VIDA DE BALLARD
por Carlos F. Castrosín

J. G. Ballard publicó MILAGROS DE VIDA: UNA AUTOBIOGRAFÍA en 2008. En este libro, en su última página, sorprendía a todos al anunciar lo que tristemente iba a ocurrir un año después, comunicando que padecía cáncer de próstata. Apenas unos meses más tarde, el célebre escritor británico de libros tan importantes como EL MUNDO SUMERGIDO, LA EXHIBICIÓN DE LAS ATROCIDADES, CRASH o VERMILION SANDS fallecía el 19 de abril de 2009.

MILAGROS DE VIDA forma junto a LA BONDAD DE LAS MUJERES (1991) y EL IMPERIO DEL SOL (1984) una suerte de trilogía vital donde repasa los hechos más relevantes de su existencia.

Tras la lectura conjunta de estas tres obras, a uno le surgen varias preguntas. ¿Qué se puede saber verdaderamente de la vida de un escritor? ¿Qué hay detrás de sus libros? ¿Es posible conocer, a través de los mismos, los detalles o, incluso, la esencia de por qué ese escritor es o ha sido lo que fue?

Veamos si es así.

James Graham Ballard nace en Shangai (China) el 18 de noviembre de 1930. Un año antes, su padre había sido enviado a esta lejana ciudad asiática para gestionar el funcionamiento de la Compañía de Estampación y Acabado de China, la sucursal recién fundada por la Asociación de Estampadores de Calicó, la organización textil equivalente en esa época al Instituto de Compañías de Inversión del mundo del algodón.

Shangai tiene por aquel entonces cinco millones de habitantes chinos. Es una de las ciudades más grandes del orbe, con sus periódicos en todos los idiomas y una infinidad de emisoras de radio. Es una población adelantada a su época, considerada el París de Oriente y la ciudad más pecaminosa del mundo con sus miles de bares y burdeles. El capitalismo sin límites recorre las calles llenas de mendigos que a diario mueren de inanición en sus aceras. Las fiestas coexisten con el cólera y la viruela mientras el niño James Ballard va en el Buick familiar hasta la piscina del club de campo. Coca-colas, helados, entre la música de fondo de los interminables clubes nocturnos y las exhibiciones de acrobacias aéreas. Una vida elitista en la Colonia Internacional.

A Ballard, Shangai siempre le pareció —y le parecerá— un lugar mágico. En ella, siempre había algo raro e incongruente que ver: grandes fuegos artificiales celebrando la apertura de un nuevo club nocturno mientras la policía de Shangai embestía contra una multitud vociferante de obreros amotinados o controlando a la legión de prostitutas situadas en el exterior del Hotel Park.

Al mismo tiempo, la vida en Shangai tiene un lado estrictamente formal: los padres de BallardJames y Edna — organizan cenas de afectada solemnidad en las que todos los invitados probablemente están borrachos.

En 1937, nace su hermana Margaret. En ese mismo año, Japón emprende la invasión de todas las ciudades costeras, incluida Shangai. Aunque no penetra en la Colonia Internacional., Empujados por el pánico muchos campesinos chinos intentan entrar en la Colonia. Pero los japoneses y la policía británica los rechazan.

Mientras ocurren estos sucesos, la familia Ballard vive en su acomodada casa de estilo occidental de Amherst Avenue con diez criados. El niño Ballard, inmune a todo, lee versiones infantiles de LOS VIAJES DE GULLIVER y ROBINSON CRUSOE, comics: Buck Rogers, Flash Gordon, best sellers: EL CIELO Y TÚ, LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, revistas: Life, Time. La vida para todos aparentemente sigue igual.

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En 1984, J. G. Ballard publica EL IMPERIO DEL SOL, su novela más conocida, de la que Spielberg hizo una película en 1987. En ella, fija su atención en el periodo 1941-1945, a partir del ataque japonés a Pearl Harbor, tras el cual su plácida vida en su casa de Amherst Avenue se va al traste. En un santiamén, es trasladado al campo de concentración de Lunghua, junto a muchos civiles británicos, belgas y holandeses, separándolo de sus padres y hermana hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Narra la privación de libertad, de comida en el campo de Lunghua, las infecciones de malaria, cómo sobrevive en ese ambiente un chico de quince años separado de su entorno occidental y burgués.

La principal diferencia con lo que realmente ocurrió y que más tarde contará en LA BONDAD DE LAS MUJERES y MILAGROS DE VIDA es que Ballard jamás se separó de su familia mientras estuvo en Lunghua. Allí, en el Bloque G, un edificio de dos plantas, no sufrió del modo en que lo hace el chico protagonista de EL IMPERIO DEL SOL, sino que disfrutó todo lo que pudo, dentro de lo que permitían las circunstancias, hizo un gran número de amigos de todas las edades —así Ballard lo recordará siempre—. Se siente alegre y optimista, a pesar de que las raciones de comida disminuyeron casi hasta desaparecer, de las infecciones cutáneas y de la malnutrición. Todo el mundo está ocupado con algo. Se hacen conferencias de los más diversos temas. Se organiza la educación de los niños —muchos profesores de los colegios a los que iba la Colonia Internacional estaban recluidos allí—. Se ponen nombres rimbombantes a los senderos como rasgo de civilización: Oxford Street, Piccadilly... Ballard juega mucho al ajedrez. También se aburre.

Hacia 1944 no hace más que contemplar los ataques aéreos estadounidenses, mirando el cielo, considerando héroes a los pilotos. Cuando finalmente los liberan, muchos se quedan dentro del campo de concentración, dentro de la seguridad que les da ese algo conocido —como se ve, varias de las constantes de su narrativa: los aviones, el mundo interior, los grupos con extrañas reglas de convivencia—.

¿Por qué Ballard convierte en la novela a su protagonista en huérfano durante esos cuatro años? En MILAGROS DE VIDA intentará dar una explicación, contando y reprochando el poco apego que sus padres le tuvieron. Les recriminará la educación sentimental recibida, tan de aquella época, distante, coartada por los protocolos aún victorianos, y la contrastará con la que él intentó darles a sus tres hijos, principalmente en los años sesenta y setenta, algo de lo que siempre tuvo a gala, sobre todo por sobreponerse a las azarosas circunstancias que concurrieron.

EL IMPERIO DEL SOL es una muestra perfecta de la literatura de Ballard. El autor británico se siente fuerte y despliega toda sus armas narrativas —a través de unas descripciones magníficas, de unas imágenes impactantes y a la vez evocadoras— y también su peor lado —al sentirse fuerte para poder hacer descripciones magníficas, Ballard abusa de éstas, lo que llega a cansar a medida que la novela se desarrolla a una misma velocidad, se hace monótona y reiterativa, provocando que la historia no crezca y se conforme con ser una sucesión de hechos y de imágenes —qué diferencia, por ejemplo, con LA CARRETERA de Cormac McCarthy, que contando algo parecido se eleva formidablemente sobre lo que narra—.

Este terrible periodo de cinco años de penurias en el campo de Lunghua lo volverá a narrar Ballard en LA BONDAD DE LAS MUJERES y MILAGROS DE VIDA. Pero hay que agradecerle que, en contra de lo que suele ser habitual, lo extracte y lo reescriba para hacerlo mucho más ameno y, sobre todo, más próximo a lo que realmente ocurrió.

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En 1991, publica LA BONDAD DE LAS MUJERES, la continuación de EL IMPERIO DEL SOL.

Es una novela un tanto deslavazada. Si se le puede llamar novela. A diferencia con EL IMPERIO DEL SOL está escrita como a fogonazos. Pero tal vez sea más interesante al abarcar un periodo mucho más amplio. En las ochenta páginas de la primera parte, Ballard describe —como ya se ha comentado— sus primeros quince años de vida en Shangai. No cansa con lo ocurrido en Lunghua. En la segunda parte, mucho más fraccionada, contada a saltos, se regodea en mostrar detalles violentos de su paso por la facultad de Medicina diseccionando cadáveres, de sus promiscuas relaciones sexuales a lo largo de diferentes épocas, de sus borracheras en la Base de Instrucción en Canadá, de las transgresoras exposiciones de arte que vio o participó, de los efectos del LSD, etcétera. También narra la repentina muerte de su mujer en unas vacaciones en la Costa Brava, que le dejó viudo y con tres niños muy pequeños a su cuidado. En la tercera parte, se detiene sobre todo en su relación con el mundo del cine y con la psicología.

Como ya ocurriera en su anterior libro, es muy detallista, roza lo escatológico en muchos temas. Hay poderosísimas imágenes y escenas. Pero todo muy fraccionado. Como si quisiera mostrar el desbarajuste mental en que se encontraba. Pero en general peca de poca profundidad a la hora de, por ejemplo, mostrar cómo se formó literariamente. Y también de escasa empatía con el personaje —él mismo—. Parece eso precisamente: un personaje más de una de sus novelas. No emociona.

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En 2008, publica MILAGROS DE VIDA: UNA AUTOBIOGRAFÍA. El resumen que hace Ballard en este libro de sus logros y fracasos resulta bastante completo y sincero, dentro de lo que es posible cuando alguien escribe sobre sí mismo. Recorre, desde su nacimiento en Shangai en 1930, la mayoría de cosas que vivió hasta el año anterior a su muerte. Da a conocer, tras los hechos ya contados en las otras dos novelas, su partida de Shangai con su madre y hermana en 1945, mientras su padre permanece al frente de la Compañía de Estampación y Acabado de China. Sobresalen las primeras impresiones al llegar a Inglaterra. Todo le parece abandonado y oscuro. Southampton ha sido severamente bombardeada. Como Londres. La mayoría de los edificios que siguen en pie están en ruinas y desiertos. Todo es una enorme zona de demolición. Hay racionamiento de comida. Al mirar a los ingleses que le rodean resulta imposible creer que hayan ganado la guerra. Se comportan como una población derrotada. Hablan como si hubieran ganado, pero actúan como si hubieran perdido.

Durante los siguientes años reside como interno en el Leys School en Cambridge los días de diario y con sus abuelos en West Bronwich los fines de semana, ya que en 1947 su madre y su hermana vuelven a Shangai. Durante sus ratos libres, va al cine Arts a ver películas, principalmente, de serie B de cine negro. Descubre a Freud y los surrealistas — Chirico, Ernst, Dalí —, a Kafka y Joyce, a los existencialistas franceses y películas neorralistas italianas como ROMA, CIUDAD ABIERTA. En esa época, ya escribe relatos y novelas —según él, incomprensibles—.

En 1949, ingresa en el King’s College de Cambridge para estudiar medicina. Hace bastantes disecciones de cadáveres. Escribe varios relatos tomando a Joyce como referencia. Dos años después deja la medicina, le pueden sus ganas de escribir, e ingresa en el Queen Mary College para aprender literatura británica. Lee a Hemingway. Posteriormente, trabaja como redactor de una agencia de publicidad. Mientras, no avanza en su escritura. No encuentra el estilo que quiere.

En 1954, se alista en las Fuerzas Aéreas británicas. Le destinan a la Base de instrucción de Moose Jaw, Saskatchewan, Canadá. Allí descubre la ciencia-ficción tardíamente, lee Astounding Science Fiction. Se fija en Galaxy y Fantasy & Science Fiction. Las devora, previendo un mundo dominado por la publicidad de consumo, de coches, oficinas, autopistas, líneas aéreas y supermercados. Es entonces cuando tiene el convencimiento de que puede hacer algo distinto, basándose en la ciencia-ficción. Hay que interiorizarla. Explorar el espacio interior. Ante esta idea, deja un año más tarde la aviación, abandona Canadá y vuelve a Londres a escribir. Allí conoce a su mujer Mary Matthews. A los pocos meses se casan. Se interesa por los estremecedores cuadros de Francis Bacon —cómo no— Ballard ve que hay un vínculo entre lo que él quiere escribir y Bacon, los surrealistas, los cadáveres en la sala de disección y el cine negro. También con Hemingway, Camus, Nathaniel West. Un rompecabezas se está armando en su mente.

En 1956, tras muchos rechazos, por fin publica su primer cuento en Science Fantasy. Su editor, E. J. Camell, le ofrece el puesto de redactor adjunto en Chemistry & Industry, otra de sus publicaciones. En esa revista, se empapa de los descubrimientos que van surgiendo en el mundo de la ciencia —el empleo de términos científicos siempre ha sido una característica en la literatura de Ballard —. Siente un gran impacto emocional al visitar la exposición de pintura, escultura y performance Esto es el mañana.

Entre 1957 y 1960, nacen sus tres hijos, Fay, Beatrice y Jim. Al quedárseles pequeña la vivienda de Londres, Ballard, Mary y los niños se trasladan a los extrarradios, a Shepperton, muy cerca de los célebres estudios de cine.

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En 1961, publica sin mucha repercusión EL VIENTO DE LA NADA. En 1963, EL MUNDO SUMERGIDO. Recibe la crítica favorable del célebre escritor Kingsley Amis. Rompiendo esta alegría, el destino le juega una mala pasada: a Mary le extirpan el apéndice. Se van de vacaciones a España. En San Juan, Alicante —la localización es diferente cuando narra este suceso en LA BONDAD DE LAS MUJERES —, Mary tiene una infección y muere de pronto. Ballard, sumido en el dolor, debe mantener y educar a sus tres hijos, todos de corta edad. Como se ha dicho antes, Ballard presume abiertamente de cómo se enfrentó a esta responsabilidad, sobreponiéndose a la desgracia.

En 1966, traba amistad con el psicólogo Chris Evans, del que se hizo íntimo y con quien discutió muchas de las ideas sobre comportamiento y fobias que luego trasladará a sus novelas.

En 1969, conoce a Claire Walsh, hasta el día de su muerte, su pareja. En 1970, publica LA EXHIBICIÓN DE LAS ATROCIDADES, una de sus obras más radicales, reflejo de su propio mundo interior. Muestra la desorientación y locura de los años sesenta, tomando como núcleo el asesinato de Kennedy. En 1973, publica CRASH, otra de sus obras más radicales, y el volumen de cuentos VERMILION SANDS. En 1984, EL IMPERIO DEL SOL. En 1991, LA BONDAD DE LAS MUJERES. Ese año Ballard regresa a Shangai para un documental de la BBC. En 2008, publica MILAGROS DE VIDA, anunciando que hace un año padece cáncer próstata. En 2009, el 19 de abril, fallece.

Como se ha dicho, muchas de las cosas que se cuentan en esta autobiografía ya fueron recogidas en los otros dos libros. Aquí lo hace de una manera más sencilla, más lineal, un tanto más amable —si se puede aplicar este adjetivo a un escritor tan transgresor y violento como Ballard —, rebajando un poco la crudeza de algunas situaciones, repasando las diferentes épocas de su existencia con un sentido de la narración donde procura dar una visión objetiva de todo y, principalmente, no aburrir al lector con hechos que excedan el mero ámbito privado. Para ello va dando unas cuantas pinceladas sobre lo que él cree más notable. A veces se entretiene más o se entretiene menos, según su consideración. Siempre con esa clara intención de hacer una obra amena para cualquiera con un mínimo de interés en su persona, no sólo para especialistas. Lo que conlleve a que unas veces lo consiga y otras no. En general, aunque el libro se lee bien, se tiene la sensación de poca profundidad en lo que cuenta, de ser un tanto epidérmico, de fijarse más en hacer las paces con su pasado, como si Ballard tuviera el conjunto del libro en la cabeza y con el fin de que sea ameno se contentase con hacer apenas una panorámica general, contar un poco de corrido todo... pero sin verdadera emoción. Todo demasiado correcto y pulcro. Pero frío.

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Esto es algo que ocurre en la mayoría de libros de Ballard. Es tan aséptico y preciso como un escalpelo. No obstante, traspasada la primera y deslumbrante impresión que provoca su lectura, no se produce ningún tipo de identificación afectiva con los personajes ni con la historia ni el entorno que muestra. Tal vez sea algo buscado. Pero en ningún instante el registro cambia, la historia continúa en una línea —a veces quebrada— y no la abandona nunca. Es decir, los personajes se comportan siguiendo un esquema, que, de tanto repetirse y no cambiar, termina cansando.

Recientemente lo he podido comprobar. No en estos tres libros, los cuales yo creo que merece la pena leerse —si no uno detrás de otro como lo hice yo, al menos MILAGROS DE VIDA donde se recogen los datos más importantes de Ballard —. El año pasado al saber que tenía cáncer me dispuse a leer algunos de sus últimas obras publicadas en España y que había dejado de lado ante la decepción de sus últimas novelas.

Debo decir que en su momento Ballard me impresionó completamente. Cuando lo descubrí, fue como una epifanía. ¿Qué mente podía escribir historias como las narradas en VERMILION SANDS, EL MUNDO SUMERGIDO, EL MUNDO DE CRISTAL, RASCACIELOS? Era algo completamente nuevo para mí. Perturbador. Distinto. En su momento, puse a Ballard en el altar de mis escritores preferidos.

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Mencionado esto, leí FURIA FEROZ, FIEBRE DE GUERRA, SUPER-CANNES, BIENVENIDOS A METRO-CENTRE. Ninguno me gustó mucho. En el caso concreto de los dos últimos títulos, me decepcionaron profundamente, ante aquellas burdas copias de NOCHES DE COCAÍNA, la novela que publicó en 1994 —y de esto ya ha llovido—. La sensación fue similar a escuchar ahora una canción de AC/DC o Status Quo, te puede gustar al principio, cuando apenas has escuchado otros grupos u otros tipos de música, pero cuando tienes más experiencia y unas cuantas escuchas —o lecturas— a la espalda resulta algo machacón, primario, predecible, en tal momento hay un riff, en tal otro esperas el estribillo, ahora la voz ronca, en las últimas novelas de Ballard es la investigación inicial, el descubrimiento de que el crimen lo ha instigado un aburrido grupúsculo burgués, siempre la catarsis final autodestructiva. ¿Cuántas veces ha seguido este patrón Ballard?

Sin embargo, pese a estas decepciones, no puedo olvidar el placer que me produjo leer sus primeras recopilaciones de cuentos, internarme en el desasosiego de sus primeras novelas. Ballard, en sus mejores libros, demostró ser un escritor importante, muy importante dentro de la ciencia-ficción. Escribió unas cuantas obras que son un hito dentro del género. Algo único. No he vuelto a releer esas primeras recopilaciones, esas primeras novelas —ya llegará el momento—. Pero precisamente por el maravilloso recuerdo que tengo de todas ellas espero que este artículo sirva de modesto homenaje a su memoria.

© Carlos F. Castrosín, (3.070 palabras) Créditos