EL FINAL DE LA TIERRA
EL FINAL DE LA TIERRA Frederik Pohl, Jack Williamson
Título original: Landīs End
Año de publicación: 1988
Editorial: Edaf
Colección: Ícaro nº 1
Traducción: Rafael Lassaletta Cano
Edición: 1990
ISBN:
Precio: Descatalogado

En ocasiones, da la impresión de que los escritores no tienen para nada clara la orientación que le quieren dar a su obra. Empiezan encaminándola en un sentido, a medio camino se tuerce esa línea para abrirse paso en otra dirección, para finalmente dar al conjunto una deriva extraña que no termina de ser satisfactoria. Unos le llaman a eso vuelta de tuerca, otros giro argumental, pero a mi lo que me parece es que no había un plan definido desde un principio y el autor se encontró narrando algo que no le apetecía pero, por no empezar de nuevo, recicló lo ya trabajado, embarcando a los personajes en situaciones para las que no habían sido concebidos y desconcertando a los lectores más allá de lo razonable.

Probablemente debido a que está escrita a cuatro manos, esta novela da la impresión de incidir especialmente en este defecto. EL FINAL DE LA TIERRA se desarrolla en un mundo futuro en el que se han establecido una serie de muy prósperas colonias submarinas que con el paso del tiempo acaban por depender muy poco de las poblaciones de tierra firme, siendo en la práctica estados independientes. No obstante, aunque hay productos que producen a costes muy ventajosos, no todo se puede conseguir en el fondo del mar, el comercio es fluido.

En los continentes dominan una serie de conglomerados familiares, a mitad de camino entre multinacionales salvajes y señores feudales, el más poderoso, el Consorcio PanMack, cuenta con su propio ejército, y pugnan duramente con otras potencias por la economía y la geopolítica mundial. Además de eso, PanMack no ve con buenos ojos la independencia de las ciudades submarinas a las que pretende sojuzgar o, de no ser posible, destruir. Por si fuera poco, dentro del Consorcio no todo el mundo está de acuerdo con la política que sigue (lo que no significa que la alternativa fuera a ser mejor) y las disensiones internas entre los fundadores McKen y la rama Quagger de la familia son cada vez más evidentes.

En un momento determinado se produce una catástrofe de carácter global que hace saltar por los aires el inestable entramado diplomático y el caos se hace dueño de la Tierra. Todo el mundo se ataca entre si y la devastación arrasa la civilización. Ron Tregarth, uno de los habitantes de Ciudad Atlántica, «la mejor y más libre de las Dieciocho Ciudades subacuáticas», se ve atrapado en tierra firme donde es sucesivamente capturado, hecho esclavo, convertido en prófugo, vuelto a capturar, y casado casi a la fuerza.

Con la civilización destrozada y los restos en manos de una pandilla de desarrapados y unos autócratas al borde de la locura pudiera parecer que la cosa no podría ir a peor... ¡pues si! Los restos de la humanidad se ven enfrentados a una oportunista invasión extraterrestre que poco a poco va reclutando a los supervivientes en un remedo de AMOS DE TÍTERES, o la asimilación borg. El Eterno, como se llama a si mismo el ente invasor, tiene un plan, y no duda en aprovechar el potencial de cualquier ser vivo para llevarlo a cabo.

Como decía al principio, pudiera parecer que esta novela es una continua deriva argumental. Empieza con una dura pugna política y comercial entre las Dieciocho Ciudades, el Consorcio PanMack y las luchas internas entre las diversas facciones de éste, pero lo que iba en camino de ser una novela de corte bélico se convierte, suceso catastrófico mediante, en una novela de corte post-apocalíptico, para finalmente acabar travestida en una de invasiones extraterrestres de toda la vida. ¿Es desconcertante pues el resultado? Lo cierto es que no. Pohl y Williamson son lo suficientemente hábiles para que en vez de argumentos sustitutivos las sucesivas circunstancias se hagan acumulativas. Es decir, ajenos a la devastación, McKen y Quagger siguen con su lucha fraticida por el poder, e igualmente ajeno a las peleas de familia, el Eterno va captando a unos y otros centrado solo en su propio plan.

Como novela de aventuras EL FINAL DE LA TIERRA, es dinámica y trepidante, además ahonda en la infinita avidez y egoísmo humano y la estupidez que los complemente, y de paso, hace a la humanidad débil y totalmente expuesta ante los peligros del universo. Una novela que lo tiene todo, y que proporciona muy buenos momentos de lectura.

© Francisco José Súñer Iglesias, (724 palabras) Créditos