GOLEM XIV
GOLEM XIV Stanislaw Lem
Título original: Golem XIV
Año de publicación: 2008
Editorial: Impedimenta
Colección: ---
Traducción: Joanna Orzechwska
Edición: 2012
Páginas: 192
ISBN:
Precio: 18,50 EUR

Lem siempre fue capaz de ir más allá en los conceptos que trataba. Tanto en sus historias de astronautas como de alienígenas daba la impresión de estar muy por delante de lo que sus contemporáneos eran capaces de imaginar, incluso hoy día sus modelos están por delante de muchos estereotipos usados profusamente por los autores del género.

En el campo de la robótica y la inteligencia artificial no podía ser menos. Más allá de las humoradas de CIBERIADA, la preocupación de Lem por la cibernética era constante, no tanto por la influencia que podría tener en la vida cotidiana de la humanidad (prácticamente ni consideró la informática personal) sino en la trascendencia de las máquinas a la inteligencia que sus creadores serían capaces de dotarlas.

En esta novela, o colección de ensayos, como se prefiera, Lem muestra varias máquinas que han superado el estado de autoconciencia y han ido más allá, con unas breves charlas con sus creadores antes del paso a un estadio que los ingenieros que las ponen en marcha no son capaces ni de imaginar. En esas charlas, GOLEM XIV da buena cuenta de la humanidad, de sus defectos y virtudes de sus grandezas y miserias, pero más que los discursos de GOLEM XIV, a los que, francamente, en algunos momentos no encontré gran sentido, lo interesante de la obra son las notas de Irving T. Creve y Richard Popp, dos de los ingenieros más relacionados con la máquina.

El primero, tras una breve historia de cómo el ejército de Estados Unidos, apoyado por varias empresas punteras en informática y el MIT, desarrolla una serie de máquinas cada vez más inteligentes, y nótese el entrecomillado, con el fin de evitar en lo posible la influencia de la moralidad humana en las decisiones tácticas en caso de ataque. Sin embargo, paradójicamente las máquinas, una vez toman conciencia de si mismas, consideran que no es lógico estar supeditadas a las necesidades de entes con centenares de grados por debajo de su propia inteligencia y se produce una especie de rebelión de las máquinas por inacción, en la que una de ellas, HONESTA ANITA cae en un estado catatónico, que los técnicos sospechan es un estadio superior de conciencia.

Creve sostiene que las máquinas que han creado están tan por encima del intelecto humano que resulta difícil, por no decir imposible, establecer con ellas una comunicación real. Si, con GOLEM XIV se mantienen charlas y conferencias, pero dentro de unas limitaciones, por parte humana, bastante humillantes. Creve no cree que GOLEM XIV dedique demasiado tiempo de proceso en atender a las preguntas que se le hacen, mientras que es evidente que sus interlocutores se sienten abrumados ante la tarea de interpretar lo que éste les dice. Lem vuelve de nuevo a su idea de que la comunicación con algo ajeno a la humanidad, aún siendo su propia creación, es una tarea casi imposible.

Popp, por su parte, aporta la idea de que GOLEM XIV había trascendido a si mismo y al entorno, en apariencia controlado, en el que estaba, y que tenía dominio sobre el mundo más allá de los muros del MIT. Lo inquietante de esa idea no es tanto que GOLEM XIV podría haberse hecho amo del mundo como que eso era algo que no le interesaba en absoluto, que su intelecto estaba más allá del aburrimiento cotidiano, y que a lo sumo demostraba una infinitesimal parte de su poder con el único fin de protegerse sutilmente de las amenazas ajenas. Nuevamente una actitud más allá de la mezquindad propia de la mente humana.

Aunque es un libro realmente corto, no llega ni a las 200 páginas, GOLEM XIV es un libro denso, lleno de cuestiones impenetrables, difíciles de asimilar en una primera lectura más bien ligera. Si consideramos además que mi formación filosófica es nula, lo más inmediato es pensar que no tengo las herramientas necesarias para comprender muchos de los conceptos vertidos en sus páginas, pero siempre me queda la duda, en tanto nadie me saque de ella, si ese mucho que se me ha escapado es, en parte, un gran bromazo de Lem.

© Francisco José Súñer Iglesias, (688 palabras) Créditos