Crónicas CienciaFiccionísticas, 42
La resaca de la Nueva Ola
por Guillermo Ríos Álvarez
VISIONES PELIGROSAS

Aunque la rebelión de los autores de la Nueva Ola contra la generación campbelliana fue un acontecimiento capital dentro de la Historia de la ciencia-ficción, el predominio mismo de la Nueva Ola fue breve. El movimiento se había impuesto definitivamente en 1967 con la antología VISIONES PELIGROSAS, pero pronto vino la saturación respecto de la novela de ciencia-ficción experimental, y por lo tanto su progresivo abandono. No es que ya no se escribiera más, pero el grueso de los escritores prefirieron volver a cauces más tradicionales. Y esto no debería ser demasiado extraño. En el mundo exterior, la revolución de la década de 1960 había sido un verdadero estallido, pero después había venido la gran nada. La revolución de 1968 había degenerado en los movimientos terroristas de Italia y Alemania, Estados Unidos se había desencantado del establishment debido a los escándalos relacionados con Vietnam y con Watergate, etcétera. Resulta curioso observar que la destrucción o al menos el retiro de la mentalidad conservadora y gregaria predominante hasta la fecha, reemplazada por un nuevo individualismo, generó una dualidad en la cultura popular: por un lado surgió un fuerte espíritu de autoconciencia y de alienación frente al sistema, que permea al cine y a la literatura en general, y por el otro una voluntad de abandonarse y entregarse a las libertades recién ganadas en una vorágine de escapismo y hedonismo. Simplificando quizás demasiado, una comparación útil podría ser echarle un vistazo a la música: en el lado autoconsciente podemos alinear al rock progresivo o al punk, mientras que en lado hedonista podemos incluir el funk o la onda disco. La ciencia-ficción no fue inmune a este movimiento, y sobrepasados los excesos de la Nueva Ola, vino una resaca en la cual los autores intentaron reevaluar el género. El problema es que consideraban muerta tanto a la Edad de Oro como a la Nueva Ola, y no daban con algo que pudiera reemplazarla.

MUNDO ANILLO

Los autores de ciencia-ficción de la década de 1970 tienden entonces a carecer de un sello propio o personal, y se limitan a rechazar la Nueva Ola volviendo hacia unos estándares más rígidos del género, pero sin adoptar la visión moral propia de la ciencia-ficción campbelliana. Es una ciencia-ficción adulta y muy autoconsciente, con pretensiones de ser literaria, apta para el consumo de una generación que había crecido en un ambiente de intercambio masivo de ideas y que por lo tanto deseaba un género más sofisticado. Eran autores postmodernos que venían un poco de vuelta de todo, y no pretendían empujar el género más adelante, sino utilizar sus convenciones para crear novelas con buen acabado literario. Basta con repasar el listado de ganadores de Premios Hugo y Nebula de la época: en 1971, la novela que ganó el Premio Hugo fue MUNDO ANILLO de Larry Niven (había ganado el Nebula en 1970), que es una space-opera clásica escrita de manera tradicional, aunque incorporando una mayor exigencia literaria, así como planteamientos más desinhibidos respecto de la mente humana, la sexualidad, etcétera. Al año siguiente vino LOS PROPIOS DIOSES, el regreso de Isaac Asimov a la novelística en más de una década y media, que aparte de algunos experimentos estilísticos y un intento por tratar la sexualidad de una especie alienígena, en general responde más a los patrones de la vieja ciencia-ficción campbelliana que a la experimentación desatada de la Nueva Ola. En el mismo listado figuran CITA CON RAMA (space-opera de Arthur C. Clarke), LA GUERRA INTERMINABLE (una space-opera militarista de tintes filosóficos por Joe Haldeman), PÓRTICO (otra novela de encuentros extraterrestres, ahora por Frederik Pohl), etcétera. La mayor parte de estos autores ya llevaban varios años, incluso décadas, en activo dentro del género.

LOS DESPOSEÍDOS

Quizás dos autores entre varios permitan ejemplificar mejor el perfil de la ciencia-ficción de la época. Una de ellas es Ursula K. Le Guin. Aunque ya había escrito varios trabajos y había sido antologada en VISIONES PELIGROSAS, su gran momento fue LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD de 1969. En dicha novela explora la idea de una raza humana en un planeta alienígena, que ha evolucionado de tal modo que su sexualidad funciona de manera distinta a nivel biológico; esta premisa le permite a Le Guin explorar cómo lo biológico en el ser humano influye sobre la manera en que creamos la cultura y la civilización, incluyendo la política, el arte, la religión, y hasta el sistema carcelario inclusive. En 1975 publicó LOS DESPOSEÍDOS, en donde crea dos planetas que son reflejos en la ficción de las respectivas sociedades de Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría, lo que le permite hacer una disección antropológica y desapasionada de las mismas.

El otro autor relevante aquí es Philip José Farmer. Aunque llevaba ya un par de décadas en activo, y había escandalizado con novelas en donde trataba abiertamente la sexualidad (LOS AMANTES, la más clásica de todas), su concepto más memorable es el Mundo del Río. En la saga de cinco tomos, iniciada con A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS, recrea la historia de una raza extraterrestre que terraforma por completo un planeta alienígena, y resucita a toda la Humanidad desde la Prehistoria hasta el siglo XX, para que convivan unos con otros. Bajo la fachada de una saga de ciencia-ficción, Farmer se da el lujo de crear una larguísima y serpenteante, como el río del planeta en cuestión, historia de aventuras con mucha capa y espada. Es, en el fondo, la resurrección de la vieja literatura pulpesca de inicios del siglo XX, ahora dentro de un contexto más erudito y refinado, y por qué no decirlo, autoconsciente.

MARTE ROJO

Al alero de este grupo de autores, una nueva generación de escritores se crió y empezó a publicar, también con una visión conservadora del género: entre los más destacados están Connie Willis y Kim Stanley Robinson (este último, probablemente el con mayor proyección posterior, gracias a su Marte Tricolor). El punto de contacto de esa nueva generación postmoderna y posterior a la Nueva Ola, es un marcado énfasis en el ser humano, no a la manera individualista y heroica de la época de Campbell, sino como un ente físico y espiritual a la vez, en un curioso injerto de una mentalidad cercana a la Ilustración del siglo XVIII, pero en ciencia-ficción. Pero este panorama, quizás un tanto añejo incluso para su tiempo, estaba por saltar en pedazos. En el mundo exterior se avecinaba una nueva revolución: la informática. Esta ya existía en el mundo, naturalmente, pero en la década siguiente, la de 1980, ésta se pondría al alcance del bolsillo de la clase media, y alcanzaría a los hogares. Dentro de ese esquema, la estirada ciencia-ficción posterior a la Nueva Ola ya no tendría lugar, y saltaría hecha trizas frente a la arremetida de todo un núcleo de nuevos autores: el cyberpunk estaba a la vuelta de la esquina.

© Guillermo Ríos Álvarez,
(1.154 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en Guillermocracia el 19 de junio de 2011