BARBARELLA
BARBARELLA EE. UU., 1968
Título original: Barbarella
Dirección: Roger Vadim
Guión: Roger Vadim, Claude Brulé, Jean-Claude Forest
Producción: Dino De Laurentiis
Música: Michel Magne
Fotografía: Claude Renoir
Duración: 98 min.
IMDb:
Reparto: Jane Fonda (Barbarella); John Phillip Law (Pygar); Anita Pallenberg (Tyrant); Milo OShea (Concierge); Marcel Marceau (Professor Ping); Claude Dauphin (Presidente); Véronique Vendell (Capitan Moon)
Comentarios de: Boris García

En esta ocasión, la víctima a desollar es BARBARELLA, encantador engendro pop perpetrado en 1968 por el director franchute Roger Vadim, un tipo del que no había oído hablar en mi vida y cuyos desconocidos méritos cinematográficos —para el que escribe, claro están—, a todas luces, ensombrecidos por el hecho de que fue el afortunado que se tiró a la Jane Fonda en sus más dulces años de juventud. Eso sí que es digno de alabanza.

Por lo visto, la película se basa en el cómic homónimo de otro nacido en el país allende los Pirineos, un tal Jean-Claude Forest, que retomó toda la parafernalia del género fantaespacial que tiene a Flash Gordon como principal baluarte y la mezcló con la afortunada transposición del musculino protagonista habitual —nótese el lamentable juego de palabras— en un hembrón ninfómano tan abundante de suaves curvas como ligero de ropa. Lo más interesante del tebeo es, por tanto, los múltiples y variados encuentros sexuales que se marca la maciza mientras salva las galaxias de inabarcables peligros. Maravilloso ejemplo de la liberación de la mujer, que le adjudica el papel de héroe otrora reservado al macho, al tiempo que le concede las riendas de su sexualidad y de su disfrute sin complejos y que, sin lugar a dudas, consiguió que se le erizasen los bigotes a más de una feminista de la época.

En cuanto a su conversión al celuloide, poco más añade ésta que no estuviese en el papel. El argumento absolutamente absurdo y prescindible —tanto que, después de haber visto ayer la película, soy incapaz de describirlo—, que parodia —supongo— la bisoñez propia de la ciencia-ficción de serie B de los 50 y 60, es un mero vehículo para desvaríos pisocotrónicos de todas formas y colores —colorines, más bien— y para un muy bien conseguido erotismo, soft, de acuerdo, pero indudablemente levantapollas.

BARBARELLA es un verdadero portento de imaginación puesta al servicio de la estética pop-kistch-psicodélica —añádanse aquí los adjetivos gafapastiles referidos a los sesenta que se quieran—, que se disparata ya desde el comienzo con el inefable diseño de la nave espacial, sigue sin concesiones al descanso durante todo el metraje y culmina casi al final con el ¡¡¡Orgasmatrón!!! El sumum del delirio, como concepto, artefacto y escena.

Pero vayamos a lo importante, a la chicha, a la chicha de Jane Fonda. Porque lo que verdaderamente merece la pena es ella. Porque antes de natural abuela de buen ver, antes de tanto activismo pro derechos civiles e incluso antes de los célebres videos de aerobic, era el más apetitoso bomboncito de inocentes ojos azules. Juanita, un puesto de honor en mi imaginería personal de cachondas, que se luce a su antojo con su papel de cándida ninfómana, a lo largo de una agradecidísima serie de estúpidas excusas argumentales y de un indescriptible desfile de insinuantes modelitos chic —a cargo de nuestro modisto esquirol, Paco Rabanne —, ambos concebidos, por encima de cualquier otra consideración, como medio para que enseñe carne y que merecen estar, sin duda, en cualquier antología del erotismo artístico, en general.

Se cacarea mucho sobre el más que próximo, al parecer, remake de BARBARELLA. Y, como no podía ser de otro modo, la expectación se centra principalmente en la belleza que encarnará —nunca mejor dicho— a la lúbrica heroína. De la larga lista de posibles e improbables — Kirsten Dunst, Erica Durante, Drew Barrymore, Lindsay Lohan, Kate Beckinsale, Scarlett Johansson y un largo etcétera—, yo me quedaría sin dudarlo con esta última, ya que añadiría el morbazo y la perversidad que J. F. no tuvo. Ni falta que le hizo.

Ay, mujeres. Más que a un niño un caramelo. De cabeza, siempre. Cómo me gustaría ser gay.

© Boris García, (621 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El hombre de arena el 08 de mayo de 2007