NÉMESIS
NÉMESIS Juan Miguel Aguilera, Javier Redal
Título original: ---
Año de publicación: 2011
Editorial: Grupo AJEC
Colección: Arrakis Ficción nº 3
Traducción: ---
Edición: 2011
ISBN:
Precio: 17,95 EUR

Tienes que leerlo. No, en serio, tienes que leerlo, te diré más: deja de perder el tiempo mirando esta reseña para acabar de decidirte y corre a hacerte con él. De hecho, ni siquiera es necesario que corras, te bastarán un par de clicks en Spotrul a (http://www.Spotrul arium.com/) y el irrisorio precio de poco más de dos euros para hacerte con su versión electrónica. Así que no tienes excusa, a no ser que hayas hecho algún tipo de promesa que te imponga la penitencia de no poder disfrutar de la buena ciencia-ficción.

Dicho esto, no creo que haya mucho más que añadir, a parte de que el jefe, aquí arriba, ya ha dicho todo lo que era necesario que tuvieras presente: que NÉMESIS es una reescritura de EL REFUGIO, escrita por Juan Miguel Aguilera y Javier Redal; que Redal no ha participado en esta reescritura más que como asesor científico; que es ciencia-ficción de la vieja escuela, con extraterrestres, tecnología, viajes espaciales, conspiraciones, luchas de poder y lugares extraordinarios llenos de sorpresas; y que la exposición, el número y la gestión de las ideas que aparecen en NÉMESIS es sencillamente perfecta, aunque para concluirlas del todo, si es que eso llega a ser posible, o incluso, deseable, harían falta innumerables páginas más.

No obstante, he disfrutado como un verdadero enano de esta lectura, y una de las cosas que le queda al lector agradecido, una vez concluida su lectura es revivirla meditando sobre ella. Así que ahí van algunas observaciones de mi cosecha.

La idea de NÉMESIS, ese lo que sea más allá de la Nube de Oort se sustenta sobre la hipótesis Némesis que se sostuvo por primera vez en un artículo de la revista NATURE (vol 308, pp 715-717,1984) por los físicos R.A. Muller (Berkeley), y Piet Hut y Marc Davis (Princeton). Según esta hipótesis, el Sol formaría parte de un sistema binario, con una estrella compañera (tal vez una enana marrón) orbitando a entre uno y tres años luz de distancia. Esta Némesis solar, al penetrar en la Nube de Oort cada 26 millones de años, sería la responsable de causar un desbarajuste en las órbitas de los cometas que la habitan y, entre otras cosas, de lanzarlos como proyectiles contra la Tierra. Así, esta hipótesis, según sus defensores, explicaría tanto ciertas irregularidades observadas en algunos de los astros de la Nube de Oort, como las extinciones masivas que se han venido sucediendo periódicamente en la Tierra. No voy a entrar ahora en el tema de que, como hipótesis científica, a estas alturas parece estar por completo desmentida, la cuestión es que como idea para crear una buena historia de ciencia-ficción es de lo más sugestiva, y Aguilera sabe cómo sacarle todo el partido.

Esto nos lleva a otro tema, tiende a considerarse a NÉMESIS una obra de ciencia-ficción hard; sin embargo, este género adolece en ocasiones de cierta credibilidad (sí, ya sé que acabo de ganarme un montón de collejas); mientras que NÉMESIS es capaz de mantener todo su halo de verosimilitud aun a través de los hechos más fabulosos, y de la caída de una de sus principales teorías sustentadoras. Me explico un poco, la ciencia-ficción hard tiende a ser minuciosa en sus exposiciones, nada, o casi nada, ocurre en una historia hard que no pueda tener su correspondiente explicación científica. Sin embargo, ¿de qué ciencia estamos hablando? Pues obviamente de la ciencia de la época en la que se haya escrito la historia, y todo lo demás por muy bien argumentado que esté, no deja de ser una mera elucubración. Ojo, que las elucubraciones me parecen perfectas cuando se utilizan con el ánimo de ambientar, de introducirte en la historia dándole un velo de verosimilitud; pero se ha de tener en cuenta que se trata de un recurso literario, y que se convierten en tediosas cuando se usan con el ánimo de justificar teorías peregrinas (o aún peor, de deslumbrar con los conocimientos del autor al lector). El caso es que muchas obras de ciencia-ficción hard acaban envejeciendo mal, a la mínima que surge una teoría que desmiente las bases científicas sobre las que se asientan y no es éste el caso, para nada, de NÉMESIS.

Aún más, sostengo que de aquí a mil años, cuando nuestros conocimientos científicos actuales nos parezcan tan superados como hoy nos lo parece la astronomía ptolemaica, NÉMESIS se seguirá leyendo con total interés. Y esto por una razón bien simple: es literariamente apasionante. Sus personajes son complejos, lejos de los arquetipos, y mantienen entre ellos, complejas relaciones humanas. Pienso ahora en Hassan, el experimentado buceador, que tiene en sí algo de aventurero, algo de científico, y algo de hombre normal al que le gusta que lo dejen en paz. Pienso también en Susana, la experta en delfines, genial en su trabajo, tímida hasta la médula pero dueña de un erotismo sutil y omnipresente. Pienso en la relación que se establece entre ambos: amorosa, paternal, comprensiva y erótica. Así mismo, pienso en Jacobo, en su ambición, en su misantropía, pero a la vez en la nobleza de sus motivos; jamás un villano, pero jugando de continuo al borde de serlo. Rara vez la ciencia-ficción, o la literatura en general, es capaz de tratar con esa delicadeza y profundidad a sus personajes.

En NÉMESIS, la humanidad se enfrenta a una amenaza literalmente cósmica, en otras manos, la historia hubiera podido ser una más de amenazas exteriores; sin embargo, a través de los ojos de Aguilera, podemos sentirla en toda su dimensión, siguiendo las vidas de personajes de carne y hueso que actúan de manera humana ante una situación extraordinaria. Lo peor que puedo decir de este libro, es tal vez lo mejor que se pueda decir de un libro: que te deja con ganas de más, de mucho más.

PD: Esto es una post data, es decir que no tiene importancia alguna para la lectura de NÉMESIS, sino que expresa un hecho que a mí, a manera particular, me llama la atención, y me gustaría comentar: en NÉMESIS aparece la idea de los delfines como pilotos auxiliares de naves (o tal vez son los humanos los que actúan como auxiliares), ya que poseen un gran cerebro, y están adaptados naturalmente a moverse en un espacio de tres dimensiones, frente al bidimensional en el que usualmente nos movemos los humanos (pues nos desplazamos hacia delante y hacia atrás pero no hacia arriba o hacia abajo). Esta idea aparece también en MUNDOS EN EL ABISMO, y me parece una idea fascinante porque introduce a un animal terrícola (terrestre no sería el término adecuado) en el camino humano para explorar el espacio. Es una llamada hermosa diría yo, a contemplar con otros ojos a nuestros compañeros animales en la nave Tierra. Sin embargo me parece que no acaba de tener en cuenta algo, y es que nosotros, en tanto que primates, no dejamos de ser un tipo de mono, todo lo raro que quieras, pero un mono al fin y al cabo, y por tanto, con un cerebro también muy bien adaptado a las tres dimensiones, que supone el moverse entre los árboles. A eso se debe nuestra visión binocular, que le falta al delfín, aunque la supla de sobra con su sistema ecográfico. Puestos a tener que llevar a un animal en la nave, y con sentidos que suplan los humanos, yo me sigo inclinando por nuestro viejo y querido perro, que además es menos susceptible de... bien, no digo nada, que eso es ya otra historia.


Notas

Aunque una idea semejante está detrás de la hipótesis del planeta gigante gaseoso Tyche, con una masa cuatro veces mayor que la de Júpiter, y orbitando el Sol a aproximadamente tres meses luz de distancia; cuya postulación en 1999 cobra importancia en estos últimos años, al existir la posibilidad de constatar su existencia ahora, con el telescopio espacial Wide-field Infrared Survey Explorer).

Véase la nota anterior.

© Raúl Alejandro López Nevado, (1.589 palabras) Créditos

Por poner un poco en antecedentes sobre esta novela, resumo brevemente las palabras con las que Juan Miguel Aguilera la presenta.

En realidad se trata de la reescritura de la novela EL REFUGIO, de 1994 (que a su vez fue la reescritura de la inédita EL ESCONDITE), y escrita a cuatro manos junto a Javier Redal. Redal no ha participado en esta reescritura más que en calidad de corrector y asesor científico, para él, EL REFUGIO ya estaba bien en su forma original. Por tanto, la mayor parte de la responsabilidad de las divergencias entre una y otra son, pues, de Juan Miguel Aguilera (y de la inevitable obsolescencia tecnológica de lo que preveyeron en su día). La necesidad de esta reescritura vino a raíz de la sugerencia por parte del Grupo AJEC de reeditar EL REFUGIO, Juan Miguel accedió, pero a condición de revisarla previamente para actualizar ciertas cuestiones, esa actualización derivó en una reescritura más profunda, y como con el tiempo las personas cambian, los intereses de Juan Miguel Aguilera no eran los mismos que hace veinte años, de modo que la transformación ha sido tan profunda y radical que la decisión de renombrar el remake (según lo llama él mismo) era inevitable.

Uno de los detalles más reveladores de la presentación es la propia visión del trabajo literario de ambos autores. Mientras que Juan Miguel Aguilera considera que una obra siempre está abierta a nuevos cambios y ampliaciones aún después de su publicación («...los trabajos no se terminan, se abandonan») Javier Redal considera que la obra terminada es la obra publicada, y que ese estado, y la relación que a partir de ese momento establecen los lectores con ella, es el definitivo. De ahí que la tarea de la reescritura haya sido de mano casi exclusivamente de Juan Miguel Aguilera, y de ahí que con buen criterio hable de ella como remake. Ya no es el original, es parecido, pero distinto.

Una curiosidad sobre esta presentación es que está situada al final del libro, no al principio de éste. Siempre se ha discutido sobre la bondad de las presentaciones por parte del propio autor, por parte del editor o por terceros. Muchas veces estos prólogos dicen más de lo que deben, y en vez de enmarcar el libro en su ámbito correspondiente, para evitar sorpresa y desconcierto en el lector, se dedican a destripar en parte o en todo el argumento. En el caso de NÉMESIS el hecho de ir al principo o al final del texto no supone un gran problema, puesto que lo más relevante que expone son los porques del cambio de título de la novela, en cualquier caso, y precisamente por eso, hubiera quedado mejor como aviso para navegantes que como justificación final (aunque bueno, para eso está la contraportada, y éste y otros artículos).

Yo no he leído EL REFUGIO, de modo que NÉMESIS resultaba ser algo completamente nuevo para mi. Ciencia-ficción de la vieja escuela, con todo lo que se añora al explorar las vías no siempre bien abiertas de las nuevas tendencias. Tenemos extraterrestres, tenemos tecnología más allá de lo imaginable, tenemos viajes espaciales, conspiraciones, luchas de poder, lugares extraordinarios poblados de sorpresas más extraordinarias aún y todo lo necesario para poder hablar de una estupenda novela de género.

Lo mejor de todo es que NÉMESIS no sufre la aglomeración de ideas en la que muchos novatos (y algún que otro veterano), en su afán de contarlo todo a la primera y de una vez, convierten sus novelas. Una vez terminada ésta, resulta sorprendente comprobar la cantidad de sucesos narrados sin que ello signifique haber sufrido un ritmo atropellado, hilos abiertos y cerrados en falso o sin cerrar, o unos personajes sin relieve ni personalidad. Hay que tener en cuenta, no obstante, que son poco más de trescientas páginas, por mucho oficio que tenga Juan Miguel Aguilera eso tampoco permite excesivas alegrías, y en algunas ocasiones se echa falta un poco más de detalle. Con lo de los hilos cerrados también hay que tener cuidado, la epopeya que se inicia en el libro es de proporciones galáctica (tanto que en el otro extremo tenemos MUNDOS EN (EL ABISMO, HIJOS DE) LA ETERNIDAD), y ciertamente quedan cosas sin resolver, pero del tal magnitud que ciertamente harían falta unos pocos de miles de páginas para llegar al desenlace.

En definitiva, un buen libro de ciencia-ficción.

© Francisco José Súñer Iglesias, (735 palabras) Créditos