TEMPUS VESANICUM
TEMPUS VESANICUM Alejandro Carneiro
Título original: ---
Año de publicación: 2011
Editorial: Grupo AJEC
Colección: Tangentes nº 6
Traducción: ---
Edición: 2011
Páginas: 241
ISBN:
Precio: 13 EUR

Una de las imágenes típicas de la ciencia-ficción clásica era la del viajero en el tiempo visitando antiguas civilizaciones que conseguía dominar, o donde al menos medraba con gran fortuna, gracias a sus avanzados conocimientos de hombre del futuro. Inventos geniales, estrategias revolucionarias y uso de materiales despreciados hasta entonces daban a nuestro hombre futuro la capacidad de sobreponerse a las dificultades y lograr fama y fortuna, eso si, normalmente a costa de no poder regresar a su tiempo.

Ese arquetipo de héroe imperturbable y sabelotodo no podía perdurar, cualquiera medianamente informado tendría noticia de los viajes y penalidades de los exploradores a lo largo de la historia, y habría caído en el detalle, no precisamente trivial, de que la superioridad sobre los primitivos habitantes de las ignotas tierras que visitaban no era precisamente su bagaje cultural, sino la tecnología que transportaban desde su lugar de origen. Si el destino los abandonaba a su suerte, quedaban en un estado no mucho más avanzado que sus forzados anfitriones, que además contaban con el mejor conocimiento del medio en el que se desenvolvían.

Extrapolando, ¿de qué le servirían entonces a un experto doctor en historia todos sus conocimientos abandonado a su suerte en Roma en las vísperas de los Idus de marzo? De no mucho, y más si se tiene en cuenta que los romanos de primitivos poco y de tontos menos.

Alejandro Carneiro va un poco más allá y cambia al doctor en historia por un profesor de física y la refinada Roma con sus cínicos habitantes por la frontera del Danubio, llena de legionarios hastiados y bárbaros nada amables. El viajero en el tiempo se trata del doctor en físicas Antonio K. Gaos, que desde su cátedra en la universidad de Santiago de Compostela rumia la rabia y el resentimiento que le producen las rechuflas de sus colegas de profesión, sin duda envidiosos de su genio incomparable, y la irritación que le provoca la imbecilidad congénita de la banda de simios que tiene por alumnos. En esto, llega a sus manos un antiquísimo manuscrito que le inspira para desarrollar la Teoría Definitiva que, entre otras muchas cosas, le permitirá viajar en el tiempo. Para darse un homenaje decide ir a recuperar con sus propias manos el manuscrito recién copiado, original e íntegro, al lugar que al cabo de los siglos se convertiría en el yacimiento arqueológico donde fue encontrado: un puesto fronterizo romano que, según sus cálculos debería haberse abandonado muy poco antes que su previsto viaje hasta él.

Por el lado de los romanos se nos presenta una legión en misión de vigilancia de esos remotos límites del Imperio, a la sazón las orillas del Danubio no muy lejos de la actual Budapest. Lo particular de la legión es que se trata de un pelotón de castigo, lleno de individuos mayormente amargados y con una disciplina bastante laxa. A ellos se les une fortuitamente un senador que pasaba por allí, acompañado del pendón de su sobrina y un centurión en una desconcertante misión secreta.

Finalmente, los bárbaros en discordia son la típica horda de bestias comandadas por un jefecillo local, brutal y ambicioso, que como buenas bestias, efectivamente brutales pero no estúpidas, andan siempre evaluando si el mínimo esfuerzo para lograr sus objetivos compensa realmente el peligro que el logro supone.

Con estos mimbres, más la intervención como alivio cómico de una lechuza (Tyto alba) loca y como artista invitado de un lobo (Canis lupus) legionario, Alejandro Carneiro teje una hilarante aventura en los bosques centroeuropeos en la que las persecuciones, los engaños, las peleas a espadazo limpio, pero también la locura, el desánimo y la amargura tienen un protagonismo fundamental. Resulta especialmente notable la descripción de la vida en los campamentos romanos, acostumbrados por los peplum pasados y presentes a ver a los legionarios como una masa de espadas en perfecta formación, la individualización de los mismos y el desarrollo de sus personalidades en un ambiente deprimente como la de éste campamento es todo un hallazgo.

Las aventuras del doctor Gaos en aquel paisaje salvaje son igualmente coherentes. Si el viajero en el tiempo solo conoce, y calculado por aproximación, donde y cuando va a ir ¿espera realmente acertar con toda precisión? Si imaginamos la cara que debe poner un irascible profesor de física de finales de siglo XXI cuando se ve enfrentado a los palpables peligros de la frontera del Danubio del siglo I, no podemos por menos que recrear la cara de los guerreros bárbaros y legionarios romanos que pululan por aquellos lares, cada uno dedicado a sus particulares y enfrentados asuntos, cuando ven aparecer literalmente de la nada al desconcertado profesor.

Cuando se trata de construir historias desaforadas siempre es tentador mezclar géneros, épocas y culturas para que el profundo contraste entre unos y otros genere una chispeante corriente de sucesos a cual más extraordinario y, de ser posible, divertido. Con todo, la novela no resulta completamente satisfactoria. En la escalada desaforada hacia un desenlace portentoso el final se le escapa de las manos a Alejandro Carneiro cuando acumula más y más personajes dentro de la empalizada del campamento. El efecto, que supongo pretendía ser cómico y enloquecido, se hace cargante y el muy bien titulado Epilogo prescindible es, sin duda, perfectamente descartable. No es tanto que el resultado de la aventura sea poco creíble, que hablando de viajes en el tiempo no es precisamente una virtud a exigir, sino que podría haberse resuelto con mucha más elegancia sin alterar la conclusión final.

Desenlace aparte, no siempre es posible leer una obra que combine adecuadamente la fantasía en cualquiera de sus encarnaciones, la credibilidad y el humor. TEMPUS VESANICUM, lo consigue en gran medida. El viaje en el tiempo que plantea, la vida en los campamentos de las legiones romanas y la retranca que salpica toda la narración son tres elementos que se combinan a la perfección y hacen de TEMPUS VESANICUM una novela a la vez que entretenida, ilustrativa.

© Francisco José Súñer Iglesias, (996 palabras) Créditos