CIELOS REFLEJADOS
CIELOS REFLEJADOS David J. Williams
Título original: The Mirrored Heavens
Año de publicación: 2008
Editorial: Via Magna
Colección: Quantum
Traducción: Daniel Melendez Delgado
Edición: 2009
Páginas: 589
ISBN:
Precio: 21,95 EUR

Soy de la opinión que no conviene leerse las contraportadas y solapas de los libros más allá del resumen del contenido, y con todo, ser muy cauto al respecto. Como no podía ser menos, los elogios de orden superlativo que se lanzan sobre esta obra desde las breves notas firmadas por prestigiosos gurus del género son apabullantes. Si de la interpretación literal de ellas dependiera el futuro del género, hubiera llegado su fin porque después de esta novela solo habría medianías sin futuro. CIELOS REFLEJADOS puede ser descrita como una trepidante novela de acción. Que lo es. También resiste la comparación con una formidable conspiración más allá de las capacidades de cualquier servicio de inteligencia. Que lo es. Incluso se la puede calificar como extraña historia de amor entre un hombre y una mujer que ni siquiera saben si sus sentimientos son ciertos o implantados. Que lo es.

Pero nada más. Ni revolucionará la ciencia-ficción, ni será la obra determinante de principios de siglo ni nada por el estilo. Otra más del montón y gracias. Los editores deberían plantearse seriamente ese tipo de trucos promocionales. Le hacen más mal que bien a los libros porque una vez terminada la lectura, ésta queda en su justo lugar, pero nunca en el Olimpo prometido.

En realidad CIELOS REFLEJADOS parte de una premisa atractiva: un algo llamado Lluvia de Otoño organiza tal zapatiesta que el mundo está a punto de irse al carajo por siempre jamás. En un apéndice de la novela (que más valdría que hubiera estado como introducción) se explica un poco el estado del arte. A lo que se ve, tras unas cuantas guerras, masacres y tratados de paz, o similares, el mundo queda dividido en algo así como Yankilandia y Eurasia, con Sudamérica y África como Patios Traseros respectivos. Todo transcurre más o menos cordialmente, incluso se construye un ascensor espacial comunal, pero de repente ese algo interviene. Destruye el Ascensor Espacial, causa el caos en los sistemas de comunicaciones, y enfrenta a todos con todos. Si eso fuera poco, grupos terroristas/partisanos/insurgentes echan una mano en la siembra del caos, y el alboroto que se organiza a nivel planetario, e incluso lunar, es de tal magnitud que se está a un tanto así (júntese sin que se toquen índice y pulgar) de la aniquilación total.

Actores menores entre tanto alboroto, pero protagonistas de la novela y viviendo la aventura de su vida, son un Agente, la parejita ya mencionada y un tal Spencer, que es la leche en bote. Todos ellos son de los buenos, es decir, no son la Lluvia, y sus respectivas misiones/aventuras van encaminadas, más o menos, hacia la aniquilación/desenmascaramiento de la Lluvia. Todo eso en medio de una inmensa ensalada de tiros en la que no se escatima nada, si hay que descerrajar un 9mm Parabellum se descerraja, si hay que detonar una nuclear, se detona. Que no falte alegría.

Lamentablemente CIELOS REFLEJADOS termina naufragando por exceso de tonelaje. Por lo pronto son tres novelas en una. Las líneas argumentales del Agente, Spencer y la parejita corren paralelas, pero sin tocarse en ningún momento, sin entrelazarse, ni siquiera llegan a converger. Eso no deja de ser frustrante porque se espera que entre unos y otros aporten los detalles necesarios para dar pleno sentido a las respectivas aventuras y a la novela en general, pero no es así. Hay explicaciones finales, por supuesto, pero un tanto apresuradas y casi sin relación con las balaseras previas.

Por otro Williams se empeña en escribir una novela de acción... con una única escena de acción repetida cuarenta veces, hasta el punto de que llegan a ser perfectamente intercambiables, por no hablar de una mala interpretación de aquel famoso aserto que recomienda que una obra de acción tiene que empezar con un terremoto e ir creciendo en intensidad. Empezar con un terremoto no significa que tenga que ser una sucesión ininterrumpida de terremotos. Eso aburre. Cansa. No emociona. Por no hablar de los diálogos transcendentes que constituyen parte importante de las transiciones entre terremotos. Muchos de ellos entre lo insufrible y lo cargante.

En definitiva, una novela indudablemente entretenida pero excesiva. Apta para leer con el mododepeliculadetiros activado, pero nada más. Encima un par de descorazonadoras páginas finales amenazan con una segunda parte (CIELOS INCINERADOS, de hecho) Porque claro, no queda del todo explicado quien ni que se pretende con la Lluvia de Otoño.

© Francisco José Súñer Iglesias, (739 palabras) Créditos