HARDWIRED
HARDWIRED Walter Jon Willians
Título original: Hardwired
Año de publicación: 1986
Editorial: Martínez Roca
Colección: SuperFiccion
Traducción: J. A. Bravo
Edición: 1995
Páginas: 317
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Antonio Santos

A ver si es verdad, que vamos necesitando un idioma común (y no empecemos con las bromitas sobre el esperanto) para que así la transmisión de ideas y conceptos no pierdan energía o se presten a ambigüedades con las traducciones y las peculiaridades de la lengua en cuestión.

Esta novela de Walter Jon Willians (¡aclamad al escritor!) me sugiere que tiene un oscuro émulo con el Libro del Génesis de la BIBLIA, concretamente con la tentación de Eva por parte de Satanás y la corrupción del inocente Adán. La coprotagonista, Sarah, una prostituta/mercenaria/asesina a sueldo, vive en un Miami futuro medio anegado por el alza de los océanos del mundo y es una guerrillera a la que las terribles vicisitudes de su vida la han llevado a ser traicionera y pragmática. Tiene un sueño, cierto, pero apenas se deja anublar por sus ensalmos sedosos... o eso se cree.

El protagonista, El Cowboy, es en cambio un idealista de la vieja y buen escuela. Tiene metas supremas y, como los personajes de quienes toma el alias, su máxima aspiración son las grandes planicies despejadas y poder transitarlas sin obstáculos. Se opone a todo aquello que domine sus parcelas de libertad. Al contrario de Adán, no es un ingenuo absoluto, aunque comparado con Sarah, cínica total, está bastante tierno. La una se contenta con llegar a mañana y a eso entrega todas sus fuerzas; el otro contempla el horizonte infinito y más allá. Podía permitírselo, empero.

Y Sarah, anhelando abandonar esa vida peligrosa y degradante que ha llevado, es tentada por Cunningham, un siervo de los llamados orbitales, con una manzana irresistible: materializar su sueño, transportándola a los celestes reinos comerciales que ahora dominan la Tierra tras la aplastante Guerra de las Rocas.

La corrupción que envuelve la oferta del agente implica finalmente al Cowboy. Los negocios acaban emparejándolo con Sarah (relación que luego se vuelva amistad con derecho a roce) y ella, aunque no le tienda una fruta, le muestra cómo ha sido su vida, ruda, desesperada, al límite-límite, y que él puede acabar así; hace ver al idealista lo tontoelculo que ha sido hasta ahora, pensando en sus grandes espacios abiertos sin barreras, y que el mundo que le rodea, ramplón, abrasivo, está a punto de matarlo.

Por un momento, el Cowboy casi se pasa al Lado Oscuro de ella. Pero al final reacciona, se aparta de la tentación, y su pureza contagia a Sarah de otro tipo de esperanza. Es una corrupción inversa. Una migaja del espacio que adora el Cowboy impregna a la cowgirl.

La novela de Williams, encuadrada en el recientemente satanizado cyberpunk (la culpa es nuestra: no supimos cuándo parar de meter cables en los sesos de los personajes; no los integramos a otros conceptos, amalgamándolos con la aventura o la reflexión, sino que produjimos engendros de ojos electrónicos que veían con todos los espectros de la luz dominando protagónicamente el escenario), es vigorosa, fuerte, con una naturaleza propia que, como el Cowboy, se niega a rendirse sin haber, al menos, descargado sus revólveres una vez. Es cierto que tengo que releerme NEUROMANTE, de William Gibson, así que quiero andarme con cuidado opinando, pero HARWIRED, de mis favoritas (de las que enseñan), es muy superior. Y lo es por su carácter cercano. (Ninguna obra de Gibson la desbancará, eso lo tengo claro).

Mientras Gibson compone aparatosas arquitecturas donde las marcas tienen una brutal importancia (juego al que colabora Williams, sí), en cambio sus personajes se han rendido a Japón sin condiciones. Hacen un aspaviento o dos, para hacer ver que no están del todo/completamente vendidos a los del Sol Naciente. El Cowboy pelea por su identidad tradicional (¿puede haber sigul más nítido de esto que su alias?) y la mayoría de los personajes (marginales, delincuentes) hace tres cuartos de lo mismo.

Aun Sarah enarbola una especie de carácter frente al aparente poder omnímodo de los Orbitales, que están regidos por un soviet orbital, no por sociedades comerciales niponas. Los rusos juegan un importante papel en esta novela de 1986, que llegó a nuestras costas en 1995.

HARWIRED ofrece aventura, y una prosa tenaz y rica, llena de metáforas y matices, que la transforman en buena literatura. Traza una parábola en la que el mundo está sometido a los vaivenes de una industria extraterrestre que dona a los del pozo gravitatorio mercancías que vuelven más ávidos a los habitantes del planeta de sus productos. Más aún: han cultivado enfermedades terroríficas y terminales a fin de someter al mundo a la tiranía de sus beneficios y la dependencia absoluta de sus medicamentos sanadores. (Justo igual que el extraño mercadeo que se trajeron las farmacéuticas con los países a cuenta de la gripe A).

El Cowboy es contrabandista. Pilota un panzer computarizado mediante el cristal que tiene injertado en el cerebro, que le brinda una serie de poderes donde reposa parte de su leyenda. Inicialmente era un piloto de ala delta que atravesaba los Estados Unidos balcanizados (esta es una curiosa obsesión del cyberpunk: el desmembramiento de los Estados, Unidos o No, en pseudo-feudos de mayor o menor importancia o riqueza) transportando las existencias del mercado negro, pero los legales adquirieron mejores y más potentes armas. Obligado a aterrizar, viaja en un blindado no menos poderoso.

Tal arma permite a Williams capítulos pirotécnicos, donde la batalla se sirve candente y fluida. Otra virtud (que yo le veo, esto es) es el lenguaje lleno de términos callejeros; la obra no se ajusta a una gramática convencional, sino que de este modo el autor busca darle fuerza e incisión a los párrafos para que alcancen y arraiguen en nuestro recuerdo y se haga más fácil su asimilación.

Sarah, lastrada por su hermano prostituto, Daud (por cuya culpa casi la matan varias veces), no es menos mortífera que el Cowboy. Pero mientras que el tanquista puede blandir sus armas por una causa noble y casi altruistamente, Sarah extrae su comadreja por un precio, y bastante elevado.

HARDWIRED puede describirse igualmente como la lucha de David contra Goliat, porque la situación (que empieza Sarah, asesinando a un correo de los Orbitales, y que motiva gran parte de todos los problemas que luego aquejarán a la pareja) degenera de tal modo que el Cowboy comprende que mientras forjaba leyenda, entes sin su pasión ni escrúpulos lo manipulaban para enriquecerse y sumir a la Tierra en nuevas cotas de degradación. Encuentra por accidenta el talón de Aquiles de una poderosa corporación, y a atacarlo se emplea hasta el extremo de convertirse en el proyectil que aniquile a la empresa. La suerte permite que derribe al coloso.

Hay mucho más en estas páginas, por supuesto, pero preferiría que, si aún os es posible, fuerais descubriéndolo vosotros mismos. Bastante me revienta que me cuenten las películas, y conforme a ese carácter, me reservo los principales detalles, para que su hallazgo os solace como me ocurrió a mí.

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos, (1.157 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 16 de mayo de 2011