CHARLIE X
Star Trek TOS: CHARLIE X EE. UU., 1966
Título original: Charlie X
Dirección: Lawrence Dobkin
Guión: DC Fontana
Producción: Gene Roddenberry
Música: Alexander Courage y Fred Steiner
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Capitán James T. Kirk); Leonard Nimoy (Mr. Spock); Robert Walker Jr. (Charlie Evans); DeForest Kelley (Doctor McCoy); Grace Lee Whitney (Yeoman Janice Rand); Nichelle Nichols (Uhura); Charles Stewart (Capitán Ramart); Dallas Mitchell (Nellis); Patricia McNulty (Tina Lawton)
Temporada: 1, Episodio: 2
Charlie tirándole los tejos a Janice
Charlie tirándole los tejos a Janice

En CHARLIE X, octavo episodio de la primera temporada de la serie clásica, Kirk y su tripulación se enfrentan a uno de los enemigos más sorprendentes con los que se encontrarán a lo largo de sus cinco años de misión: un adolescente dotado de extraordinarios poderes con los que pondrá en peligro no sólo a la Enterprise, sino también, quizás, a toda la Federación. Pero no adelantemos acontecimientos y veamos de qué va la historia.

Desde la pequeña nave Antares es trasladado a la Enterprise Charlie Evans, un chico de diecisiete años que ha sido encontrado por la tripulación de ese navío de exploración científica en el planeta Thasus. Charlie es el único superviviente de un transporte que se estrelló en ese mundo catorce años antes. Lo más sorprendente de todo es que el chico, que entonces contaba tan sólo tres años de edad, logró sobrevivir solo durante todo aquel tiempo, convirtiéndose en un joven fuerte y sano. Sus únicos parientes viven en la colonia de Alpha V, hacia la que se dirige la Enterprise, razón por la que el capitán del Antares decide transbordar al muchacho a la nave de Kirk.

Ya en la Enterprise, el joven Evans se nos mostrará, al menos al principio, como un chico inseguro, poco espabilado, cuya mayor ambición parece ser la de intentar caer bien a todo el mundo. Dos personas a bordo atraen especialmente la atención de Charlie: Kirk y Janice Rand, la hermosa asistente del capitán. De Kirk le atrae su carisma y autoridad, y de Janice, obviamente, su espléndida belleza. Janice es la primera chica que conoce en su vida y se enamora de ella en el acto como lo que es, un adolescente sacudido por un Big-Bang hormonal ante la visión de una mujer tan sugestiva como la rubia contramaestre. La pobre Janice se convertirá en el oscuro objeto del deseo de Charlie, que intentará conquistarla torpemente empleando sus poderes, sutilmente al principio, para tratar de agradarla. Por desgracia para él, la Venus rubia de la Enterprise no está por la labor. No quiere herir los sentimientos de Charlie, así que pide al capitán que hable con el muchacho para que le convenza de que la deje en paz. El capitán intenta hacerle olvidar su obsesión por Janice, pero lo único que consigue es que el joven se obsesione más todavía. Charlie comienza entonces a utilizar abiertamente sus increíbles poderes, llegando incluso a controlar la nave estelar, y haciéndola arrumbar hacia la colonia de Alpha V. Todos los intentos de nuestros héroes por deshacerse de tan peculiar enemigo fracasan. Pero, como siempre, será Kirk quien, en el último momento, encuentre la forma de neutralizar a Charlie ... justo en el mismo instante en que los padres adoptivos del muchacho llegan a la Enterprise para recuperarlo.

El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Este viejo adagio dio mucho juego a los guionistas de TOS, que llenaron la serie de episodios protagonizados por seres dotados de extraordinarios poderes, combinados, casi siempre, con una completa falta de moral; baste recordar al Gary Mitchell de Un lugar jamás visitado por el hombre, o a los cargantes plutonianos de Los hijastros de Platón, por ejemplo. El episodio que nos ocupa destaca como uno de los mejores dentro de esa temática, gracias, sobre todo, a la correcta actuación de Robert Walker, que da vida al inquietante chico.

Spock a lo artista
Spock a lo artista

Charlie Evans se nos revela como un adolescente hiperacomplejado, pero hemos de reconocer que él no tiene la culpa de ser así. La nave mercante en la que viajaba con sus padres se estrelló en el planeta Thasus, muriendo todos menos él. Los míticos thasianos decidieron ayudar a aquella pobre criatura del único modo que podían: dotándole de sus mismos poderes para que pudiera sobrevivir en el hostil ambiente de Thasus. El crío sobrevivió, pero los thasianos, que al parecer no sabían mucho de la naturaleza humana, no pudieron educarle correctamente. Conforme iba creciendo, Charlie se dio cuenta de que él no era un thasiano, y empezó a obsesionarse con la idea de reunirse con los de su especie, con los humanos. Aprovechando un descuido, por decirlo así, de los thasianos, el joven Evans se las arregló para atraer al planeta a la nave Antares, que casualmente pasaba por allí, para que le rescataran. Pero en aquella pequeña nave científica no se sentía a gusto, de manera que convenció al capitán Ramart para que le trasladara a la poderosa Enterprise, comenzando así una de las aventuras más peligrosas de Kirk y su tripulación.

El espectador intuye, desde el primer instante, que este muchacho no es del todo normal. Conforme avanza el metraje, esta impresión acabará confirmándose cuando vemos al chico haciendo aparecer, como de la nada, el carísimo y exclusivo perfume que regala a Janice, y que curiosamente, es su favorito y no lo tienen en el almacén de la nave. Esto será sólo el principio de una serie de hechos que harán sospechar, tanto al espectador como a los tripulantes de la Enterprise, que Charlie Evans es algo más que un simple adolescente.

Mientras Charlie trata de cortejar a Janice, Spock y McCoy se enfrascan en otra de sus clásicas discusiones. Al médico le cae bien el chico, pero el vulcano no las tiene todas consigo. En Thasus no hay vida, aunque dispone de una atmósfera respirable, y Spock no acaba de comprender cómo logró sobrevivir Charlie durante todo ese tiempo. El muchacho explicó a McCoy que se alimentaba de las raciones de la nave siniestrada, y que cuando éstas se agotaron, comía frutos y raíces silvestres, pero eso a Spock no le convence. El primer oficial sostiene que alguien tuvo que ayudar a Charlie, y se aventura a sugerir que tal vez la leyenda de los thasianos sea cierta. Según dicha leyenda, los primitivos habitantes de ese planeta, en principio humanoides, evolucionaron hacia una forma de vida no corpórea, adquiriendo en el proceso evolutivo ciertas capacidades extraordinarias, tales como la de poder transmutar la materia. El vulcano y el galeno no se ponen de acuerdo, pero, como iremos viendo según avance la historia, Spock, como siempre, acabará teniendo razón.

Kirk, por su parte, tiene bastante con ocuparse de la nave, y encarga a sus dos buenos amigos que se ocupen del chico e intenten ayudarle a superar las crisis típicas de la adolescencia, mucho más acentuadas en este jovencito que ha vivido solo durante catorce años. McCoy insiste en que debe ser el capitán quien se ocupe de Charlie, ya que éste parece admirarle y respetarle, hasta cierto punto al menos, como si fuera una figura paternal. Bones tiene razón. El adolescente se ha sentido fascinado desde el principio por Kirk, y durante un tiempo parecerá que éste es el único miembro de la tripulación capaz de ejercer algún tipo de autoridad sobre el díscolo muchacho. Aunque en principio el capitán sentirá simpatía por Charlie, ésta irá trocándose en temor a medida que el jovenzuelo vaya haciendo de las suyas. Cuando el capitán Ramart se pone en contacto con la Enterprise, con la intención de prevenir a Kirk sobre algún peligro indeterminado, la consola de comunicaciones se cortocircuita y la Antares se desintegra. Un comentario de Charlie hace sospechar a Kirk y Spock que el chico sabía que el Antares iba a estallar antes de que esto ocurriera. Para más inri, el misterioso chaval ahoga una risita cuando el cocinero de la nave comunica a Kirk que la carne sintética, que la tripulación va a degustar por el Día de Acción de Gracias, se ha convertido, por arte de birlibirloque, en pavo auténtico.

Ahora me ves, ahora no me ves
Ahora me ves, ahora no me ves

El comportamiento de Charlie va empeorando por momentos. Aunque no controla por completo sus poderes, es consciente de que los tiene y los utiliza para satisfacer sus caprichos. Persigue a Janice por toda la nave, y ésta, que en principio no quiere herir sus sentimientos, accede a verse con él en la sala de recreo de la tripulación. Una vez allí, Charlie trata de llamar la atención de la preciosa contramaestre, pero ella, como todos los presentes, está disfrutando del numerito musical interpretado por Uhura, acompañada por Spock y su arpa vulcana. Cuando Uhura, a petición de Janice, canta otra melodía dedicada a Charlie, éste lo toma como una burla y recurre de nuevo a sus poderes, dejando afónica a la belleza negra e inutilizando el instrumento del vulcano. Luego, usando de nuevo sus capacidades, se convierte en el centro de atención, realizando una serie de increíbles trucos de cartas de los que Janice es la protagonista, ya que el chico llega a transformar los naipes en sugestivas fotos de la asistente del capitán. De todas formas, cuando se siente contrariado, lo cual ocurre con demasiada frecuencia, pierde el control de sus poderes, como vemos en la escena en la que juega al ajedrez tridimensional con Spock. Derrotado por el vulcano en apenas tres movimientos, tan pronto como el oficial científico le deja solo, Charlie funde con su energía mental todas las piezas blancas, irritado por haber perdido en el juego.

El punto de inflexión del relato lo marcará la entrevista que Charlie tiene con el capitán en el camarote de éste. Janice, cansada del acoso del jovencito, ha pedido a Kirk que hable con él y le convenza para que la deje tranquila. Charlie, como ya hemos dicho, no entra en razón. Kirk decide darle unas lecciones de defensa personal, imaginando que esa actividad física ayudará al chico a superar sus complejos. Un miembro de la tripulación se ríe de su torpeza y Charlie lo hace desaparecer ante la horrorizada mirada de Kirk. Poco después desaparecen, también como por ensalmo, todas los fásers de la nave. Con todo, Kirk todavía ejerce cierta autoridad sobre Charlie y logra que éste acceda a permanecer confinado en su camarote. No obstante, su fijación por Janice sigue latente, y se atreve incluso a entrar en la cabina de ésta sin llamar Kirk y Spock acuden en auxilio de la mujer, pero Charlie los inmoviliza y, acto seguido, irritado porque ella le ha dado una bofetada, la hace desparecer. Pero es también en este momento cuando el siniestro crío comete su mayor error, al comentar que necesita a Kirk para manejar la Enterprise, ya que esta nave es mucho más compleja que la Antares. Kirk y Spock tratan de neutralizarle, pero todos sus intentos al respecto fracasan. El joven se hace con el control de la nave y la suerte de la tripulación de la Enterprise parece echada. Pero Kirk, recordando lo comentado por el propio Charlie en el camarote de Janice, y observando que, desde que tomó el control de la nave, no ha hecho desaparecer a nadie, deduce que su poder no es ilimitado. Consciente de que es su última oportunidad para derrotar a tan singular enemigo, el capitán y sus hombres se enfrentan de nuevo a Charlie, conectando todos los sistemas de la Enterprise, incluso los secundarios, al mismo tiempo, a fin de sobrecargarle. Charlie ha llegado, efectivamente, al límite de sus fuerzas, aunque todavía es capaz de enfrentarse a Kirk. Pero en ese momento aparecen los thasianos, que llevan bastante tiempo buscando al muchacho, pues saben lo peligroso que puede ser para otros seres. Tras disculparse con Kirk y devolverle el control de su nave, y a Janice y al otro tripulante volatilizado por Charlie, los thasianos se esfuman llevándose al chico con ellos.

Los últimos minutos del episodio son impactantes y sobrecogedores. La aparición del thasiano atemoriza a Charlie, que suplica a Kirk y los demás que le perdonen y que no permitan que esos seres le lleven de nuevo a su planeta. A pesar de todo el daño que ha hecho, nuestros héroes ven entonces a Charlie como lo que realmente es, un niño grande que nunca ha conocido el amor o la amistad. Los thasianos, formas de vida incorpórea, energía viviente pura, no aman, no sienten, y Charlie no quiere volver con ellos, ahora que conoce a los de su propia especie. Sus súplicas ablandan a Kirk, quien dice al thasiano que el chico puede quedarse. Incluso Janice se siente conmovida por el llanto de Charlie, teniendo McCoy que sujetarla por el brazo para que no se acerque a consolarle. Pero los thasianos tienen razón. Ya es demasiado tarde para que Charlie aprenda a utilizar su poder convenientemente. Jamás madurará, y en esas condiciones, resulta imposible que pueda vivir en un entorno normal, ya que al final, como muy acertadamente dice el thasiano, destruiría a la humanidad con su poder, o ésta se vería obligada a destruirle a él para sobrevivir. Y así, los thasianos se llevan a Charlie Evans a su mundo, donde deberá pasar el resto de su vida completamente solo.

Es éste uno de los finales más amargos de una historia de Star Trek, solo superado, quizás, por el de La ciudad en el límite de la eternidad. A pesar de todo el mal que ha hecho, el espectador no puede por menos que sentir compasión por el pobre Charlie, condenado a una soledad mil veces peor que la muerte.

Janice poniendo las cosas claras a Charlie
Janice poniendo las cosas claras a Charlie

La acción del episodio se desarrolla a bordo de la nave, por lo que resultó un capítulo bastante económico. Ni siquiera tenemos una breve vista de la nave Antares, pero los FXs empleados en las escenas de las desapariciones provocadas por Charlie resultan convincentes, al igual que el enigmático thasiano que aparece al final. Uno de los detalles más interesantes se refiere a Spock. En la escena de la sala de recreo, el vulcano sonríe ligeramente en un par de ocasiones, algo que ocurriría sólo en contados episodios. Las fotos de Janice que Charlie crea en la misma escena fueron empleadas como material promocional de la serie, muy buscado por los fans de la bellísima Grace Lee Whitney. Respecto a la actuación de Uhura y Spock, cabe mencionar que la productora se opuso, en principio a que se filmase esta escena, alegando que Star Trek no es un musical. Roddenberry, que consideraba necesario que el drama de Charlie se viera compensado por algunas escenas distendidas, alegó que también los soldados y marineros del siglo XX se divierten de vez en cuando cantando, acompañados por guitarras u otros instrumentos. Como siempre, el Gran Pájaro de la Galaxia tenía razón.

CHARLIE X es, básicamente, una historia de personajes, magníficamente planteada por DC Fontana. A pesar del tiempo transcurrido desde su estreno, el episodio sigue conservando su frescura y resulta muy superior a otras historias similares presentadas tanto en TOS como en sus series hermanas. Así pues, disfrutemos de una de las mejores historias de ciencia-ficción escritas para la pequeña pantalla.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.444 palabras) Créditos