JAMES WHALE, EL PADRE DE FRANKENSTEIN
JAMES WHALE, EL PADRE DE FRANKENSTEIN Juan A. Pedrero Santos
Título original: ---
Año de publicación: 2011
Editorial: Calamar Ediciones
Colección: Cine
Traducción: ---
Edición: 2011
Páginas: 286
ISBN:
Precio: 24 EUR

El mundo del cine, al contrario que el de la literatura, no da excesivas oportunidades a los especialistas centrados en un único género. Los hay, desde luego, y con carreras muy productivas, Wes Craven en el terror, Stanley Donen en el musical, Sydney Lumet en el policiaco, por poner unos pocos ejemplos. También está el director que, centrándose en ciertos temas no desprecia otros, por interés personal o por pagar los intereses del banco. En su gran mayoría, diversifican la producción entre diversos géneros sin hacer ascos a nada. Incluso en éste último grupo encontramos directores que han marcado ciertos géneros con unas pocas películas. Así Ridley Scott consiguió en muy poco tiempo ser el mejor director de ciencia-ficción de todos los tiempos gracias a ALIEN y BLADE RUNNER (sus únicas aportaciones, por el momento, al género) titulo que previamente ya había disfrutado Peter Hyams por CAPRICORNIO UNO y ATMÓSFERA CERO (aunque Hyams es un habitual, recordemos también obras menores como TIMECOP o EL SONIDO DEL TRUENO) y antes que ellos Robert Wise (ULTIMÁTUM A LA TIERRA, LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA y STAR TREK, LA PELÍCULA) En los primeros lugares (cronológicamente hablando) de esta lista nos encontramos con James Whale. No fue un realizador de que transcendiera en exceso, ni firmó grandes espectáculos hollywoodienses, ni marcó a una generación de espectadores con un rosarios de películas inolvidables. Sin embargo dejó para el recuerdo tres obras que marcaron a una generación: EL DOCTOR FRANKENSTEIN, EL HOMBRE INVISIBLE y LA NOVIA DE FRANKENSTEIN.

Nacido cerca de Birmingham en 1889, Whale consiguió librarse del destino que aguardaba a casi todos los hombres de la región: trabajar en las minas de carbón o en la industria pesada y no apartarse en toda la vida del borde de la miseria. Logró trabajar en oficios relativamente creativos (zapatero, grabador), mucho más acordes con su personalidad. Se empeña en estudiar pintura en una escuela de artes y oficios y tras la Primera Guerra Mundial, se introduce en el mundo del teatro llegando a dirigir varios montajes en Londres, con ello se hace un nombre que le ayuda a trasladarse a Estados Unidos, donde trabaja como director de diálogos para la naciente industria del sonoro, hasta que finalmente dirige sus propias películas.

La personalidad de Whale fue extraña, homosexual declarado, nunca tuvo problemas en admitir su condición y pasearla, dentro de la discreción que aconsejaba el tiempo y el lugar. Sin embargo, nunca soportó su origen humilde, y siempre lo ocultó, llegando a impostar un acento de caballero inglés que no le era propio. Estas circunstancias, así como su experiencia en la Gran Guerra y los campos de prisioneros alemanes (donde estuvo desde 1917 hasta el final de la guerra) marcaron su forma de narrar y entender sus personajes más famosos.

Así, tanto el doctor Frankenstein, como el monstruo que ha creado son dos inadaptados, el primero por no encajar en una sociedad que no le comprende, el segundo, mucho más claramente, por no pertenecer a ella en absoluto. Otro tanto ocurre con el Hombre Invisible, al que la locura que le induce la droga de la invisibilidad le convierte en un ser tan temido como despreciable.

Además, todos ellos son el producto de una ciencia descontrolada, el doctor Frankenstein y el Hombre invisible han jugado a ser dioses y se ven abocados a destinos trágicos, el monstruo, el más inocente de todos, acaba manteniendo con su creador y con aquellos que le rodean una relación biunívoca de terror y odio. Tragedias modernas a cuenta de una ciencia mal utilizada.

El resto de la producción de Whale, a excepción de LA NOVIA DE FRANKENSTEIN y las primeras versiones de EL PUENTE DE WATERLOO y LA MÁSCARA DE HIERRO, no ha tenido repercusión alguna. Su retorcida personalidad y su condición de homosexual le encaminaban hacia encargos intrascendentes cuando no directamente al ostracismo.

El libro, como es habitual en Calamar, es impecable, cuidadosamente maquetado y lleno de ilustraciones hace un recorrido exhaustivo por la vida y obra de Whale. El único pero a la labor de Juan Pedrero es que en demasiadas ocasiones se deja llevar por el entusiasmo, y más que un estudioso parece un fan fatal de la obra de Whale, emitiendo juicios de valor ciertamente deconcertantes.

En cualquier caso, un libro imprescindible si se quiere saber los entresijos de la producción de EL DOCTOR FRANKENSTEIN, EL HOMBRE INVISIBLE y LA NOVIA DE FRANKENSTEIN, tres clásicos indispensables del género.

© Francisco José Súñer Iglesias, (742 palabras) Créditos