SÍNDROME DE INMUNIDAD
Star Trek TOS: SÍNDROME DE INMUNIDAD EE. UU., 1968
Título original: The Inmunity Syndrome
Dirección: Joseph Pevney
Guión: Robert Sabaroff
Producción: John Meredyth Lucas y Gene Roddenberry
Música: Jerry Finnerman
Fotografía: Alexander Courage, Sol Kaplan y Fred Steiner
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); Walter Koenig (Chekov); Majel Barrett (Chapel); John Winston (Kyle)
Temporada: 2, Episodio: 18

TOS adoleció desde sus inicios de considerables problemas presupuestarios, ya que durante sus tres años de existencia la Paramount no mostró demasiado interés por ella. Para los ejecutivos del Estudio, la serie de Roddenberry era sólo una extravagancia llamada a fracasar antes o después, y por eso jamás se preocuparon de dotarla de un buen presupuesto ni de publicitarla adecuadamente. El Gran Pájaro de la Galaxia tenía que hacer juegos malabares con el dinero de la productora, de manera que buscaba siempre la forma de ahorrar unos dólares en cada episodio. Para que los costes de la serie se mantuvieran en unos niveles aceptables para la Paramount, Gene se vio obligado a producir algunos capítulos sin actores invitados, con efectos especiales mínimos y, naturalmente, sin escenas rodadas en exteriores. SÍNDROME DE INMUNIDAD es uno de esos episodios baratos que, sin embargo, resultaron ser mejores en todos los aspectos que otros realizados con un presupuesto más holgado, una prueba más del enorme talento de las personas que componían el equipo de rodaje de la serie.

En la fecha estelar 4307, 1, la Enterprise se dirige hacia la Base Estelar 6 tras cumplir una difícil misión que ha dejado a su tripulación literalmente exhausta. Kirk cuenta con dar a la dotación de su nave un merecido permiso, pero la oficial de comunicaciones recibe una transmisión distorsionada de la base estelar con el nombre de una nave, la USS Intrepid, y unas coordenadas estelares. Casi al mismo tiempo Spock, que está explorando el espacio con sus instrumentos, sufre una violenta conmoción y declara, con voz entrecortada, que la nave Intrepid ha sido destruida y que su tripulación, compuesta exclusivamente por vulcanianos, ha muerto. Mientras Spock baja a la enfermería con McCoy, siguiendo órdenes de Kirk, Uhura logra estabilizar la señal de la base, desde la que ordenan a la Enterprise que se dirija a máxima potencia hacia el sistema estelar Gamma 7A, zona por la que patrullaba la Intrepid, con la que se ha perdido todo contacto. Apenas se corta la comunicación con la base, Chekov, que ha ocupado temporalmente el puesto de Spock y está enfocando los sensores hacia Gamma 7A, detecta que ese sistema parece muerto, ya que no se recibe ninguna emisión de energía, ni siquiera mínima, desde el mismo. El espanto cunde entre la dotación del puente de mando, ya que Gamma 7A es una estrella de cuarta magnitud, con planetas habitados orbitándolo.

La Enterprise llega a la zona y se encuentra con un extraño fenómeno cósmico, una especie de agujero en el espacio de una negrura absoluta y una profundidad insondable. Según los instrumentos de Spock, ese agujero está en línea directa con el sistema Gamma 7A. Kirk ordena lanzar un cohete explorador al interior del agujero, a fin de obtener más información sobre la naturaleza del mismo. Cuando el cohete de sensores entra en la sima, transmite un fortísimo e intenso zumbido que afecta a toda la tripulación, provocando momentáneos desmayos, irritabilidad y debilidad física. McCoy, que tiene la enfermería llena, sólo puede tratar a los afectados con estimulantes, pues no sabe qué demonios les ocurre realmente, aunque eso sí, está seguro de que no se trata de nada orgánico. Por su parte, el primer oficial científico reconoce ante Kirk que carece de datos que le permitan establecer la naturaleza de ese fenómeno espacial. Tan sólo puede afirmar que se trata de algo absolutamente desconocido en los anales de la exploración estelar. Por tanto, sólo hay una cosa que se pueda hacer: entrar con la nave en el agujero y tratar de averiguar qué es exactamente.

A ver si acabamos estoy que ya cansa.
A ver si acabamos estoy que ya cansa.

La entrada de la nave en la misteriosa sima cósmica provoca una nueva emisión de ese extraño zumbido, para desesperación de McCoy, que se encuentra con dos tercios de la tripulación debilitados física y anímicamente y no da abasto a repartir estimulantes. Por otra parte, tras su entrada en ese extraordinario pozo cósmico, la nave ha quedado rodeada por la más absoluta oscuridad, ya que las estrellas han desaparecido sin dejar rastro, otro fenómeno para el que Spock no tiene explicación. Y otra amenaza se cierne sobre nuestros héroes. La Enterprise, que desde que se aproximó al agujero había comenzado a perder energía lentamente, cuando penetra en la sima acusa un nuevo descenso de sus niveles de potencia, lo que tiene no poco preocupado al bueno de Scotty. Pero lo más sorprendente son las conclusiones a las que ha llegado Spock. Aunque admite no tener datos suficientes para determinar qué es ese agujero en el que han penetrado, sabe que se trata de una zona de energía desconocida, incompatible con los procesos mecánicos y de vida normales. Ante la gravedad de la situación, McCoy recomienda dar marcha atrás y salir de esa trampa mientras puedan, pero Kirk no puede hacer eso. Esa cosa, lo que quiera que sea, ha destruido un sistema solar y una nave de la Federación, y es preciso investigarla y encontrar un modo de detenerla, pues representa una terrible amenaza para todos los sistemas habitados de la galaxia. La situación va de mal en peor, ya que poco después el oficial médico informa al capitán de algo asombroso y terrible a un tiempo: toda la tripulación se está muriendo lentamente, como si algo les estuviese sustrayendo el hálito de su existencia. Por otra parte, los niveles energéticos de la nave siguen descendiendo y la debilidad física de sus tripulantes se acentúa, lo que obliga al equipo médico a seguir inyectándoles estimulantes.

Aunque apenas llevan unos minutos dentro de esa sima, la pérdida de energía es tan grave que Kirk ordena detener los motores, pero algo, que no tiene nada que ver con la inercia, arrastra a la nave hacia alguna parte. Cuando Scott invierte los motores, intentando contrarrestar esa fuerza de atracción, ocurre lo contrario: la Enterprise es atraída con mayor intensidad. Siguiendo las recomendaciones de Spock, el ingeniero jefe activa la marcha normal hacia adelante. Curiosamente, con esta medida consiguen disminuir la velocidad, pero a pesar de todo, el poderoso navío cósmico sigue siendo atraído hacia el centro de esa siniestra sima, aunque eso sí, más lentamente. En una reunión de oficiales nuestros héroes llegan a varias conclusiones. Primera, a medida que se adentran en esa misteriosa zona oscura, las funciones vitales de los tripulantes se debilitan; segunda, los niveles de potencia de los sistemas energéticos de la nave han quedado reducidos a un 60 por ciento, y la pérdida de energía continúa; y tercera, según Spock, esa sima es un campo de energía negativa, en cuyo seno debe de haber algo increíble que absorbe la energía positiva de la Enterprise, e incluso la fuerza vital —por llamarla así— de las formas de vida orgánicas que la tripulan. En un intento desesperado por salir de la sima, Kirk decide emplear toda la potencia restante de los motores, pero la maniobra resulta un fracaso. Mas de pronto algo altera la ominosa negrura que se observa a través de la pantalla del puente, una visión inimaginable que deja boquiabiertos a todos.

¡Ups! ¿Eso que es lo que es?
¡Ups! ¿Eso que es lo que es?

El análisis de ese objeto revela que se trata de un ser vivo inmenso, de unas once mil millas de longitud por tres mil de anchura, una monstruosa ameba espacial. El descubrimiento de este increíble animal arroja algunas luces sobre todo lo ocurrido hasta entonces. La insondable negrura que lo rodea es, como muy bien había apuntado Spock, un campo de energía negativa, una especie de escudo deflector natural que genera la ameba y la protege de los ataques externos. La criatura es un ser unicelular, compuesto básicamente de protoplasma, que se alimenta de energía positiva. Spock deja bien claro que no están a salvo, sólo disponen de algo más de tiempo que sus desdichados compatriotas de la nave destruida gracias a que, cuando se tropezaron con el ente, este acababa de saciar su apetito de energía con la del sistema Gamma 7A y la de la Intrepid.

La situación es desesperada, ya que a la Enterprise apenas le queda energía para algo más de una hora, y si quieren enfrentarse a esa cosa con posibilidades de éxito deben obtener más datos sobre ella. McCoy no cree que los cohetes de exploración sean eficaces y propone enviar una lanzadera cargada de sensores al interior del ser; más aún, se ofrece voluntario para tripularla, ya que por su formación médica se considera el más capacitado para estudiar tan fascinante organismo. Spock está de acuerdo en todo con el galeno, salvo en un detalle: piensa que ha ser él quien vaya y no McCoy. Kirk, por su parte, cree que como capitán es él quien debe asumir ese riesgo, pero su primer oficial le recuerda que carece de la formación científica imprescindible para tan delicada misión. Los únicos tripulantes que poseen la preparación adecuada son Spock y McCoy, y el capitán se verá en la desagradable tesitura de tener que elegir a uno de ellos, sabiendo que, posiblemente, le estará enviando a una muerte segura. Es Spock el designado por el capitán, lo que deja no poco molesto al médico, que encaja mal el haber perdido la oportunidad de estudiar el organismo más fascinante del universo. El vulcano parte a bordo de la lanzadera mientras en la nave la situación se vuelve más desesperada por momentos. Poco después, Spock descubre que la ameba ha acumulado suficiente energía como para iniciar un proceso de reproducción. En apenas unas horas, habrá dos amebas gigantes y no una sola, y la vida normal en nuestra galaxia se verá doblemente amenazada. Se impone acabar con ese monstruo como sea, y el vulcano cree haber dado con el medio para hacerlo, pero los sistemas de la lanzadera fallan y no puede transmitirle la información a Kirk.

SÍNDROME DE INMUNIDAD presenta las mejores interpretaciones de Nimoy y Kelley como Spock y McCoy. A esas alturas de la serie, las continúas disputas del oficial científico y el médico de la nave se habían convertido ya en un tópico trek. A pesar de su distinta forma de ver las cosas y de sus perennes discusiones, Spock y Bones son grandes amigos y sienten un profundo respeto el uno por el otro. Pero en este episodio se enfrentan en serio por vez primera. McCoy piensa que, como oficial médico y experto exobiólogo, debería ser él quien tripulase la lanzadera, y por eso se siente profundamente herido en su amor propio cuando Kirk decide que sea Spock quien lleve a cabo la misión. En realidad, la decisión de Kirk es la más acertada, y Bones lo sabe. Spock no sólo posee una formación científica de primer orden, sino que además, por ser un vulcano, su constitución física le permite resistir pruebas que un humano difícilmente pasaría, y todo indica que entrar en ese organismo unicelular gigantesco es, más que peligroso, suicida. Mas a pesar de ello, nuestro médico de pueblo se siente irritado por haber perdido la ocasión de estudiar en vivo la dichosa ameba, y su resentimiento, aunque pasajero, provocará la escena más tensa de toda la serie entre ambos personajes. Spock, que como buen vulcano carece de ego, comprende no obstante lo que siente el doctor, pero es consciente de que el capitán ha hecho la elección más adecuada a las circunstancias, y así trata de hacérselo entender a McCoy, mas éste no da su brazo a torcer, y ni siquiera abre la boca cuando Spock le pide que le desee suerte. Un momento después, cuando el vulcano se halla ya en la navecilla dispuesto a partir, y mientras la puerta de acceso al hangar se cierra, Bones musita: Buena suerte, Spock. La secuencia es, como digo, la más tensa protagonizada por estos dos personajes a lo largo de la serie, y refleja muy bien los caracteres opuestos pero complementarios del primer oficial científico y del oficial jefe médico. McCoy se siente culpable por no haberle deseado suerte a Spock cuando éste aún podía oírle, pero el vulcano, que conoce a Bones mucho mejor de lo que éste se imagina, sabe que el galeno sólo está enfadado, pero desea con todo su ser que todo salga bien y que regrese sano y salvo, para poder seguir echándole en cara su insensibilidad y la frialdad extrema de su sangre verde.

El relatado es uno de los mejores pasajes del episodio. Los mismos personajes tienen una escena casi genial al principio del relato, cuando McCoy chequea a Spock en la enfermería, después de que éste sufriera un momentáneo shock al percibir mentalmente la muerte de los tripulantes de la Intrepid. McCoy no entiende cómo pudo haber percibido tal cosa Spock, y mucho menos a la gran distancia a la que se encontraba la Intrepid al ser destruida. Como siempre, el vulcano consigue dejar perplejo y sin respuestas al galeno. Según Spock, la sensibilidad de los miembros de su raza es tan acusada, que pueden sentir la muerte de uno de los suyos a gran distancia, y estando la Intrepid tripulada íntegramente por vulcanianos, el grito lanzado por sus mentes en el momento de morir golpeó su cerebro con intensa fuerza. Bones sigue sin comprenderlo, pero eso a Spock no le sorprende. En el fondo, el espectador, como McCoy, tampoco acierta a comprender esa peculiaridad de los vulcanianos. A los humanos nos duele más la muerte de una sola persona conocida que la de miles de seres anónimos por los que, como mucho, podemos llegar a experimentar algo así como un ambiguo dolor difuso. Esta es una de las características humanas más acusadas, y Spock lo sabe muy bien. Por eso, cuando un descolocado McCoy le espeta: Usted sufre por la muerte de sus semejantes. ¿Cree que a nosotros no nos ocurre lo mismo? el vulcano responde: Si de verdad lo sintieran, su historia habría sido menos sangrienta.

Directos a lo desconocido.
Directos a lo desconocido.

Lo más destacable del episodio es la gigantesca ameba, sin duda la criatura más sorprendente aparecida en toda TOS. Se trata de una especie de vampiro energético —por llamarlo de algún modo— que no sólo absorbe la energía positiva de las estrellas y de los generadores creados por el hombre, sino incluso también la energía natural de los seres vivos. Esta característica la convierte en la mayor amenaza con la que se encontrará la Enterprise en su misión de cinco años, y la única cosa más peligrosa con la que se enfrentarán los héroes del Star Trek clásico será V´ger, la inmensa nave viviente de STAR TREK: LA PELÍCULA.

La conclusión del episodio está magníficamente conseguida. Spock ha descubierto la forma de destruir a ese ser, pero no ha podido comunicárselo al capitán, y es McCoy quien, sin darse cuenta de ello, da con la solución al comentar que esa cosa es como un virus que ha invadido el cuerpo de nuestra galaxia y la Enterprise y su tripulación actúan como los anti-cuerpos que tratan de fagocitarla. Esta reflexión del galeno hace comprender a Kirk lo que Spock quería decirles. La ameba está cargada de energía negativa, funciona al revés y, por lo tanto, una descarga de anti-materia debería ser capaz de destruirla. Dicho y hecho, disponen un cohete de exploración con una potente carga de anti-materia y, acercándose lo máximo posible al núcleo de esa descomunal célula, lo disparan hacia el cromosoma logrando aniquilar al monstruo.

La ameba, como muchos otros efectos especiales de la serie clásica, fue realizada por la empresa Vanderveer Photo Effects, y resultó ser uno de los efectos fotográficos más baratos y a la vez más convincentes jamás vistos en una serie televisiva. Las transparencias que muestran a la Enterprise aproximándose a ella y luego navegando por su interior son perfectas para la técnica de la época, y todavía hoy, cuarenta y dos años después, asombran por su realismo. El monstruo unicelular estaba tan logrado que, algún tiempo después de que se cancelara la serie, cierto profesor de biología de la universidad de Boston empleó los fotogramas del capítulo en los que aparece sólo la ameba en uno de sus exámenes del curso de microbiología, y la mayoría de los alumnos quedaron convencidos de que aquello era un auténtico microorganismo aumentado por el microscopio, y no el efecto especial de una serie de ciencia-ficción. Por supuesto que unos pocos alumnos, trekkies de la primera hornada, descubrieron el pastel y se mostraron muy orgullosos por ello, comunicándoselo por carta a Gene Roddenberry, que utilizaría ampliamente esta anécdota para publicitar su serie, que por aquel entonces estaba siendo emitida por cientos de pequeñas emisoras televisivas locales por todo el país con gran éxito.

Scotty siempre alerta.
Scotty siempre alerta.

Otro aspecto a destacar es el maquillaje de los actores. Por vez primera vemos a la tripulación de la Enterprise literalmente agotada, y esto tenía que reflejarse no sólo en sus gestos y actitudes, sino también en sus rostros. Todos ellos aparecen pálidos y ligeramente ojerosos, y no hay que perderse la expresión de fastidio de la bella Uhura cuando la Base Estelar 6 les ordena dirigirse hacia Gamma 7A. La oficial de comunicaciones luce en este episodio un nuevo look que le sienta francamente bien, y en cuanto a Spock, el tono verdoso de su piel cuadra perfectamente con el aspecto que se supone debe tener un vulcaniano, considerando la composición química de su sangre.

En este capítulo echamos de menos a Sulu, que seguramente debía encontrarse de permiso. Su puesto como piloto lo ocupa Kyle, al que en otros episodios veríamos como oficial de transportación. Esto demuestra una vez más que, si bien los miembros de la Flota Estelar están especializados en distintas ramas de la ciencia y de la técnica, poseen una formación general muy amplia que les permite desempeñar diferentes funciones a bordo.

ESPACIO 1999 tuvo también un episodio titulado SÍNDROME DE INMUNIDAD, en el que aparecía una forma de vida casi tan curiosa como esta ameba. Por otra parte, en su novela PROCEDENTE DEL UNIVERSO, el novelista español Lou Carrigan nos presentaba una criatura espacial que parece inspirada en este monstruo unicelular, aunque el escritor barcelonés le dio a su relato un enfoque totalmente distinto. Próximamente reseñaré en este Sitio tanto el episodio televisivo como el bolsilibro citados.

Con SÍNDROME DE INMUNIDAD, episodio número 19 de la segunda temporada y 48 del conjunto de la serie, TOS alcanzó una de las cimas más notables de la ciencia-ficción catódica. Disfrutad de una de las mejores historias que nos ofreció Roddenberry y hasta nuestro próximo encuentro con Star Trek, la serie original; sin duda, la producción más mítica del género para la pequeña pantalla.

© Antonio Quintana Carrandi, (3.087 palabras) Créditos