VIAJE DESDE EL AYER
VIAJE DESDE EL AYER James P. Hogan
Título original: Voyage from Yesterday
Año de publicación: 2007
Editorial: Libros del Atril S.L.
Colección: omicrón
Traducción: Xavier Riesco
Edición: 2007
Páginas: 441
ISBN:
Precio: 23 EUR

VIAJE DESDE EL AYER de James P. Hogan es una de esas novelas que da gusto leer, y dejan al lector habitual del género plenamente satisfecho. Un libro muy bien escrito, el autor demuestra gran oficio, de modo que la lectura no sólo es entretenida, sino que es amena. En los distintos capítulos se introducen pequeñas e interesantes explicaciones, sobre diferentes temas de forma natural en las conversaciones, todas esas aparentes distracciones del hilo narrativo central redondean y hacen más comprensible la trama.

El argumento principal, de gran interés para buena parte del frikismo, es el enfrentamiento de dos comunidades antagónicas en lo ideológico: una plenamente fascista y violenta (procedente de un planeta Tierra políticamente caótico y desastroso extrapolado de nuestra realidad actual), que llega en una gran nave enviada para poner orden en una colonia incipiente pero de gran vitalidad que, por la particularidad de su origen, se ha desarrollado, como una especie de Utopía anarquista de la abundancia, plenamente funcional, y pacífica. En el conflicto, los habitantes de Quirón, que así se llama el planeta en cuestión, tratan con inteligencia y por todos los medios posibles de asimilar a los recién llegados, sin emplear la violencia y estimulando la individualidad de las personas.

La comunidad anarquista de Quirón está muy bien descripta, adecuadamente fundamentada en sus orígenes y desarrollo. Al contrario de la sociedad anarquista de Anarres (en el libro LOS DESPOSEÍDOS de Ursula K. Le Guin) se ha desarrollado en la abundancia y el desarrollo tecnológico, con el convencimiento de ser la mejor forma de organización posible y disponer de todo el Universo como recurso para su expansión y desarrollo. En ese sentido se asemeja más a la civilización extraterrestre anarquista de la Serie Xenogénesis de Octavia Butler.

No había leído nada de este autor, y me ha encantado su forma de escribir. Se aprecia como una persona muy lúcida e inteligente, que logra construir una obra muy redonda y satisfactoria. Hay muchos personajes, varios bastante desarrollados, de modo que se aprecian como personalidades reales, que a lo largo de la obra van evolucionando e interactuando en forma muy dinámica en una trama compleja, pero que avanza inexorable hacia un clímax final, no por previsible menos grandioso. Y muy importante: el escritor hace ver como posibles los hechos que se narran. Curiosamente, en la obra hay dos o tres momentos que Hogan parece ser ex profeso aburrido y confuso, como para establecer pequeñas pausas en la lectura, que en buena parte se hace casi frenética por el interés que despierta la historia.

En síntesis, VIAJE DESDE EL AYER es un muy buen libro en todo sentido, que recomiendo particularmente. Ameno, interesante, bien escrito, y bastante bien traducido, que no es poco.

© Jorge Luis Urijenny (454 palabras) Créditos

Resulta aburrido repetir a estas alturas que la ciencia-ficción se ha clasificado tradicionalmente en hard (respetuosa con la ciencia del momento de la escritura, e incluso argumentalmente basada en ella), soft (centrada en aspectos fundamentalmente humanísticos y sociales) y space-opera (aventura pura y dura, en ocasiones con exceso de «licencias poéticas») Durante un tiempo la vida fue bastante plácida porque era relativamente sencillo encuadrar una obra en cualquiera de estas categorías, y algunas subcategorías surgidas con la especialización. La evolución de los escritores y la llegada de nuevos valores, con una formación y referencias más amplias, diluyó en gran medida esta compartimentación, hasta llegar a obras como esta VIAJE DESDE EL AYER, donde se mezclan todas las tendencias de forma algo más que sobresaliente. O mejor dicho, notable, porque ciertas asperezas y vicios propios de hard más radical le restan puntos para llegar a la perfección.

Hogan propone en esta novela un mundo futuro en el que las potencias de la Tierra se han dedicado a darse de mamporros entre si por los motivos habituales: hegemonía, recursos naturales y conjurar los fantasmas propios con el terror por los ajenos. En un raro momento de paz y lucidez un rico potentado convence a chinos y americanos de que antes de que las cosas se pongan mal del todo, es buena idea unirse para lanzar una expedición colonizadora hacia Quirón, uno de los muchos planetas extrasolares tipo Tierra que se han descubierto allá por Alfa Centauri. El proyecto Refugio Estelar y su nave, la Kuan-Yin (La que trae niños) tiene éxito y los humanos extraterrestres (su único vinculo con los terrestres es el ADN, puesto que en vista de lo largo del viaje se decidió que sería mejor «sintentizarlos» una vez la nave llegara a Quirón) consiguen hacer del planeta un lugar más que habitable.

Entre tanto las cosas en la Tierra se han vuelto a deteriorar y reinciden en los mamporros y los malos modos. En vista de lo mal que van las cosas las potencias patrocinadoras del proyecto deciden reclamar los réditos del mismo, y se envían nuevas naves, esta vez habitadas por humanos terrestres gracias a que los avances en astronáutica harán el viaje extraordinariamente corto (unos añitos de nada). La primera nave en llegar, la Mayflower II reproduce en miniatura el ideal neocon yanki, un pequeño estado controlado por una reducida elite que a su vez atiende ordenadamente los requerimientos de corporaciones industriales y comerciales además de los líderes religiosos. El resto de la tripulación se estratifica rígidamente en una serie de castas (técnicos, militares, administrativos, obreros) de las que es muy difícil, por no decir imposible, salir.

Esta rigidez, unida a la absurda pretensión de que los quironeses se plieguen sumisamente a los mandatos de los recién llegados hace que ambas sociedades choquen frontalmente, aunque de una manera poco convencional. En Quirón se ha establecido una sociedad idealmente anarquista. No hay gobierno, no hay ejercito, ni policía, las fábricas y factorías no tienen dirección, los quironeses hacen lo que mejor se les da o lo que les viene en gana, únicamente hay dos premisas que todos comparten y todos tienen muy a gala: responsabilidad y respeto. Todo el que hace algo procura hacerlo bien, en la medida de sus posibilidades, y si alguien lo hace mejor que él, no se deja llevar por la envidia y en desánimo, acepta la situación como ventajosa para el bien común y, o colabora de grado, o se dedica a explotar sus talentos en otras actividades, todo sin lloriqueos ni aspavientos. De ese modo, un barrendero y un ingeniero no se consideran ni por encima ni por debajo del otro, fundamentalmente porque si el ingeniero considera que algo está sucio lo limpiará sin más ceremonias, y el barrendero, aunque por conocimientos no esté en disposición de diseñar un puente, se involucrará en su construcción si percibe que faltan manos, y ambos, ingeniero y barrendero, estarán orgullosos de tener todo limpio y haber contribuido a que el resto de los ciudadanos se puedan desplazar con más facilidad.

A esta teórica perfección se le pueden poner muchos peros, pero Hogan sortea la mayor parte de ellos incidiendo en que la sociedad de Quirón es fundamentalmente alienígena. Los quironeses son humanos, si, pero no tienen ningún vínculo con sus congéneres. Han sido sintetizados a partir de muestras de ADN por las máquinas de la Kuan-Yin, la primera generación fue criada y educada por máquinas y robots desde cero, bajo las premisas del proyecto Refugio Estelar, en ningún momento se les estratifico, ni se les jerarquizó ni se les inculcó algo más que el sentido común, la lógica y el respeto por los demás. Incluso las desviaciones de la norma son tratadas con condescendencia por los quironeses, no pueden evitar que haya elementos que no aportan nada a la sociedad, pero mientras tomen lo mínimo para subsistir, no son molestados. Únicamente, cuando alguien quiere imponer su criterio de forma violenta o abusiva se le considera un ente antisocial y cualquiera que detecte ese tipo de individuo lo elimina por el expeditivo método de meterle un tiro entre ceja y ceja.

Hogan desarrolla el encuentro entre las dos culturas paulatinamente y con gran habilidad, los inicios son titubeantes y desconcertantes para los terrestres que no se esperan la plácida condescendencia con la que son tratados por los quironeses, poco a poco la tripulación de la Mayflower II, y aunque la adaptación no es fácil, se ve seducida por el modo de vida quirones, hay que tener en cuenta que en cierto modo los elegidos para el viaje ya eran unos inadaptados en la propia Tierra, y el viaje no es más que una huida hacia delante con el fin de encontrar su propio lugar.

El desarrollo del conflicto y desenlace final están en la misma línea ascendente, y aunque para un lector experimentado no haya grandes sorpresas (Hogan no ejerce de prestidigitador y, como un quirones cualquiera, no oculta sus cartas) si resultan plenamente satisfactorios.

Donde el libro se hace un poco espeso es en los pasajes en los que Hogan saca a relucir la vena ingenieril y se explaya en largas digresiones sobre ingeniería y física, en la tradición del hard peor entendido. Hay un pasaje especialmente farragoso (el capítulo 24), aunque muy divertido a su modo, donde explica con todo detalle los recovecos de la física de partículas. Será genial para algunos, ininteligible para otros.

Tampoco falta la acción y las batallas espaciales, narradas con precisión y sin ahorrarse detalles, también, como en la mejor tradición de las historias de Imperios Galácticos, la alta política, las traiciones y las conspiraciones dentro de conspiraciones dentro de conspiraciones, son el pan nuestro de cada día de los habitantes de la Mayflower II.

En resumen, una novela en la mejor tradición de la ciencia-ficción clásica con los suficientes méritos como para que tarde mucho en envejecer (al menos, si se perdonan detalles como que para el 2045 Hogan aún prevé enfrentamientos entre soviéticos, que no rusos, y estadounidenses).

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.176 palabras) Créditos