INDEPENDENCE DAY
INDEPENDENCE DAY EE.UU., 1996
Título original: Independence Day
Dirección: Roland Emmerich
Guión: Dean Devlin, Roland Emmerich
Producción: Dean Devlin
Música: David Arnold
Fotografía: Karl Walter Lindenlaub
Duración: 145 min.
IMDb:
Reparto: Will Smith (Capitán Steven Hiller); Bill Pullman (Presidente Thomas J. Whitmore); Jeff Goldblum (David Levinson); Mary McDonnell (Primera Dama Marilyn Whitmore); Judd Hirsch (Julius Levinson); Robert Loggia (General William Grey); Randy Quaid (Russell Casse); Margaret Colin (Constance Spano)
Comentarios de: Félix Capitán

¿De qué se trata?

En la superficie de la Luna se ven los restos fósiles dejados por la Humanidad en su primera alunizaje. Son restos que estarán ahí por siempre, a salvo de la erosión, las inclemencias humanas... ¿los extraterrestres? ¡No! ¡Porque pasa una nave espacial alienígena grandota-grandota-grandota, y son tan malos, MALOS, que a fuerza de hacer vibrar la Luna borran la huella de Neil Armstrong? Listo, 120 segundos de peli y ya sabemos que de unos cabrones como ésos, sin respeto por el patrimonio arqueológico terrestre y en particular yanketa, nada bueno se puede esperar. Además tienen una tecnología chupi, porque para hacer vibrar un cuerpo celeste que carece de atmósfera sin tocar su superficie... El caso es que es un día común y corriente en la Tierra, el 2 de julio nada menos, y una serie de habitantes se levantan para afrontar la dura tarea de existir: el Presidente de los Estados Unidos, cada vez más impopular en las encuestas a pesar de haber sido piloto en la Guerra del Golfo (¿ya ves, McCain? El cine te lo había advertido), un piloto de jets que por estar liado con una bataclana le niegan el acceso a la NASA, un computín a quien en un inesperado rasgo de realismo, su esposa lo ha abandonado por su falta de ambiciones, etcétera. De pronto, sobre varias ciudades de la Tierra se imponen gigantescos platillos voladores con la sombra cubriéndolo todo, etcétera. De una manera o de otra, todos estos personajes se verán entonces imbrincados en la delicada tarea de partirle la jeta a los extraterrestres invasores, porque la Tierra es nuestra, joer, y nos la quedamos. Por mucha Casa Blanca que destruyan los cabrones.

El espíritu de los tiempos

Invasores extraterrestres. Metáfora de nuestros más profundos y ancestrales miedos: el miedo al Otro. No es casualidad que en la época que le dieron más duro a la Tierra fue en los 50s. ¿Qué podía andar mal en los 90s, que acreditara volver a escenificar en el cine una invasión de ésas? ¿Y con tanta respuesta de taquilla? O sea, efectos especiales aparte, claro. Estados Unidos estaba tranquilo, habían derrotado a los malos, era el fin de la historia y de los tiempos... quizás algo se intuía, quizás algo flotaba en el ambiente. Por el momento valía la pena exorcisarlo como una fantasía cinematográfica. Cinco años después, el 9-11 contra las Torres Gemelas (ya no la Casa Blanca) le daría un brutal baño de realidad a todo esto. El responsable de traer el miedo a escala mastodóntica de regreso a los cines fue Roland Emmerich, cineasta que se había hecho de un nombre con STARGATE, y que ahora iba a por el gordo, a por el peligro de aniquilación inminente de la Humanidad. Emmerich con el tiempo se transformó en el amo del cine de desastres de los 90s y 2000 (GODZILLA, EL DÍA DESPUÉS DE MAÑANA, 2012), pero sin lugar a dudas, EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA será de lejos su peli más recordada. Si la exhiben en el cable de tarde en tarde todavía a década y media de su estreno...

¿Por qué verla?

:: Si bien Roland Emmerich después depuró su estilo y volvió a alcanzar la cumbre con 2012, EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA tiene la ventaja de haber sido primera. Es muy de culturetas denostar el cine de Emmerich como palomitero e insubstancial, pero hay algo en estas pelis de lo que carece un, digamos, Michael Bay (me encanta apalearlo posteo sí y posteo también, y se lo merece). La gracia de Roland Emmerich es que se toma su tema muy en solfa. En breve, mientras todas las pelis se venden como algo mortalmente serio que tienes que ver sí o sí porque es la peli del verano y además marcará época, etcétera, Emmerich rueda y vende sus productos como lo que son: entretenimientos palomiteros descerebrados y punto. Además, debe admitirse que recicla muy bien los presupuestos de las pelis que busca. EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA es una fenomenal labor de reciclaje no sólo de las pelis de invasores extraterrestres de los 50s, sino también del no menos conspicuo cine de desastres a lo Irvin Allen (LA AVENTURA DEL POSEIDÓN, INFIERNO EN LA TORRE (EL COLOSO EN LLAMAS), etcétera), en su fórmula de tener un elenco coral, con alguna que otra baja por el camino para amenizar el cotarro y probar que la cosa va en serio. De por medio están los valores familiares, patrióticos, etcétera, pero siempre con un tonillo irónico que... bueno, Emmerich es alemán y gay, de esa contradictio in terminis que puede esperarse. ¿El discurso del Presidente de los Estados Unidos es patriotero hasta lo ridículo? De eso se trata, y Emmerich se festina lo suyo rodándolo, buscando el ridículo precisamente por la vía de la exageración. Lo mismo vale para los extraterrestres telépatas (¡miren, qué malos! pareciera decirnos), para su obtusa maldad y su absurdo plan de conquista mundial (¿cómo no van a tener métodos más civilizados de erradicar a la Humanidad y conservar la infraestructura, si hasta los retrasados humanitos tenemos la bomba de neutrones?), etcétera. La prueba de que todo esto va en serio, es un guión que a pesar de sus despropósitos, está muy bien construido desde el punto de vista de los personajes y la aventura: no hay escenas que sobren ni escenas que falten para involucrarnos con los personajes y desear que ganen a cómo dé lugar. Nada mal para lo que en definitiva iba a ser otra peli de marcianitos verdes buscándose una paliza.

:: El elenco de actores está más que bien. Sólo Bill Pullman podía darle credibilidad a personaje tan delirante como un Presidente de Estados Unidos que en la hora decisiva se sube a un jet en vez de quedarse en tierra haciendo lo que un Presidente debe hacer, o sea, dirigir la operación entera contra los bichos (si les parece idiota, piensen que no es peor que ver a un multimillonario traumado convirtiéndose en Batman por las noches en vez de donar su fortuna a causas humanitarias, por ejemplo). Will Smith, alabado después como un gran actorazo blah-blah-blah, en esta peli todavía sigue siendo el Príncipe del Rap, y le pesa, aunque tié su gracia er pinturiento. Jeff Goldblum hace otra vez su rol típico y le sale querible. En sus secundarios, Robert Loggia como el milico brazo derecho del Presi aporta la bonhomía, y Randy Quaid como el piloto borracho en busca de redención pone la gota de heroísmo del hombre común. Margaret Colin por su parte tuvo acá su papel más reconocible, como la chica a la que pretende el computín Goldblum. Y la perla de la torta es un casi irreconocible Brent Spiner (el aborrecible Data de la Nueva Generación de Star Trek) como el científico loco de rigor, cachondéandose de lo lindo en su personaje.

:: Un elemento típico de las pelis de Roland Emmerich: la valoración positiva que hace de la ciencia. Frente a la tecnofobia común en las pelis de Hollywood (la ciencia trae desastres, la religión es la respuesta), en el cine de Emmerich vemos de manera consistente que son los científicos los que suelen dar con la clave para resolver el problema (bueno, salvo probablemente SOLDADO UNIVERSAL, y esta última es algo discutible). En EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA, la última defensa de la Humanidad consiste en un buen puñado de cazabombarderos, vale, pero para que éstos sean efectivos en contra del maloh, se requiere de una triquiñuela científica. Se ha repetido hasta la saciedad que la solución de EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA plagia descaradamente el final de LA GUERRA DE LOS MUNDOS, pero las diferencias son tan significativas como las semejanzas, porque en LA GUERRA DE LOS MUNDOS el final sorpresa se utiliza como ironía suprema en contra de la hipertrofia tecnológica del Occidente actual (¿ya ven? Ni toda la ciencia del hombre...), mientras que acá la ciencia es neutra: la utilizan los extraterrestres para darle una paliza a la Tierra, y la utilizan los humanos en respuesta para darles un correctivo de vuelta. Por supuesto que es poco probable que Emmerich esté tratando de ser didáctico aquí, pero quiérase o no, todas las pelis tienen un mensaje acorde a quien las realiza. Puede también alegarse los numerosos fallos científicos de la peli (el más garrafal en cuanto a la respuesta final, tiene que ver con la compatibilidad de sistemas operativos de ordenadores... no digo más por si ustedes son de los pocos humanos en la Tierra que no la han visto), pero vamos, cuando aparece una peli tecnófoba que defiende la religión es la respuesta, ningún clérigo sale gritando porque el cristianismo no fue adecuadamente representado según la visión agustina o tomista, sino que basta con la moraleja, ¿no?

:: La parte realización es lo más notable de esta peli. A las puertas de la era de los efectos especiales por CGI, los de esta peli se sostienen muy bien e incluso mejor que los realizados por computadora: casi todo lo que se ve acá en escenas de destrucción son las viejas maquetas de toda la vida. Tres años después, George Lucas trató de darle puntilla a estos métodos con LA AMENAZA FANTASMA, y francamente no consiguió resultados mejores. El soundtrack es discreto y eficiente, a cargo del siempre agradecido David Arnold, un año antes de transformarse en el soundtrackista oficial de la saga Bond (EL MAÑANA NUNCA MUERE, EL MUNDO NO ES SUFICIENTE, OTRO DÍA PARA MORIR, CASINO ROYALE, QUANTUM OF SOLACE...).

Ideal para: Ver una de las mejores (le pese a quien le pese) pelis sobre catástrofes, y también sobre invasores extraterrestres.

© Félix Capitán, (1.604 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Cine 9009 el 2 de enero de 2011