Espacio 1999: OTRO TIEMPO, OTRO LUGAR
ESPACIO 1999: OTRO TIEMPO, OTRO LUGAR Gran Bretaña, 1976
Título original: Another Time, Another Place
Dirección: David Tomblin
Guión: Johnny Byrne y Christopher Penfold
Producción: Gerry y Sylvia Anderson
Música: Barry Gray y Vic Elms
Fotografía: Frank Watts
Duración: 49 min.
IMDb:
Reparto: Martin Landau (comandante John Koenig); Barbara Bain (doctora Helena Russel); Barry Morse (profesor Víctor Bergman); Nick Tate (Alan Carter); Prentiss Hancook (Paul Morrow); Zienia Merton (Sandra Benes); Clifton Jones (David Kano); Anton Philips (doctor Mathias); Judy Geeson (Regina Kesslan)
Otro tiempo, otro lugar

Sexto episodio de la primera temporada de la serie, OTRO TIEMPO, OTRO LUGAR nos presenta una atractiva historia sobre universos paralelos y realidades alternativas. Quien esto firma siente un cariño especial por este capítulo, ya que fue el que me introdujo en esta interesantísima vertiente de la ciencia-ficción. El fabuloso episodio de Star Trek TOS: ESPEJO, ESPEJITO ya había tratado el mismo tema, pero cuando se emitió Espacio 1999­ por primera vez, yo todavía no conocía la gran creación de Gene Roddenberry así que, repito, éste fue el primer relato de universos paralelos que conocí.

Nuestra historia comienza cuando la Luna, en su eterno vagar por el espacio sideral, es afectada por un extraño fenómeno cósmico de origen desconocido, a consecuencia del cual los alfanos padecen una serie de visiones y trastornos transitorios de lo más peculiares. La más afectada por el fenómeno es Regina Kesslan (Judy Geeson) que es víctima de un ataque de pánico y se desvanece. Cuando, aparentemente, todo ha concluido, la muchacha es trasladada a la sección médica para permanecer bajo observación. Mientras tanto se comprueba que la posición de la Luna en el espacio ha cambiado y que ahora se encuentra en un sistema solar que, sorprendentemente, se asemeja bastante al nuestro, pues incluso tiene nueve planetas. Koenig ordena que se explore con los sensores de largo alcance, a fin de determinar que clase de sistema planetario es ese y si existe en él algún mundo habitable.

Mientras tanto, Regina parece haberse vuelto loca. Cree estar viviendo en la superficie de un planeta. No para de preguntar si han regresado ya Alan y el comandante, y en un momento dado, presa de histerismo, afirma que Koenig y Carter están muertos. Helena no entiende lo que ocurre, pero observa algo sorprendente: Regina tiene quemaduras en las manos y el rostro; quemaduras que sólo pueden haber sido producidas por una exposición prolongada a los rayos del Sol. Parece imposible, pero es así, y nuestra estimada doctora no le encuentra explicación lógica.

Otro tiempo, otro lugar

Koenig y Victor se muestran tan sorprendidos como Helena. Pero los acontecimientos sorprendentes no han hecho más que empezar. La Luna ha ido aproximándose al tercer planeta del sistema en que se encuentran, y la computadora central de Alfa, tras analizar los datos que se reciben de los sensores, identifica ese mundo como... la Tierra.

Tras el primer instante de estupefacción, la alegría inunda la Base Lunar Alfa. Todo parece indicar que, de alguna manera que no aciertan a comprender, ese extraño fenómeno espacial les ha devuelto a casa. Inmediatamente, tratan de ponerse en contacto por radio con la Tierra, pero no obtienen ninguna respuesta, lo que induce al comandante a tomar ciertas precauciones, que no son del agrado de Alan Carter, que se muere por tomar un Águila y descender al planeta. Pero al Primer Piloto le aguarda una sorpresa aún mayor que el regreso a la Tierra. La doctora Russell­ le pide que vaya a la enfermería, y cuando llega allí, Regina se echa en sus brazos, llamándole amor mío y dando gracias a Dios porque por fin ha regresado. Pero un momento después, la muchacha sufre un ataque de histeria, grita ¡Estás muerto, estás muerto! y Helena tiene que inyectarle un sedante. El aguerrido piloto no entiende nada e interroga a Helena al respecto. La respuesta de ésta le deja atónito. Regina cree estar casada con él. Además, la joven sufre periódicas crisis nerviosas, durante las cuales afirma que tanto John como él han muerto hace mucho tiempo.

La Luna, según todos los datos, reingresará en la órbita terrestre en apenas unas horas. El comandante quiere esperar hasta que se confirme la órbita, antes de enviar una nave a la superficie. Poco después, Selene vuelve a orbitar la madre Tierra, pero la explosión de júbilo de los que están en el Centro de Mando en ese momento es abortada por la repentina irrupción de Regina. La mujer, que ha tenido una espantosa pesadilla en la que se veía persiguiéndose a sí misma, ha golpeado al doctor Mathias y a un guardia de Seguridad que intentó detenerla. Fuera de sí, con un láser en posición de matar, la muchacha suplica a Alan que la ayude. Una nueva convulsión nerviosa la sacude, y, tras arrojarse en brazos del piloto y expresar una vez más su alegría porque está vivo, muere ante las aterradas miradas de sus compañeros.

A todo esto, las noticias sobre la Tierra no son buenas. El profesor Bergman ha comprobado que el eje del planeta ha variado cinco o seis grados, lo que ha provocado grandes alteraciones climáticas. La mayor parte de la superficie es inhabitable, pero han localizado una zona de California en la que puede haber vida. Justo en ese mismo instante entra Helena, que acaba de terminar la autopsia de la desdichada Regina. John y Víctor se quedan boquiabiertos ante la placa termográfica que les muestra la doctora, en la que se aprecia perfectamente que la muchacha tenía... ¡dos cerebros!

Otro tiempo, otro lugar

Nuestros héroes van de sobresalto en sobresalto, porque es entonces cuando Morrow reclama urgentemente la presencia del comandante en el Centro de Mando. Los sensores acaban de detectar otro cuerpo celeste en órbita alrededor del planeta. De ese cuerpo, una réplica exacta de la Luna, llega una transmisión, que resulta ser... ¡la señal de navegación de la propia Alfa! Resulta increíble pero, como comenta el profesor Bergman, parece que los alfanos se han encontrado a ellos mismos.

John y Alan parten de inmediato en una nave hacia esa Luna, donde encuentran una copia exacta de la base Alfa, pero completamente abandonada. Al poco, localizan los restos de una Águila estrellada en las proximidades, y cuando van a investigar, descubren los cadáveres de sus tripulantes, perfectamente conservados por el vacío espacial. Los muertos son... ¡ellos mismos!

Ahora ya no caben dudas. De alguna manera que no se ven capaces de comprender, han llegado hasta un universo alternativo, a otro tiempo y otro lugar, en el que existe otra Tierra, otra Luna, y un doble u otro yo de cada uno de ellos. Koenig quiere enviar una nave a la Tierra, pero Helena teme que, si se acercan a esa otra gente, corran la misma suerte que la pobre Regina. Pero son las circunstancias las que decidirán por el comandante. Bergman acaba de comprobar que las dos Lunas, situadas en el mismo plano orbital, están en curso de colisión. Sólo disponen de cuarenta y ocho horas de tiempo antes del choque, y John ordena activar la primera fase de la Operación Éxodo, el protocolo de evacuación total de Alfa. Helena insiste en que sólo deben bajar a la Tierra Alan y el comandante, que para los otros alfanos llevan cinco años muertos. Ella, como oficial médico, no tiene más remedio que ir también, aún a riesgo de encontrarse con su otro yo, ya que el doctor Mathias está reponiéndose de la herida que le infligió Regina.

Nuestros héroes parten hacia la Tierra y, efectivamente, detectan señales de vida humana en la zona de California señalada por el profesor Bergman. El Águila aterriza de noche y nuestros protagonistas no tardan en localizar el asentamiento de los otros­. Carter y Helena contemplan asombrados la edificación que tienen ante sí. Se trata de la misma casa que Regina, aficionada a la pintura, plasmó en un lienzo poco antes de morir.

Otro tiempo, otro lugar

John entabla contacto con el Bergman alternativo, que le explica los pormenores de lo ocurrido allí. Este segundo Bergman ha observado la presencia de dos Lunas en el cielo nocturno y ha comprendido lo que eso significa. La Tierra en la que se encuentran, según Víctor -dos, no es, ciertamente, la misma Tierra que los recién llegados conocieron. Es... otra Tierra. Bergman relata a John sus esfuerzos por devolverle la vida a ese mundo yermo, que antaño albergó una poderosa civilización, otra Atlántida quizás, de la que se encuentran vestigios por todas partes. A fin de aprovechar mejor los escasos recursos y tener más posibilidades de sobrevivir, los trescientos y pico alfanos se han dividido en pequeñas comunidades, esparciéndose por la limitada zona habitable del planeta. En su lucha por colonizar de nuevo ese lugar, han sacrificado todo lo que pudieron transportar desde Alfa-dos. La comunidad parece próspera, e incluso hay un par de pequeñuelos, hijos de Paul y Sandra. Koenig se muestra admirado por los progresos que han hecho, a pesar de las adversas condiciones a las que han tenido que enfrentarse. Víctor -dos, sonriendo con cierta ironía, reconoce que establecer la colonia allí fue una decisión acertada... del comandante John Koenig.

Morrow-dos, mientras tanto, explica a Alan cómo murió la Regina Carter alternativa cuando se produjo un inesperado fenómeno cósmico que parecían cometas luchando en el cielo. Alan comprende que ambas Reginas murieron al mismo tiempo, y Paul-dos recalca que eso no fue una casualidad. Helena, por su parte, se entrevista con su otro yo, que le pregunta si John ha venido con ella. Ante la respuesta afirmativa de Helena-uno, Helena-dos expresa su deseo de ver de nuevo a Koenig, y así, ambas Helenas salen de la casa, y la alternativa se aproxima a un demudado John Koenig, que al principio no acierta a reaccionar; pero luego, respondiendo a un impulso que no puede ni quiere controlar, estrecha entre sus brazos a la mujer y la besa dulcemente. Un segundo más tarde, la Helena alternativa se desploma sin vida.

Los alfanos alternativos están preocupados. Saben que las Reginas murieron al enfrentarse consigo mismas en su mente, y que su Helena pereció al enfrentarse con ella misma en persona. La presencia de los otros allí pone en peligro su supervivencia y exigen a Koenig que se marchen y que no desembarquen en ese planeta. John insiste en que no tienen otra alternativa que establecerse en ese mundo, puesto que la Luna acabará estrellándose contra su réplica, y no tienen otro sitio adonde ir. En el ardor de la discusión, Carter y Morrow sacan a relucir los láser, pero la afortunada intervención de Bergman impide que la cosa vaya a mayores. El profesor convence a John de que deben regresar a su Luna. No puede explicarlo en términos sencillos, pero el científico sabe que la situación extraordinaria que están viviendo ha sido producida por una especie de anomalía cósmica temporal, y que dicha anomalía desaparecerá cuando ambas Lunas entren en contacto. En ese momento, según él, el tiempo y el espacio se corregirán solos, y nuevamente habrá sólo una Luna y una comunidad. A John no le queda otro remedio que aceptar esto, y emprenden el regreso a Alfa. Ya en la base, todos esperan en tensión el momento en que las Lunas colisionen. ¿Y si el Bergman alternativo estaba equivocado, y lo que ocurre es que los satélites se destruyen mutuamente? Cuando se produce el choque, parece que, efectivamente, es el fin de la base Alfa y sus habitantes. Pero poco después, nuestros héroes recuperan el sentido sanos y salvos. La posición de la Luna en el espacio ha cambiado nuevamente y la extraordinaria aventura vivida en ese universo alternativo les parece casi un sueño. Carter se pregunta si aquella otra gente existió realmente, y el profesor Bergman observa entonces el ramo de flores que Helena tiene en las manos. Las flores que su otro yo le dio poco antes de morir.

Otro tiempo, otro lugar

Cuando veo de nuevo OTRO TIEMPO, OTRO LUGAR, siempre pienso que el argumento habría dado más de sí en un episodio doble. La historia es fascinante y sobrecogedora, y si los guionistas la hubieran desarrollado un poco más, hubiese sido una estupenda película de ciencia-ficción de 100 minutos de duración dividida en dos partes. Con todo, el episodio resulta muy ameno, ya que ocurren muchas cosas sorprendentes en muy poco tiempo, y el espectador se ve tan desbordado por los acontecimientos como los protagonistas de la serie. Esto provoca que el capítulo en cuestión, cuya duración es de cincuenta minutos, como todos los demás excepto PORTADORES DE MISTERIO, nos parezca mucho más corto. Es, realmente, uno de los relatos más entretenidos que nos ofreció Espacio 1999­ y sólo puedo encontrarle una pifia. Me refiero a lo de los dos cerebros de Regina Kesslan, que es una solemne tontería. Lo mejor, a mi juicio, habría sido que Bergman o Helena hubiesen esbozado alguna teoría acerca de la posibilidad de que Regina albergase en su mente dos conciencias, idénticas pero contrapuestas. Tal vez os parezca un poco complicado, pero resultaría mucho más plausible que lo del cerebro gemelo que, sin duda, habría hecho estallar el cráneo de la pobre muchacha, ¿no?

El reparto es el habitual de la serie, y sólo podemos destacar la interpretación de Judy Geeson, una bella y excelente actriz británica a la que muchos recordarán por su papel de mujer policía en BRANIGAN, junto al sin par John Wayne y Richard Attenborough, y por su más que correcto trabajo en EL ESTRANGULADOR DE RILLINGTON PLACE, en la que volvió a compartir protagonismo con el citado Attenborough.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.178 palabras) Créditos