METRO 2033
METRO 2033 Dmitri Glukhovsky
Título original: Метро 2033 (Metro 2033)
Año de publicación: 2005
Editorial: TimunMas
Colección: Ciencia-Ficción
Traducción: Joan Josep Musarra Roca
Edición: 2009
Páginas: 541
ISBN:
Precio: 20 EUR

METRO 2033 fue escrita en un blog y posteriormente en libro, primero en Rusia (2005) y más tarde en Estados Unidos (2010), para ir pasando luego poco a poco a otros países y lenguas.

Ha sido tanto el éxito del libro que se ha convertido en una franquicia. El autor escribió un segundo volumen llamado METRO 2034 y a partir de ahí otros autores han entrado en el universo. Sin contar un videojuego para varias plataformas.

Y es que el ambiente y la situación dan para eso y para más. Nos encontramos en el año del título, dentro del Metro de Moscú, que resume como microcosmos el macrocosmos que existía en el exterior antes de que se produjera la tercera guerra mundial, que finalizó con el uso de armamento nuclear por parte de todos los contendientes y que dejó el exterior completamente arrasado e inhabitable debido a la radiación y a las contaminaciones biológicas utilizadas por ambos bandos.

El planteamiento no puede resultar más manido y utilizado hasta la saciedad en cientos y cientos de novelas de todo tipo, pero en este caso la obra lo presenta todo desde un punto de vista bastante fresco y original.

Personalmente he tardado en leerla tanto tiempo desde su publicación en castellano por el temor a que fuera una novela post-apocalíptica más, y es que uno ya está de vuelta y media ante tanta repetición de lo mismo. Pero no, esta es original, o al menos tiene muchos puntos interesantes y poco vistos.

El primero de ellos podría ser el hecho de que la ambientación está situada en un lugar único en el mundo: el metro de Moscú. Lo que, si bien puede resultar habitual para un habitante ruso, para los occidentales dichas instalaciones tienen un cierto aire de misterio y de intrínseca belleza.

El segundo es la propia ambientación de la obra. A caballo entre ciencia-ficción apocalíptica, ucronía, gótico, zombis (pero sin zombis, o casi), misterio, aventura... Quizás sea ese uno de los puntos que le dan tanta fuerza: no se encasilla en ningún tema específico y toma de aquí y de allí lo que le interesa y deja lo que no, sin estar obligado a cumplir con ninguna norma más allá de las que el autor quiera.

A partir de aquí comenzamos a desvelar parte de la trama, aunque no cosas importantes.

* * *

El metro está gobernado por dos grandes entidades, la Hansa, que controla la línea de Circunvalación y la Polis. Como su nombre indica el primer sistema político está basado en el comercio, y el segundo, en el saber. Podríamos decir que se trata de los dos centros neurálgicos que mantienen vivo a todo el ecosistema social del Metro, en donde las demás estaciones sobreviven gracias a que sirven de elementos satélite de estos dos.

Podríamos decir que tenemos ciertos paralelismos con la sociedad actual, que está gobernada por dos grandes bloques, el chino-soviético y el occidental, con países que, en cierta medida, les rondan y sirven. Lo que no podemos trazar es qué parte pertenece a quién, y aquí el autor ha sido excelentemente agnóstico, dejando que sea el lector el que se haga su composición de lugar.

Igualmente agnóstico ha sido en cuanto al origen de la guerra y quién la inició: simplemente ocurrió, y ya nadie se preocupa de quién fue quién y, de hecho, ni siquiera se nombran países o entidades políticas.

La gente se mueve a pie o, con mucha suerte, mediante vagonetas manuales o controladas por el poco combustible que queda, y los túneles se encuentran iluminados, cuando tienen recursos, por energía eléctrica. También hay leña para hacer fuego y comida, basada en hongos y en unos pocos animales de granja, cuidados con todo el esmero posible.

Aquí la novela flojea un poco porque no se dan muchas indicaciones sobre el origen de todo esto. Si bien sí que se explica algo sobre los animales y la agricultura, todo el tema tecnológico queda en cierta medida opacado, y personalmente creo que es uno de los errores del libro: no quedan tantos recursos, o al menos no de la forma en que está narrado.

La gente viaja y comercia entre estaciones, con un control más o menos absoluto por parte de la Hansa en cuanto se acercan a su área de control, de forma que nos encontramos ante un primer y un segundo mundo.

La periferia es pobre aunque cuenta con recursos esenciales para la supervivencia de lo que queda de civilización, por lo que existe cierto grado de comunicación y apoyo entre todas las estaciones, que decrece conforme a la lejanía a la que se encuentren.

La vida es dura, y la civilización parece que va a terminar pronto. Viajar entre estaciones es bastante peligroso, sobre todo en la periferia, por la combinación de ladrones, salvajes y monstruos que pueden sorprenderte y matarte en la oscuridad.

De hecho, una parte importante de la novela se lleva a cabo en ellos, en el viaje en sí. Y aquí es donde entra Artyom, un joven de unos 20 años al que le encargan viajar desde su estación de origen, la VDNKh, hasta la Polis, para que comunique un problema surgido en uno de los túneles cercanos.

Los Negros son una especie de zombies que atacan a los humanos en oleadas más o menos separadas en el tiempo. Pero no, lector, no te espantes. Tan sólo es una similitud, quizás para que los fans del género se sientan algo a gusto con la novela.

La VDNKh se tiene que defender con mayor frecuencia de estos ataques, y cuando un explorador de la Polis decide investigar el origen de todo, encarga a Artyom que, si no vuelve, viaje a dicha estación y comunique el peligro.

Una vez pasado el tiempo límite, Artyom se pone en camino, atravesando varias estaciones y peligros más o menos serios. Encuentra a gente buena y mala, y todo ello no es más que una especie de viaje iniciático del muchacho, que va creciendo y dándose cuenta de la realidad del mundo y su crueldad.

Nos encontramos ante otro de los elementos que convierten a esta novela en interesante. Combinamos el misterio con el viaje, la iniciación en la vida y la aventura por los lugares más dispares.

Todo ello se combina de forma perfecta para convertirla en una gran novela, aunque adolezca, como ya hemos dicho con anterioridad, de ciertas carencias o inconsistencias.

Y aquí es donde termino de desvelar el argumento.

* * *

Los seres que pueblan la superficie son extraños, monstruosos, demasiado, para ser consecuencia de las radiaciones y de las mutaciones, al menos debido al tiempo transcurrido, apenas unos años tras la catástrofe. Incluso tampoco entran en en el catálogo de arma biológica. Son meros elementos creados ex-profeso para dar interés a la obra.

Podemos encontrarnos a un ser a caballo entre el orangután y el leopardo, a otro que no es más que un ave gigante y lo más infumable de todo: una especie de caldo grisáceo que atrae a los humanos controlando su mente y los devora, y cuyo centro neurálgico está situado en el Kremlin. Ejem, no queremos hacer comparativas con épocas anteriores.

A todos ellos se enfrentará Artyom, aparte de a sus congéneres, que quizás sean peores ya que no actúan por instinto y sí por mero interés. Ha de salir a la superficie, como un stalker cualquiera, para recuperar un libro que la Polis ansía pero que nadie sabe dónde está si no es en la Biblioteca. Allí se enfrentará a los bibliotecarios, que son monos más o menos inteligentes y consigue huir por los pelos. Luego se encontrará a la demás fauna en su huída hacia la siguiente estación por la que entrará.

Pero el libro no lo encuentra, aunque sí consigue la forma de destruir la plaga que asola su estación: una batería de misiles, resto de la guerra, todavía funciona, misiles que deberán ser disparados sobre la zona en donde nacen los Negros.

Y justo cuando estos se encuentran en pleno vuelo de intercepción, Artyom descubre que lo único que quieren los Negros es comunicarse con él y asociarse con los humanos...

Y aquí es donde todo se derrumba, porque el final no se sostiene ni con grapas. El que unos seres entren en manadas, cojan humanos y se los coman, poco tiene que ver con el hecho de querer comunicarse con ellos. El que lea el libro lo entenderá.

* * *

Luego nos encontramos ante la continuación, que tiene el originalísimo título de Metro 2034 y se supone que ocurre al año siguiente de la anterior. Lo primero a destacar es que no tiene nada que ver con la anterior, por lo que podría haberse desarrollado años antes o después.

Bueno, quizás no, quizás ocurra en ese momento porque tiene que aparecer el personaje principal de la anterior... de forma testimonial y casi de refilón. Vamos, lo dicho. Ni fu ni fa.

En cuanto al argumento, más de lo mismo, pero con bastante menos gancho ya que la trama se reduce a una serie de escenas de paso, desde el inicio en el que nos volvemos a encontrar a un redivivo Hunter que bien podría haber sido cualquiera junto a otros tres acompañantes, hasta el final, que ciertamente desluce porque apenas tiene tensión ni ocurre nada.

Este segundo volumen se lee sin pena ni gloria, pasa sin más ante nuestros ojos con pocas variaciones y mejoras sobre el anterior, sin hacernos palpitar como el otro, sin dejarnos con la boca abierta con sus efectos y sus vueltas de tuerca.

De nuevo aparece el tema fantástico traído por los pelos, e incluso todavía más increíble que el anterior.

En fin, nada destacable, una obra escrita para aprovechar el tirón de la primera y que nos muestra al autor en toda su flojera literaria y, si no hay errores argumentales, es porque, lo que se dice argumento, apenas lo tiene. Simplemente, si quieres leer más sobre los túneles moscovitas, hazlo, pero no vas a encontrar nada interesante.

* * *

La que sí tiene cierta enjundia es la tercera parte, que está escrita por otro autor y se lleva a cabo en otro metro: el de San Petersburgo. Creada por Andrej Djakow, otro ruso, HACIA LA LUZ vuelve a retomar el tema con mucha fuerza y bastante originalidad.

Quizás se deba a que también sigue la misma estructura argumental que la primera. Un stalker, Martillo, toma bajo su cobijo a un chaval huérfano llamado Gleb e inician un viaje iniciático que los llevará, esta vez, por la superficie del norte de Rusia.

El libro comienza de forma impactante: Un pterodáctilo se posa en una torre y es cazado por Martillo para que sirva de alimento al grupo que lo ha contratado, como presentación del personaje principal y de forma inmediata llegamos a Gleb y a su adopción.

Tras la introducción comienza la aventura en sí: el viaje hacia en norte en busca de un destello de luz que ha sido visto varias veces y que puede que permita la comunicación con nuevos supervivientes de la guerra nuclear.

Por lo tanto se reúne un grupo de stalkers para realizar el viaje hasta la isla de Kronstadt, que es de donde se supone que procede la señal luminosa. Entre ellos se encuentra Martillo y su ahijado Gleb.

Durante el trayecto van muriendo unos y otros, y en contra de las dos anteriores, la cosa resulta más plausible porque hay muchos menos elementos fantásticos, centrándonos en el propio viaje y sus vicisitudes. Salvo algún que otro flashback, todo resulta bastante creíble, incluso el final y la resolución de la trama, que transcurre en dos partes, solucionando primero el viaje y dando, después, una justificación al título de la novela.

El argumento contiene varios efectos finales creo que muy bien conseguidos dado que el lector no sospecha nada, y finalmente la novela deja entrever algo más del exterior y sus habitantes, y por qué y cómo ocurrió todo.

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Personalmente creo que si te gustó la primera, puedes omitir la segunda y centrarte en esta última sin que pierdas absolutamente nada del contexto ni de la aventura. Desconozco si Djakow tiene trabajo previo, pero a todas luces es mucho mejor escritor que el creador de la serie.

Si tuviera que puntuar los tres trabajos, daría un ocho a la primera por su originalidad respecto a no haber un trabajo previo similar, un cinco pelado a la segunda más que nada porque aporta algo más al universo, y finalmente un ocho a está última por su calidad dentro del género.

Y ya para finalizar, a poco que uno haga una pequeña búsqueda por Internet, se dará cuenta de que hay al menos treinta novelas más, aunque no hayan sido traducidas al castellano o incluso al inglés, por lo que hablar, como hemos hecho antes, de trilogía, resulta un oxímoron, pero bástenos saber que son las tres que el autor conoce han sido traducidas a nuestro idioma. Y salvo que salga por ahí alguna POMM, no creo que lea ninguna más. Como decía Lazarus Long, la vida es corta, pero los años son largos.

© Rafael Ontivero,
(2.191 palabras) Créditos Créditos

Toda obra de espada y brujería que se precie, debe incluir un mapa en sus primeras páginas. Los más, parecen copias con algún retoque: bosque grande, montañas grandes, grandes llanuras, gran desierto, gran mar, está permitido cambiar el adjetivo por cualquier otro que se nos ocurra: peligroso, negro, blanco, oscuro, viejo y algún que otro nombre más o menos incomprensible, pero una carta de ignotas tierras es imprescindible para comprender en su complejidad la geopolítica de la trama y las peligrosas rutas que deben recorrer los protagonistas. Esta novela también es una novela con mapa aunque no de dragones, espadas y brujos, bueno mirándolo desde cierto punto de vista podría decirse que... Es igual.

Puedo imaginarme a Dmitry Glukhovsky paseando una tranquila mañana por el metro de Moscú pensando en sus cosas, de pronto se detiene ante un plano del metro, quizá para buscar por donde pasa el tren que le lleve a su destino o quizá porque se aburre. El plano le atrae. Todo plano esconde en su interior poderosas sugerencias: un tesoro, lugares a donde ir, recuerdos de otros donde hemos estado, caminos, nombres, un mundo entero encerrado en un trozo de papel. Dmitry es escritor y tal vez haya leído otras novelas con mapa, la idea se abre paso en su cabeza ¿para qué perder tiempo inventando nada? Está todo allí, señalado con nitidez mediante líneas de colores, círculos y rótulos. Un universo entero a su disposición donde disponer ciudades e imperios, viajes, intrigas y aventuras.

Lo mas probable es que esta imaginación mía no tenga nada que ver con la realidad es posible que la idea partiese de un cartel que aparecía en un vagón y que reproduce en la primera página:

¡Queridos moscovitas y huéspedes de nuestra capital! El Metro de Moscú es una empresa de transporte que ofrece siempre grandes peligros.

También puede que se le ocurriese dormitando en su sofá, tanto da, elucubrar sobre el origen de la idea no sirve más que para yo haya escrito los párrafos anteriores, el hecho es que en METRO 2033, los restos de la doliente humanidad se ha refugiado en el interior del metro de Moscú obligados por conflicto nuclear —es cierto que hace tiempo que pasó de moda, hoy en día el mundo se destruye con meteoritos, virus, catástrofes geológicas o ambientales pero con la cantidad de misiles que siguen pululando por ahí es pronto para descartarlo como posibilidad plausible—, hacinados en estaciones que conforman pequeñas ciudades independientes o minúsculos estados en coalición con otras, sobreviven comiendo setas, carne de cerdo y ratas y aprovechando los restos de su caída civilización en peligrosos viajes a la radiactiva superficie a cargo de hombres rudos y valientes conocidos con stalkers —sí, supongo que es un homenaje a los hermanos Strugatski.

En este mundo subterráneo, plagado de peligros, estaciones abandonadas, oscuros túneles, mutantes, criaturas de pesadilla, fascistas, comunistas, capitalistas, tribus de antropófagos e incluso un simpático grupo de anarquistas, el joven Artyom, deberá llevar a cabo una peligrosa misión si quiere que su hogar y aún el resto de la red, puedan seguir con vida.

A pesar de que el final y alguna que otra parte del argumento no me gustaron demasiado, algo que tiene más que ver con manías personales sobre el tratamiento de lo parasicológico en la ciencia-ficción que con otra cosa, debo decir que es una novela entretenida, ideal para pasar un buen rato, desengrasando de esos otros momentos en los que al cerebro le da por buscar profundas y complejas reflexiones en otras fuentes.

Está siendo un éxito de ventas e incluso han lanzado un juego de los de pegar tiros matando monstruos a diestro y siniestro y en 2007 gano el Encouragement Award of the Eruropean Sciencie Fiction Society en la EuroCon de Copenhague.

© Jacinto Muñoz, (632 palabras) Créditos Créditos