁN surge una cuestión que se hace molesta: cuando las obsesiones de un autor pueden echar a perder una obra que tenía todas las papeletas para convertirse, si no en una pieza notable, si al menos en un buen ejemplo de buena literatura. En esto relatos ocurre de una forma bastante evidente. Felipe Colorado es un experto montañero que no parece capaz de sacudirse la montaña cuando no habla de ella, o por decirlo de otra manera, si el argumento, la motivación del relato, va de París a Berlín no es en absoluto necesario que pase por Nueva York.

El problema es que se quiere contar una cosa pero se acaba describiendo otra, de modo que la atención, de nuevo, se pierde, se dispersa y al final no se tiene una idea muy clara de cual es el argumento del relato. Quedan algunos datos, eso si, que harán más completa la lectura de otras obras del autor, que ha decidido ambientar en el que el llama Universo de Om.

De hecho, y esto es importante, para que CORAZÓN DE ALACRÁN no resulte tan opaco es más que conveniente leerse en primer lugar los cuatro relatos que lo acompañan al final del volumen. No se desvela ningún misterio extraordinario, no se aportan pistas relevantes acerca del desenlace de la novela, pero si ayudan a comprenderla bastante mejor.

© Francisco José Súñer Iglesias, (666 palabras) Créditos