LLUVIA NEGRA
LLUVIA NEGRA Graham Brown
Título original: Black Rain
Año de publicación: 2009
Editorial: Minotauro
Colección: ---
Traducción: Luis Vigil
Edición: 2009
Páginas: 397
ISBN:
Precio: 21 EUR

Da la impresión de que la ciencia-ficción está cada vez más arrinconada. Los lectores más jóvenes no se sienten atraídos por el género en su vertiente literaria, prefiriendo temas de corte fantástico, de ahí que sea difícil que puedan surgir nuevos valores al no ser la ciencia-ficción parte de su acervo cultural. Las editoriales, que por cierto, viven de vender libros, siguen ese rastro y dejan de lado todo aquello que no tenga visos de despertar el interés masivo de su clientela. Lógicamente los autores que tradicionalmente cultivaban el género se han decantado por el amplio y lucrativo mundo de la fantasía. ¿Qué ha llevado a este estado de cosas? Ni idea, pero parece que el panorama es cada vez menos alagüeño.

No obstante, ha sido casi un siglo de ciencia-ficción y muchos de los conceptos que ha manejado han calado tan hondo que los vemos brotar aquí y allá entre las páginas de los libros más insospechados. No siendo LLUVIA NEGRA un libro de ciencia-ficción, la premisa que lo mueve y la causa de los acontecimientos que relata es ciencia-ficción clásica de toda la vida.

Por lo pronto tenemos extraños objetos de una antigüedad indudable y, en apariencia, pertenecientes a una cultura neolítica que ni por asomo hubiera sido capaz no solo de tallarlos, a causa de su regularidad, perfección y ciertas marcas microscópicas que en modo alguno se corresponden con las herramientas tradicionales de esa cultura, sino de dotarles de ciertas propiedades inimaginables para un hacendoso cazador-recolector.

Por otro, bestias feroces de inusual aspecto y no menos desconcertante comportamiento, y que no recuerdan a ningún ser vivo conocido, hacen de las suyas aquí y allá capturando y merendándose a todo bicho viviente. Exploradores imprudentes incluidos... mejor dicho, principalmente a los exploradores imprudentes.

A ello se le une una tribu con una tradición a cuestas de miles de años, construcciones mayas en mitad de la selva amazónica (ojo: amazónica, no centroamericana) y un montón de gente conspirando los unos con los otros para desvelar el misterio y ¿qué tenemos? ¡Bingo! ¡Una novela de Dioses Astronautas! O algo así.

Pero he dicho que LLUVIA NEGRA no es ciencia-ficción. Mayormente no, se trata de la típica novela de aventuras selvática en la que un grupo de insensatos se internan en la boca del lobo con las obvias consecuencias en forma de muertes desagradables, huidas a calzón quitado y... no, contaré el final, por obvio que sea.

El caso es que una agencia (y van) yanki, especializada en esta ocasión en descubrir nuevas fuentes de energía, da con una interesante pista que lleva a sus agentes al corazón de la Amazonía a indagar sobre el particular. Naturalmente, la cosa no es tan sencilla, alguien más ha tenido noticia del asunto y está dispuesto a beneficiarse en exclusiva de ello. Los agentes, a pesar de la miriada de misteriosos accidentes que entorpecen sus gestiones, montan un grupito de exploración que marcha tras la dichosa pista. A todo esto, y como está muy de moda, resulta que los mayas tienen mucho que ver con el asunto. El caso es que entre las idas y venidas de unos y otros se organizan balaceras bastante importantes, los personajes caen como chinches y los bichos mordisquean todo lo que se les pone por delante. Para ser sincero, todo muy entretenido.

Graham Brown construye una novela de aventuras de las de toda la vida, con buenos, malos (por mor de los tiempos modernos hay intersecciones, pero nada grave) Grandes Misterios, y un montón de trepidantes escenas de acción bien resueltas. También parece que se ha documentado a fondo en la mitología maya, y por si eso fuera poco le ha dado sentido y origen a todos sus viejos mitos en esa clave ciencia-ficciónera que comentaba.

En resumen, una novela honesta, en la línea del best-seller tradicional, que no pasará a los anales de la literatura (dudo mucho que Porrúa le hubiera puesto el sello Minotauro), pero que proporcionará unos buenos ratos de lectura absorbente y entretenida.

© Francisco José Súñer Iglesias, (677 palabras) Créditos