CUANDO SE ABRIÓ EL ABISMO
CUANDO SE ABRIÓ EL ABISMO Carlos F. Castrosín
Título original: ---
Año de publicación: 2010
Editorial: Grupo AJEC
Colección: Albemuth Internacional
Traducción: ---
Edición: 2010
Páginas: 301
ISBN:
Precio: 16,95 EUR

Tras años de espera Carlos Fernández Castrosín nos regala al fin con la versión definitiva de las aventuras de Santiago Marchena, un ingeniero que trabaja en la construcción del túnel que atravesará el estrecho de Gibraltar y que, tras un accidente en el que pierde la memoria, acaba viviendo asombrosa aventuras en un fascinante mundo subterráneo.

Esta historia ya tuvo sus antecedentes en el relato LA QUE SE ARRASTRA CON SUS NEGRAS ESCAMAS y la novela corta LOS SUBTERRÁNEOS. En aquellas, el argumento de CUANDO SE ABRIÓ EL ABISMO se esbozaba y consolidaba en espera de su desarrollo definitivo. ¿Qué es lo que se gana en CUANDO SE ABRIÓ EL ABISMO respecto a LOS SUBTERRÁNEOS? Principalmente una mejor puesta en escena y el crecimiento de Santiago Marchena como personaje.

Tras el accidente, se nos presenta a Marchena en Klinkangámerun, la capital de uno de los Cinco Principados en los que se divide este extraordinario mundo subterráneo. Tras unas pocas páginas, la imagen que se viene a la mente es la de un trasunto del decadente Imperio Austrohúgaro, en el que sus habitantes se comportan con una extraña mezcla de apatía y conformismo, siguiendo unas estrictas convenciones sociales. Pero lo más sorprendente de todo es la previsibilidad, dentro de un amplio margen, de las cosas que van a ocurrir o el tiempo que va a hacer, como si se tratara de un gran escenario, y la vida de sus habitantes fuera una formidable obra de teatro que solo ciertos algunos acontecimientos extraordinarios alterarán... aunque tampoco queda claro que esos sucesos no estén previamente programados.

Marchena, entre invitado y venerado en Klinklangámerun vive continuamente con la duda de no saber quien es, con la desazón de sentirse extraño en un mundo y una sociedad que no es la suya, y sin saber exactamente de donde viene. Su origen subterráneo le convierte en una personalidad, pero tampoco sabe porqué. Sus protectores y en general los habitantes de Klinklangámerun esperan grandes cosas de él, aunque no le presionan, saben que de un momento a otro sacará a relucir todas sus extraordinarias habilidades, desconocidas aún por el propio Marchena, para beneficio de todos.

El tono de CUANDO SE ABRIÓ EL ABISMO es mucho más pausado que en LOS SUBTERRÁNEOS, que pecaba de un exceso de precipitación, de acumulación de acontecimientos. Con un Marchena más dibujado y un escenario con más profundidad, los lances y aventuras no abruman, incluso la primera mitad de la novela es muy pausada, con apenas un par de acontecimientos notables. Castrosín se dedica aquí a presentarnos la sociedad klinkangamerunesa y al desconcertado Marchena. Sin embargo, cuando éste se embarca en una expedición de auxilio a un reino cercano, el ritmo cambia, la emoción aumenta y las aventuras se suceden a buena marcha, aunque sin acelerarse, hasta el final.

En el debe es necesario apuntar dos cuestiones, por un lado, y pese al arduo trabajo de corrección, hay pasajes en la novela extrañamente toscos. El trabajo de corrección es el más pesado y aburrido del proceso creativo. En demasiadas ocasiones fragmentos de texto se dan por buenos simplemente porque el ojo se ha acostumbrado a ellos y no detecta las posibles imperfecciones, o a la inversa, el esfuerzo por mejorar cierta parte implica que las adyacentes se ven afectadas de una forma que el autor no esperaba. En el caso de CUANDO SE ABRIÓ EL ABISMO surgen de tarde en tarde frases, construcciones sorprendentemente pobres en comparación con del buen hacer general de la novela.

La segunda cuestión es que nos quedamos sin saber como acaban las aventuras de Marchena y sin descubrir los misterios del mundo subterráneo. Ni como se creó, ni como llegaron sus habitantes a él, ninguno de los enigmas que se van planteando capítulo a capítulo queda resuelto, si bien el argumento general de la novela queda cerrado, es obvio que en algún momento Carlos Castrosín tendrá que acometer esa novela donde de por cerradas todas las incógnitas propuestas.

© Francisco José Súñer Iglesias, (661 palabras) Créditos