JOHN CARTER
JOHN CARTER EE. UU., 2012
Título original: John Carter of Mars
Dirección: Andrew Stanton
Guión: Michael Chabon, Andrew Stanton, Edgar Rice Burroughs
Producción: Lindsey Collins, Jim Morris
Música: Michael Giacchino
Fotografía: Daniel Mindel
Duración: 132 min.
IMDb:
Reparto: Taylor Kitsch (John Carter); Lynn Collins (Dejah Thoris); Samantha Morton (Sola); Willem Dafoe (Tars Tarkas); Thomas Haden Church (Tal Hajus); Mark Strong (Matai Shang); Ciarán Hinds (Tardos Mors); Dominic West (Sab Than); James Purefoy (Kantos Kan)
Comentarios de: Félix Capitán

¿De qué se trata?

Hubo una época en que el planeta rojo fue fértil y grandioso y etcétera (se nos informa verbalmente, nada de imágenes, quizás se había agotado el cartucho de tinta verde del CGI). Además se llamaba Barsoom. Pero una ciudad malvada se lo consumió todo y dejó al planeta Barsoom hecho un asquito. Sí, leñe, una sola ciudad, miren qué tragona. En paralelo tenemos a la ciudad de Helium, que es la ciudad de los buenos, la última esperanza del planeta, blah-blah-blah. El caso es que los buenos tienen una oportunidad de oro para cargarse al líder de los malos, pero la pifian por la aparición intempestiva de unos sujetos muy chupis ellos, con una tecnología que-te-oh-shit, que es una fuente de energía que es como una enredadera azul o algo asín, yo qué sé. El caso es que estos tipos le dicen al malo maloso que con esa tecnología, emblematizada en un guante de esto-o-aquello, podrá por fin subyugar a la ciudad de Helium. Salto a... la Tierra, en donde vemos a un joven Edgar Rice Burroughs yendo a hablar con el tipo que está a cargo del testamento de su tío, que es un tal John Carter. Sí, diez minutos de peli y el tal John Carter del título nos dicen que está muerto, así es que aquí algo huele, y no a muerto precisamente. El caso es que le dejan una serie de cláusulas testamentarias un tanto extrañas, que ni tumba de Faraón egipcio óigale, además de un ladrillazo acerca de cómo llegamos hasta aquí, por lo que la cosa entera va a ser en flashback, parece. Resulta que terminada la Guerra Civil de Estados Unidos que, como Hollywood enseña, es el evento más importante de todo el siglo XIX, tenemos al tal John Carter que, bueno, es un poco rebelde, no lucha por ninguna causa, es un nihilista, quizás leyó a Nietzsche, yo qué sé. Los yankis lo quieren enganchar para pelear con los apaches, pero John Carter, na-ni-ná, él sólo quiere buscar una cueva repleta de oro que según sabe, debería andar por ahí. Después de como veinte aburridos minutos de peli, John Carter termina encerrado en una cueva y matando a una criatura que parece como salida de una de esas pelis baratas de SciFi Channel. Y termina en... Barsoom, sorpresa. Ahora, forzando un poco las cosas por parte de los guionistas, John Carter se abrirá paso a través de una fiera tribu de cuatro-brazos para entrometerse en la guerra civil entre Helium y la ciudad mala, y de paso echarse encima a la princesa de Barsoom, que está de muy buen ver. Porque nada hay que estimule más a un guerrero nihilista que no lucha por nada ni por nadie, que la promesa de encamarse con una de la alta, que además está buena. Así de primarios son ustedes, humanitos. No digan que no se los advertí.

El espíritu de los tiempos

Se me escapa la razón por la que no ha existido una adaptación de John Carter para el cine antes. El personaje es icónico dentro de la historia de la ciencia-ficción en grado sumo. A través suyo el escritor Edgar Rice Burroughs, sí, el mismísimo creador de Tarzán, prácticamente lanzó el género del Romance Planetario, o al menos, lo codificó hasta el punto de hacerlo reconocible para las audiencias de hoy en día. Flash Gordon, sin ir demasiado lejos, es una especie de refinamiento en versión cómic de lo que hizo Edgar Rice Burroughs con John Carter de Marte en prosa pulp. Alguien dijo alguna vez que el Romance Planetario es como la continuación de las aventuras exóticas de jungla o desierto en la ciencia-ficción, así como la space-opera es la continuación de las aventuras de acción marítima en la ciencia-ficción. John Carter fue el que creó los trucos del género, y se merecía una adaptación mucho antes de que los clones fueran a por él. Porque de que el personaje es veterano, lo es: en este 2012 en que se estrena la peli, se cumple también su primer centenario. Y se quiera o no, las obras que vinieron después y que el público conoce mejor, como que le han hecho daño al veterano. Esta progenie revoltosa, sin respeto por sus abuelos...

¿Por qué verla?

:: ¿Recuerdan lo que hemos hablado del problema de actualizar series de televisión como Los ángeles de Charlie para las audiencias modernas? Recapitulemos. El adaptador se enfrenta al dilema de crear algo respetuoso con el material original, y que por lo tanto estalle en la audiencia que no lo va a captar o lo va a encontrar lo ya demasiado visto o se lo va a tomar a cachondeo, o bien le hace un upgrade al material original, y con ello traiciona todo lo que era la esencia y hacía especial al personaje en primer término. Con JOHN CARTER tenemos ese problema en grado sumo. El personaje INVENTÓ o al menos codificó todos los trucos del género, pero desde entonces, esos trucos se han visto hasta la saciedad. Si en la adaptación hubieran hecho un upgrade, hubieran traicionado al personaje, pero si lo hubieran mantenido fiel al original, la platea hubiera bostezado de aburrimiento. La respuesta fue tratar de crear una historia con ciertos toques elevados a lo que esperamos de una de SciFi en el XXI, pero siempre con una evocación cariñosa y nostálgica del material original, incluyendo el situar la acción a finales del XIX en vez de hacer a John Carter un chulo del XXI, como tuvieron la muy mala idea de hacer con el prota de El Mundo del Río por ejemplo. El resultado es una peli llevadera, pero quizás algo insubstancial. No ayuda tampoco un guión con agujeros por todas partes, el más espectacular de los cuales es que la actuación de los villanos más villanos (las criaturas ésas que ayudan a la ciudad malvada) no sólo es misteriosa que se te cierra el ojete de misteriosa, sino que además carece de sentido (¿para qué darse tantas vueltas jodiendo a los buenos y cargándose al planeta, si con el poder que tienen podrían hacerlo de una manera mucho más directa?). En ese sentido, el guión queda claramente en deuda, aunque no lo sea tanto como adaptación de John Carter en sí. Esto porque...

::...como decíamos, el punto fuerte de la peli es el cariño que le tienen al material original. Los tipos no se cortan por cosas que sean un tanto ingenuotas hoy en día. ¿Una princesa que es científica y además experta en artes marciales? (No muy Rice Burroughs, pero bueh...), echémosle adelante. ¿Un héroe matasietes hiperchulo que lucha contra todo y contra todos y sale siempre bien? Vamos, es de recibo. ¿Los bárbaros salvajes que al final se unirán a los civilizados en una sola cruzada Santiago y a ellos? Claro, faltaba más. ¿Rescates inverosímiles y matrimonios a la fuerza? ¡Venga, venga, venga! Son clichés gastados, pero los tipos no se cortan en usarlos porque, bueno, estaban más o menos en el genoma del material original. Incluso hay una referencia a la novena luz, lo que podría ser una referencia velada a los dos colores que se ven en Barsoom pero no en la Tierra, según la novela original. El escenario del Marte agonizante, muy típico de la proto-SciFi de la época, está también muy bien llevado. No se puede decir que la adaptación sea perfecta o que algunas cosas no chirríen (miren que tremendas naves espaciales que se gastan, y peleando a espada y rifles), pero bueno, lo podemos aceptar por rule of cool. Se nota que los tipos trataron de hacerlo lo mejor que pudieron, actualizando sin hacer perder la esencia. El resultado a ratos es francamente ñoño, pero el material original también lo es, al menos para la sensibilidad moderna. Además, ¿en qué punto nos volvimos tan cínicos que no podemos simplemente dejarnos maravillar por una aventura de las de toda la vida, en otro mundo fantástico y distinto al nuestro...? Yo no he dado ese paso al menos, ¿y ustedes...?

:: ¿La ejecución? Bastante límpida. Taylor Kitsch es un poco débil como héroe (venía de interpretar a Gambit en WOLVERINE, en donde también estaba Lynn Collins, miren ustedes...), y el apellido tampoco ayuda mucho, aunque le viene al pelo, pero aún así el hombre salva los puntos con esfuerzo. Lynn Collins como la princesa da el tipo (estuvo en alturas como EL MERCADER DE VENECIA de Michael Radford, Shakespeare es nada miren, y en abismos como WOLVERINE), por más improbable que sea su personaje. El elenco de secundarios por su parte quizás no está todo lo brillante que cabe, pero están ejecutados con profesionalismo por una camada de los buenos (Willem Dafoe, Samantha Morton, Thomas Hayden Church, Ciarán Hinds...). El único que despinta un poco hacia abajo es Mark Strong, de quien habida cuenta su nutrido currículum de villanos en el último tiempo (SHERLOCK HOLMES, ROBIN HOOD, LINTERNA VERDE) esperábamos un poquito más. Michael Giacchino por su parte se manda una banda sonora que acompaña muy bien. La fotografía, el escenario y la ambientación están también muy bien logrados. En este apartado es que una peli de un guión con fallos a veces bastante substanciales, remonta hasta convertirse en un entretenimiento aceptable.

:: Escenas memorables. Los yankis tratando de convencer a John Carter de que se enrole. John Carter aprendiendo a hacer uso de la menor gravedad marciana en su beneficio. El horrendo caniche ése, querible a pesar de que es feo como un marrano con constipado. Y Lynn Collins con su vestidito de novia estilo fetiche pulp, por supuesto.

Ideal para: Evocar con nostalgia los tiempos en que la ficción espacial era más simple y con menos pretensiones.

© Félix Capitán, (1.627 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Cine 9009 el 12 de abril de 2012
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