LOS GENOCIDAS
LOS GENOCIDAS Thomas M. Disch
Título original: The Genocides
Año de publicación: 1965
Editorial: Edhasa
Colección: Nebulae
Traducción: Ariel Bignami
Edición: 1979
Páginas: 198
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Jorge Vilches

La verdad es que cuando veo a los galardonados en estos premios literarios españoles tan mediáticos, imagino la intrahistoria de la concesión; es decir, cómo acordaron el sexo del escritor, luego el nombre, después la temática y por último detalles como la pasta y la promoción —reseñas amañadas, entrevistas edulcoradas y demás—. Son premios falsos, utilizados como propaganda fácil para la venta de un libro. Y pienso en ese momento en el que el escritor galardonado se encuentra consigo mismo, reflexionando sobre lo que ha hecho, en ese instante en el que no hay que posar ante las cámaras, ni fingir en la entrevista, midiendo la distancia entre él y su imagen. ¿Era esto lo que quería hacer cuando comenzó a escribir? No sé, allá cada uno. Por eso no me gustan las reseñas de libros que empiezan repitiendo mecánicamente la imagen pública de un escritor.

Thomas M. Disch también tuvo que adaptarse al mercado para vivir, y conectar con un público determinado a través de una imagen estereotipada. Que fuera homosexual, anticlerical y de izquierdas no dio interés a sus personajes, ni profundidad a sus tramas, ni dio calidad a sus relatos. Es que fue un buen escritor. Nada más. Si la Iglesia católica censuró alguno de sus libros, esto sólo le dio publicidad gratuita, especialmente en aquellos Estados Unidos de los años 60 y 70 cuyo movimiento intelectual y cultural no se distinguían precisamente por el conservadurismo.

LOS GENOCIDAS se publicó en 1965, y fue su primera obra larga. Todo el mundo la incluye entre la new wave debido a la problemática de fondo y al comportamiento de los personajes. El escenario es una Tierra invadida por unas semillas del espacio exterior, como en LOS LADRONES DE CUERPOS, de Jack Finney. En abril de 1972 —es lo que tiene mirar al futuro desde el pasado—, un billón de esporas llegaron a un planeta con sobrepoblación, que era una de las preocupaciones típicas de la new wave. Las plantas se reproducían y crecían a mucha velocidad. Desarrollaron inmunidades contra parásitos y venenos. Nada podía con ellas, ni siquiera el gobierno —así lo escribe Disco—, al estilo de EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS, de John Wyndham. En tres años acabaron con el resto de la flora y la fauna. No dejaban pasar la luz, ni el aire, y acababan con los nutrientes de la tierra.

Pero no era una mera coincidencia. Disch da a entender que la Tierra se convirtió en un campo de cultivo de alguna especie de otro planeta. Claro, para esa especie, el Hombre era una plaga que había que extinguir. Y efectivamente, los humanos empezaron a desaparecer para permitir el libre desarrollo de las plantas invasoras. Para rematar el genocidio, los alienígenas —que nunca aparecen— pusieron a rondar una especie de robots-bola exterminadores, que cuando pillan a alguien lo dejan como la ceniza de un puro.

En historias de este tipo, casi más importante que el hecho de la invasión, es la cuestión humana; esto es, ¿qué hacen los seres humanos para sobrevivir? Ya lo vimos en La guerra de los mundos. Lo primero es esconderse y luego encontrar medios de subsistencia. En el mundo new wave forman comunas de agricultores y ganaderos, que son acosadas por los merodeadores, una especie de saqueadores. La historia se sitúa en una de esas comunas, liderada por un hombre muy religioso, y rodeado de personas de lo más variopintas a las que se les une un par de supervivientes de ciudad. El protagonista es uno de estos últimos, que arde en deseos de vengarse del líder de la comuna porque mató a su compañera.

La novela es un poco claustrofóbica, no sólo por los personajes sino por los lugares en los que se desarrolla, especialmente en los últimos capítulos, que los pasan dentro de la raíz de una de las plantas invasoras. El final no sorprende; es típico de la new wave. En definitiva, una novela entretenida, que deja cierta desazón, lo que me ha recordado al estilo de Moorcock en su HE AQUÍ EL HOMBRE. Claro que ese era precisamente el objetivo de aquellos escritores.

© Jorge Vilches, (688 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en Imperio Futura el 4 de marzo de 2012
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