THE ROAD TO DUNE
THE ROAD TO DUNE Frank Herbert Brian Herbert, Kevin Anderson
Título original: The Road To Dune
Año de publicación: 2005
Editorial: Tor Books
Colección: ---
Traducción: Sin traducir al español
Edición: 2005
Páginas: 434
ISBN:
Precio: ---
Comentarios de: Rafael Ontivero

El Dune que pudo haber sido

Entre las numerosas precuelas, postcuelas, midcuelas y mierdacuelas que el hijo de Frank Herbert ha hecho a lo largo de estos años, biografía de su padre aparte, hay un libro que destaca entre los demás. Su título es THE ROAD TO DUNE y, como en casi todos los que tienen relación con este universo, viene firmado por Brian Herbert (el hijo) y Kevin Anderson (el colaborador) No obstante hay, también, un tercer nombre: Frank Herbert, el autor original, cosa que, según vayamos avanzando en este texto, veremos explicado.

El libro, que hasta donde yo sé no ha sido traducido al castellano, está compuesto por tres partes completamente independientes.

La peor de todas, y la más aburrida, es la última de ellas, que recoge cinco cuentos de los autores habituales, cuentos que complementan y a veces completan todas las cosa-cuelas con las que nos están inundando. Son relatos imbricados entre los diferentes volúmenes de las dos series más famosas, a saber: Leyendas de Dune y Preludio a Dune. En la primera los autores nos cuentan de una forma bastante infantiloide a mi parecer los hechos acaecidos en La Yihad Butleriana citada en las novelas originales. No vamos a entrar en la maestría narradora de Kevin y Brian, que no es mucha, como tampoco en lo que se relata en los tres volúmenes del Preludio. Decir nada más que forman una lectura entretenida sin muchas ínfulas literarias ni de calidad. Meras novelas de space opera de aventuras, flojitas y con una enorme cantidad de errores argumentales respecto a la serie original y, lo que es peor, también entre las propias obras de la serie.

Pues bien, cuatro de los cinco relatos se sitúan en dicha época, algunas veces clarificando aspectos que en las novelas no quedan claros, como si se tratara de capítulos omitidos, de lo que tienen toda la pinta.

El último relato, SEA CHILD, tiene su línea temporal entre HEREJES DE DUNE y CASA CAPITULAR, y quizás sea el de mayor valor de todos.

Es la parte central del libro la que marca la autoría de Frank Herbert, pues en ella se recogen varios capítulos omitidos en los dos primeros volúmenes de la serie original así como algún final alternativo. Lo cierto es que todos ellos aclaran ciertos aspectos que en los libros originales quedan un poco cojos, y merecen la pena leerse.

Sin embargo hay otros que no son más que borradores a medio terminar, escenas que entran en completa contradicción con el desarrollo final de la novela y muchas veces de una calidad insufrible.

No obstante, bien valen para otear un atisbo de lo que fue el genio (y el proceso) creador de Frank.

Kevin y Brian también incluyen otras joyas originales y no publicadas con anterioridad: el artículo original sobre fijación de dunas del propio Frank que dio pie a la saga, así como cartas cruzadas entre el autor, el editor y otros escritores, todo ello mezclado con una descripción de los problemas que tuvo la novela original para ser publicada en libro tras su aparición en la revista Analog.

Quizás sea esta la parte más interesante de todo el libro, al menos para los fans de la serie.

La primera parte del libro la forma una novela basada en los papeles póstumos de Frank Herbert y reescrita por Kevin y Brian, como ejemplo del DUNE que pudo haber sido y no fue.

Parece ser que la versión que podemos leer aquí fue el primer borrador del autor, borrador que se transformó en lo que finalmente todos pudimos disfrutar. Y ciertamente nada tiene que ver con el Dune final. Eso, o los autores mienten más que escriben.

El duque Leto Atreides es Jesse Linkam, el barón Vladimir Harkonnen es Valdemar Hoskanner, Esmar Tuek es, en lugar de un contrabandista, el jefe de seguridad de Jesse, y Jessica está sustituida por Dorothy Mapes, que en esta novela hace las veces de la citada y de Thufir Hawatt. El hijo del duque tiene ocho años en lugar de quince, y se llama Barry. El único personaje que cuenta con el mismo puesto en ambas novelas es Gurney Hallek y el doctor Cullington Yue (en lugar de Wellington Yue)

En PLANTET SPICE no hay Cofradía Espacial, ni Bene Gesserit, ni mentats, ni nada de lo que hace grande y única a DUNE. La única similitud es el nombre del planeta y el hecho de que produce la especia, que en ningún momento se llama melange.

Sí que tenemos un Emperador con la misma mala leche que en la novela final, y también asociado a los Hoskanner con un plan (que al final se vuelve contra sí mismo) para derrotar al duque.

Y de hecho es una novela bastante mala, o más bien del montón. Desde luego que si se hubiera publicado así poco éxito habría tenido, ya que no hay mucho efecto maravilla que digamos. Más bien se trata de una obra ligerita y sin muchas pretensiones, sólo entretener con un final típicamente apoteósico y una trama que va ascendiendo en interés hasta el golpe final, que acaba con los Harkonnen (¡uy! perdónenme, quise decir Hoskanner) y salva a los protagonistas.

No obstante, y esto ya es a título personal, a la novela se le ve el plumero a la legua. Me niego a creer que ese aborto haya salido de la mente de Frank. Sobre todo las partes infantiloides muy típicas de los dos autores, que las hay.

El inicio es poco menos que risible: una apuesta. Jesse protesta por el monopolio de la especia que los Hoskanner mantienen. Por lo tanto, el emperador lo reta a que, en dos años, consiga tanta o más que los anteriores, cosa que es aceptada por Jesse.

Yo me pregunto qué tiene que ver el monopolio con la apuesta, pero hacemos una evidente suspensión de la realidad y seguimos leyendo. Y nos encontramos con dos tipos de escenas. Las de corte infantil muy al estilo de Brian y Kevin, y otras más adultas, más razonadas y coherentes.

Casi daría para realizar un estudio de la novela, separar lo que fue ideado por Frank y lo que fue añadido por los autores únicamente basándonos en el argumento. Y luego comparar con las notas originales. ¿Acertaríamos? Posiblemente sí, aunque lo más triste de todo es cómo el hijo ha transformado una posible obra más o menos coherente en un montón de mierda.

© Rafael Ontivero, (1.069 palabras) Créditos