DSK3
DSK3 Joseba Paulorena
Título original: DSK3
Año de publicación: 2010
Editorial: Juan José Aroz, Editor
Colección: Espiral, Ciencia-ficción nº 46
Traducción: ---
Edición: 2010
ISBN:
Precio: 13,50 EUR

Quien tenga necesidad de hacer un repaso más o menos exhaustivo de los temas que más preocupan a los autores de la ciencia-ficción más reciente no tiene más que leer esta novela y se encontrará prácticamente todos los tópicos del género de estos últimos treinta años, sin descontar, por supuesto, los más asentados desde sus inicios.

No falta nada. Por lo pronto, el protagonista, Descartes, es un robot inteligente. Por una serie de circunstancias, que ni el propio Descartes es capaz de determinar pese a toda su potencia de cálculo, su procesador, de carácter experimental, sale defectuoso de la línea de montaje. Un escaso uno por ciento se ha alterado de tal manera que proporciona a Descartes inteligencia y conciencia de si mismo.

Pero un procesador no sirve de mucho si no está conectado a una buena cantidad de periféricos que le permitan comunicarse con el mundo exterior y desplazarse por él. El padre del Descartes robótico es Charley, un chaval con una inteligencia que no le cabe en la cabeza y curioso hasta la impertinencia. Naturalmente es un inadaptado social al que su familia no comprende y con gravísimos problemas de socialización, con una infancia más que difícil, pese al muy acomodado nivel económico de la familia. Solo el abuelo es consciente del potencial de Charley y le regala infinidad de cosas que estimulan el intelecto de su nieto, entre ellas el procesador, que será el alma (literalmente) de Descartes. Como además Charley es un genio del reciclaje y está en más que buenas relaciones con Vanjell, un huraño chatarrero, no hace más que inventar artefactos de lo más apañadito, entre ellos un cuerpo para Descartes.

Como buen genio Charley deja atrás los problemas de la niñez y adolescencia, y gracias a sus trabajos infantiles, llega a optar al Nobel con solo 20 años. Rodeado de un equipo de mentes formidables, aunque no tanto como la suya, y siempre asistido por un Descartes cada vez más perspicaz, inquisitivo, y hasta humano, Charley se convierte en un exitoso empresario que no hace más que ofercer cosas buenas a la humanidad.

A partir de ahí el catálogo de temas no para: medio ambiente al borde del colapso, maquinaciones de corporaciones malosas y políticos malvados, exploración y colonización espacial, extraterrestres pétreos, extraterrestres angelicales, extraterrestres desquiciados, hasta la mismísima Fortaleza de la Soledad, no falta ni Mazinger Z. Desde luego, Joseba Paulorena no le ha hecho ascos ninguna forma de ciencia-ficción y ha plasmado de la A a la Z prácticamente todos los temas posibles. Eso, naturalmente, tiene un precio.

Los primeros capítulos de la novela tratan de la génesis y el despertar a la conciencia de Descartes. Desde su primera carcasa, una simple caja de hojalata, hasta su primer cuerpo funcional, se recorren los diversos estadios de aprendizaje y compresión de todo lo que le rodea. Estas historias, a poco que estén bien trabajadas, como es el caso, siempre resultan entrañables, ni siquiera Charley se revela como un repelente sabihondo, y ambos, robot y humano, forman una pareja encantadora.

Sin embargo, una vez pasado este estadio inicial, los acontecimientos se acumulan y amontonan. La novela abarca 60 años, y las 375 páginas no dan tanto de si como para que mantener el tono amable y el ritmo pausado del arranque. Pasajes precipitados, estilo descuidado, explicaciones apresuradas, repetida sucesión de deux ex machina que acaban por no hacerlos creíbles, terminan por lastrar la novela en exceso dejándola simplemente en entretenida, lo que ya es mucho, pero resulta decepcionante teniendo en cuenta su estupendo arranque.

Lo que si está claro es que, en España, el género ha ganado un nuevo valor. En cuanto Joseba Paulorena deje de lado las urgencias por embutir en la misma obra todas las ideas que le vienen a la cabeza, y se centre en desarrollar un tema consistente, promete regalarnos con obras más que interesantes.

© Francisco José Súñer Iglesias, (648 palabras) Créditos