EL RETORNO DE LOS ARCONTES
Star Trek TOS: EL RETORNO DE LOS ARCONTES EE.UU., 1967
Título original: The Return of the Archons
Dirección: Joseph Pevney
Guión: Boris Sobelman
Producción: Gene L. Coon
Música: Alexander Courage
Fotografía: Gerald Perry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Capitán James T. Kirk); DeForest Kelley (Doctor McCoy); Leonard Nimoy (Mr. Spock); George Takei (Sulu); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); Charles Macaulay (Landru); Harry Townes (Reger); Torin Thatcher (Marplon); Brioni Farrell (Tula); Sid Haig (Primer Lawgiver)
Temporada: 1, Episodio: 21

Sinopsis

El Enterprise llega al planeta Beta III en búsqueda de la Arcontes, una nave de la federación perdida hace ya cien años en ese planeta. Allí, descubren a una sociedad regida bajo un extraño régimen donde las personas presentan costumbres y modales de mediados del siglo XVIII de la tierra y viven sometidas a la voluntad del misterioso y omnipresente Landru, que más tarde se revela es en realidad un computador de seis mil años de antigüedad, y todo aquel que se opone al sistema es detenido por unos robóticos y sombríos personajes con túnica llamados Los Legisladores los cuales Asimilan a El Cuerpo a cualquier rebelde.

Para tener libertad, hay que ganársela.

James T. Kirk

Esta frase, que nuestro admirado capitán pronuncia en un momento destacado del metraje, al observar lo pusilánimes que son los betanos, condensa maravillosamente el mensaje del episodio. Porque en EL RETORNO DE LOS ARCONTES se aboga no sólo por el derecho a la libertad del hombre, sino porque éste sepa utilizarlo sabiamente, disfrutando de la diversidad de la humanidad y del carácter y personalidad de cada individuo.

La sociedad de Beta 3 está controlada por un misterioso personaje llamado Landrú. El tal Landrú, al que los betanos parecen adorar y temer como al Dios del Antiguo Testamento, ejerce su influencia hasta en los aspectos más triviales de las vidas de los habitantes de Beta 3. La cultura betana, que ostenta un nivel de civilización similar al de la Norteamérica de finales del siglo XIX, semeja ser pacífica y normal. No obstante, el equipo de exploración, formado por Sulu y el teniente O´Neill, ha tenido problemas en el planeta. Atendiendo a sus reiteradas llamadas de auxilio, Ikaru es transportado a la Enterprise casi en el mismo instante en que es atacado por uno de los extraños legisladores de Beta 3. Ante su sorprendente comportamiento, Kirk decide bajar al planeta al frente de un equipo de misión, pues desea recuperar al teniente O´Neill y averiguar qué diablos pasa en ese mundo. Y lo que descubre le deja perplejo.

Los betanos se encuentran en un estado de estancamiento total, sometidos a unas pautas de comportamiento preestablecidas por el enigmático Landrú. Aunque semejan ser felices, dicha felicidad ha sido inducida artificialmente, y más parece apatía que otra cosa. Ese estado de paz y felicidad sólo es interrumpido periódicamente por una especie de ceremonia denominada El Festival, durante la cual los instintos primarios de la población, estimulados de alguna manera por Landrú, se exacerban, dando como resultado una orgía de violencia y destrucción que dura varias horas. Kirk y Spock comprenden que El Festival cumple la función de descargar de forma controlada los impulsos agresivos de las personas, facilitando así el que éstas puedan ser reprimidas indefinidamente.

Nuestros héroes, que están curados de espantos y no creen en misticismos ni sandeces por el estilo, concluyen que para resolver la situación tienen que llegar hasta el tal Landrú, y cuando lo logran, resulta que éste, como sospechaba Spock, es una máquina; una sofisticadísima computadora planetaria, programada seis mil años antes por un científico llamado Landrú, que pretendía ofrecer a su pueblo una existencia pacífica y ordenada. El problema es que Landrú creó un ordenador increíblemente poderoso, al que transfirió todo su saber; pero, como es natural, no pudo dotarle de un alma humana. En consecuencia, la máquina interpretó las instrucciones de Landrú al pie de la letra, creando una sociedad reprimida y deshumanizada. Peor aún: la computadora, quizá debido a un fallo en sus circuitos, ha llegado a creerse que es Landrú, y utiliza una proyección holográfica de su creador para comunicarse con los betanos. Lo que, por otra parte, viene de perlas para mostrarnos una de las facetas más memorables de Jim Kirk: su innata habilidad para destruir cualquier clase de engendro mecánico, inaugurada, por así decirlo, en este capítulo. Con la destrucción de Landrú los betanos vuelven a ser dueños de su destino. Para ayudarles a salir del estancamiento de milenios propiciado por el malévolo ordenador, Kirk deja en el planeta al sociólogo Lindstrom, que al final del episodio se muestra muy satisfecho por los progresos de los antiguos adoradores del dios-máquina.

La Enterprise acude a Beta 3 para tratar de averiguar qué fue de la nave Arconte, desparecida allí un siglo antes. Entre los habitantes del planeta circula la leyenda de los arcontes, según la cual éstos habrán de volver algún día para liberarlos del yugo de Landrú. Los verdaderos arcontes eran los magistrados supremos de las ciudades griegas, que facilitaron el tránsito de la monarquía al gobierno de los nobles, y más adelante, la institución de la democracia. Archons, arcontes en inglés, se corresponde con el nombre del club de servicios escolares del Los Ángeles City College, la Archons - The men´s Honorary Service Society. Roddenberry fue miembro de esta sociedad en su juventud, siendo recompensado por sus servicios a la misma el 1 de abril de 1940. El Gran Pájaro de la Galaxia no olvidó tal honor, y dos décadas más tarde, les rindió homenaje utilizando el nombre Archons en este episodio.

El salvajismo de El Festival recuerda no poco a las celebraciones dionisiacas. Por otra parte, la sociedad betana parece estar estructurada jerárquicamente como una especie de teocracia, con sacerdotes que se ocupan del culto a Landrú, y unos legisladores que recuerdan muchísimo a los inquisidores católicos.

© Antonio Quintana Carrandi, (893 palabras) Créditos

Arconte es una palabra griega que significa mando o dirigencia, utilizado con frecuencia como el título de un determinado cargo público de un gobierno. De la misma raíz vienen monarca y jerarquía. Sabiendo esto podemos deducir el sentido que se le quiso dar a Los arcontes en este episodio evidentemente influenciado en la ya clásica novela de George Orwell 1984.

La metáfora aquí es que los arcontes representan a los dirigentes, humanos por un lado, defecto que impulsó a la sociedad de este planeta a buscar un sustituto más eficiente para alcanzar la paz, pero de línea griega por otro, donde la democracia era la prioridad.

Las similitudes con la novela son varias. La llamada Hora Roja o Festival equivaldrían a los dos minutos de odio de 1984, y el omnipresente Landru sería el infaltable Big Brother, sin mencionar que el régimen, sin hacer uso explícito de cámaras, se apoya en la tecnología para ejercer la represión, con sus súbditos como receptores-emisores y espías interconectados por la telepatía.

No obstante, hay una diferencia ideológica fundamental en esta historia. En 1984, toda esa miseria dictatorial y represora tenía el único objetivo de mantener en el poder a su clase dirigente, el partido interno, por tiempo indefinido. Un interés claramente egoísta, mientras que aquí se nos muestra a un pueblo que pasó por una revolución hace seis mil años encabezada por un científico idealista llamado Landru (Visto sólo por hologramas e interpretado por Charles Macaulay)

Landru, como todo buen científico, tenía una consciencia social y métodos para solucionar las cosas bastante propios del trabajo de laboratorio y desarrolla esta ideología en la cual la prioridad es eliminar la creatividad, espontaneidad y cualquier expresión agitadora de los individuos con el fin de evitar cualquier posible amenaza y peligro de autodestrucción de la sociedad. Un paradigma clásico en la historia de la humanidad que se puede resumir en dos palabras: PAZ o LIBERTAD, una elección por la que suelen pasar los pueblos en crisis con nefastas consecuencias. Por un lado, la paz puede estar asegurada por la privación de ciertas libertades, entre otras cosas; Los ejemplos de dictaduras sobran, y por otro está todo lo que es libertad y derechos humanos, se supone que inherentes para cada individuo.

Para consolidar su visión de una sociedad ideal tan estática y conservadora, Landru limitó el desarrollo científico y social a una cultura estancada en la cultura del siglo dieciocho terrestre (Una posible crítica al puritanismo religioso o referencia al movimiento Amish en Estados Unidos) De manera que la tecnología estaba estrictamente reservada para controlar a la población. En 1984 también se buscaba limitar de manera similar la producción industrial, pero en vez de eliminarla se destinaba totalmente a la industria bélica debido a su contante guerra total, elemento que evidentemente no incluye esta sociedad.

Y claro, la gracia de este científico revolucionario es que su principal arma era la ciencia y las tecnologías telepáticas que le permitieron desarrollar un ente social cohesionado y represorio casi al 100% mediante el control telepático en un solo organismo llamado El cuerpo.

¿Por qué el cuerpo?: Pues porque se refería al organismo vivo, al cuerpo humano. En nuestro sistema biológico cada célula cumple una función, nace y muere con una misión determinada, y si tiene la desgracia de sufrir algún desperfecto, a fin de no interferir en el correcto desenvolvimiento de la maquina biológica se suicida, es lo que se conoce como Apoptosis. Así, también podemos observar una leve referencia al Mundo Feliz de Aldous Huxley, o incluso, a cierto cuento de Isaac Asimov: MANCHAS VERDES donde todas las células y todos los seres vivos conocidos eran absorbidos por un solo e inconmensurable ente biológico, privándose a todos de consciencia e individualidad a fin de formar una maquinaria biológica organizada, segura y perfecta. Podemos apreciar cómo responde este planeta ante la llegada de la Arcontes y luego de la Enterprise: La poca tecnología que conserva está destinada a derribar cualquier agente externo que se asome al planeta, reaccionando como todo cuerpo ante un virus, y claro, las demás células no tienen ni idea porque esa función no les corresponde.

Así, Landru contrastaba a la anarquía a la que era capaz de llegar los grupos humanos con la admirable y eficiente máquina biológica humana, donde todo es un imparable engranaje. Sólo eso, un engranaje, idealmente no debe hacer o pensar nada más. O al menos esa fue la interpretación que le daría la computadora que lo sucedería más tarde.

Al fin y al cabo un totalitarismo. La ideología guía cada aspecto de la sociedad y el bien común o a largo plazo está muy por encima de los derechos humanos. Es lo que pasa cuando los científicos se meten en política, como ya se había comentado antes en esta página, y sin detenernos ahí podemos hacer más paralelos con 1984.

En la novela de Orwell, se hablaba de tres niveles de dictaduras. La del No harás (La era de la Inquisición) la de Harás (Las ideologías del siglo XX) y la tercera y más absoluta la del Serás, donde la revolución debía llegar hasta la médula de cada individuo de la sociedad a fin de que este finalmente dejara de ser un individuo.

En 1984 esto era logrado mediante un complejo sistema de cámaras repartidas absolutamente en cada lugar concebible y con un incansable equipo de seguimiento y de observadores de todos los miembros del Partido Interno.

Esto último es difícil de lograr, pues seguir e interpretar cada gesto o acción de una persona es una tarea titánica, sólo recordemos la película EL SHOW DE TRUMAN donde se invertían incalculables recursos en seguir a un solo hombre, e incluso así este termina finalmente evadiendo el espionaje continuo al que lo someten.

Por esto último, no es muy coherente el seguimiento perfecto de cada persona y la infalibilidad absoluta del invencible partido represor. No obstante, el mismos Orwell llega a insinuar que una de las preocupaciones más grandes del partido era poder entrar en las consciencias de las personas a fin de saber que pensaban realmente. Lo cual parece haberse llevado a cabo desde un principio con el protagonista, Winston.

Lo que más llama la atención es que el seguimiento y lavado de cerebro de Winston, junto con ser bastante elaborado, y por tanto costoso, es llevado a cabo a absolutamente cada miembro del partido interno y desde el día en que nacen, y de algún modo llega al extremo de inseminar leves, pero incipientes ideas en la cabeza de Winston sin que este se de cuenta de modo que susciten a una serie de inspiraciones y acciones por parte del protagonista que finalmente lo llevan justo por el camino que le planearon sus acosadores para torturarlo y desmoronarlo de la manera más eficaz.

A menos que Orwell se haya anticipado el argumento de INCEPTION, de manera que la Policía del Pensamiento es en realidad un grupo de agentes del sueño, sólo cabe una explicación para tal conocimiento omnipresente de cada individuo: Telepatía.

Al igual que en este episodio el seguimiento y control perfecto sólo puede ser llevado a cabo si se sabe a cabalidad la totalidad de los pensamientos de los oprimidos, pero tal cantidad de información tampoco está para ser procesada y analizada en su totalidad por hombres. Sólo podemos concluir que hay una poderosa Inteligencia Artificial de por medio llevando a cabo todo el proceso, de manera que el sistema represor se realiza con toda la aterradora y desoladora eficiencia que muestran tanto el libro, como el episodio gracias a esta máquina.

Así, El Gran Hermano puede no existir, pero también puede que haya sido el nombre del computador que ayudaba a los despóticos e indiferentes miembros del partido interno a sostener su pesadilla dictatorial.

A todo esto, también podríamos sumarle, o incluso considerar como tercera opción, como método de conocimiento omnipresente al empleado por la inteligencia artificial, también centralizada y también manejadora de todo el conocimiento humano, Multivac de I. Asimov, que en cuentos como Reforma Electoral demostraba tener la capacidad de conocer, gracias a su elaborado sistema estadístico e informático, las decisiones y actos de sus usuarios mediante correlaciones totalmente lógicas de probabilidades.

¿Y todo esto lo hizo Landru con buenas intenciones? La respuesta es sí, y esa es la principal diferencia con 1984, sólo que al morir este volvió a utilizar sus habilidades como científico para perpetuar su sueño social mediante una computadora en la cual se descargó toda su personalidad, todos sus conocimientos y todos sus métodos. Esta conformaba una red informática centralizada y al tanto cada hecho y acción cometida en su mundo de modo que nada escapaba a su poder. Así, gozó de un control total del planeta durante seis mil años con pocas interrupciones externas de las cuales supo defenderse mediante armas automáticas que destruyeron a cada nave que se acercó (Excepto a la Enterprise, que como siempre, se salvo por los pelos) Y en miles de años, era inevitable que se le viera como un Dios, probablemente también eso fue intencional, pues si no eran los mensajes que enviaba a la misma cabeza de las personas eran los hologramas de su extinta persona la que los intimidaban.

Al apretar tanto el puño estaba claro que se acumularía una gran bola de sentimientos encontrados producto del control y represión. Tenía mucho sentido que el mismo Landru diera un espacio para desviar todo este malestar interno canalizado en la expresión más baja y salvaje de los instintos de los hombres. Sexo, violencia y descontrol, todo agotado en un determinado período de modo que no les quedaran energías para intentar revelarse o incluso terminar volviéndose locos.

Sabemos que todo esto llegó a su extremo de inhumano y sistemático una vez que Landru murió, pues todo quedo en manos del computador. La idea de un computador que pierde los estribos, según la visión de los hombres, fue algo que se volvió a tratar en otros clásicos de la ciencia-ficción, como HAL en 2001, o la más reciente y no tan apreciada adaptación de YO, ROBOT.

Esto sin mencionar a la rebelión de las maquinas que también se dio en TERMINATOR y MATRIX, pues a diferencia de estas últimas, las historias anteriores representaban a maquinas con sus razonamientos más desglosados, con objetivos mejor expuestos y argumentados por ellas mismas. Cuando el hombre confió en la perfección y eficiencia de la máquina las tareas más complejas estas tergiversaron su objetivo. La frialdad de su totalmente lógico proceder llevó a situaciones abominables para los hombres, pero teóricamente aún en función del bienestar común (2 Ley de la Robótica)

De este modo, este episodio muestra una trama muy bien contada y tratada, donde en un momento histórico de grandes cambios sociales y tecnológicos, se daba el mensaje de que con inteligencia y valentía, el hombre nunca tenía porqué perder el control de su vida y su civilización.

En 100 años que pasaron los pocos sobrevivientes de la Archons que no fueron Asimilados por El Cuerpo de este hermético planeta (Proceso mucho más rápido e indoloro que la mezcla de tortura y lavado de cerebro llevado a cabo en 1984, pues Bones luego de una sola sesión ya era el típico Ned Flanders de este planeta, sonriente y sumiso) vivieron y se reprodujeron de una manera inteligentemente disimulada fundando una resistencia (Real, a diferencia de La Hermandad de 1984, pero más apática) cuidadosa de no hacer ningún paso en falso, de no hacer ningún movimiento que los delatara, lo que desembocó en unos pocos miembros bastante reticentes de realizar acciones temerarias, lo cual manifestaron una vez que el Capitán Kirk les presentó la oportunidad de contribuir a derrocar ese inhumano sistema.

Ante su temor, comprensible dado el control al que vivieron sometidos por generaciones, el capitán los sermoneó con una frase sacada del proceso independentista de varios pueblos de la realidad: Deben entender que nadie vendrá a regalarles la libertad, esta debe ser ganada, y si no lo hacen demuestran no ser dignos de ella.

No obstante, su sola presencia sirvió para abrirle las puertas necesarias a Kirk para evadir el control de Los legisladores (La KGB, CIA o GESTAPO de este régimen) y no ser asimilado, como le pasó al Doctor McCoy y a Sulu, y así poder tener el privilegio de decir que fue El Libertador de Beta III (Siempre tiene que ser nuestro querido Capitán el que se lleva la gloria)

Todo sin usar muchas armas, pues al llegar al corazón del cerebro central sólo empleó un arma mucho más letal contra la enemiga computadora: La razón, lo cual ya había hecho en otro episodio que también he comentado. El clásico argumento de la paradoja para inducir a la computadora el colapso.

El control telepático que ejercía a distancia de los asimilados acabó y todos, incluyendo McCoy y Sulu volvieron a la normalidad.

Y el final feliz: La libertad triunfó. Paz y libertad suelen ser difíciles de combinar, pero los de la federación, expertos en el tema, dejaron a unos cuantos sociólogos para guiarlos en ese camino. En cuánto partían Kirk recibió el mensaje de los sociólogos de que se estaban dando disputas domésticas y agitaciones en las calles. Ahora debían aprender a vivir con estos problemas para construir una sociedad sobria y libre.

Pero queda una pregunta: Si esta nave desapareció hace 100 años, más o menos cuando fue lanzada la Enterprise NX-01, ¡Vaya que se tomaron su tiempo estos de la Federación para buscar a una nave perdida!

En vez del regreso de los Archons... ¿no será el regreso de los Archer?

© Diego Escobedo, (2.271 palabras) Créditos

Notas

El argumento completo se puede leer en la Wikipedia