ESTACIÓN HAWKSBILL
ESTACIÓN HAWKSBILL Robert Silverberg
Título original: Hawksbill Station
Año de publicación: 1968
Editorial: Plaza & Janés Editores
Colección: Mundos Imaginarios nº 9
Traducción: Antonio Prado
Edición: 2000
Páginas: 223
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Joaquín Moreno

Texto de Contraportada

En las primeras décadas del siglo XXI se instala en Estados Unidos un gobierno autoritario que secuestra a los disidentes y los mete en la cárcel secreta de mayor seguridad de todos los tiempos: el pasado remoto. Usando una nueva tecnología que permite trasladar objetos y seres vivos por el tiempo, las autoridades crean en el período cámbrico, a mil millones de años de nosotros, la ESTACIÓN HAWKSBILL, una penitenciaría sin rejas pero cercada por un paisaje rocoso, inhóspito y monótono, y por mares en los que abundan primitivas formas de vida. En ese mundo gris, lo único que anima a los presos es la llegada de nuevos compañeros con noticias de un futuro cada vez más borroso y lejano.

El escritor y editor Frederik Pohl es el encargado de presentar esta novela que califica como perteneciente a la ciencia-ficción política, una rama propia y natural del género pero que no siempre ha sido bien aceptada por los foráneos, siendo las más célebres de estas obras expoliadas y enviadas a otras estanterías más nobles.

ESTACIÓN HAWKSBILL fue publicada como relato en la revista Galaxy Sciencie Fiction en 1967; se amplió y editó como novela un año después por el sello Doubleday.

Jim Barrett es el amo y señor de la Estación Hawksbill. En realidad, lo es de todo lo que le rodea, del planeta entero. Barrett es un preso político condenado a cadena perpetua y recluido en una cárcel distante en millones de años, un penal sin guardias ni alambradas, situado en una época prehistórica, en el periodo Cámbrico. Formado por unas ochenta chozas, cerca de ciento cuarenta presos comparten una existencia vacía, olvidados por el resto de la sociedad.

Arriba es la realidad, la vida; Hawksbill es la irrealidad, la nada. Arrebatados de su tiempo, deportados hasta una fecha perdida, la llegada de nuevos presos es el gran acontecimiento que todos esperan: noticias sobre el mundo que ya nunca más volverán a ver.

Silverberg, que no se detiene mucho a explicar el funcionamiento de la máquina del tiempo, ni cómo pudo ser construida la compleja instalación que permite los viajes (siempre hacia atrás), se centra en describir el drama de unas personas que han sido asesinadas en vida sólo por defender sus ideas políticas. Presos de conciencia, enemigos peligrosos de los gobiernos más totalitarios que imponen el peor castigo para ellos.

Los viejos ideales revolucionarios, la lucha sindical y la utopía socialista han dejado paso a la enfermedad mental, que poco a poco se ha ido apoderando de los habitantes de la estación. Así, Ned Altman ha decidido fabricarse una mujer de barro con la esperanza de que algún día un rayo le insufle vida. Don Latimer, en cambio, consume toda su energía en encontrar un puerto extrasensorial para huir del cautiverio... Mientras no supongan un peligro para los demás, sus sueños son respetados por los que todavía conservan algo de cordura.

Barrett, ya en el ocaso de su vida, rememora su temprana actividad política junto a Jack Bernstein, el hombre que le traicionó y precipitó su encarcelamiento.

La llegada de un nuevo interno, Lew Hanh, pone en alerta a casi toda la comunidad. Hanh no es como los demás: no habla de política, no entra en debate, no discute ni se cuestiona nada; sólo observa a su alrededor. Barrett, imponiendo su autoridad dentro del campo, ordena su vigilancia. ¿Será un espía del gobierno? ¿Un asesino? ¿Un loco? Si Hanh destruye la máquina, las autoridades dejarán de enviar los escasos pero valiosos suministros que lanza a intervalos regulares. Sería el fin para la ya de por sí precaria Estación Hawksbill.

Silverberg no hace sino denunciar la ausencia de los principios básicos del estado de derecho que todavía hoy son pisoteados en muchos lugares —arrestos ilegales, procesos sumarios, torturas, desapariciones— dentro de una novela breve, ágil y muy recomendable.

© Joaquín Moreno, (641 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Blog de Jack Moreno el 17 de julio de 2010
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