FAHRENHEIT 451
FAHRENHEIT 451 Reino Unido, 1966
Título original: Fahrenheit 451
Dirección: François Truffaut
Guión: François Truffaut y Jean-Louis Richard, basado en la nóvela homónima de Ray Bradbury
Producción: Lewis M. Allen para Universal Pictures
Música: Bernard Herrmann
Fotografía: Nicholas Roeg
Duración: 112 min.
IMDb:
Reparto: Oskar Werner (Guy Montag); Julie Christie (Clarisse/Linda Montag); Cyril Cusack (Capitán); Anton Diffring (Fabian); Jeremy Spenser (Hombre con manzana); Bee Duffell (Mujer libro); Alex Scott (Hombre libro)

Sinopsis

En un futuro indeterminado, la lectura ha sido proscrita y los libros prohibidos, por considerar el Estado que leer incita al individuo a pensar y le convierte en un ser infeliz y, por tanto, propenso al inconformismo y a la rebelión. La tenencia de libros es considerada un delito grave. El cuerpo de bomberos es el encargado de buscar y destruir los libros que algunas personas, contraviniendo las leyes, ocultan en sus domicilios. Guy Montag es uno de estos bomberos. Es, en apariencia, un fiel servidor del Sistema, pero en lo más íntimo de su ser alberga muchas dudas y se hace demasiadas preguntas. Un día conoce a Clarisse, una joven de diecinueve años tachada de antisocial porque piensa por sí misma. Este encuentro cambiará la vida de Montag, pues la muchacha logrará no sólo que empiece a cuestionarse seriamente su trabajo, sino también despertar su interés por los libros que quema. Montag comienza a sustraer libros y a leerlos a escondidas en su casa. Su esposa, Linda, lo descubre y decide denunciarle ante las autoridades.

Trece años después de la publicación de FAHRENHEIT 451, quizá la mejor novela del maestro Ray Bradbury, François Truffaut la llevó al cine en esta cuidada producción que se ha convertido en uno de los films del género más míticos de los años sesenta, junto con EL PLANETA DE LOS SIMIOS y 2001, UNA ODISEA EN EL ESPACIO.

El inquietante relato de Bradbury adquiere tintes siniestros en esta memorable plasmación cinematográfica. Truffaut supo recrear en imágenes el ambiente opresivo, casi claustrofóbico de la sociedad futura descrita en la novela. A pesar de la nítida fotografía de Roeg en rutilante technicolor, FAHRENHEIT 451 ostenta una estética acusadamente sombría. El contraste entre los luminosos fotogramas y la tensa carga emocional de las escenas es devastador y responde a una intencionalidad muy concreta: la de contraponer la imagen de un mundo supuestamente idílico y feliz, lleno de luz y color, a la realidad triste y gris que revelan, con sus acciones y diálogos, los personajes que lo habitan.

El país de Montag es un estado totalitario, donde la palabra impresa ha sido proscrita y se ha impuesto la felicidad por decreto. La supresión de los libros y la lectura ha originado una sociedad técnicamente avanzada pero culturalmente involucionada, acrítica y por lo tanto sumamente dócil ante el poder, que ha establecido un gobierno basado en el pensamiento único y el rechazo al individualismo. El Estado, la comunidad y el Sistema lo son todo y todo debe supeditarse a ellos. El instrumento adoctrinador de la masa ciudadana es la televisión, presente en todos los hogares y a la que es adicta la mayor parte de la población. El culto a la imagen vacía de contenido ha sustituido a la cultura de la palabra escrita, matando la curiosidad de las personas y originando así una sociedad apática y sin valores, en la que incluso las relaciones personales y afectivas son de una aterradora superficialidad. Es una dictadura casi perfecta. Pero incluso en un sistema totalitario tan espeluznante hay disidentes, esas personas que, aun a riesgo de perder su libertad y su vida, tratan de preservar ese tesoro de incalculable valor que son los libros. Montag, en un principio fiel servidor del Estado, irá recuperando su dignidad personal y humana gracias a su amistad con Clarisse y, sobre todo, a las largas noches de lectura a escondidas. Con el acto de leer a hurtadillas, como si estuviese cometiendo un crimen vergonzoso, Guy dejará de actuar como el resto de la gente, como un autómata de carne y hueso, empezando a cuestionarse, por primera vez en su monótona y alienada existencia, la estructura social de su país y su función en la misma.

Apagando los fuegos de la razón
Apagando los fuegos de la razón

El film se beneficia de una estética visual muy sesentera, mostrándonos cómo se imaginaban entonces que sería el futuro fin de siglo, con esas barriadas de chalets clónicos, esos edificios modernistas e impersonales y el fantástico monorraíl elevado que parece ser el transporte público por excelencia. Truffaut decidió añadir un sutil toque anacrónico, personalizado en esos elegantes teléfonos de época que se ven por todas partes. La inclusión de tales aparatos responde, sin duda, a la intención del director de darnos a entender que, aunque la acción de la película se desarrolle en el futuro, lo que se cuenta en la misma está ocurriendo ahora, en nuestro presente.

En lo que a los FXs se refiere, lo más destacable es esa corta escena, casi al final del film, donde vemos a los ex compañeros de Montag buscándole con unos curiosos aparatos voladores unipersonales, muy similares a los propulsores individuales descritos por Luis García Lecha (Clark Carrados, Glenn Parrish, Louis G. Milk) en muchas de sus novelas de ciencia-ficción. La secuencia, a pesar de su brevedad, está muy lograda para la época y contribuye a acentuar la sensación de que la historia transcurre en el futuro.

La adaptación cinematográfica es bastante fiel al original literario, algo muy de agradecer. Algunos años después de su estreno, François Truffaut reconocería no haber quedado completamente satisfecho con el resultado final, llegando a admitir que algunas escenas le parecían francamente malas. Como cinéfilo reconozco que se agradece ese ejercicio de autocrítica por parte del realizador, mas no puedo dejar de señalar que, a título meramente personal, FAHRENHEIT 451 me parece una película redonda, casi una obra maestra.

Fuego
Fuego

La música corrió a cargo de Bernard Hermmann, extraordinario compositor que colaboró habitualmente con Alfred Hitchcock, componiendo las partituras originales de cintas tan memorables como PSICOSIS, LOS PÁJAROS o MARNIE, LA LADRONA. Su composición para este film de Truffaut es tan sobria como correcta, contribuyendo a acentuar, en determinados pasajes, la sensación de claustrofobia y opresión que desprenden la mayoría de las escenas.

La cinta respeta el inolvidable final del libro, plasmándolo en esas maravillosas y esperanzadoras secuencias del bosque de los hombres-libro, donde Montag y Clarisse encuentran no sólo un refugio donde vivir su naciente amor, sino también un nuevo sentido a sus vidas, como preservadores de una parte pequeña pero importantísima del acervo cultural de la humanidad: los libros que se han aprendido de memoria.

FAHRENHEIT 451, de François Truffaut, brilla a la misma altura que la novela original. Con esto está dicho todo. Es un film magistral e inolvidable, cuyo mensaje, al igual que el del libro de Bradbury, está de plena actualidad.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.062 palabras) Créditos