CLOVERFIELD
CLOVERFIELD EE. UU., 2008
Título original: Cloverfield
Dirección: Matt Reeves
Guión: Drew Goddard
Producción: J.J. Abrams
Música: Stephanie Lowry
Fotografía: Michael Bonvillain
Duración: 85 min.
IMDb:
Reparto: T.J. Miller (Hud); Odette Yustman (Beth McIntyre); Mike Vogel (Jason Hawkins); Michael Stahl-David (Rob Hawkins); Lizzy Caplan (Marlena); Jessica Lucas (Lily)

No se dan muchos casos en los que la crítica y el público coincidan en sus alabanzas hacia un producto, pero más allá de cualquier consideración metaficcional o análisis semántico, lo cierto es que se trata de una gran película de monstruos que constituye, aún más que REC (2007), el clímax de esta tendencia al docu-terror que nos ha llegado y de la cual todavía nos quedan algunos estrenos pendientes.

CLOVERFIELD es, ante todo, una película híbrida: a pesar de tener la estructura dramática típica del blockbuster de desastres, esta se encuentra pasada por el tamiz de un formato en apariencia más modesto como puede ser el punto de vista único y real de una cámara de vídeo. Si resulta tan efectiva y contundente es precisamente porque esa perspectiva minimalista permite reducir el argumento a sus factores mínimos: una peli de monstruo en la que la criatura es un misterio que no se resuelve. No hay por ningún lado secuencias explicativas, así como tampoco hay la típica escena de los hombres con bata de laboratorio que te sueltan el rollo. El formato en este sentido ayuda: al apoyarse casi de forma exclusiva en la inmediatez de lo que estamos viendo, la película no concede tiempo a la reflexión. Allí es donde reside la base de su efectividad, es esa su principal magia.

La tendencia al sobreanálisis que a veces nos invade a todos puede que nos impida apreciar este hecho que, aunque mínimo, encierra la clave de la película. Su productor, el Midas de moda J.J. Abrams, afirmaba que con CLOVERFIELD quería dar a América su propio monstruo icónico, el equivalente al Godzilla japonés. Dicho comentario resulta cuando menos paradójico, ya que todos sabemos que Estados Unidos (y especialmente Nueva York) ya tiene el que sin duda es el monstruo más icónico de la historia del cine: King Kong. En este sentido falla, ya que el monstruo en la película no tiene más protagonismo que ser el epicentro de ese gran desastre, así como de la ola de terror e histeria que desata en unos neoyorkinos que no se explican el origen de ese misterioso caos que ha caído sobre su ciudad. Algunos críticos han querido ver en este miedo cierta alusión al 11 de septiembre, pero esta semejanza se me antoja superficial y centrada únicamente en el lado visceral de la trama (así como en su cobertura mediática). El 11-S puede ser catalogado de muchas cosas, pero misterio definitivamente no es una de ellas; al contrario, es una realidad política cruel y perfectamente tangible. Lo más frustrante de todo esto es que parece que muy pocos se han planteado siquiera la posibilidad de que el monstruo sea sólo eso:un monstruo. Y yo digo, ¿por qué no?

Lo interesante, una vez más, es el formato. Contrariamente a lo que se podría creer, el truco de la perspectiva en primera persona es quizás el menos realista de todos, más cercano al lenguaje del videojuego que al de la tele-realidad, al menos en el caso de CLOVERFIELD. Los diálogos evidentemente no brillan por su naturalidad, y el guión constantemente hace pequeñas trampillas que permiten que el incombustible cámara, Hud, grabe momentos en los que nadie en su sano juicio estaría con la cámara en mano, en el perfecto conocimiento de que aquello que no está en el encuadre, simplemente no existe. Más que sumergirnos en una realidad alternativa, CLOVERFIELD nos hace aún más conscientes de la cámara, a veces hasta extremos risibles. El mismo Hud, lejos de ser un videoaficionado, parece un director de cine nato con un instinto impresionante para poner la cámara en el momento y posición justas y anticipar la dinámica de una escena desde una perspectiva no muy alejada de la de un narrador omnisciente. Tal como nos han demostrado los reality de la tele, la realidad expuesta ante todos puede ser tan falsa y artificial como la narrativa tradicional.

Pero todas esas cosas son fáciles de perdonar en una película tan intensa como la que el equipo de Abrams nos ha cocinado. Una vez que comienza la tensión esta no para (salvo para aquellos momentos en los que descubrimos que Hud está grabando sin querer sobre una película de dos semanas antes, un elemento que da para una muy curiosa forma de flashback), arrastrándonos en la desesperada huida de los personajes sin apenas dejar tiempo para respirar y superponiendo un horror tras otro. Y encima, la película como tal no llega a la hora y cuarto, algo que siempre hay que agradecer. Esta jugarreta de Abrahams y compañía les ha salido muy bien. Superar algo de la intensidad de CLOVERFIELD va a estar lo que se dice muy difícil.

© Ricardo Riera, (787 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Horas de oscuridad el 18 de abril de 2008

¿De qué se trata?

ATENCIÓN: ESTA ES UNA GRABACIÓN CUSTODIADA EN EL HANGAR DIECIOCH... PERDÓN, EN UN RECINTO PERTENECIENTE AL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS. SI USTED VE ESTA CINTA, ESTÁ COMETIENDO UN DELITO PENADO POR LA LEY, ADEMÁS DE QUE GRABAREMOS JEROGLÍFICOS EGIPCIOS CON MALDICIONES RITUALES SOBRE SU TUMBA. ADEMÁS, USTED NOS EXONERA DE TODA RESPONSABILIDAD POR CUALQUIER DAÑO QUE ESTA CINTA PUDIERA PROVOCAR A SU NEOCÓRTEX, APARATO LÍMBICO U OTRAS DEPENDENCIAS Y/O COMPARTIMENTOS DE SU ENCÉFALO. Una bella chica. Un bello chico. Ambos se quieren mucho, miren que lindos el par de tórtolos. Muac, muac. Fiesta, qué buena está la fiesta. Nos estamos despidiendo de alguien. Uno de los nuestros se va a Japón, como vicepresi de algo. ¿Qué opinas? Buena sueeerte... ¿Sayonara, se dice allá? (Risas, risas) ¡Ups! Llega... Parece que algo hay allí. ¿Qué pasó? Bueno, la chica tuvo sexo con él hace varias semanas, y él ahora se va a Japón, por lo que la chica está muy chasqueada... Eres un cretino, hombre, te vas a Japón y dejas plantada tremendo mujerón... ¡¡¡BBBUUMMM!!! ¿Qué fue eso? ¿Qué fue eso? ¿Fueron los terroristas? ¡Vamos arriba para ver! Mira, una explosión... ¿Qué demonios...? ¡Todos adentro, todos adentro, están lloviendo esquirlas! Oh-my-God, Oh-my-God, Oh-my-God-ohmygod-ohmygod-ohmygod... (no sabía que fuera tuyo, préstate un poquito de Dios para acá, maldita sea) ¡Debemos irnos! ¡Nos vamos, maldición, nos vamos! ¡Debemos salir de Manhattan...! Mira, mira, cuidado... ¡El puente! ¡Maldición, el puente se está desplomando...! ¡Corran, corran, corran...! Oh-my-God, estamos atrapados, con eso que anda dando vueltas por ahí, ¿qué rayos es, es un monstruo, es... qué...?

El espíritu de los tiempos

Cuenta la leyenda que había una vez un lindo y chiquito productor llamado J. J. Abrams. El tipo empezó a hacerse un nombrecillo (¿?) guionizando pelis como ETERNAMENTE JOVEN y (agárrense) ARMAGEDÓN. Pero su breakout fueron claramente dos series de TV: Felicity y Alias, que aunque no le proveyeron de éxito masivo, sí le hicieron un (¿diré hombre? No, mejor no) le hicieron, decía, un ente de culto. Lo suficiente como para embarcarse en la más ambiciosa Lost. Dicen que no deberías abrazar más de lo que puedes agarrar, y Lost fue el caso: tenía una gran premisa y un presupuesto chulantástico, pero a veces 2+2=1, y la serie se fue hundiendo gradualmente, aunque ha conservado una amplia base de, no diré fieles, sino acólitos, gente que recurre a argumentos cargados de fideísmo como: no les gusta porque no la entienden (aunque tampoco la entienden ellos) no entienden que la gracia está en el viaje y no en las respuestas (sí, eso mismo me dijo el otro día un amigo filósofo, que desde el día en que me aburrí de escuchar imbecilidades dejó de ser mi amigo) y la peor, la descalificación pura y bruta de tipo si es que Lost no les gusta no es que sea mala, es que los malos son ellos (así los exprimen, borregos de la religión del Lostismo) Y J. J. Abrams, que entre medio había estrenado como director en el cine, con la pasablemente entretenida MISIÓN IMPOSIBLE III, había aprendido un par de cosas. La más importante, que la gente compra LO QUE SEA si lo rodeas de un aura de misterio que volverá loca a la gente enviciada con enfrikarse con algo, únicamente para rellenar sus tristes, vacías y patéticas vidas sintiéndose los gurúes de algo (piensen en el orgasmo de esos pobres desgraciados cuando pueden decir ¡¡¡Fui el primero que...!!! que vi el monstruo de Lost, que le vi la pupila al de CLOVERFIELD, que sé los personajes que seguirán o no en Lost...) Lo importante para esa gente no es el contenido de la obra (peli, serie de TV...) de la misma manera en que lo importante para los seguidores de una religión no es que tan racionales sean los dogmas de dicha religión; lo verdaderamente importante es el yo sabía antes, para decir así soy un Elegido, soy superior, soy más inteligente que tú. Los fanáticos de Lost no defienden a su serie favorita con argumentos racionales porque no hay argumentos racionales para defender una serie que ha despilfarrado tan gratuitamente sus buenas ideas, los fanáticos de Lost la defienden porque necesitan imperiosamente sentirse parte de un metaorganismo noosférico que los haga sentirse más inteligentes que el resto, tapando su ignorancia con una serie de teorías plasmadas sobre una serie que no se inclina decididamente por ninguna (lo mismo que pasa con los comentaristas de Kant, que defienden como brillante la CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA porque de la oscuridad del texto pueden sacar cualquier cosa, y sentirse doblemente inteligentes por ellos mismos y por Kant, que supuestamente era muy profundo y por eso era tan oscuro) Estoy seguro de que ocurrirá lo mismo con CLOVERFIELD. Pero como Cine 9009 está dirigido no al fanático promedio, sino al Homo Sapiens que se ha ganado de verdad los galones de Sapiens, pues bien, no hay daño si digo que CLOVERFIELD era básicamente una mierda, y que lamento profundamente haberme gastado los 2.100 pesos que valía la entrada al cine en día rebajado. Y así es como va el mundo.

¿Por qué verla?

:: Si tengo que destacar alguna razón para ver esta peli (y esa ha sido siempre la filosofía de Cine 9009, el ir a contrapelo de tanto blog que dice soy brillante porque descubro argumentos para encontrarlo todo malo, y así resulta que soy el único inteligente aquí) tengo que decir el apartado digital. La peli se supone filmada con cámara en mano porque es el supuesto vídeo real de un fulano cualquiera, almacenado en el almacén Cloverfield del gobierno (de todos modos, digámoslo desde ya, hay que tener cojones para llamar una peli de terror con un título que, traducido al castellano, significa Campo de tréboles) Por lo tanto, gracias a la premisa de base, se impone una dosis única de realismo visual. Los tanques y disparos contra el monstruo, todo eso se ve muy real, casi como un noticiario de CNN sobre Indonesia. El problema es que, cuando finalmente podemos ver al monstruo, casi al final (una toma desde el aire, y una toma frontal de la cabeza, sin exceso de pasarela) que justamente por esa exigencia de hiperrealismo hace que chirríe con ganas el CGI (tampoco ayuda la falta de imaginación plástica, que en vez de regalarnos un buen lovecraftito con tentáculos a lo HELLBOY, se decanta por un reptilosaurio raquítico, casi anoréxico, como si hubieran sacado al especimen de PARQUE JURÁSICO y no le hubieran dado nada de comer en los quince años intermedios) Es lo que tiene la suspensión de la incredulidad, no funciona demasiado bien cuando pretendes vender algo más real que lo real. Aparte de eso, la peli es un ladrillazo. Y lo es por una razón muy simple. Si tienes una peli de género, y la asumes desenfadadamente como tal, nadie puede sentirse engañado: si fuiste a ver una comedia romántica con Sandra Bullock no tienes cómo quejarte, porque sabías a lo que ibas. Acá, lo de peli de género va por el lado de Godzilla kaka ciudad. La GODZILLA de Ronald Emmerich era mala de cojones, pero hay que ser muy tarado para pretender verla como una obra de arte. bodriofield se vendió, en cambio, como un osado experimento cinematográfico, como lo más chupi desde Eisenstein y CIUDADANO KANE, tratando de mostrar por enésima vez la misma historia de GODZILLA, pero desde la perspectiva del peatón, del plebeyo vulgar y corriente; o sea que no es lo mismo, pero es igual. Y ése es el fallo, y lo escribiré con mayúsculas para que se vea bien: LA GENTE NO VA AL CINE A VER A PLEBEYOS VULGARES Y CORRIENTES, SINO A PERSONAJES QUE TENGAN CUALIDADES ESPECIALES (NO NECESARIAMENTE SUPERMANES, PERO SÍ CUALIDADES ESPECIALES) CON LAS CUALES PUEDA IDENTIFICARSE Y TRASCENDER DE SU PROPIA (POR LO GENERAL TRISTE) EXISTENCIA COTIDIANA. Piensen en las pelis de catástrofes de toda la vida: LA AVENTURA DEL POSEIDÓN, INFIERNO EN LA TORRE (EL COLOSO EN LLAMAS) o EL DÍA DE LA INDEPENDENCIA impactan porque vemos caracteres distintos y marcados yendo de acá para allá, nos identificamos con unos u otros, y por ende, sufrimos cuando nuestro favorito está en trance de perecer (y en una de catástrofes regular, todos están en trance, por algo sus elencos suelen ser corales, para tener a hartos que despacharse a lo largo del metraje) Acá tenemos, por el contrario: 1.- Cuatro o cinco amiguetes a los cuales el guión jamás delimita bien, y que por ende son perfectamente intercambiables entre sí (y por lo tanto, como en el JdR PARANOIA, si alguno muere no importa, porque tenemos otros tres o cuatro clones de reemplazo) y en todo caso 2.- La (s) personalidad (es) de estos desgraciados son como el común de la gente, o sea imbéciles, ombliguistas, planos, y en definitiva nada que nos haga amarlos u odiarlos, por lo que si en definitiva viven o mueren, a un espectador con dos neuronas por sobre el promedio eso le da lo mismo. O sea, cuando hay destrucción, el asunto está bien, porque para eso pagamos la entrada, caramba. Cuando no la hay (o sea, la mayor parte del metraje) tenemos que soportar a este grupo de cretinos que, para bien nuestro, no llegan todos vivos al final, y que además para colmo son demasiado pocos para festinarnos viéndolos sufrir atroces y merecidas muertes. Frente a estos argumentos, un hipotético defensor de Mierdafield podría alegar dos argumentos en defensa de esta peli casi indefendible, los que por ser esta la sección de ¿por qué verla? los trataré por separado, aunque con la prevención de que seré inclemente dejando caer mi hacha después para demolerlos.

:: Es un fiel reflejo de la paranoia post 11-S (y van...) Vale, está bien. Tenemos la cabeza cercenada de la Estatua de la Libertad (muy metafórico esto) y de fondo se derrumba el Edificio Chrysler, si se distingue bien. En ese sentido, el Monstruo de Cloverfield es al Nueva York post 11-S lo que Godzilla es al Japón post 6-A (6 de agosto... la bomba de Hiroshima... 1945, ¿recuerdan?) Pero ya tenemos una tonelada de pelis en los últimos diez años en clave realista o hiperscificciónera explotando el concepto de Nueva York o America ist wunderbar barrida del mapa (CONTRA EL ENEMIGO (ESTADO DE SITIO), GODZILLA, EL DÍA DESPUÉS DE MAÑANA, LA GUERRA DE LOS MUNDOS) además de la serie de TV 24, y no necesitábamos más de eso. Además, la idea de Estatua de la Libertad destruida ya estaba en EL DÍA DESPUÉS DE MAÑANA (y venía de ESCAPE DE NUEVA YORK, aunque esa es antigüita) Para colmo, acá no estamos en los U. S. A., y no mucha gente en el resto del mundo está dispuesta a solidarizar con los yankis que han sido tan hipócritas en sus relaciones con el resto del mundo, no sólo defendiendo su inexcusable saqueo de petróleo en Irak con el ridículo vamos a imponer la democracia (¿desde cuando la democracia significa imponer?) sino también firmando una tonelada de TLCs en que todo el resto del mundo debe liberalizarse, pero ellos derogar sus propias barreras y aranceles proteccionistas y subsidios a sus propios productos... ¡Ah, claro que no! (no lo digo yo, lo dijo Joseph Stiglitz en su libro LOS FELICES 90, y el hombre lo escribió teniendo fresquito el Premio Nobel de Economía del 2001) Vamos, que tenemos a cinco neoyorkinos patéticos que ni siquiera tienen la decencia de morirse rápido y cruel, qué placer puede uno encontrar en esto.

:: Que los personajes sean nulos y carentes de personalidad definida, y que en definitiva prime la imagen por sobre el contenido, es un gigantesco metatexto sobre la (de) Generación MySpace o los YouTube Kids. En ese sentido, una manera inteligente de abordar lo inabordable y aguantar lo inaguantable de Kakafield pasaría por adoptar una visión brechtiana de la peli, de distanciarnos de Inmundofield para ver racionalmente el cuadro general, en vez de acercarnos e imbuirnos en la trama y los personajes. Desde ese punto de vista, CLOVERFIELD no es más que un gran chiste, una enorme tomadura de pelo, en donde no sólo no importan los personajes (planos) sino que tampoco Nueva York (tópica) o el Monstruo (aburrido) y en definitiva, no interesa nada (nada aparte de que compres tu entrada, por supuesto) Es lo mismo que pasa con YouTube o Fotolog: el 99% de lo que se sube a cualquiera de ambos no interesa y no sirve, porque no es más que una muestra de ombliguismo narcisista, carente de contenido, y por tanto, imposibilitado ex hypothesi de brindarnos ninguna experiencia interesante o digna de ser vivida. Y si ese es el caso, entonces, ¿para qué diablos ir a ver CLOVERFIELD, entonces...?

Ideal para: Yutúbicos terminales (y si a los yutúbicos terminales no les gusta, pues bien... se lo merecen, se lo buscaron por ser yutúbicos, en primer lugar)

© Félix Capitán, (2.165 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Cine 9009 el 2 de marzo de 2008