TIEMPO PARA AMAR
TIEMPO PARA AMAR Robert A. Heinlein
Título original: Time enough for love
Año de publicación: 1974
Editorial: La factoría de ideas
Colección: Solaris Ficcion número 75
Traducción: Marta García Martínez
Edición: 2005
Páginas: 533
ISBN:
Precio: 25 EUR

No hay que esperar de TIEMPO PARA AMAR una novela al uso. Se trata más bien de un particular fix-up con varios relatos y reflexiones en las que Lazarus Long / Robert A. Heinlein darán su particular visión del mundo y de la vida.

Heinlein siempre ha sido una figura controvertida por sus simpatías hacia la extrema derecha, que si bien parecen documentadas y hasta refrendadas por testimonios de amigos y conocidos, no resultan tan evidentes leyendo sus obras. De alguien tan extremófilo se esperaría una visión de la vida negativa y pesimista, siempre viendo circunstancias contrarias a su ideario y lleno de consejas dirigidas a meter en cintura a todo lo que se menea. Pero no. Heinlein solo arremete contra los vagos y el Estado. Los primeros porque según él no se merecen nada, o mejor dicho, se merecen exactamente lo que sean capaces de conseguir por su propio esfuerzo, y en cuanto al estado, lo considera un mal menor al que hay que mantener cuanto más lejos mejor.

De esta forma construye a al personaje principal de esta y otras de sus novelas. Lazarus Long es el personaje eterno. Producto de un curioso experimento genético comenzado en a finales del siglo XIX con la intención de lograr individuos cada vez más longevos, Lazarus nace a principios del siglo XX mientras que la acción de la novela transcurre en el año 4272. Lazarus lo ha vivido todo. Guerras sin fin, migraciones al espacio profundo, ha tenido todos los oficios imaginables y ha procreado una y otra vez con gran dedicación. Finalmente, hastiado, decide morir. Más de 2300 años de edad son muchos para cualquiera, y Lazarus, pese a todo, no es muy distinto de sus congéneres. Llega de incógnito, lógicamente es un persona muy conocida, a Nueva Roma, en el planeta Secundus, alquila una habitación en un hotelucho y se tiende en la cama a dispuesto a extinguirse poco a poco. Pero sus entusiastas descendientes no están dispuestos a perderle. Se le encuentra agonizante y tras someterle a una serie de tratamientos de rejuvecimiento (la longevidad no salva de la decrepitud, aunque ésta llegue a los doscientos años) es requerido para aportar sus sabios consejos a la humanidad.

Lazarus no se muestra muy emocionado, considera que cualquier hombre debe hacerse a si mismo y él ya bastante ha hecho por la raza humana. Tras largas conversaciones y algunas astutas maniobras por parte de sus descendientes consiente al fin en regalar a la humanidad con unos cientos de años más de su existencia.

Heinlein tenía una mentalidad de frontera, no cabe duda, todos sus personajes son impetuosos, firmes en sus convicciones (hasta el perezoso de David Lamb) y, sobre todo, lo que tienen es gracias a su esfuerzo y trabajo. No hay lugar en la sociedad de Heinlein para vagos y vividores, Los que se niegan a mantener y defender a un Estado no tienen derecho a pedir la protección de ese Estado. Lo que no significa que tenga demasiada estima por él A lo sumo, los delitos contra el Estado no deberían pasar de «usar armas mortíferas dentro de los límites de la ciudad», «originar un accidente de tráfico», «poner en peligro la seguridad de los espectadores» o cualquier otra falta leve.

Por supuesto, no puede evitar ejercer de escritor contrariado: El «crítico» es un hombre que no crea nada y por ello se considera capacitado para enjuiciar la obra de los hombres creativos. La cosa tiene su lógica; es imparcial: odia por igual a todos los creadores.

¿Homófobo? Hay quien lo afirma, y esta sentencia: El rasgo más triste de la homosexualidad no es el hecho de que sea «mala» o «pecaminosa», o de que no pueda conducir a la procreación, sino el de que por medio de ella es más difícil alcanzar esa unión espiritual. No es imposible, pero todas las circunstancias se oponen a ello. Sin embargo, en la novela sus personajes no hacen ascos a cualquier tipo de actividad lúdico-festiva sea cual sea el sexo de los participantes.

Pese a lo desigual del libro éste se lee con agilidad. No en balde Heinlein sobresalía de entre sus contemporáneos por su habilidad literaria, e incluso se comenta que el propio Asimov, consciente de sus limitaciones al respecto, era lo que más le envidiaba. TIEMPO PARA AMAR no es ni de lejos la novela perfecta, y en demasiadas ocasiones resulta pesada, pero tiene unos cuantos fragmentos notables que hacen de ella una lectura a tener en cuenta, sobre todo para comprender un poco mejor como pensaba el propio Heinlein.

© Francisco José Súñer Iglesias,
(763 palabras) Créditos Créditos