LAS SENDAS PÚRPURAS
LAS SENDAS PÚRPURAS Ángel Torres Quesada
Título original: ---
Año de publicación: 2010
Editorial: Grupo AJEC
Colección: Albemuth Internacional nº 29
Traducción: ---
Edición: 2010
Páginas: 293
ISBN:
Precio: 16,50 EUR

A estas alturas no resulta sencillo encontrar una idea que impresione por lo innovador y original. La mayoría de lo que se puede ver o leer no deja de ser un refrito más o menos afortunado de ideas anteriores, desde los argumentos arquetípicos, como el del Emperador de todas las cosas hasta argumentos en apariencia tecnológicos pero que no dejan de ser la enésima vuelta de tuerca al viejo complejo de Frankenstein o la búsqueda de la piedra filosofal. Todo cabe y todo es aceptable, siempre y cuando la gracia resida más que en el argumento en la forma en la que este se desarrolla. La originalidad está bien, pero no es una condición indispensable para construir una buena obra.

En el caso de LAS SENDAS PÚRPURAS, Ángel Torres no se complica la vida intentando reinventar la rueda por enésima vez, toma piezas bien probadas y las une para conseguir una obra entretenida, en la línea de las novelas conspirativas de toda la vida. No obstante, hace una aportación interesante al amalgamar alguna de esas piezas. Tres elementos clásicos de la ciencia-ficción son las redes instantáneas de transporte entre planetas, construidas generalmente por ignotas civilizaciones y que permiten soslayar los problemas de los viajes relativistas, las redes de datos de potencia y recursos ilimitados, que dan la opción de saberlo todo y poderlo todo en cualquier momento, y por último los imperios galácticos o al menos gobiernos pan-planetarios con su correspondiente periferia salvaje y abonada a la aventura exótica.

Por unos motivos u otros estos tres elementos nunca se han usado en conjunto sin complejos. Por un lado la red de transporte y comunicación instantánea permite la existencia de un poder central consistente y la posibilidad de una red de datos omnipresente. Los autores, para incrementar el dramatismo de sus obras prefieren hurtar posibilidades; si el transporte físico es instantáneo las comunicaciones no son posibles, vicevérsicamente, es posible comunicarse en tiempo real pero el transporte es lento y pesado, y el poder central de turno o no está tan centralizado o no se entera de nada pese a los infinitos recursos a su disposición. En LAS SENDAS PÚRPURAS nada de eso ocurre, se transporta en un periquete, se comunica en un tris, y el poder central mangonea a modo por todo el universo conocido. Puede haber ejemplos anteriores de esta conjunción, pero o no los recuerdo o, lo más probable, no los conozco.

El caso es que el poder central, personificado en La Cúpula­> y representado por los Purpurados mantiene un benevolente pero férreo control sobre los mundos del Ámbito, comunicados entre si por Las Sendas Púrpuras de la Malla e interconectados a través de la Fuente de la Sabiduría, más comúnmente, la Fuente. No obstante, el Ámbito no abarca a todos los mundos conocidos y poblados, existe el Borde, donde reina la anarquía y el caos.

Cuando un mundo del Ámbito irrita los suficiente a La Cúpula es expulsado de la Malla y relegado al Borde, y sin las ventajas y apoyo de la Malla y la Fuente sufre lo indecible a causa de su aislamiento. La Malla y la Fuente son además de construcción humana y de funcionamiento bien conocido, al menos por los Purpurados, por lo que al respecto no hay misterios que resolver ni sorpresas que esperar.

Naturalmente a no todo el mundo esta situación aparentemente idílica le parece igual de bien, los mundos del Borde resentidos contra La Cúpula e inconformistas de todo tipo contrarios a esa tiranía disfrazada, hacen todo lo que pueden para minar el control de los Purpurados. Y esta novela trata de una de esas conspiraciones.

Como es habitual en él, Ángel Torres maneja a la perfección el tempo de la narración, plantea los misterios y los desvela a su debido tiempo, sin precipitación y con gran sentido de la oportunidad, no engaña al lector con pistas falsas y a poco avisado que sea este no es complicado adivinar por donde irá la narración sin que esto signifique que ésta pierda emoción. Los personajes son de una pieza, y fieles a si mismos y los pasajes de acción son, cono es norma de la casa, trepidantes.

El mayor lastre de la novela es, literalmente, su peso. LAS SENDAS PÚRPURAS peca de excesivamente extensa. Esto que en otros autores no supone un problema por cuanto son capaces de recrearse en minucias sin interés para inflar cualquier obra de páginas y páginas, en el caso de Ángel Torres supone un problema por cuanto su estilo y experiencia como escritor se adapta más a la narración directa y dinámica. No es que no se pare en los detalles, es que los muestra y plantea sin recrearse en ellos, presentándolos como elementos de la narración sin más protagonismo y pasando rápidamente a los temas importantes de verdad. Por eso, cuando, como es el caso, extiende la longitud de la novela más allá de lo que acostumbra tiende a alargar diálogos que no tienen porque alargarse, a dilatar pasajes ya resueltos y a extenderse en explicaciones sobre lo ya explicado. Esto sobre todo se nota en las escenas de acción, que se resuelven con la agilidad y dinamismo marca de la casa. Ahí Ángel Torres se encuentra cómodo y disfrutando con la escritura, mientras que en muchos de los parlamentos que los personajes se dedican los unos a los otros no se encuentra esa misma soltura. Si LAS SENDAS PÚRPURAS se hubiera quedado a dos tercios o tres cuartos de su extensión actual hubiera ganado y mucho.

Con todo, una novela de aventuras de corte clásico que resultará entretenida, en general, y hará las delicias de los admiradores de Ángel Torres Quesada en particular.

© Francisco José Súñer Iglesias, (952 palabras) Créditos