LÍMITE
LÍMITE Frank Schätzing
Título original: Die tollkühnen
Año de publicación:
Editorial: Planeta
Colección: ---
Traducción: José Aníbal Campos González
Edición: 2010
Páginas: 1374
ISBN:
Precio: 29,50 EUR
Comentarios de: Rafael Ontivero

Será que me estoy haciendo mayor, pero cada vez me gustan menos esos mamotretos y series de miles de páginas, como es el caso que nos ocupa. ¡1.374 páginas! Ahí es nada. Pero tenía que leerla dado que es una incursión en la ciencia-ficción desde el lado mainstream y el best seller más habitual.

En cierto modo no me ha defraudado, ya que la historia es apasionante, entretenida, vívida estresante, esto último no sólo por el estrépito de la acción, sino también por otras cosas.

Pero antes algo sobre el argumento. La acción transcurre durante unos 10 días, en el año 2025. Tenemos un ascensor espacial, hijo de un empresario emprendedor. Y recolección de materias primas en la Luna, Helio 3 que sirve para alimentar a unos generadores de fusión fría inventados por la misma empresa que antes. El siguiente paso es crear un hotel en el espacio, en la parte superior del cable, y otro más en la Luna. Ni se comenta que al pie del cable hay otro más convencional.

En este contexto, Julian Orley (el propietario de todo eso) invita a una serie de ricos y posibles inversores al viaje de su vida: ascenso al hotel en órbita, y luego unos días en la Luna. Pero las cosas se tuercen (allá por la página 500, no os vayáis a creer)

Por otro lado, en la Tierra tenemos a Jericho, detective cibernético que no es presentado desarticulando una banda de pederastas.

Y de ahí al estrellato. Jericho es la guía que encauza la acción y que termina, no podía ser de otra forma, con la muerte y captura de todos los malos malosos.

Y si queréis saber más del libro, os dais la panzá a leer que me he dado yo.

* * *

Bueno, ahora sí, ahora la crítica. He dicho que es un libro estresante no sólo por la acción, que está presente a raudales. Otro motivo de estrés y aburrimiento —al menos en mi caso—, han sido las largas conversaciones y disquisiciones entre los personajes para explicarle al lector todo el tema espacial y tecnológico. Lo cierto es que queda muy bien encastrado en el devenir del texto, pero sólo resulta interesante cuando no sabes lo que te están contando ya que, si tienes idea, incluso le puedes pillar gazapos, como el de la página 164 y 167. En la primera confunde la velocidad del sonido con la de la luz, y en la segunda no sabe explicar qué es la triple redundancia, aunque en ambos casos podría tratarse de errores de traducción.

Lo dicho: el texto es muy a lo Verne, con explicaciones y redondeos, citaciones históricas y recorridos sobre lo que ha ocurrido y lo que podría ocurrir. Cuando aparece un personaje, aunque sea marginal (léase Donner) hay que contar su historia, la historia de su país y retrotraerla hasta casi el origen de la humanidad. Demasiado accesorio y demasiado pesado. Y lo peor es que no se trata de un caso aislado, sino que casi todos los personajes tienen su historia que nada o muy poco tienen que ver con el libro. De hecho, quinientas de las mil cuatrocientas páginas sobran, no son más que paja para rellenar una buena historia (que lo es)

Hay más motivos de estrés. El mayor de todo entra dentro, de nuevo, de las innecesarias ampliaciones argumentales, esta vez en relación con las escenas de acción, que se alargan, a mi modo de ver, demasiado. Y se alargan por dos motivos.

El primero son las descripciones. Largas y pausadas. El autor tiene que describir por etapas todos los pasos de todos los personajes, lo que piensan, lo que deciden y por qué lo deciden, y además contar la acción, hasta el punto de salirse de lo que es meramente interesante para el sostenimiento argumental y de la tensión.

El segundo, y peor, está en que los malos tienen unos golpes de suerte increíbles, lo que les lleva a escapar, o ganar, o huir, ya sea para continuar la acción o para volver posteriormente. Y no solo eso, sino que los buenos son tontos, retardados en la respuesta e increíblemente escasos de reacción. El malo siempre es más rápido, golpea más y mejor, tiene mejores armas y recursos, y encima si la cosa se le pone fea, cualquier chorrada aleatoria hace que pueda huir o vencer.

Resulta ciertamente exasperante encontrarte con todo esto, sobre todo cuando se repite continuamente y el libro te pesa bastante en las manos.

En resumen, pese a ser una historia muy buena y muy bien pergeñada, su tamaño y su indebida extensión (como es habitual en el autor) le hace perder bastantes puntos. De hecho, al libro le sobran mil páginas.

© Rafael Ontivero, (787 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Cosas mías el 29 de enero de 2011