RELATOS DE ALDISS, ASIMOV Y BRADBURY
RELATOS DE ALDISS, ASIMOV Y BRADBURY Brian W. Aldiss, Isaac Asimov, Ray Bradbury
Título original: ---
Año de publicación: 1965
Editorial: Bruguera
Colección: Naranja nº 76
Traducción: M. Gimenez, J. Piñeiro
Edición: 1982
Páginas: 202
ISBN:
Precio: Agotado

Editar en un único volumen un relato de la entidad de EL ARBOL DE SALIVA no hubiera resultado demasiado extraño, pero quizá los responsables de Bruguera consideraron que habría que darle al lector algo más por su dinero y añadieron a este pequeño volumen un par de relatos más, UN CETRO FINAL, UNA CORONA DURADERA, de Ray Bradbury y LA CLAVE, de Isaac Asimov. Tampoco es menos cierto que el nombre de Brian Aldiss resultaba menos atrayente que cualquiera de sus dos colegas, sobre todo el de Asimov, y asegurar la venta mediante la inclusión de un valor seguro como era el Buen Doctor, no era una cuestión menor, de hecho, la portada de Isidre Monés se inspira en la LA CLAVE.

El caso es que gracias a eso me fue posible en su tiempo tener entre las manos ese fascinante relato que es EL ARBOL DE SALIVA, en el que Aldiss homenajea sin pudor la obra de H. G. Wells mucho antes de que infinidad de émulos dijeran hacerlo desde el steampunk. EL ARBOL DE SALIVA no es, sin embargo, steampunk ni nada que se le parezca, es algo mejor, es un relato escrito a la manera de, intentando imitar el estilo de Wells y aunando en un mismo relato varios de los temas que trató. Así, la invasión extraterrestre están inspirada en LA GUERRA DE LOS MUNDOS, la esquiva naturaleza de los alienígenas en EL HOMBRE INVISIBLE, y el gigantismo y exuberancia que se adueña de la granja de los Grendon en EL ALIMENTO DE LOS DIOSES. Aldiss sintetiza admirablemente todas esta obras, extrae toda la esencia de Wells y la condensa en apenas cien páginas de un relato intenso y emocionante, llegando incluso a dar un breve pero significativo protagonismo al propio Wells.

Todo comienza cuando un extraño objeto cae del cielo en el estanque de la granja de los Grendon. Gregory Rolles mantiene una cierta amistad con Joseph Grendon y además pretendiente de su hija, la bella Nancy. Por eso no tarda en personarse para investigar el suceso pero el objeto, hundido en el agua, no revela sus secretos. Por el momento. Pasan los días y en la granja se suceden todo tipo de sucesos extraños como animales que aparecen muertos o huidizas e invisibles presencias, pero lo más extraño de todo es la repentina exuberancia de la fauna y flora locales. Los animales crecen y engordan en la misma medida que las hortalizas, los partos de las hembras traen al mundo multitud de crías, todo parece rebosar vida, pero de una manera extraña y malsana. La tragedia se precipita cuando la señora Grendon da a luz casi una decena de chiquillos, provocando la locura de la mujer. Todo parece indicar que el enigmático objeto que reposa en el fondo del estanque es el causante de todo aquel desatino.

Aldiss maneja con maestría el tempo de la narración, poco a poco incrementa el suspense, el misterio, la locura que se adueña de todos los habitantes de la granja, rodeados de coles del tamaño de pequeños árboles, cerdos como caballos, y un exceso en general que mueve al terror.

Un detalle curioso, en estos tiempos de la comunicación instantánea y las noticias al minuto, es la aparente calma con la que Gregory maneja el asunto. Desde que es evidente que algo grave ocurre en la granja hasta el desenlace final pasan meses. Va y viene mientras que Grendon se ocupa de la granja y sus monstruosos habitantes, apareciendo oportunamente, eso si, en el momento final para salvar a su amada Nancy.

No es extraño que el relato ganara el premio Nebula en 1965.

Le acompañan dos dos relatos antes mencionados, no muy destacados en la producción de sus autores, pero con sus propias virtudes.

Así, UN CETRO FINAL, UNA CORONA DURADERA, de Ray Bradbury, toma de forma entre humorística y nostálgica el sempiterno mal tiempo de las Islas Británicas, abandonadas poco a poco por sus habitantes en busca del buen tiempo del Pacífico, de Florida, de las Canarias. Pero no todos optan por marcharse, finalmente queda un único habitante de las islas que no cede ante los ruegos y se queda sin importarle el frío, el viento o la lluvia.

Lo curioso de este relato es que el fondo que lo sustenta es el cambio climático, pero un cambio climático que nada tiene que ver con las agoreras previsiones actuales. Se supone que estamos en pleno calentamiento global que derretirá los polos, inundará el Atacama y desplumará todo animal de pico en ambos hemisferios. Aldiss, en cambio, propone todo lo contrario, el clima se enfriará de tal manera que el ya de por si desagradable clima británico se hará insoportable, empujando a la población a emigrar hacia el sur.

Por su parte, el relato de Asimov, LA CLAVE, es una aventura de Wendell Urt, el planetólogo al que la palabra viaje le convierte en una pulpa aterrorizada. Eso no le impide tener uno de los cerebros más brillantes de la galaxia, si no el que más, y ser capaz de deducir con las pocas pistas que le proporcionan sus visitantes los enigmas que le piden resolver. En este caso se trata de un artefacto alienígena de sorprendentes capacidades, oculto por un científico en la Luna para que no cayera en manos de unos peligrosos radicales. Urt, naturalmente, apenas tarda unos pocos minutos en desentrañar un misterio que trae de cabeza a los servicios de inteligencia. Si se me permite la apreciación, es posible que sea uno de los relatos más literarios de Asimov, por encima de la media del resto de su producción. Lo que por otro lado, tampoco era difícil.

© Francisco José Súñer Iglesias, (944 palabras) Créditos