UN FANTASMA RECORRE TEXAS
UN FANTASMA RECORRE TEXAS Fritz Leiber
Título original: A Spectre is Haunting Texas
Año de publicación: 1966
Editorial: Martínez Roca
Colección: Súper Ficción, nº 25
Traducción: Diorki
Edición: 1977
Páginas: 207
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Antonio Santos

Algunas reseñas deben escribirse con el corazón. No hay otra forma. No suelen ser las mejores porque exudan demasiado almíbar de la querencia por el texto comentado. Se pueden disculpar todavía al comprender esto último.

Tales reseñas también tienen que apelar forzosamente a ciertos elementos biográficos. Esta novela, UN FANTASMA RECORRE TEXAS, es una de mis preferidas, libro de cabecera (imposible llevarme diez a una isla) y del que aprendí muchas cosas sobre cómo escribir. (Otras me enseñaron Philip José Farmer —¡se pueden escribir palabrotas! ¡Puedes escribir guarradas sexuales!— y Stephen King. Y ayudó Philip K. Dick. Sobre ellos, no obstante, hay aún dos Maestros más)

Cuando decidí que quería escribir, empecé como todos: leyendo a y emulándole. Dado que estamos en la ciencia-ficción, ya sabes: Jules Verne, H. G. Wells, Edgar A. Poe, El barón de Münchhausen, que no falte, y sir Arthur Conan Doyle. (A Isaac Asimov, que debería ser mi gurú, por mor de su resonancia, lo descubrí más tarde, cuando tenía mis pilares asentados, así que su influencia ha sido nula) Pero creces y sientes inquietudes. Y allí estaban los libros de Martínez Roca negros con las abstractas portadas, a veces, inquietantes. Y títulos que por sí mismos insinuaban tramas que no desarrollaba el autor del libro.

Y UN FANTASMA RECORRE TEXAS se las apañaba para sobresalir siempre. Tenía que elegir entre él y la selección sobre cyborgs. Ganó (afortunadamente) Fritz Leiber. Y, cielos, qué hallazgo. La ironía. El doble sentido. El planteamiento irrespetuoso y la burla a los santos sacramentos. La aventura como un mecanismo, no como un fin, para obtener un resultado final amable, coloquial, aun dulce, que hacía inolvidable la obra. Y, sobre todo, la riqueza del lenguaje. El histriónico protagonista, Christopher Crockett La Cruz, tratando de desenvolverse en un mundo post cataclismo nuclear que aún mantiene los Bloques intactos (Capital-Comunismo) y la grandilocuencia de los tejanos, retratados como versiones XXL del insidioso Jr. Edwin, el de Dallas, ¿recordáis?

En contraste, estaban los mejicanos esclavizados sirviendo a una aristocracia tejana que procuraba imitar la de los pobladores españoles pero con su sesgo propio. Estaban contrahechos (gibosos) y fermentaban en Ciudad Engrasador (un antiguo y despectivo insulto racista americano) una revolución que les proporcionara, ¡olé! más reposo y Coca-Cola en su ocio.

La peculiar anatomía de Chris Crockett (La) Cruz (¿CCC como ironía de KKK?) criado en un satélite en torno a la Luna, carente de gravedad, lo obliga a caminar por la Tierra embutido en una elegante armadura que suple su falta de fuerza muscular (inciso: en la colección de cyborgs ni palabra de esta novela, pese al barrido exhaustivo de los compiladores buscando historias que fuesen de esto) y le hace parecer un esqueleto andante-parlante que, ¡mira tú por donde! encaja con una creencia indígena que reza que la Muerte Alta les liberará de la opresión tejana. Es una idea peculiar, cuando no siniestra (ni exenta de la macabra ironía del Arbeit Macht Freiel trabajo os hará libres — de Austchwitz) que las esperanzas de libertad de un pueblo reposen en un icono tan funesto. (Claro, que si nos ponemos esotéricos, el arcano mayor de la muerte también está relacionado con el renacimiento o los nuevos proyectos; rara vez es nefasto sigul)

Leiber suspende la coña cuando el bueno (y algo pánfilo, y demasiado enamoradizo) de Chris La Cruz actúa ante una febril multitud de Gibosos y les promete la ansiada libertad. De paso, el escritor evoca su faceta de actor y hace un repaso de los distintos aspectos de la interpretación y los recursos que pueden ampliar o apagar la intensidad de una escena, introduciendo anécdotas de entre bastidores. La actuación concluye con una redada. Los tejanos pegan duro y Chris se percata de que vive demasiado inmerso en su burbuja de TESPIS y la sangre que le salpica no es de atrezzo, y el sufrimiento que desfigura a los mejicanos que han creído en sus soflamas es en extremo real y cruel. Paralizante.

Leiber satiriza los movimientos pacifistas emergentes cuando redactó la obra. Vietnam estaba en auge y la respuesta en su contra era muy virulenta. Supongo que se quedaba mirando aquellos noticiarios, los desfiles pancartistas (mal endémico patrio) y sonriéndose socarrón, quizás riendo entre dientes sarcástico. Ante la pantalla de las palabras altisonantes/grandilocuentes (o sea: todas las que los políticos y sus siervos subvencionados han emporcado) está Un Guía que, al ver venir a los polis con los perros comecojones ladrando a todo volumen, es el primero en huir, seguido por sus adláteres. Esto aprecia Chris cuando empieza la redada: los intelectuales sentados en un segundo plano, viéndole enardecer a la multitud, los pensadores y estadistas, apenas husmean la violencia escapan dejándole a él, ¡pobre primo! recibir la paliza de los Jr. que, horas antes, aun le habían agasajado, pues veían en su deformidad también una forma de explotarle en su beneficio: él era el mítico Espectro.

Puede ser que alguien vea en UN FANTASMA RECORRE TEXAS (ya, ya, el título alude al manifiesto de Karl Marx) un canto contra el imperialismo yanqui y esas zarandajas propias de los revolucionarios de salón-y-pacotilla. Pero la obra de Leiber es precisa al respecto: pinta monolíticos a los tejanos. Ellos hacen lo que deben porque son así. Si el imperio es su destino, a tal se abocan. A quienes critica son a los revolucionarios, que se adueñan sin escrúpulos del anhelo y las necesidades del pueblo para no darle cuanto le prometió, sino que se atrinchera en el poder gobernando con mayor despotismo que el tirano que derrocó. Eso sí, camaradas, somos/encarnamos la Revolución. El Pueblo. El Trabajo. Cuidadito con chistar. ¡El Gulag te espera!

El resto de la novela es el amargo descubrimiento de las miserias de un mundo en parte inhabitable por la radiación y la lucha desproporcionada de los Gibosos contra los tejanos, que llevan las de ganar merced a su superioridad tecnológica, insertando algunas pinceladas de humor e ironía. Dibuja algunos grotescos retratos de sujetos no menos esperpénticos que agilizan la trama, y al final, Chris regresa a la gravedad cero matriarcal harto de la tiranía patriarcal de la gravedad terrestre.

Consterna la pérdida de Elmo Oil Field Earp. Acabas cogiéndole aprecio, al oportunista mediador. Él encarna una faceta del cowboy de Tejas, que era aficionado a las exageraciones y los grandes cuentos fabulosos. Más o menos, Elmo semeja la idealización de Tejas. El cómo se ven ellos.

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos, (1.081 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 1 de noviembre de 2010