VIAJE A BABEL
Star Trek TOS: VIAJE A BABEL EE. UU., 1967
Título original: Journey to Babel
Dirección: Joseph Pevney
Guión: D.C. Fontana
Producción: John Meredyth Lucas
Música: Alexander Courage y Gerald Fried
Fotografía: Gerald Perry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); Mark Lenard (Sarek); Jane Wyatt (Amanda); Nichelle Nichols (Uhura); Walter Koenig (Chekov); Majel Barrett (Chapel); William O´Connell (Thelev); Reggie Nalder (embajador Shras); James X. Mitchell (oficial de seguridad Josephs)
Temporada: 2, Episodio: 10

Sinopsis

Fecha Estelar 3.842, 3. La Enterprise debe transportar a más de cien delegados a una importantísima conferencia que se celebrará en el planeta Babel. Entre ellos destaca Sarek, embajador de Vulcano en el Consejo de la Federación y padre de Spock, con el que lleva años sin hablarse. Durante la travesía es asesinado el embajador tellarita, que poco antes había sostenido una discusión con Sarek. Todas las pruebas parecen apuntar al diplomático vulcaniano como autor del crimen. Por otra parte Sarek, gravemente enfermo, debe ser operado de urgencia, necesita mucha sangre y el único a bordo que puede dársela es su hijo. Pero cuando Kirk sufre un atentado y queda malherido, Spock ha de asumir el mando, por lo que no podrá prestarse a la transfusión. Para empeorar las cosas, una misteriosa nave, increíblemente rápida, ataca a la Enterprise.

Presentaciones
Presentaciones

VIAJE A BABEL marcó otro hito en el devenir de Star Trek, pues aquí aparecen por primera vez los padres de Spock, Sarek y Amanda. Esto, por sí sólo, habría bastado para que este episodio, número 10 de la segunda temporada y 40 de la serie, dejara un recuerdo imborrable en el ánimo de los trekkies. Pero es que además cuenta con uno de los guiones más espléndidos de toda TOS, obra de la gran Dorothy C. Fontana, que conjuga hábilmente las historias de personajes, al más puro estilo trek, con las intrigas políticas y las operaciones de espionaje.

El episodio se centra en la tensa relación entre Sarek y Spock. Las desavenencias entre padre e hijo quedan de manifiesto ya en el prólogo, cuando el embajador vulcaniano desciende de la lanzadera y es recibido por Kirk y sus oficiales. Cuando el capitán, que ignora el parentesco entre Sarek y su primer oficial, le presenta a éste último, el embajador mira fríamente a Spock durante una fracción de segundo, y ni siquiera se digna responder a su saludo. Un momento después, Sarek le dirá a Kirk que prefiere que sea otro oficial el que les acompañe a su alojamiento, y no Spock. La cosa está clara: estos dos vulcanianos no se llevan bien. Pero el asunto es mucho más grave de lo que parece, pues apenas medio minuto más tarde, Kirk, McCoy y los espectadores se quedarán boquiabiertos cuando Spock revele que Sarek y Amanda son sus padres.

En su primera emisión en USA, el 17 de noviembre de 1967, VIAJE A BABEL tuvo un considerable impacto entre los trekkies más jóvenes, muchos de los cuales se sintieron identificados con Spock y con las diferencias que sostenía con su progenitor. Aún hoy no deja de sorprendernos la seriedad, madurez y compromiso con los que Star Trek planteaba, en plenos años sesenta, los problemas contemporáneos más complejos. A lo largo de los 79 episodios se tratarían temas de tanta trascendencia humana e histórica como el belicismo llevado a sus extremos más irracionales (EL APOCALIPSIS); el racismo (QUE ESE SEA SU ÚLTIMO CAMPO DE BATALLA); la explosión demográfica y sus consecuencias (LA MARCA DE GIDEON); los totalitarismos (POR MEDIO DE LA FUERZA); las enfermedades mentales (A QUIENES LOS DIOSES DESTRUYEN); la explotación de la mayoría por una élite (LOS GUARDIANES DE LA NUBE); el maquinismo sin control y la peligrosa dependencia del hombre de la tecnología (EL MEJOR ORDENADOR) y otros muchos. En este caso en concreto, el argumento se centra en las siempre complicadas y a menudo dolorosas e insatisfactorias relaciones padre-hijo. Como a todos los padres, a Sarek, que además de diplomático es un eminente científico, le habría gustado que Spock siguiera sus pasos, ingresando en la Academia de Ciencias de Vulcano. Pero su hijo, como suele ocurrir, deseaba seguir su propio camino y optó por alistarse en la Flota Estelar. En principio podría parecer que a Sarek, pacifista como todos los vulcanianos, le desagradó que su hijo decidiera ingresar en una organización militar. Pero el embajador sabe que la Flota Estelar es un estamento militar, no militarista, cuyas misiones principales son siempre de tipo científico y exploratorio. No. Lo que ocurre es que Sarek, como cualquier padre típico, se sintió herido por la actitud de Spock, que en vez de seguir sus enseñanzas prefirió buscar su propio camino en la vida. Esto provocó un distanciamiento entre ellos que dura ya dieciocho años.

A pesar de todo lo anteriormente expuesto, Sarek se siente orgulloso de su hijo, y no es para menos. En menos de dos décadas de servicio, Spock ha alcanzado el rango de comandante y ocupa el doble cargo de primer oficial y oficial científico de la nave insignia de la Flota. Con todo, el diplomático de orejas puntiagudas no puede olvidar que su hijo le desobedeció, y por eso insiste en mostrarse frío y distante con él, dando en ocasiones la falsa sensación de que lo desprecia. No es así, naturalmente; pero es que estos vulcanianos son más raros que un perro verde.

La madre de Spock, Amanda Grayson de soltera, está encantada con el viaje a bordo de la Enterprise, pues espera que padre e hijo se reconcilien. Pero ambos son muy testarudos, incluso para ser vulcanianos, y tal reconciliación no se producirá hasta muchos años después, tras la aventura narrada en STAR TREK IV: MISIÓN, SALVAR LA TIERRA. De todos modos, en VIAJE A BABEL Sarek y su hijo inician un proceso de acercamiento que les ayudará a comprenderse mejor mutuamente.

En este episodio, y gracias a Amanda, nos proporcionan interesantes datos de la vida de Spock, que enriquecen notablemente al personaje dándole una dimensión nueva, que sería inteligentemente desarrollada en capítulos posteriores y en los largometrajes de la primera saga fílmica. Así, por ejemplo, nos enteramos de que nuestro admirado primer oficial científico tuvo una infancia solitaria y un tanto triste. Su condición de mestizo provocó que los niños vulcanianos le rechazaran, por considerar que no era uno de ellos. Su parte humana sufría terriblemente por esa razón, pero supo sobreponerse a ello potenciando su parte vulcaniana, la fría y lógica heredada de Sarek, tratando al mismo tiempo de neutralizar, o al menos minimizar, su lado humano, recibido de Amanda. El comportamiento general de Spock parece confirmar que su lado vulcaniano ha ganado la partida, imponiéndose a su emotiva mitad humana. Sin embargo, y como veríamos en muchos episodios, su parte humana sigue ahí, latente, dispuesta a manifestarse a la menor ocasión; no hay más que fijarse en la expresión de dolor, tristeza y preocupación que aflora a su rostro cuando Sarek sufre un ataque en su presencia. La lucha constante entre las dos naturalezas que coexisten en su interior es uno de los rasgos distintivos del personaje, y lo que le convierte en un ser realmente único. Spock ha sido víctima de los prejuicios de humanos y vulcanianos, y por eso es el menos racista de los tripulantes de la Enterprise, lo que quedará de manifiesto en otras entregas trek. Y es también, quizás, el que mantiene la relación más estrecha con la Flota Estelar y lo que ésta representa, y esto por una buena razón: porque, como muy bien le dice Amanda a Kirk, para él la Flota representa el único hogar que ha conocido.

Enfermedad
Enfermedad

La prueba de fuego para Spock llegará con la enfermedad de su padre y con la crisis que se vive a bordo de la Enterprise. Sarek padece una dolencia cardiaca que requiere una inmediata intervención quirúrgica, para la cual McCoy necesita sangre de un tipo especial, rarísimo incluso entre los vulcanianos. Sólo Spock tiene ese tipo de sangre, pero como ésta también tiene componentes humanos, la transfusión entraña un gran riesgo. Aun así, lo único que puede salvar la vida de Sarek es la cirugía, de modo que deciden arriesgarse. Cuando todo está preparado, un andoriano intenta asesinar a Kirk, que resulta herido de gravedad. La presencia de una misteriosa nave que ronda a la Enterprise viene a complicar la situación, razón por la cual Spock toma la decisión más lógica en ese momento: asumir el mando en sustitución de Kirk. De nada sirven las protestas de su madre ni los razonamientos de McCoy. La Enterprise está en peligro y Spock, que como oficial al mando es responsable de las vidas de los tripulantes y los diplomáticos que transportan, considera que debe sacrificar un interés personal por el bien común. Ya se sabe: el bienestar de la mayoría supera al bienestar de la minoría, o al de uno sólo. Nadie parece entender las razones de Spock para obrar así, y menos aún Amanda, que en una tensa escena recriminará a su hijo su actitud tan fría y lógica, tan vulcaniana, llegando incluso a abofetearle.

Y es entonces cuando surge, en toda su grandeza, otro de los elementos que han hecho de Star Trek una serie única: la inquebrantable amistad entre los personajes. Kirk está muy mal, pero cuando Bones le cuenta lo sucedido, pide al galeno que le inyecte algo que le permita tenerse en pie. Así, fingiendo estar recuperado, asumirá de nuevo el mando, facilitando el que Spock pueda donar a su padre la sangre que necesita. Y a pesar de hallarse en pésimas condiciones físicas, nuestro admirado capitán logra derrotar a la nave misteriosa valiéndose, como en muchas otras ocasiones, de una inteligente argucia.

VIAJE A BABEL tiene también su parte humorística, que en este caso, y para no variar, corre a cargo del bueno de McCoy. El médico pregunta a Amanda si Spock tenía algún juguete preferido cuando era niño, y ésta, tras mirar un instante a su hijo, responde que una vez tuvo un shelat, una especie de osito de peluche. Bones no cabe en sí de gozo, y no deja escapar la ocasión de picar a Spock... hasta que éste le aclara que en Vulcano los ositos están vivos y miden metro y medio.

La acción se desarrolla a bordo de la Enterprise, por lo que no fue necesario construir decorados adicionales. Tampoco se gastó mucho en efectos especiales, ya que el efecto de la nave enemiga se solucionó con una sencilla luz giratoria que se desplazaba a gran velocidad. Así pues, el departamento de maquillaje que dirigía Fred Phillips dispuso de un presupuesto más amplio, lo que permitió presentar en pantalla, aprovechando el argumento del capítulo, una extensa gama de alienígenas, a cada cual más pintoresco. En las escenas ambientadas en el puente de recreo de la nave podemos ver numerosos representantes de algunas de las razas integradas en la Federación. Además de los vulcanianos representados por Sarek y su séquito, los más importantes son los tellaritas y los andorianos. Los primeros son unos humanoides de baja estatura, corpulentos y de rasgos faciales un tanto porcinos. Una de las características más acusadas de esta especie, como muy bien señala Sarek, es su afición a discutir por todo. Los andorianos, a pesar de su aspecto algo frágil, casi amanerado (con perdón) son seres violentos y pasionales, muy diestros en el arte de la guerra... si es que ésta puede considerarse como una disciplina artística. Criaturas con características tanto humanoides como reptiloides, se distinguen por su piel azulada, sus cabellos blancos y las dos antenas de su cabeza.

Una de los aspectos que más se han criticado del Star Trek original es la supuesta visión idílica que ofrece de la Federación y la Flota Estelar, poco creíble para algunos. En VIAJE A BABEL tenemos ocasión de comprobar que tal apreciación es errónea. Prestemos atención al argumento. La cuestión de fondo, el tema más importante que van a discutir los delegados de los mundos de la Federación en la conferencia de Babel, es el posible ingreso en la UFP del planeta Coradan. Humanos, vulcanianos, tellaritas y andorianos son los padres fundadores de la Unión Federal de Planetas, y esto podría hacernos pensar que la rectitud guía sus acciones en todo momento y ocasión, pero no siempre es así. Nunca me cansaré de repetir que los gobiernos se ocupan de asuntos de conveniencia, no de conciencia. Y en este caso concreto, son los tellaritas los que tienen un interés espurio que defender, como descubre Sarek tras cruzar unas palabras con el cargante embajador Shras, un tellarita al que un servidor no tendría ningún inconveniente en convertir en jamones y chorizos galácticos... si eso no fuera contrario a la filosofía IDIC (Infinita Diversidad en Infinitas Combinaciones) y al más genuino espíritu trek. Como puede verse, algunos miembros de la Federación no siempre están dispuestos a respetar las normas y los principios éticos de ésta... sobre todo cuando esperan obtener algún beneficio saltándoselos a la torera. Más o menos, lo mismito que ocurre en la ONU y en la UE hoy día. No, si cuando yo digo que Rodenberry era un genio... Claro que, al final, descubrimos que los verdaderos malos de la función son los piratas de Orión, que han conseguido introducir un agente en la nave, disfrazado de andoriano, y han urdido un maquiavélico plan para provocar una guerra interestelar, que sólo a ellos beneficiaría.

Embajadores
Embajadores

Aunque parezca extraño, el espléndido guión de D. C. Fontana fue respetado casi a pies juntillas. Sin embargo, una vez terminado el rodaje, se descubrió que el metraje final del capítulo excedía de los cincuenta y un minutos, por lo que hubo que suprimir algunos pasajes, tales como aquel en el que se revelaba que Sarek y Amanda llevaban casados treinta y ocho años; o ese otro en el que se decía que el padre de Sarek, y por tanto abuelo de Spock, se llamaba Shariel.

Uno de los problemas que se presentó durante el rodaje fue el del vestuario. Había que tener listos un montón de trajes diferentes para las escenas de grupo con los embajadores, y como el episodio debía rodarse en cinco días, y no daba tiempo a confeccionar todos los necesarios, hubo que recurrir al reciclaje. Se utilizó abundante vestuario procedente de otros episodios, ligeramente modificado para que pareciese original. No obstante, si nos fijamos bien, podremos descubrir una túnica organiana de TENTATIVA DE SALVAMENTO y el curioso traje que lucía Lazarus en EL FACTOR ALTERNATIVO.

La única pifia notable de VIAJE A BABEL está relacionada con las puertas automáticas de la Enterprise. Cuando Amanda abofetea a Spock, da media vuelta y abandona el camarote por la puerta, que se abre y cierra con toda normalidad. Pero cuando, un instante después, un pensativo Spock se acerca a la misma puerta hasta casi rozarla... ¡ésta continúa cerrada! ¿Qué ocurre? ¿Tal vez el sistema informático que la controla entiende que Spock no va a salir y por eso no la acciona? No es que el detalle tenga mucha importancia, pero la verdad es que le deja a uno perplejo.

Por cierto, no quiero terminar sin mencionar de nuevo a mi idolatrado Bones, mi personaje favorito de TOS y de toda Star Trek por muchas razones. Por fin, y sin que sirva de precedente, puede decir la última palabra y obligar a sus superiores inmediatos, Kirk y Spock, a obedecerle. No me extraña que el episodio acabé con un primer plano del satisfecho oficial médico. ¡Ahí es nada poder ordenarles a esos dos que cierren el pico!

VIAJE A BABEL es, sin duda, uno de los grandes capítulos de la segunda temporada de TOS. Una interesante historia de personajes, ambientada en el marco de la mejor ciencia-ficción. No se puede pedir más. Disfrutémoslo.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.556 palabras) Créditos