Un traje espacial, gravedad cero y una figura, que pronto descubrimos mujer, que inicia el mas famoso, y único, streptease de la filmografía de la ciencia-ficción (si exceptuamos el pseudo streptease de Sigourney Weaver en ALIEN).
Así comienza BARBARELLA la película mas, ¿como definirla? IN de la ciencia-ficción de los 60.
La misión de BARBARELLA, encomendada por el presidente de la República Terrestre, es encontrar al desaparecido doctor Duran Duran, que ha inventado un ¡rayo positrónico! Las guerras han desaparecido del Universo, pero este rayo puede iniciarlas de nuevo. A BARBARELLA se le proporcionan armas antiguas a fin de que pueda cumplir su misión. En Tau Ceti efectúa un aterrizaje de emergencia donde es capturada por unos niños, que intentan asesinarla con unos muñecos, cuyos dientes son antecedentes en pequeñito de las mandíbulas de TIBURON, el gigantesco enemigo de Bond. Una vez rescatada por Marc Hard descubre que Duran Duran puede estar en la ciudad negra, una especie de Sodoma y Gomorra del espacio. Ayudada por un Ángel y por los rebeldes a la Reina Negra, dictadora de ese mundo, intentará encontrar a Duran y destruir el rayo.
Como se puede observar el guión no es ninguna maravilla. en realidad la película no es ninguna obra de arte esencial, pero tiene un encanto especial que la hace divertida y atrayente.
Dejando a un lado el streptease de los títulos de crédito la película transcurre en tono de comedia y suave erotismo, que se nos antoja ahora totalmente superado, pero que en los sesenta causó furor. Es una comedia porque lo que se nos cuenta, o se toma a broma, o se puede caer en el mas profundo de los disgustos.
Los momentos de comedia son interminables. Baste decir que la nave, un diseño muy curioso, está enmoquetada hasta las paredes, o que los terrestres hacen el amor tomándose una píldora y tocándose las manos (eso si el pelo de la cabeza a Barbarella se le riza en unos monísimos bucles y al revolucionario se le eriza). Y incluimos en este apartado los rebeldes, auténticos personajes de opereta que parecen directamente extraídos de las páginas de Tintin o de BANANAS de Woody Allen.
Respecto a su parte erótica, Barbarella viste ocho modelitos de Rabanne a cual mas sensual. Parece ser que la preocupación de Roger Vadim, marido de Jane Fonda por aquella época, consiste en desnudar a su mujer de manera que no se vea nada, pero se intuya. Aparte del numerito del principio, Jane luce una serie de trajes en los cuales predominan las trasparencias y la escasez de tela. Sin ir mas lejos sale al planeta 16 de Tau Ceti, con parte meteorológico previo a cargo de un Mariano Medina computerizado, únicamente poniéndose encima del escueto bikini, una capita, eso si monísima.
Barbarella descubre el amor físico a manos de Ugo Tognazzi, una especie de Alfredo Landa a la italiana, y por supuesto ya no quiere realizarlo a la manera terrestre.
Tenemos también algo de ciencia-ficción de andar por casa. Por ejemplo: la nave surca el Espacio Temporal (hiperespacio para los entendidos), el antes citado Rayo Positrónico, que envía al que lo recibe a la cuarta dimensión ¿? Hay Robots, la guardia negra, que se parecen a los Cylones de GALACTICA y una entidad que vive debajo de la ciudad que se explica como un ser de energía, que roba fuerza vital y proporciona maldad a todo el que la percibe, a excepción de nuestra heroína, claro está (recordar SOLARIS de Lem). Y algo curioso: una máquina inventada por Duran, en la que intenta matar a Barbarella, que produce múltiples orgasmos y acabas así felizmente tus días. Por supuesto nuestra heroína es tan fuerte que quema la máquina. Duran sólo tiene una respuesta: ¿qué clase de mujer eres? ¿es que no tienes vergüenza
?
Efectos especiales de andar por casa y decorados y fotografía psicodélica, muy en la honda del Pop Art vigente en la época, completan un film que sin ser nada del otro mundo se deja ver con una sonrisa de oreja a oreja. Eso si hay que admitir que Jane luce todo su esplendor de veinti-pocos años.
Anécdotas
BARBARELLA está basada en una serie de Comics de Jean Claude Forest y concretamente la película adapta parte de Drole de Jeux, publicado en V MAGAZINE en 1963. El propio Forest colaboró en el guión de la película.
Bibliografía
LA HISTORIA DE LOS COMICS VOL 2. Toutain Editor.
En esta ocasión, la víctima a desollar es BARBARELLA, encantador engendro pop perpetrado en 1968 por el director franchute Roger Vadim, un tipo del que no había oído hablar en mi vida y cuyos desconocidos méritos cinematográficos —para el que escribe, claro están—, a todas luces, ensombrecidos por el hecho de que fue el afortunado que se tiró a la Jane Fonda en sus más dulces años de juventud. Eso sí que es digno de alabanza.
Por lo visto, la película se basa en el cómic homónimo de otro nacido en el país allende los Pirineos, un tal Jean-Claude Forest, que retomó toda la parafernalia del género fantaespacial que tiene a Flash Gordon como principal baluarte y la mezcló con la afortunada transposición del musculino protagonista habitual —nótese el lamentable juego de palabras— en un hembrón ninfómano tan abundante de suaves curvas como ligero de ropa. Lo más interesante del tebeo es, por tanto, los múltiples y variados encuentros sexuales que se marca la maciza mientras salva las galaxias de inabarcables peligros. Maravilloso ejemplo de la liberación de la mujer, que le adjudica el papel de héroe otrora reservado al macho, al tiempo que le concede las riendas de su sexualidad y de su disfrute sin complejos y que, sin lugar a dudas, consiguió que se le erizasen los bigotes a más de una feminista de la época.
En cuanto a su conversión al celuloide, poco más añade ésta que no estuviese en el papel. El argumento absolutamente absurdo y prescindible —tanto que, después de haber visto ayer la película, soy incapaz de describirlo—, que parodia —supongo— la bisoñez propia de la ciencia-ficción de serie B de los 50 y 60, es un mero vehículo para desvaríos pisocotrónicos de todas formas y colores —colorines, más bien— y para un muy bien conseguido erotismo, soft, de acuerdo, pero indudablemente levantapollas.
BARBARELLA es un verdadero portento de imaginación puesta al servicio de la estética pop-kistch-psicodélica —añádanse aquí los adjetivos gafapastiles referidos a los sesenta que se quieran—, que se disparata ya desde el comienzo con el inefable diseño de la nave espacial, sigue sin concesiones al descanso durante todo el metraje y culmina casi al final con el ¡¡¡Orgasmatrón!!! El sumum del delirio, como concepto, artefacto y escena.
Pero vayamos a lo importante, a la chicha, a la chicha de Jane Fonda. Porque lo que verdaderamente merece la pena es ella. Porque antes de natural abuela de buen ver, antes de tanto activismo pro derechos civiles e incluso antes de los célebres videos de aerobic, era el más apetitoso bomboncito de inocentes ojos azules. Juanita, un puesto de honor en mi imaginería personal de cachondas, que se luce a su antojo con su papel de cándida ninfómana, a lo largo de una agradecidísima serie de estúpidas excusas argumentales y de un indescriptible desfile de insinuantes modelitos chic —a cargo de nuestro modisto esquirol, Paco Rabanne —, ambos concebidos, por encima de cualquier otra consideración, como medio para que enseñe carne y que merecen estar, sin duda, en cualquier antología del erotismo artístico, en general.
Se cacarea mucho sobre el más que próximo, al parecer, remake de BARBARELLA. Y, como no podía ser de otro modo, la expectación se centra principalmente en la belleza que encarnará —nunca mejor dicho— a la lúbrica heroína. De la larga lista de posibles e improbables — Kirsten Dunst, Erica Durante, Drew Barrymore, Lindsay Lohan, Kate Beckinsale, Scarlett Johansson y un largo etcétera—, yo me quedaría sin dudarlo con esta última, ya que añadiría el morbazo y la perversidad que J. F. no tuvo. Ni falta que le hizo.
Ay, mujeres. Más que a un niño un caramelo. De cabeza, siempre. Cómo me gustaría ser gay.
EE. UU., 1968