Espacio 1999: PORTADORES DE ILUSIONES
ESPACIO 1999: PORTADORES DE ILUSIONES Gran Bretaña, 1975
Título original: Space 1999: The Bringers Of Wonder
Dirección: Tom Clegg
Guión: Terence Feely
Producción: Gerry Anderson, Fred Freiberger
Música: Derek Wasdworth
Fotografía: Frank Watts
Duración: 49 min.
IMDb:
Reparto: Martin Landau (Comandante John Koenig); Barbara Bain (Doctor Helena Russell); Catherine Schell (Maya); Tony Anholt (Tony Verdeschi); Nick Tate (Alan Carter); Zienia Merton (Sandra Benes); Jeffery Kissoon (Doctor Ben Vincent); Toby Robins (Diana Morris); Stuart Damon (Guido Verdeschi); Jeremy Young (Jack Bartlett); Drewe Henley (Joe Ehrlich)

Sinopsis

Mientras inspecciona los depósitos de residuos radiactivos a bordo del Águila 10, el comandante John Koenig sufre un ataque de locura y está a punto de provocar un desastre al estrellar la nave. Trasladado a la enfermería de la base en estado casi comatoso, la doctora Russell­ decide conectarle a una máquina experimental diseñada para tratar daños cerebrales. Mientras tanto, una misteriosa astronave, capaz de superar la velocidad de la luz, se aproxima a la Luna. La sorpresa de los alfanos es indescriptible cuando el capitán de esa nave se pone en contacto con Alfa, identificándose como Guido Verdeschi, hermano del jefe de seguridad de la base lunar, Tony Verdeschi. Poco después los tripulantes del fabuloso Super-Swit —nombre del navío terrícola— desembarcan en Alfa. Todos ellos resultan ser familiares o amigos de los alfanos, lo que llena de júbilo a éstos. Los recién llegados informan a los habitantes de Alfa de la inminente llegada de naves más grandes, que procederán a devolverles a la Tierra. Sin embargo, las cosas no son como parecen ser. La llegada de los terrícolas parece desatar una serie de extraños acontecimientos. Un enfermero enloquece y trata de asesinar al postrado comandante Koenig. Otro miembro de la dotación de la base perece en un incendio provocado, al parecer, por él mismo.

Lo peor llega cuando Koenig recobra el conocimiento. El comandante no ve a los recién llegados como personas, si no como seres monstruosos y amenazadores. La doctora Russell­, convencida de que John se ha trastornado, lo recluye en la enfermería bajo el efecto de sedantes. Pero el comandante está en lo cierto. Guido y los demás no son humanos, sino unas criaturas que se alimentan de radiación y que pretenden destruir Alfa provocando la explosión de los domos de residuos atómicos.

Único episodio doble de la mítica Espacio 1999, PORTADORES DE ILUSIONES es también uno de los más recordados gracias a su argumento inequívocamente pulp. El capítulo doble, una película en sí mismo, trata uno de los temas más queridos de la ciencia-ficción clásica: el de las criaturas alienígenas que se hacen pasar por seres humanos para llevar a cabo sus siniestros planes. En este caso se trata de unos seres que se nutren de energía. Su mundo se ha extinguido, ellos son los últimos de su especie y necesitan desesperadamente alimentarse o perecerán. El problema es que sólo pueden saciarse de radiaciones intensísimas, como las que produce una explosión atómica. Físicamente débiles debido a que están malnutridos, por decirlo así, deciden utilizar sus poderes mentales para manipular a los alfanos y hacer que sean éstos los que provoquen la deflagración nuclear. Y así, consiguen que los hombres y mujeres de Koenig les perciban como amigos y familiares que han venido de la Tierra a rescatarlos. Los alfanos, incluida Maya, caen facilmente bajo el control telepático de estos monstruos. Todos menos Koenig, que es el único que ve a los aliens como son en realidad. Éstos, conscientes del peligro que representa el comandante, tratan de eliminarlo por todos los medios a su alcance.

El Águila
El Águila

El protagonismo del episodio recae sobre John Koenig por razones obvias. Es un líder nato, con una personalidad fuerte y dominante, y por lo tanto, un peligro para los extraterrestres, que le conocen muy bien y le temen. El súbito ataque de locura de Koenig cuando pilotaba el Águila fue inducido por los aliens, con la intención de que el comandante estrellara la nave contra los depósitos de desperdicios atómicos. Al fallar este plan, gracias a la tenaz resistencia de la mente de John Koenig, los entes decidieron subyugar mentalmente a todos los alfanos para tener mayores probabilidades de éxito, y también eliminar al comandante, cuyo cerebro parece ser el único capaz de resistirse a sus poderes. Lo que ocurre en realidad, como descubriremos según avanza el relato, es que la máquina médica experimental de la doctora Russell­ ha protegido la mente de John de la influencia telepática de los monstruos. Este curioso artefacto será la clave para resolver la situación, ya que, a sugerencia de Koenig, Maya se conectará al mismo, tras lo cual verá a los aliens con su verdadero aspecto. Posteriormente, y basándose en el funcionamiento de la peculiar máquina mental, Helena Russell­ hallará el modo de despertar las mentes de todos los alfanos simultáneamente, aunque los monstruos, desesperados por sobrevivir, seguirán controlando las de Alan Carter y dos científicos nucleares. Lo que seguirá será una desesperada carrera contra reloj para detener a Carter y los otros, impidiendo así que las siniestras criaturas se salgan con la suya.

Maya con los extraterrestres
Maya con los extraterrestres

Las criaturas están muy logradas..., para la época en que fue producida la serie. Puede que hoy en día los aliens de Portadores de ilusiones no nos parezcan nada atemorizadores, habituados como estamos a toda clase de bichejos espaciales generados por ordenador; pero en su momento, la caracterización de los actores que los interpretaron resultó muy impactante, lo que contribuyó a hacer de este episodio uno de los más apreciados por los seguidores de Espacio 1999. Maya describe el aspecto de estas criaturas diciendo que son como el plasma que se forma de la descomposición sanguínea, y, tras haberse transformado en una de ellas, añade que poseen la mentalidad de un genio..., y la moral de un buitre. Algo que se revelará en el clímax de la historia, cuando, vencidos ya, traten de justificar cínicamente sus actos arguyendo que pretendían matar a los alfanos, sí, pero proporcionándoles antes unos momentos de felicidad suprema.

La acción se desarrolla íntegramente en Alfa, en decorados ya sobradamente conocidos por los fans de la serie. Los efectos especiales, como siempre: espléndidos para una producción de los setenta, destacando las estupendas maquetas del Super-Swit y de la nave auxiliar del mismo. En cuanto a las interpretaciones, son tan correctas como cabía esperar, aunque quizás Landau sobreactúe excesivamente en la escena final de la primera parte, localizada en la enfermería, y en la que un alien se inclina sobre él con aviesas intenciones.

Un poco más presentables
Un poco más presentables

En líneas generales, PORTADORES DE ILUSIONES fue un buen episodio, aunque a mi juicio no está a la altura del memorable EL DOMINIO DEL DRAGÓN. Lo innegable es que dejó una huella imborrable en el ánimo de los espectadores de la época, especialmente en aquellos que, como quien suscribe, éramos unos alevines de aficionados a la ciencia-ficción. Ver este espléndido episodio treinta y siete años más tarde es una experiencia única. Espacio 1999 no es la mejor serie de ciencia-ficción, puede que ni siquiera merezca figurar entre las diez mejores producciones televisivas del género. Pero para los que nos sumergimos en el mundo de la ciencia-ficción catódica con ella tendrá, siempre, una significación muy, muy especial.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.122 palabras) Créditos