ESA CARA DEL PARAÍSO
Star Trek TOS: ESA CARA DEL PARAÍSO EE. UU., 1967
Título original: This side of paradise
Dirección: Ralph Senensky
Guión: Jerry Sohl, D. C. Fontana
Producción: Gene L. Coon
Música: Alexander Courage
Fotografía: Gerald Perry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Capitán James T. Kirk); Leonard Nimoy (Mr. Spock); Jill Ireland (Leila Kalomi); Frank Overton (Elias Sandoval); DeForest Kelley (Doctor McCoy); Grant Woods (Kelowitz); George Takei (Sulu); Nichelle Nichols (Uhura); Michael Barrier (DeSalle); Dick Scotter (Pintor)
Temporada: 1, Episodio: 24

Sinopsis

En la fecha estelar 3417.3, La Enterprise se dirige a Omicron Ceti III, un planeta donde se asentó una colonia agrícola hace ya tres años, con la cual no se ha tenido comunicación desde hace tiempo, y sumado a los constantes bombardeos de unos rayos cósmicos llamados Berthold una forma mortal de radiación que causa severos daños a los tejidos después de unas pocas semanas de exposición, la federación da a los colonos por muertos, por lo que la misión del Enterpirse es recoger los restos mortales de los colonos. Para su sorpresa, al llegar al planeta se topan con todos los miembros de la expedición en perfecta salud y los cultivos bien asentados.

No obstante, llama la atención lo poco que se ha cultivado en ese tiempo, que los miembros de la granja tienen una perfecta salud, al grado de que personas de las que se sabía les habían extirpado el apéndice nuevamente lo tienen, pero por sobre todo, está Leila Kalomi, (La mismísima Jill Ireland) una bella botánica que hace seis años tuvo un interés amoroso por Spock, que por razones obvias no llegó a ningún lado, pero que aún conserva.

Mientras Spock exploraba uno de los prados buscando pistas para encontrar una explicación científica para la situación, la dulce Leila se topa con él y logra convencerlo de seguirla a un lugar donde dice le mostrará cómo los colonos han logrado sobrevivir. Lo lleva a una zona donde hay unas extrañas plantas, le dice que ella fue quien las descubrió y también que fue una de las primeras afectadas por las esporas. Intrigado por estas esporas, Spock no alcanza a hacer ninguna pregunta pues repentinamente la planta le lanza una nube de partículas.

Las esporas someten a Spock a una radical metamorfosis que rehará por completo al personaje, un cambio tan drástico que le generó unos intensos momentos de dolor antes de poder levantarse, erguirse como un nuevo hombre y emitir unas pocas palabras a Leila que resumen toda su transformación: «Te amo»

ESA CARA DEL PARAÍSO representa un hito en el devenir de Star Trek, por presentar la primera historia de amor protagonizada por Spock. Este simple hecho ha bastado para convertir el episodio en uno de los favoritos de los fans del personaje interpretado por Leonard Nimoy.

El inicio del episodio resulta de lo más convencional. La misión de Kirk y su tripulación es proceder a la evacuación de los colonos de Omicron Ceti III. Los científicos de la Federación han descubierto recientemente que dicho mundo está recibiendo un bombardeo masivo de rayos Berthold, un tipo de radiación solar que destruye toda forma de vida animal. Los colonos no responden a las llamadas subespaciales de la Enterprise, lo que hace temer lo peor al capitán. No obstante, su misión es investigar lo ocurrido, así que, una vez en la órbita de Omicron Ceti III, Kirk se transporta a la superficie al frente de un equipo de desembarco, del que también forman parte Spock y McCoy. Contra todo pronóstico, los colonos no sólo están vivos, sino que además gozan de muy buena salud, algo que deja muy perplejo a Bones. Sin embargo, ellos parecen ser la única manifestación de vida animal, porque en el planeta no hay ni siquiera insectos, y por otra parte, de los animales domésticos que deberían poseer los colonos no hay ni rastro. Ni Kirk ni sus hombres encuentran explicación para lo que ocurre. Según los instrumentos, el planeta sigue recibiendo dosis masivas de radiación Berthold, pero los colonos no parecen afectados por ella. Para acabar de complicar las cosas, el líder colonial, Elías Sandoval, deja estupefacto a Jim cuando le dice que no piensan abandonar Omicron Ceti III.

Uno de los miembros de la colonia agrícola es la bella Leila Kolomi, una mujer terrestre que años atrás estuvo enamorada de Spock. El reencuentro entre Spock y Leila está cargado de emotividad, sobre todo por parte de ella, que todavía lo ama. Pero ahora es distinto. En la Tierra Leila no podía tener nada con el frío vulcaniano por motivos obvios, pero en Omicron Ceti III sí, y ello gracias a lo que ha inmunizado a los colonos frente los devastadores efectos de los rayos Berthold: una extraña planta, llegada sin duda del espacio exterior. Las esporas producidas por dicha planta protegen a los humanoides de la letal radiación, anulando también sus impulsos negativos, tales como la agresividad, la competitividad exagerada o la envidia. Leila le muestra a Spock una de estas plantas, y la lluvia de esporas del vegetal produce un cambio espectacular en el primer oficial de la Enterprise, que se convierte en un hombre romántico y apasionado.

Huelga decir que cuando Kirk descubre lo sucedido se queda a cuadros. No hay que perderse la expresión de su cara cuando ve a Spock colgado boca abajo de la rama de un árbol y riendo abiertamente. El capitán se queda aún más anonadado ante las carantoñas que su primer oficial vulcaniano prodiga a la feliz Leila. Evidentemente, ha tenido que pasar algo muy grave para que Spock se comporte así. Pero Kirk apenas puede reaccionar, porque lo que le ha ocurrido a Spock comienza a ocurrirle a todo su equipo. De pronto, todos se muestran felices y risueños. Pero lo peor está por llegar: McCoy ha transportado a la Enterprise un montón de esas extrañísimas plantas, llevando la peculiar infección a la nave estelar. Bajo la influencia de las esporas, la tripulación al completo comienza a transportarse a Omicron Ceti III, que ahora es para ellos como el paraíso terrenal.

Kirk, como es natural, trata de poner remedio a la situación y sube a la nave con intención de detener la evacuación masiva de la misma, pero no lo consigue. Solo y casi desesperado, Jim se refugia en el desolado puente, donde una de esas plantas proyecta su nube de esporas, haciéndole caer bajo su influjo. Ya todo parece decidido, pues Jim se dispone a abandonar la Enterprise, uniéndose a su tripulación en el planeta. Pero una vez más prevalece la especial relación cuasi amorosa existente entre James Kirk y su nave. En CONSEJO DE GUERRA lo había dejado muy claro: Nada es más importante que mi nave. Y aunque en principio parezca seducido por la paz interior que le proporcionan las esporas, la ira que le provoca su propia lucha interna acaba por anular su influencia. Kirk comprende que, para que los afectados por las esporas recobren la normalidad, sólo debe provocar en ellos sentimientos negativos. Así pues, urde un plan para atraer a Spock a la nave y hacer que vuelva a ser el de siempre... aunque eso está a punto de costarle la vida.

La lucha de Kirk por recuperar a su tripulación centra buena parte de la acción del episodio, pero el punto fuerte del mismo es el enamoramiento del señor Spock. En principio, ESA CARA DEL PARAÍSO iba a ser protagonizado por Hikaru Sulu, el aguerrido piloto de la Enterprise. En un guión preliminar, obra de D. C. Fontana y Jerry Sohl, Sulu descubría que padecía una enfermedad incurable en fase terminal, por lo que se veía obligado a presentar su dimisión de la Flota Estelar. En Omicron Ceti III Sulu retomaba una antigua relación amorosa con Leila Kolomi, optando por quedarse en el planeta para siempre, al descubrir que aquellas esporas tenían el poder de curarle. Las esporas de esta primera versión de la historia no eran producidas por ninguna clase de planta. Se trataba de verdaderos seres inteligentes, dominados por una especie de mente superior, a la que todos los poseídos por ellas quedaban conectados telepáticamente. El antídoto contra la influencia de dichas esporas no eran las emociones violentas, sino un determinado tipo sanguíneo, o incluso la presencia de alcohol en la sangre. Había otras muchas diferencias entre este primer guión y el que finalmente se rodó. Pero lo relevante es que Sulu no obtuvo el protagonismo del episodio debido a la tremenda popularidad alcanzada por el personaje de Spock, sobre todo entre el público femenino. Siete de cada diez cartas que llegaban a la productora alabando el trabajo de Leonard Nimoy estaban firmadas por mujeres, que abogaban por que, al menos una vez, se concediera a Spock la posibilidad de expresar más abiertamente las emociones humanas que reprimía.

Aunque este primer enamoramiento del vulcaniano está inducido por la acción de las esporas, el espectador sospecha que, en lo más íntimo de su naturaleza medio humana, Spock alberga ciertos sentimientos hacia Leila. La intensidad de sus miradas cuando se encuentran por vez primera es muy reveladora, y no pasa inadvertida para el observador Kirk. Una vez infectado por las esporas, el primer oficial y a la vez oficial científico de la Enterprise se comporta como un perfecto enamorado, prodigando sus atenciones a Leila. Pero cuando el capitán consigue que vuelva a ser el mismo Spock frío y cerebral de siempre, el trekkie avezado sospecha que la cosa no es tan fácil como parece. Spock es medio humano, y aunque trata de disimularlo por todos los medios, posee emociones humanas. Cuando debe revelarle a Leila lo que ocurre, está visiblemente perturbado por ello, y esto se aprecia sobre todo en sus ojos, a través de los cuales el vulcaniano expresa todo el dolor interno que le provoca tener que causarle ese daño a la mujer. La parte medio humana de Spock asoma a su rostro, poco antes tan inexpresivo y casi hierático como siempre, y que parece iluminarse con una tenue, casi imperceptible sonrisa, cuando acaricia de forma casi involuntaria el rostro de ella. En la conclusión del episodio, en la ya clásica escena final en el puente de mando, Spock revelará a su capitán y a los espectadores sus verdaderos sentimientos, al reconocer que tiene poco que decir acerca de lo ocurrido en Omicron Ceti III... salvo que, por primera vez en su vida, fue feliz.

La conclusión del capítulo parece la adecuada. Los colonos, libres ya de los efectos de las esporas, serán recolocados en otras colonias planetarias y la Enterprise proseguirá con su misión. Pero no es un final feliz, o al menos no completamente feliz. Leila Kolomi, que creía haber recuperado el amor de su vida, tendrá que hacer frente a la cruda realidad y empezar de cero, porque Spock está y siempre estará fuera de su alcance. Tan solo le quedará el recuerdo de los maravillosos y románticos momentos vividos junto al vulcaniano en Omicron Ceti III, y a ellos deberá aferrarse, lamentando lo que pudo haber sido y no fue.

Hablemos un poco de las dichosas plantas y del curioso efecto que causan sus esporas en los humanoides. Éstas anulan los impulsos negativos, es cierto; pero también anulan las ansias de progreso del ser humano, así como el afán de éste por buscar incansablemente el conocimiento, que conduce a la mejora individual y colectiva, y que es, en esencia, la base sobre la que se sustenta toda civilización. Bajo la nefasta influencia de las esporas, los colonos han creado una sociedad primitiva, similar a las comunidades preindustriales y precapitalistas, caracterizadas por una economía simple, de pura subsistencia, y por ningún interés en prosperar o ir más allá de la mera supervivencia. Cuando Kirk y Spock consiguen anular el efecto de las esporas, Sandoval se da cuenta de han estado perdiendo el tiempo durante años, de que no han alcanzado ninguna de las metas que se habían propuesto cuando desembarcaron en Omicron Ceti III; en pocas palabras: que se han estancado por completo. Por suerte, gracias a la intervención de la Enterprise, el grupo de colonos podrá recomenzar en otra parte. Y es que, como dice Kirk cuando Bones comenta que es la segunda vez que el hombre ha sido arrojado del paraíso: No. Esta vez salimos por nuestra cuenta. Quizá no nos hicieron para el paraíso, si no para abrirnos paso luchando, arañando cada palmo de terreno. Las palabras de Kirk no sólo condensan el mensaje del episodio, sino que además forman parte de la filosofía de la Federación.

En cuanto a las plantas propiamente dichas, son una especie de cactus rosados de aspecto bastante repugnante. Sus esporas, como comenta McCoy, tienen algo bueno, pues todos los colonos gozan de una envidiable salud y han hecho desaparecer hasta las más leves anomalías físicas de Sandoval y su gente.

En ESA CARA DEL PARAÍSO Leonard Nimoy pudo ampliar su registro interpretativo. El personaje de Spock salió muy beneficiado de la experiencia vivida en Omicron Ceti III, adquiriendo una mayor riqueza de matices que contribuirían a hacer más comprensible su proceder en episodios posteriores. Sin ninguna duda, nos hallamos ante una de las historias determinantes en la evolución del personaje más popular de TOS.

A la dulce Leila la encarna Jill Ireland, una bellísima y competente actriz, que consigue dar el tono adecuado a su personaje tanto en los momentos alegres como en los más melancólicos, logrando conmover al espectador. La esposa de Charles Bronson creó uno de los personajes femeninos más entrañables de la serie clásica.

ESA CARA DEL PARAÍSO. La primera aventura amorosa del aparentemente frío señor Spock. ¿Qué más puede pedir un trekkie?

© Antonio Quintana Carrandi, (2.196 palabras) Créditos

Para este episodio vimos nuevamente como se trataba el lado humano de Spock, de una manera exagerada, pues se nos muestra a este vulcano como pasa súbitamente del frío y lógico ser al que estamos acostumbrados a un espontáneo adolescente enamorado que trepa árboles y se ríe y cuyo único interés es su novia. Aún dentro de la lista de capítulos que tratan la emotividad de los vulcanos en Star Trek este episodio es toda una rareza. Aunque es fácil dejarse llevar por el paradisiaco nido de amor que construyen Spock y Leila, sus cariñosos y románticos gestos, y las payasadas que realiza Nimoy que, por única vez, superaban a las de Shatner en la realidad, con sus canciones y actuaciones. Nimoy es por excelencia el intelectual del elenco original, pero aquí demostró que también es capaz de hacer personajes más relajados (Suele ser difícil hacer la separación entre este actor y su icónico personaje, I´M NOT SPOCK como dice su autobiografía)

Vemos como nuestro enamorado vulcano responde indiferentemente antes las llamadas de Kirk por el comunicador, pues no desea separarse de Leila, y luego vemos como opta por seguir jugando colgado del árbol una vez que Kirk, harto de llamarlo, va a verlo en persona para quedarse pasmado ante lo que ve. Una escena que nunca más se repetiría en la historia de Star Trek, lo que vuelve a este episodio tan interesante, quizás por la morbosidad de ver al tipo serio divirtiéndose o sólo por las dosis de comedia de estas primeras secuencias.

Luego, y como era de esperarse, más personas son infectadas por las esporas, y nuestro capitán, para variar, es el último en verse afectado.

Eso le da tiempo para ver cómo la abulia se apodera de toda la tripulación de la nave, todos encuentran la felicidad y la paz mental con las esporas en su interior, los domina un pensamiento humilde y hedonista y no tardan en sumarse a la comunidad de colonos, ya hace tiempo asentada con esa existencia de pertenencia mutua y amor.

Es en este capítulo en que podemos ver traslucido el contexto social en que se grababa Star Trek: El movimiento hippie en Estados Unidos, cuando los hippies profesaban esta existencia de paz y amor, cuando se dio el auge de estas comunidades naturalistas y agrícolas, que en ciertos casos desembocaron en sectas no tan relajadas, y donde las drogas o estimulantes acrecentaban aún más este sentimiento de paz y placer.

Sólo que estas drogas eran mucho más sofisticadas, como explicaría Elías y Spock más adelante al capitán, con su estilo relajado de colono hippie, las esporas llegaron con los rayos Berthold desde el espacio, llevaban mucho tiempo vagando por el vacío en busca de cuerpos que habitar y perfeccionar en una relación simbionte similar a la de las bacterias en nuestro intestino.

Junto con revertir los efectos dañinos de los rayos, eliminar necesidades y deseos y dar paz mental a los huéspedes, constituían un seguro médico permanente, pues protegían a los organismos que invadían de cualquier enfermedad o dolencia y les reparaban fallas que ya estuvieran, aboliendo por completo la necesidad de medicinas y doctores. Así, a Elías Sandoval, líder del grupo, le creció el apéndice y a nuestro desplazado, pero también integrado McCoy, las amígdalas.

De ese modo, los portadores se dedicaban a retozar la mayor arte del día ¿Y qué comían? Lo que cultivaban, simplemente.

Al poco tiempo los otros miembros de la partida de desembarque descubren que no existe ninguna vida animal en el planeta, ni ganado, ni pájaros ni tampoco insectos. Las esporas sólo protegieron a los seres humanos. Evadiendo las preguntas de Kirk acerca del destino de los animales domésticos que ellos habían traído con ellos y la ausencia general de vida animal en el planeta, Elías Sandoval explica que simplemente Somos vegetarianos.

Por lo mismo olvidaron por completo su misión de expandir más las granjas. Cultivaban lo justo y necesario para comer y nada más.

Así, este mundo apuntaba a una existencia simple, donde había pertenencia, amor y la felicidad eran lo único que importaba. El paisaje era bonito, la comida suficiente y no había que preocuparse por la salud.

¿Y qué hay de malo en todo esto?

Comenzando porque esas granjas debían ser más grandes aún, pues hay toda una federación de planetas unidos que alimentar.

Pero claro, ellos eran más mediáticos, lo importante eran ellos mismos, mirar a objetivos ulteriores o más trascendentales no trae placer al ser humano.

Pero si autorrealización.

Nuestro capitán en su infaltable sermón los alerta que más allá de placer en la vida debe haber metas, pues el hombre debe perfeccionarse, tener algo que lo mantenga ocupado y le permita crecer y desarrollarse aún más.

¿Ni deseos, ni necesidades? No fuimos hechos para eso. El hombre se estanca si no tiene ambición, si no aspira a ser más de lo que es

Como dijo Hugo Correa en su magistral libro LOS ALTÍSIMOS: «Es imposible concebir un pueblo que no tenga nada que hacer, estaría en desacuerdo con las leyes cósmicas

O como se mostró en otro episodio de la serie, THE NAKED TIME, cuando un tripulante de esos que sólo salen en un episodio para morir, Joe Tormolen, llegó a afirmar poco antes de quitarse la vida: ¡No tenemos nada qué hacer aquí! ¿Por qué venimos a perder el tiempo metiendo la nariz en estos confines del espacio que no nos corresponden? Miren lo que conseguimos ¡Que mueran los nuestros!

En Star Trek se nos habla de un planeta Tierra que finalmente ha alcanzado los estándares de utopía, y que teniendo resueltos todos los problemas de los hombres, la guerra, el hambre, el trabajo y la salud, la civilización humana puede dedicarse a saciar ese otro gran apetito del hombre: La curiosidad, la búsqueda de lo desconocido y los descubrimientos científicos.

Ese bichito que nos mueve por el camino del desarrollo que en algún punto culminará cuando el conocimiento y la tecnología nos permitan fundir nuestras mentes en una sola entidad, la AC, de Isaac Asimov, donde el espíritu predomina por sobre la materia cerrando el proceso de la evolución.

Puede que Joe haya estado deprimido, y verdaderamente es una tentadora opción quedarse en la Tierra o en este paraíso a retozar sin otras preocupaciones, sin buscar problemas allá afuera, pero ¿Sería acaso una existencia completa?

Sandoval le argumentaba a Kirk que allí tenían todo lo que necesitaban, a lo que nuestro capitán respondió: Excepto un desafío

Solía tener una magnífica profesora de Lenguaje, que nunca podré olvidar por todas las veces que me abrió los ojos, que nos lo planteó a todo el curso una vez: La vida es lo más aburrido que hay si no tenemos nada que hacer. Créanme, les gusta estar haciendo nada. Vegetando. Pero tarde o temprano se aburrirán de hacerlo

La misma inigualable mentora me hablaba con harto interés del Mundo Feliz de Aldous Huxley, un mundo bastante similar a este episodio, donde la tecnología y la droga han solucionado los problemas de sustento y felicidad del hombre, respectivamente.

En aquella sociedad, si bien no existía el amor propiamente tal, el desarrollo humano también estaba bastante restringido, pues la irrupción de nuevas tecnologías aún más eficientes y productivas de las que ya existían no harían más que desestabilizar a esta estancada y constante maquinaria social, de modo que nada interrumpía a este sistema que mantenía a la humanidad en perpetua relajación con su soma y sus entretenciones superfluas. La reproducción estaba definitivamente controlada, de forma que la sobre población ya no era un problema y los recursos de la Tierra se volvían suficientes para alimentar a todo el Mundo Feliz, a diferencia de Star Trek donde los humanos nacen, como dirían en MATRIX, a la antigua, de modo que se vuelve necesario colonizar nuevos mundos para dar abasto. Esto último, por cierto, era uno de los motivos más razonables para continuar con el proyecto de las granjas, alimentar a las colonias de la federación, más allá de lo correcto para el hombre o no.

Todos llegamos a anhelar en algún momento una existencia simple en el campo, la playa o algún otro lugar de la naturaleza, un retorno a la naturaleza como del que hablaba Nietzsche, pero junto con que pocos de nosotros aguantarían mucho sin todas las comodidades a las que estamos acostumbrados, ésta, como ya he dicho, no sería una vida completa, aún con amor en nuestras vidas, estaríamos felices con nosotros mismos, pero faltando a uno de nuestros deberes como civilización.

Así, toda la tripulación, en una abierta pero pacífica rebelión se amotina, y comienza a bajar a la superficie del planeta. Antes de bajar, la teniente Uhura sabotea el sistema de comunicaciones de la nave, tal y como debieron hacer los colonos con el suyo para que no los molestaran.

Allá abajo se pusieron a trabajar en las granjas para cultivar su comida, y el resto del día, convivían. Era el Woodstock del futuro. No necesitaban nada más, ni tecnología ni diversión de ningún tipo, las esporas cubrían todo eso.

Kirk termina literalmente solo en el interior de la vacía y silenciosa Enterprise, la cual también está infestada por las esporas que se repartieron por el sistema de ventilación: Por primera vez me doy cuenta de lo enorme y... silenciosa que es la nave... afirma en su bitácora, la última cosa que puede hacer al estar totalmente sólo y sin ninguna idea para recuperar a sus amigos y sacarlos de esa atractiva vida ¿Qué les podría ofrecer en lugar del paraíso?

Para rematar, una planta expulsa más esporas y Kirk es finalmente alcanzado y afectado por ellas. Se dibuja una sonrisa en su rostro y llama a Spock: Me uniré a ustedes. Ahora lo comprendo, amigo. Guardaré algunas cosas y bajaré para vivir con ustedes...

Felices de que su amigo comprendió, Spock y Leila lo esperan de un momento a otro.

Convencido de lo que hace el capitán empaca en una maleta sus cosas, se muestra como le dirige unos momentos de aprecio a una de sus condecoraciones, que seguro se ganó gracias al esfuerzo y determinación que lo caracteriza. Opta por no empacar la medalla. Se dirige a la sala de transportación, y cuando está a punto de sellar el destino de la Enterprise...

Ese bichito de humanidad se hace presente, algo surgió, de manera repentina y explosiva algo lo saca del camino de la perdición, del final más peligrosamente atractivo e inocuo al que se han enfrentado. Caer en el olvido. Estancar su vida y la de todos los demás en aquel paraíso, la utopía huxliana que nos ofrece la ciencia-ficción en esta ocasión.

El capitán grita, No... yo... ¡No puedo! ¡IRME!.

¿Y eso fue todo?

Por simple que parezca sí, eso mató a las esporas.

Kirk descubrió la clave: En esta relación simbionte las esporas hacen lo más felices y pasivos que pueden a sus huéspedes pues no toleran las emociones fuertes y dañinas, estas las destruyen.

Con este descubrimiento elabora de inmediato un plan para recuperar al aliado que necesita para liberar a todos los demás: Spock.

El plan es simple, hacerlo subir y provocarlo, cosa que el capitán sabe será un riesgo, pues los vulcanos son tres veces más fuerte que los humanos, y sumado a la nueva capacidad emotiva del primer oficial, se estaría enfrentando a algo tan peligroso como un Romulano.

Finalmente lo hace, lo engaña diciéndole que necesita ayuda para que lo ayude a bajar unas cosas. Poco antes de subir se despide de Leila, le promete que volverá pronto.

Arriba el capitán, armado con una barra, le lanza una serie de abusos racistas y se burla de él como un fenómeno que se atreve a hacer el amor a Leila. Spock se enfurece y se produce una pelea, pero afortunadamente su racionalidad regresa antes de que él hiera seriamente al capitán.

Ellos colaboran para crear un dispositivo para enviar una frecuencia subsónica a través de los comunicadores que irritarán a todos los de la colonia. Poco después, las peleas comienzan a surgir por todo el lugar, lo que finaliza rápidamente la influencia de las esporas.

Así, vemos como Elías se dirige a hablar con el Dr. McCoy, quien está pasando el tiempo bajo un árbol con un tallo de paja en la boca. Le explica que es hora de que le busquen una nueva ocupación, ante lo cual reacciona con su carácter de siempre: ¿Qué quiere decir con otra ocupación? Yo soy Doctor, no necesito otra ocupación. Como ya he dicho, los médicos eran innecesarios en este mundo, y el único trabajo importante era ponerse a granjear la tierra, idea que McCoy rechaza fulminantemente, desatando un enfrentamiento entre ambos que termina una vez que sienten en cada uno que ha vuelto su carácter y voluntad de siempre.

No hicimos nada aquí... No logramos nada, ningún progreso. Tres años desperdiciados... Abordaremos la nave y comenzaremos de nuevo en otro planeta las labores agrícolas Exclama Sandoval.

Y nos reintegramos al sistema.

Cabe señalar el origen hispano del personaje de Sandoval. No era la primera vez que Gene Roddenberry buscaba meter latinos en su visión del futuro. Si ya en aquella época se podía anticipar un fuerte auge del mundo hispanoparlante era comprensible, y a la vez loable, el acierto que tuvieron. No obstante, para darle más coherencia a esta idea hubiera sido mejor que a Sandoval lo hubiera interpretado un actor de rasgos más latinos, en lugar del cincuentón rubio que lo interpretó, Frank Overton.

Y como olvidar a la otra estrella invitada, Jill Ireland. Actriz de segundo orden, esposa de Charles Bronson, vida breve y mediática tristemente acabada por el cáncer. Su aparición en este episodio no deja de ser relevante. Su personaje viene a representar toda lo que significa este paraíso que es capaz de creer y sacar amor hasta del corazón de hielo de los hombres de sangre verde. La bella actriz fue quizás demasiado hermosa para emparejarla con Nimoy para este episodio, pero su sola presencia venía a reforzar la atmósfera de total belleza, despreocupación y hedonismo adolescente de este Edén. Un rostro agradable que luego veríamos quebrarse en lágrimas una vez que Kirk interfiriera en su amor por Spock y su mundo.

Volviendo a la historia, después de un rato y una vez que las cosas han regresado a la normalidad, Spock le pide a Leila que suba a la nave. En una emotiva escena ella sube a bordo para encontrar que Spock ya no está más con nosotros, y le ruega desesperadamente que regrese con ella al planeta para que puedan estar juntos. Sentidamente, él le dice a ella que tiene responsabilidades en la nave y que no lo puede hacer. Leila comienza a llorar y le dice ¿Te importa si digo que aún te amo? Spock no pone objeciones y la abraza. Luego ella le pregunta si tiene otro nombre aparte de Spock. Él toma sus brazos y saca gentilmente una lágrima de su mejilla. Él sonríe melancólicamente y dice No podrías pronunciarlo.

Pregunta: ¿Algún productor, quizás J. J. Abrams amparado por algún lingüista, o experto en el tema se atreverá a revelarnos ese apellido algún día? Supongo que pasaría lo mismo que con el primer nombre de McGiver (No la esposa de Khan, el McGiver de los ochenta) Desconocido, poco taquillero y poco relevante, el público lo conoció siempre como McGiver, a secas, sin nombre, y Spock, difícilmente podría tener un nombre más largo que esas pocas letras que ya son suficientes para todo el mundo.

En fin, cuando la Enterprise, con los colonos seguros a bordo, se prepara para salir del sistema, Bones informa que todos los colonos aún conservan su perfecta salud.

Un efecto de las esporas bastante beneficioso que se llevaban como recuerdo.

Así, la Enterprise habría descubierto un nuevo tipo de droga medicinal, sumamente efectiva, pero peligrosamente adictiva. Debate que por desgracia no se volvería a tocar, aunque sea algo tan común ya en nuestro tiempo.

Con este tipo de súper drogas Bones podría curar a su padre quien moriría de un síndrome sin cura en STAR TREK V, por ejemplo. Pero de seguro lo metería a una adicción de la que sería difícil librarlo, la felicidad.

La cura es simple, unos minutos de intranquilidad. Pero la tentación de volver a probarlas como demostró Leila perdura.

Seguramente la Federación debió legislar sobre el uso y restricción de estas esporas que perfectamente podrían propagarse y convertir a la galaxia en una mega-comuna hippie. Ya debe estar prohibido acercarse a ese planeta, al igual que cuando prohibió a toda nave acercarse al planeta Talos IV (En los episodio THE CAGE y THE MENAGERIE, parte I y II) donde el capitán Pike terminaría sus días como la mascota de un zoológico donde se le garantizaba salud y una bella pareja para aparearse, una vez que su deteriorado cuerpo dejó de ser una opción tolerable.

Pike fue el mismo que descubrió el planeta y a estos misteriosos y voyeristas seres que vivían del placer que sintieran sus presas, y para librarse de su dominio telepático empleó una estrategia similar a la de Kirk: Llenar su mente con pensamientos de odio, lo cual inhabilitaba la credibilidad de las ilusiones que le inducían para controlarlo.

Al parecer es fácil dejarse llevar, pero para ir en contra de la corriente siempre debe estar jugando de algún modo el odio como impulsor.

Lo cierto es que en el universo de Star Trek hay varias formas de aislarse del sistema y la sociedad en un mundo de placer personal. Al haber eliminado las drogas convencionales tienen varias drogas futuristas. Como pasó en THE CAGE, en este episodio, o con la invención de la nueva generación: La cámara holográfica, ¿O acaso alguno de nosotros no sería capaz de pasarse un mes entero allí dentro si pudiéramos? Por algo la adicción a esta droga holográfica también se trataría en aquellas series.

Pero por suerte, la humanidad nunca se ha quedado estancada con estas tentadoras formas de vida.

Luego de aquel informe, Bones comenta que es la segunda vez que el hombre es expulsado del Edén, a lo que el capitán responde que esta vez no fueron expulsados, sino que se fueron por su propia voluntad, e improvisa un poco de poesía para sellar este federation way of life «Quizás no estamos listos para el paraíso. Tal vez queremos forjar nuestro camino hacia allá, y luchar con garras hasta llegar, arañando cada pulgada del camino. Quizás no podemos marchar al compás del laúd, sino que debemos marchar con el sonido de los tambores Mientras que Spock simplemente comenta: Por primera vez en mi vida, fui feliz

Paraísos hay muchos, pero es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado.

© Diego Escobedo, (3.133 palabras) Créditos