IRON MAN 2
IRON MAN 2 EE. UU., 2010
Título original: Iron man 2
Dirección: Jon Favreau
Guión: Justin Theroux
Producción: Victoria Alonso, Kevin Feige
Música: John Debney
Fotografía: Matthew Libatique
Duración: 124 min.
IMDb:
Reparto: Robert Downey Jr. (Tony Stark / Iron Man); Gwyneth Paltrow (Pepper Potts); Don Cheadle (Teniente Coronel James Rhodes / War Machine); Scarlett Johansson (Natalie Rushman / Natasha Romanoff / Black Widow); Sam Rockwell (Justin Hammer); Mickey Rourke (Ivan Vanko / Whiplash); Samuel L. Jackson (Coronel Nick Fury); Clark Gregg (Agente Coulson); John Slattery (Howard Stark); Garry Shandling (Senador Stern)
Comentarios de: Antonio Santos

Robert Downing Jr. repite como el simpático, hiperactivo, adicto a la adrenalina, narcisista y extrovertido Tony Stark en esta espectacular producción que trataba de superar a su precuela, que me pareció inesperadamente superior comparada con otras cintas de superhéroes Marvel. La más reciente vista, la secuela de LOS 4 FANTÁSTICOS, fue abordada con más energía que su primera parte (película en la que nadie creía, pese a que se esmeraron en hacer una cautivadora aventura, con efectos especiales de calidad y la epatante Jessica Alba), pero, aunque correcta, tenía algo que la hacía... convencional. Y llega Jon Favreau, director con pinta de continuar en esa estela, y no plateada, y presenta un IRON MAN brillante, innovador (comparado con los 4F), lleno de ritmo y agilidad. Aprecié su mayor calidad por cómo habían articulado los diálogos, réplicas y contrarréplicas que semejaban un buen lance de esgrima.

Reed Richards, por mor de su estatus intelectual, lacrado por Marvel, no podía ser así de ingenioso ni vivaracho, y Victor Von Doom... bueno, es el tirano histriónico isabelino y cuanto surgiera de sus labios debía ser contundente y resonante, bíblico.

En esta segunda entrega, uno de los principales valores que acabo de destacar de la primera cinta, se vuelve a veces un arma contra su secuela. Tony habla sin cesar, es una verborrea incontenible de espitoso drogata. IRON MAN 2, mucho más amplia y costosa, llena de artefactos Hi-Tech y explosiones para marear, no obstante es ligeramente menor a la uno, quizás porque la novedad está ya deslustrada, y su potencia, diluida.

No es mala, ¡en absoluto!; lo que pasa es que la maravilla de algunas de sus secuencias ya la hemos visto, y aunque intentan compensar un supuesto desgaste del material con las pasadas tecnológicas que esgrimen como principal atractivo para llenar la sala, son efectos cuyo aguijonazo no perfora nuestra piel, curtida en lances similares (AVATAR).

Favreau (y el resto de los integrantes del proyecto, que siempre se olvida que aportan cosas) ha tratado de darle una dimensión personal más honda a Tony Stark y política a Iron Man (injertando tanto elementos de la época plena-y-clásica, dorada si se quiere estimar así, como la debacle alcohólica del hijo de Howard Stark, que en esta cinta cobra protagonismo). El director trata de hacernos íntimo a Tony situándolo al borde de la muerte por envenenamiento de la misma sustancia que lo mantiene vivo, permutando esta amenaza por aquellas crisis en que a Stark le daba un recurrente jamacuco coronario, y tenía que ir recargando el peto magnético que alejaba la metralla de su dañado corazón hasta en el cuarto de baño, como si fuera una maquinilla eléctrica de afeitar, o cascaba allí mismo.

Así, junto con su faceta de juerguista, Favreau lo muestra frangible, falible, opuesto a Superman deliberadamente, pues El hombre de acero supera todo hito sin esfuerzo, es icono invulnerable cuya perfección lo aleja del hombre común, de la calle.

Luego intenta mostrarnos la implicación en el agitado escenario mundial de Iron Man. Esta faceta es mucho más interesante (no está explotada en esta cinta, quizás la reservan para la tercera) porque nos permite efectuar preguntas sobre cómo el mundo cambiaría con semejante portento imponiendo unilateralmente la ley. Tony declara en la película que Iron Man es el arma nuclear disuasoria actual. Privatiza la paz en ausencia de un orden político justo, e imperante, que efectivamente la aplique. Y vemos, emulando una secuencia de ROBOCOP 2, cómo otros países (no corporaciones) se lanzan a la duplicación de su coraza, con espectaculares fracasos. Ahí hay una parábola, la de que los gobiernos no pueden, o podrán, competir con los hombres de negocios del futuro, que abordarán los problemas dándoles soluciones, sino inéditas, de un aspecto en apariencia novedoso, ordenado, con tinte radical por su osadía. ¿Pudiera ser, sin proponérselo, IRON MAN 2 una alegoría sobre el ocaso de los gobiernos?

Porque, pensemos, un Iron Man agente libre el Estado, atendiendo a necesidades de su capricho solamente (o sea: atacando aquello que Tony estime el Mal), ¿cómo cambia las cosas? ¿De qué forma el planeta asimilaría el cambio? Obviamente, los políticos reaccionarían con vehemencia (so pretexto de la seguridad nacional, como en el filme hace el senador Stern) adornándose quizás con una flagrante oratoria/retórica populista que denunciase la extinción de los distintos derechos que con tan arduo esfuerzo hemos conquistado y la mercantilización de éstos, pero preocupados nada más en la merma/perdida de sus privilegios y prebendas. La actualidad nos está dando ejemplos de la falta de escrúpulos que sus señorías tienen con los ciudadanos que dicen estar protegiendo en las Cortes: recortan nuestras pensiones pero blindan las suyas sin sonrojo, a cualquier coste. ¡Pobrecitos políticos! ¡Tanto trabajan!

Luego, la revolución que supone esa potencia militar inédita. Se iniciaría una carrera de armamentos Hi-Tech quizás ilimitada, cuyas consecuencias ni podemos intuir. Los campos de batalla cambiarían. Cierto que durante años aún se lucharía al viejo estilo, limpieza étnica incluida, no seamos ingenuos, pero ¿cómo se pelea contra un hombre que vale por un batallón, con un soporte tecnológico que le diera una potencia de fuego, eficacia y puntería, superior a todo lo conocido?

Esto se esbozó en la primera película de Iron Man, pero se quedó en apunte pues Tony Stark se limitó a vengarse de sus captores, que arrasaban el pueblo del científico que le salvó la vida. Por algún motivo, cobardía, o escrúpulo, esta idea no se han atrevido a desarrollarla. Sólo Superman Rojo contempló cómo sería el que un superhombre gobernase el mundo, qué utópica distopía produciría.

Para dar enjundia al filme, vehículo para una amplia venta de estampitas y muñequitos, sacan de la fresquera Marvel a la Viuda Negra (antaño espía rusa que acosó a Tony Stark, y terminó siendo uno de sus tantos amores, además de superheroína) y a dos supervillanos que refunden en el que interpreta el tatuadísimo Mickey Rourke (alternando esta aparición con la de THE EXPENDABLES): a Dinamo Carmesí y Látigo, quien recibe el mecenazgo de un rival corporativo, Justin Hammer, que es de los más recientes enemigos de Tony, y en la película, incompetente armero.

Otra forma de profundizar en el lado humano de Tony es con su relación romántica con Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), que pronto empezará a considerar a Happy Hogan (el chofer — Jon Favreau —) como un futuro esposo. Es probable que la precipiten en esa dirección ahora que han incluido a la Viuda Negra en el juego, porque Pepper es una señorita bien, y Tony un calavera, mala influencia, y una mujer con pasado como Natasha Romanoff le cuadra mejor.

Sí, ya, no comento la presencia de Máquina De Guerra, pero es porque Iron Man no tiene sidekick (él no es Batman) y detesto ese desesperado intento de Marvel por vender muñequitos y tebeos; Don Cheadle lo hace bien, pese a lo rutinario de su papel. El explosivo final me parece forzado, obligando a Ivan Vanko a ponerse la superarmadura y repartir latigazos de plasma a diestro y siniestro, y liquidándolo de esa... hum, manera precipitada.

De todos modos, recomiendo IRON MAN 2 (vehículo para LOS VENGADORES, por como se han encargado de espolvorear en el metraje con elementos de ésta a fin de calentar motores) porque, ante todo, puede resolver competentemente unas horas de ocio, y no son tantas las películas que logran hacerlo.

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos, (1.231 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 22 de diciembre de 2010