ALITA, ÁNGEL DE COMBATE
ALITA, ÁNGEL DE COMBATE Japón, 1993
Título original: Gunnm
Dirección: Hiroshi Fukutomi
Guión: Yukito Kishiro, Akinori Endo
Producción: Matt Greenfield, Kazuhiko Ikeguchi, Joichi Sugito
Música: Harada Soichiro, Kaoru Wada
Fotografía: Hitoshi Yamaguchi
Duración: 54 min.
IMDb:
Reparto: Alita (Miki Itou/Nuria Trifol); Ido (Shunsuke Kariya/Luis Posada); Vector (Shigeru Chiba/Alberto Trifol); Zavan (Kôji Totani/Oriol Rafel); Gime (Kazuyuki Sogabe/José Javier Serrano); Grewcica (Ryûzaburô Ôtomo/Rafael Calvo); Gonz (Kazuhiko Kishino/Josep María Zamora)
Comentarios de: Antonio Santos

El manga de Kishiro Yukito es el cyberpunk más desesperanzado, amargo y siniestro que he leído. Nada en él permite la ilusión de que vamos a salir del agujero alguna vez. Por fin han derrotado a la Humanidad y no pasa un segundo sin que los vencedores, perchados en su distante Typhares, dejen olvidarlo a los del patio de los desperdicios. El sigul está en cómo les arrojan, desde ese penacho invertido que caracteriza la inmensa ciudad flotante circular, basuras que los de abajo codician, convencidos de que nada de lo que ellos hagan podrá superar esos despojos.

Por supuesto, al alcanzar la celebridad consiguió una adaptación (vaya, yo sólo he visto una) a la pantalla de plata, aunque es de suponer que jamás pasó del vídeo, y que el DVD, o los nuevos formatos de imagen, pixelándolos, han realzado sus fotogramas.

El anime sintetiza sui géneris las dos primeras sagas, añadiéndole alguna metralla de cosecha propia que persigue, además de evitar pagar ciertos derechos a 2000AD, plantear un what if..., mostrar cómo serían las cosas desde otra óptica. Tal empeño llega a confundir un poco a quienes fielmente seguimos las andanzas de la chica cyborg sin memoria. Por otra parte, su factura gráfica, visual, es fuerte e impactante. Robusta.

En el manga, Alita es rescatada por Ido Daisuke de entre una alta pila de chatarra, y descubre que milagrosamente sigue viva (aunque en condiciones más que lamentables). Reconstruida, esta Winona Ryder cyberpunk emprende una nueva vida en el desaforado, extenso, complejo y siniestro Patio de los Desperdicios, cuyo nombre es otro ejemplo del desprecio que desde Typhares les prodigan sus habitantes. Alita podría tener la oportunidad de reflexionar sobre este hecho (el autor mejor nos lo deja a nosotros), porque una vez transformada en cazador-guerrero se las tiene que ver con lo más tarado, descentrado y demente, verdaderos desechos, de los criminales cibernetizados. En las sombras se mueve un arquitecto de todas estas aberraciones (o de las más conspicuas, al menos), que no aparece en el vídeo.

En el manga, Alita se enfrenta a un paria que, dentro de una estructura vermiforme, se apodera de cuerpos más-grandes-y-poderosos cada vez (esto es una extraña obsesión japonesa: Son Gokuh quería ser el más grande guerrero, no el más sabio y eso que siempre nos están dando la murga con lo de la sabiduría oriental -; ni siquiera complementaba ambas disciplinas —como Superman —) y libran un duelo en las más profundas entrañas del Patio de los Desperdicios, donde Kishiro permite mostrar a ambos contendientes sensibilidad e inteligencia, metáfora, detrás de las viñetas llenas de acción y violencia. Este paria se apropió de un cuerpo cyborg de Sláine, el rey celta creado por Pat Mills, pero el vídeo lo suplanta (de ahí que evitaran pagar derechos de autor) por una aparatosa masa de hombros desmesurados y mentalidad abyecta.

El anime ofrece un sucedáneo del combate subterráneo por otro a cielo abierto que parece un duelo de spaguetti-western (el que ha dado al manga el planteamiento visual y de la acción) y se salda, cómo no, con una gran explosión, porque si el malo no revienta en añicos, la cosa carece de alma.

El vídeo empotra bien pronto en la biografía de Alita a Hugo, ese inolvidable y juvenil primer amor, capital en su existencia, y algo con visos de acierto y que posiblemente Kishiro hubiera hecho de contar con la certeza de que ALITA, ÁNGEL DE COMBATE iba a tener éxito, y por tanto, continuidad. Hugo, un huérfano obsesionado con subir a Typhares, es un buscavidas cuya enorme capacidad laboral tiene a todo el mundo impresionado. Una mirada basta para que Alita se prende de él. Pero Hugo ama otra cosa, inmarcesible y distante, y tarde aprecia qué loco ha sido.

Introduciendo a Hugo, Kishiro puede mostrarnos más del Patio de los Desperdicios, lugares en absoluto recomendables, y cómo funciona la mentalidad de sus habitantes, el grado de demencia, desesperación y desprecio en que viven. Tanto tiempo llevan los de Typhares hundiéndoles el rostro (metafóricamente) en el fango que han perdido por completo el deseo de rebelarse y querer algo distinto al apiñamiento y la masificación. Viven porque morir no es mejor.

Los de Typhares, tenidos por semidioses, exigen mensualmente carne humana. (Esto semeja una mórbida parafilia, les hace parecer depravados que pagaran por presenciar una nefanda perversión extraordinariamente bien.) Y, sin saberlo, en abastecérsela participa Hugo robando columnas vertebrales a los cyborgs. Descubierto por uno de los enemigos de Alita, queda al margen de la Ley de la Fábrica (este detalle es interesante) y, por tanto, le asignan recompensa, siendo objetivo de los Cazadores-Guerreros.

En el manga, hay gresca a cuenta de la posesión de la cabeza de Hugo, que de nuevo el vídeo suplanta por una traca. También introduce a un personaje femenino, otra exiliada de Typhares, como Ido, que termina sus días dentro de unos frascos llenos de formol con destino a la ciudad flotante, para que con sus pedazos hagan sus... lo que sea.

Kishiro, aprovechando material de BLADE RUNNER (todo el Patio de los Desperdicios evoca el Los Ángeles de 2019) y ROBOCOP (los rostros empotrados en el metal y el plástico), nutre la ambición de Hugo con el de Sarah, la prostituta de Hardwired (que anhelaba abandonar la Tierra para vivir donde los asépticos orbitales) y teje una parábola tenebrosa de la degradación a la que el ser humano puede ser sometido por entes superiores que, una vez llegaron al cielo, se dedicaron a destruir a los menos afortunados que ellos, y hace preguntarse cómo de mal fueron las cosas para terminar así. Más aún: los de Typhares transfirieron el sistema legislativo, ejecutivo, judicial, a la Fábrica, ente maquinal que calcula las sentencias según ciertos estándares, sin posible apelación. El gobierno de la Fábrica permite intuir que los de Typhares no ven a los del Patio de los Desperdicios como a personas, sino como obreros, o piezas fácilmente sustituibles (una idea de Hardwired).

Luego, los ciudadanos del Patio de los Desperdicios están profundamente injertados en las máquinas, otro intento brutal del deshumanizarlos. La misma Alita tiene muy poco tejido orgánico (como si la carne fuese la vasija de nuestra identidad). Lo que los hace humanos (el alma) queda sublimado a la potencia de las prótesis, hasta que un trauma eleva el espíritu por encima de los materiales artificiales. El caso de Hugo es el más palmario: pasa de ser todo-carne a vivir merced a un cuerpo mecánico (un masivo intento de suprimirle como individuo), pero al momento de morir, su ánima, lo que le otorga divinidad, aflora con gran vigor, obligándole a lamentarse por su ofuscación.

Kishiro no tiene compasión con sus personajes (el anime no lo transmite) empeñado en mostrarnos hasta dónde el Poder puede llegar con tal de anular a sus súbditos: urde descalificaciones, mutilaciones, mutaciones, llevando hasta la extrema consecuencia su plan y, convencido de que en el físico está el sujeto, le arranca la carne. Es un pavoroso futuro el que aboceta, donde la única forma de poder sobrellevarlo es consumiendo masivas dosis de violencia.

© Antonio Santos, (1.188 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 18 de mayo de 2011