DEVORADORES
DEVORADORES David Calleja Cuñado
Título original: ---
Año de publicación: 2009
Editorial: Juan José Aroz, Editor
Colección: Espiral, ciencia-ficción nº 44
Traducción: ---
Edición: 2009
Páginas: 328
ISBN:
Precio: Descatalogado

DEVORADORES parte de varias premisas bastante atractivas por si mismas. Como fundamento de toda la novela, una secta religiosa, los baalitas, adoradores de Baal, no se sienten cómodos en la Tierra y deciden llevar adelante su propia utopía en algún lugar discreto del Sistema Solar. Tras varios fracasos encuentran al fin en Plutón ese rinconcito soñado donde desarrollar plenamente sus creencias.

Todo esto, claro está, no sienta nada bien a la malvada curia romana que maquina por todos los medios a su alcance para frustrar los planes de los baalitas. Ni siquiera cuando estos consiguen su objetivo los deja en paz. Y por si fuera poco, un ente extraterrestre, tiene barra libre de almas humanas gracias a otros extraterrestres más o menos bienintencionados que, para relacionarse con él, han abierto una de esas puertas que tanto le gustaban a Lovecraft. Por circunstancias que no vienen al caso los extraterrestres bienintencionados (o no) desaparecieron dejando unas interesantes ruinas alienígenas, el portal abierto con el ente aburrido y decenas de pequeños entes reptando por ahí en busca de alimento psíquico.

Todo esto se puebla con unos caracteres marcados (mineros, personal de oficina, taberneros, policías, curas-rambo, comisarios religiosos, y jerarcas de variado pelaje) y se obtiene un cóctel dinámico y aventurero, en la línea del Joe di Griz de Harrison. Ciertamente David Calleja ha mejorado desde su anterior novela (SOMBRAS DE UN MISMO SOL) y consigue imprimir un ritmo vivo a la narración, ha contenido la tendencia a la sobreescritura y se ha centrado más en lo que cuenta, aunque sin descuidar como lo cuenta.

La novela trata de las aventuras de Maya en Plutón. Ella es una simple telefonista que ha huido de la Tierra y ha encontrado en el Plutón baalita un rincón en el que esconderse y olvidar. Pero los baalitas no parecen haber aprendido nada (o quizá hayan aprendido mucho) y se empeñan en imponer una moral casposa y trasnochada, que bien pudiera ser del gusto de los fieles al culto, pero que ni va ni viene a los trabajadores infieles contratados para sacar adelante la próspera colonia. Maya se desahoga ante Jeremías, su tabernero favorito, baalista convencido aunque cripto-crítico con la deriva que ha llevado la Jerarquía los últimos tiempos.

En una de sus charlas aparece por la taberna un hierático personaje que asegura venir en busca de un trabajo bien pagado tras recorrer el resto de las colonias del Sistema Solar sin encontrar nada de su gusto. Tanto Maya como Jeremías lo calan pues no se trata del típico minero, tiene un algo especial que, como comprobarán a no mucho tardar, les va a cambiar la vida para siempre.

Como digo, la novela se mueve en unos parámetros bastante aceptables en cuanto a escenario y acción, a David Calleja le falta aún un trecho para pulir el estilo, que con demasiada frecuencia se hace demasiado rígido. Tampoco ayuda el continuo cambio de punto de vista del narrador, de la tercera persona del narrador omnisciente a la primera, incluso se atreve en alguna ocasión con la segunda. Cuestión que tampoco es mala por si misma, pero si se usa con habilidad. Pero en lo que no consigue en modo alguno su objetivo es en aunar una narración amena y entretenida con la exposición de sus propias convicciones.

Aunque no es algo que me resulte atractivo, no me molesta demasiado que una novela de aventuras sea el vector de transmisión de cuestiones políticas, religiosas o científicas si el autor es capaz de imbricarlas con habilidad en la narración, ya habrá tiempo de aplaudir o discrepar según corresponda. Pero si no se hace con ingenio, lo único que se consigue es convertir la novela en un catálogo muy poco atractivo de sentencias filosóficas, y ahí es donde falla principalmente DEVORADORES. David Calleja pone en boca de sus personajes su particular visión de la religión, de la jerarquía eclesiástica y de varios otros valores humanos, pero lo hace a destiempo y sin demasiada elegancia, introduce en los diálogos unos parlamentos sesudos que ni cuadran con el aparente temperamento del personaje ni con la situación apurada en la que se encuentra, usando en las más de las ocasiones un tono declamativo menos apropiado aún.

En resumen, una novela que, con sus defectos, se deja leer como aventura ligera, pero que deja un marcado regusto a breviario camuflado.

© Francisco José Súñer Iglesias, (727 palabras) Créditos