ULTIMÁTUM A LA TIERRA
ULTIMÁTUM A LA TIERRA EE.UU., 1951
Título original: The day the earth stood still
Dirección: Robert Wise
Guión: Edmund H. North
Producción: Julian Blaustein
Música: Bernard Herrmann
Fotografía: Leo Tover
Duración: 92 min.
IMDb:
Reparto: Michael Rennie (Klaatu); Patricia Neal (Helen Benson); Hugh Marlowe (Tom Stevens); Sam Jaffe (Prof. Jacob Barnhardt); Billy Gray (Bobby Benson); Frances Bavier (Mrs. Barley); Lock Martin (Gort)

En plena época de guerra fría Robert Wise, director entre otras de las conocidísimas WEST SIDE STORY, SONRISAS Y LÁGRIMAS, LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA, o STAR TREK, THE MOTION PICTURE, realiza este film que se ha convertido en referente para la ciencia-ficción fílmica.

En las listas de los mejores filmes de ciencia-ficción, suele aparecer en un lugar destacado, ahora bien, ¿refleja esto la realidad? ¿Es una buena película de ciencia-ficción?

Pues no sabría que decir. Realmente la considero una película interesante y mas aún si la tenemos en cuenta la época de realización.

Que yo sepa, es la primera vez en la que los extraterrestres son amigables y no feroces invasores. Aquí los malos somos los terrestres que acosan al pobre Klaatu.

Pero vayamos con la historia:

Los radares terrestres detectan un objeto en órbita terrestre que desciende rápidamente hacia la Tierra. Un auténtico platillo volante desciende en un parque de Washington, ante la tremenda expectación de la gente. Una vez rodeado por el ejército, sale de la nave un humanoide vestido con un extraño traje espacial. Cuando extrae un raro artefacto de sus ropas, un soldado, muy nervioso, le dispara hiriéndole en un hombro. En ese momento aparece el segundo protagonista de la historia, un gigantesco robot llamado Gort, que usando un genuino rayo desintegrador, destruye las armas de los soldados, incluyendo un tanque y un cañón. Sin embargo, el robot, es detenido por el extraterrestre, que es conducido a un hospital militar. Allí nos enteramos que se llama Klaatu y que ha venido a la Tierra para entrevistarse con los dirigentes terrestres, a los que tiene que dar un importante mensaje. Como es imposible reunir a los presidentes de estado, debido a su desconfianza, Klaatu escapa para, según sus palabras, aprender sobre la humanidad.

Esta es, en síntesis, la primera media hora de la película que nos narra la sorpresa y el desconcierto de las autoridades terrestres ante el increíble caso. A partir de este momento la película pasa a ser formalmente cine negro. El fugitivo que se oculta, la fotografía típica, ejemplar el plano de la entrada del viajero en la pensión, o la visita al científico que se planeta como arquetípica del cine de espías, hasta el traidor que siempre debe de haber en el género negro.

La última parte se decanta mas hacia la ciencia-ficción, incluyendo la visita a la nave, con unos decorados mas que interesantes y algunos hallazgos, tales como las pantallas, o sensores, táctiles que se usan, o la máquina de resurrección, muy parecida a un equipo de RMN o escáner médico actual.

Hace muchos años que la vi, pero que muchos, y ayer conseguí de nuevo visualizarla en una cadena de cable. Como es lógico la he percibido completamente distinta a como la recordaba. De momento las barbaridades científicas son de nota, baste un ejemplo: Klaatu dice provenir de un planeta situado a 250 millones de millas. O bien se estaba quedando con el delegado del gobierno, o, lo mas probable, al guionista le pareció que era muy lejos esto, aunque realmente ni siquiera había salido del sistema solar. Este guionista es el mismo que de PATTON y METEORO. Esta última tampoco podríamos decir que se trate de una maravilla de adecuación técnica, así que puede avalar mi teoría.

No pretendo que estas películas sean un derroche de datos técnicos creíble o exactos, pero si es cierto que ahora me chocan, cuando no lo hacían hace años.

Por otra parte se me ha antojado excesivamente mesiánica, cosa que tampoco aprecié en su época. Klaatu viene a advertir a la humanidad de que está por el mal camino, igual que dicen que hizo cierto señor hace 2000 años, aunque en aquella época no se yo si estarían por el mal camino. Además adopta la identidad de un tal Carpenter / Carpintero, y como última alusión mucho mas clara lo matan, y resucita, o mas bién: lo resucitan. Ya tenemos, pues, el Mesías del siglo veinte, tendencia que también se refleja en muchas novelas de ciencia-ficción, cuyos autores se empeñan en que alguien nos tiene que llevar por el buen camino. Léase por ejemplo FORASTERO EN TIERRA EXTRAÑA del maestro Heinlein. Con respecto a este tema el guionista Edmund H. North dice: Sinceramente, no esperaba que el público se diese cuenta de las alusiones. Nunca quise que fuera algo consciente, pero pienso que es valioso tal como está. Es decir, según interpreto, dio las claves para que unos pocos supieran de que se trataba, pero que el gran público no se diera cuenta. Otro motivo mas para que piense que los guionistas creen que los espectadores somos memos. Hay una corto plano en el cual Rennie observa la etiqueta del traje que ha robado en el hospital. Al ver que pertenece a un tal Carpenter se sonríe. Y yo me pregunto: ¿conocía la identidad del hijo del carpintero? ¿es otro guiño del guionista, para los elegidos? No sé, pero si sé que resulta tan obvio para mí, que no creo que pueda pasar desapercibido.

Como buen mesías que se precie ha de dar su consejito moral para los descarriados mortales que resulta ser una transposición de lo que hace el imperio norteamericano con el resto del planeta. No nos vamos a quedar quietos si vosotros no hacéis lo que os digamos. Así que u os portáis bien y políticamente correctos u os mando a la policía galáctica, en forma de robot. El Gran Hermano os vigila amigos.

Hasta ahora me he fijado en el argumento, pero tendría que remarcar dos importantes logros del film: una adecuada música de Bermann, plagiada-homenajeada en la película MARTE ATACA por Danny Elfman, y una planificación estructural en bloques perfectamente definidos: el encuentro, casi en forma de documental televisivo (de hecho participaron muchos locuteres conocidos de la época, la búsqueda, que efectúa Klaatu para saber como piensan los terrestre y su relación con los humanos, con Bobby, su madre, o el novio de esta, y la partida, con la escena fundamental entre el Gort y Helen.

Por otra parte, el contexto paranoico de la época se está subyacente en todo el metraje. El tremendo miedo al extranjero o a lo diferente. Como muestra baste contemplara dos planos distintos: El hombre de la calle que sale corriendo gritando ¡Ya están aquí, ya están aquí! verdaderamente aterrado, al comentario del Secretario de Estado sobre la respuesta a la petición de reunión de los jefes de Estado, los rusos dicen que van si es en Moscú, a lo que contestan los ingleses que ellos no van si es en Moscú y sí asistirán en caso de que sea en Washington. Las tensiones internacionales que se muestran son un fiel reflejo de lo ocurría a principios de la década de los 1950. De hecho sólo se consigue reunir a un grupo de científicos, los políticos tienen otros intereses, que como buenos científicos, están al margen de estas peleas fronterizas. Una visión muy parcial y optimista de la Ciencia, por otra parte.

Como resumen decir que es una película muy correctamente realizada, que sienta las bases de una nueva manera de enfocar el tema de la invasión alienígena fílmica, pero que deja una moralina que no es de mi agrado. No obstante la recomiendo como imprescindible dentro de la ciencia-ficción, o para cualquier otro público que podrá disfrutar con una película bien hecha.

Nota: El cuento corto de Harry Bates, en que supuestamente se basa el film, es totalmente diferente. Aparte de que el robot se llama Gnut, Klaatu no parece que venga a avisar a la humanidad de nada, y además muere en cuanto baja del platillo, asesinado por un fanático.

Se desarrolla en un futuro de la humanidad, en la que hay taxis aéreos, pantallas de televisión y otros avances (el cuento es de los 40), y no en el presente. Y por supuesto el final es totalmente diferente. Sólo es vagamente parecido a la película en el robot y la resurrección, aparte del nombre de Klaatu.

Anécdotas

Se rodó en siete semanas con dos unidades de rodaje, una en Washington y otra en estudio.

El platillo volante costó según unas fuentes 20.000 dólares y según otras, 100.000. Me inclino por la primera versión ya que estaba construido en alambre, madera y pintura plateada, y los interiores no parecen ser tan caros.

La famosa frase Klaatu Barada Niktu se emplea en EL IMPERIO CONTRAATACA como nombre de tres de los soldados de Jabba, también son las palabras mágicas que olvida Ash (Bruce Campbell) en el film EL EJÉRCITO DE LAS TINIEBLAS.

Se construyeron tres trajes para el robot. Uno de ellos macizo y los otros dos con cremalleras delante y detrás, que se empleaba según las tomas.

Se pensó para interpretar a Klaatu en los actores Spencer Tracy y Claude Reins, pero fue finalmente un actor inglés desconocido para el público americano, Michael Rennie, el que consiguió el papel.

Bibliografía

EL CINE FANTASTICO. José María Latorre. Ed. Dirigido

HAY ALGO AHÍ FUERA? Jordi Costa. Biblioteca del Dr. Vértigo. Ed. Glenat

REVISTA DIRIGIDO Nº 279, mayo 1999. Artículo de Javier Hernández Ruiz.

© Alfonso Merelo,
(1.526 palabras) Créditos

Llegando a la Tierra
Llegando a la Tierra

ULTIMATUM A LA TIERRA, producción Fox de 1951, ha sido injustamente calificada como película de serie B, y metida, por tanto, en el mismo saco que otras producciones de su época, notablemente inferiores a ella tanto en calidad artística como técnica. Si bien es cierto que Wise contó con un presupuesto ajustado, también lo es que éste fue superior al de cualquier producción de su estilo, marcando una cierta distancia entre esta obra y otras aparentemente similares. Pero, consideraciones económicas aparte, lo que diferencia a ULTIMATUM A LA TIERRA de otras películas de ciencia-ficción de los cincuenta es la solidez de su argumento, su inteligente puesta en escena y la originalidad de su planteamiento. Por una vez, los alienígenas no son representados como invasores dispuestos a aniquilar a la humanidad para arrebatarle la Tierra, ni como monstruos antropomorfos que generan repulsión en la especie humana.

Klaatu es humano y su misión no es la de valorar la posibilidad de invadirnos, sino la de advertirnos del peligro que representa, para nosotros y también para nuestros vecinos del cosmos, la patética escalada armamentística en la que se ha sumido nuestro planeta durante la llamada Guerra Fría. Es un emisario de paz en un mundo que vive en perpetua paranoia belicista. Apenas desembarca de su nave, resulta herido por el disparo de un soldado demasiado nervioso, provocando la reacción de su robot Gort, que comienza a desintegrar las armas de los militares con un sorprendente y poderoso rayo óptico. Aunque han podido matarle, Klaatu comprende que no fue algo premeditado y ordena a Gort que deje de disparar contra los soldados. Posteriormente es trasladado a un hospital militar para curarle la herida. Allí, y tras comprobar los médicos que realmente es humano, se reúne con él el secretario del presidente de los EE. UU., al que el alienígena comunica que tiene un mensaje que debe ser conocido por toda la humanidad. Como siempre, la politiquería bajuna internacional muestra su incapacidad para ponerse de acuerdo en nada, y Klaatu, harto de tanta dilación sin sentido, sugiere que le gustaría mezclarse de incógnito con la gente para conocerla mejor. El secretario Harley (Frank Conroy) se opone a ello, alegando que debe permanecer en el hospital bajo custodia, de modo que el extraterreste huye del hospital, mezclándose a sus anchas con los ciudadanos de Washington DC, ya que nadie le reconoce, y utilizando el alias de señor Carpenter, nombre de la lavandería de la que sustrajo el traje que lleva puesto. El emisario alienígena acaba hospedándose en un discreto hotelito, trabando amistad con Bobby (Billy Gray) y su madre, una joven y hermosa viuda llamada Helen Benson (Patricia Neal) Poco tiempo después, mientras Helen y su novio Tom Stevens (Hugh Marlowe) salen a cenar, Klaatu y Bobby visitan el domicilio de un reputado científico con el que el alienígena tiene interés en hablar, pero éste no se encuentra en casa en ese momento. Ante la sorpresa del muchacho, Klaatu soluciona con increíble facilidad un complicado problema que el profesor Jacob Barnhardt (Sam Jaffe) había planteado en una pizarra. En ese momento aparece el ama de llaves del científico, quien los echa de la casa con cajas destempladas, no sin que antes Klaatu haya podido escribir su dirección en un bloc del profesor he impedir que la mujer borrara las anotaciones de la pizarra. Cuando el científico regresa, se queda estupefacto ante la solución que Klaatu ha dado a su ecuación y envía a buscarle inmediatamente.

El falso señor Carpenter revela a Barnhardt su verdadera condición y la misión que le ha traído a nuestro planeta. La humanidad está experimentando con energías poderosísimas y es prioritario impedir que desarrolle nuevas armas nucleares más destructivas. Klaatu es muy claro en sus afirmaciones: el desmedido desarrollo armamentístico de la Tierra representa una amenaza no sólo para ésta, sino también para el resto de los mundos habitados, que pueden verse obligados a destruir nuestro planeta con el fin de evitar un mal mayor. Para demostrar su poder y así confirmar la seriedad de su advertencia, tiene intención de hacer algo muy espectacular, pero que sin embargo no causará ningún daño a la especie humana. Y con el fin de poder llevar a cabo su misión satisfactoriamente, el alienígena, con la ayuda de Barhardt, impulsa una reunión de los mejores científicos del mundo.

Gort el implacable
Gort el implacable

Klaatu, con una linterna prestada por Bobby, parte una noche hacia su platillo volante, seguido, sin él saberlo, por el chico. La nave ha sido cercada por un muro aparentemente impenetrable, pero el alienígena consigue hacer señales luminosas al inmóvil Gort, que de pronto se pone en movimiento neutralizando a varios guardias, lo que aprovecha su dueño para entrar en la astronave. Con la ayuda de su fabuloso autómata, el emisario extraterrestre activa diversos sistemas que le permitirán ofrecer a todos los gobiernos del mundo una increíble demostración de poder. Exactamente a las doce horas del día siguiente, todos los sistemas eléctricos y mecánicos del mundo, excepto los aviones en vuelo y los sistemas vitales de los hospitales, dejaran de funcionar durante media hora, transcurrida la cual todo volverá a la normalidad.

La demostración de Klaatu es un éxito. Mientras tanto, Bobby pone a su madre y al novio de ésta al tanto de cuanto ha visto, y el ruin Stevens decide denunciar al alienígena, con lo cual la policía y el ejército comienzan una despiadada caza del hombre. Helen, que se siente atraída por Klaatu, le acompaña en su huida. El extraterrestre quiere dirigirse a casa del profesor Barhardt para recabar su ayuda, pero son interceptados por las fuerzas de seguridad y Klaatu es mortalmente herido. Agonizante, consigue instruir a Helen sobre lo que debe hacer, y cuando él fallece, la mujer lleva su cadáver a la nave, transmite a Gort la clave que Klaatu le hizo memorizar y el robot se ocupa de reanimar a su dueño, utilizando para ello la avanzadísima tecnología con que está dotado el vehículo estelar de éste. Más tarde, ya resucitado, Klaatu lanzará su mensaje a toda la humanidad, en un intento de que ésta comprenda la trascendencia de la misión que le ha traído hasta nuestro mundo. Luego, regresa al interior de su nave y esta emprende el vuelo, abandonando la Tierra. Atrás queda una humanidad advertida de lo que puede ocurrirle si no enmienda su comportamiento.

Lo mejor de la ciencia-ficción es su calidad de género abierto, proclive a la hibridez y susceptible, por lo tanto, de ser enriquecido por las aportaciones de otros. Esto es lo que ocurre con ULTIMATUM A LA TIERRA, que siendo un film de ciencia-ficción posee muchas de las características del cine negro. La contrastada fotografía en B/N de Leo Tover y los escenarios en los que transcurre mayormente la acción acentúan notablemente la impresión de que nos hallamos ante una cinta de serie negra con argumento fantástico. Desde el momento en que Klaatu asume la ficticia identidad de Carpenter, y comienza el juego del gato y el ratón entre el alienígena y las fuerzas de seguridad que le persiguen, la película adquiere el estilo narrativo del mejor film noir, con un suspense in crescendo que atrapa el interés del espectador hasta su magistral desenlace. El empleo constante de los escenarios urbanos más o menos sombríos remite también al cine negro, y los únicos elementos que alteran la cotidianidad, recordándonos que estamos básicamente ante una película de ciencia-ficción, son el platillo volante posado frente al principal centro de poder de los EE UU y el amenazador Gort.

El presupuesto del film, aunque mayor que el de otras películas de su temática, tampoco daba para mucho, y dada la precariedad de los efectos especiales de la época, resulta admirable la manera en que fueron resueltas las escenas de la arribada del OVNI de Klaatu y la recreación de Gort. El robot fue interpretado por Lock Martin, un gigantesco acomodador del teatro chino Graumann de Los Ángeles, que tuvo muchos problemas con su pesado e incómodo disfraz. Así, en la escena en la que Gort sostiene en brazos a Patricia Neal, el actor tuvo que ser ayudado con unos cables especiales que, en determinados momentos de la acción, son perfectamente visibles para el espectador.

Klaatu presentándose
Klaatu presentándose

El diseño de la nave es un calco exacto de los platillos volantes que miles de personas de todo el mundo aseguraban haber visto, lo que resulta lógico considerando la época en que se rodó el film. Para lograr que la nave tuviese un aspecto convincente, la ranura de la puerta fue enmasillada y pintada de color plata y así, cuando la escotilla se abría, daba la impresión de que había surgido como por ensalmo en el fuselaje del platillo.

Klaatu iba a ser interpretado por Claude Rains, el inolvidable capitán Louis Reynaud de CASABLANCA (idem, Michael Curtiz, 1942) pero éste actor no pudo aceptar el trabajo por estar ya comprometido para otros films, por lo que el rol recayó en Michael Rennie, cuyo rostro anguloso y apacible otorgó al alienígena un aura de remota y amable superioridad. El resto del reparto lo formaron un buen plantel de actores de segunda fila, muchos de ellos rostros habituales en producciones de bajo presupuesto.

ULTIMATUM A LA TIERRA fue el mejor trabajo como director de Robert Wise, un realizador curtido en la dura escuela del cine de serie B, en la que realizó su aprendizaje desempeñando diversas funciones. El competente artesano que era Wise supo aprovechar al máximo los escasos recursos de que disponía, recurriendo a un hábil montaje de planos para resolver las reacciones del mundo ante los acontecimientos que narra el film, y distribuyendo sabiamente los pocos tanques y extras vestidos de soldados que tenía, emplazándolos estratégicamente para dar la impresión de que son muchísimos más de los que realmente eran. Wise, que había debutado en la dirección con la estimable LA MALDICIÓN DE LA MUJER PANTERA (THE CURSE OF THE CAT PEOPLE, 1944) secuela del clásico LA MUJER PANTERA (CAT PEOPLE, Jacques Tourneur, 1942) regresaría ocasionalmente a nuestro género con LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA (THE ANDROMEDA STRAIN, 1971) y la algo fallida pero sumamente espectacular STAR TREK, LA PELÍCULA (STAR TREK, THE MOTION PICTURE, 1979)

ULTIMATUM A LA TIERRA se convirtió pronto en uno de los clásicos más incombustibles y mejor valorados por los aficionados a la ciencia-ficción, siendo uno de los títulos más representativos del género y, posiblemente, el mejor que se filmó durante los años cincuenta; aunque esto último, claro está, es una apreciación personal del autor y, por tanto, perfectamente discutible. Pero de lo que no cabe duda es de que nos encontramos ante una cinta que marcó un antes y un después en la forma de entender y realizar la ciencia-ficción cinematográfica, y ante una obra maestra no sólo de la ciencia-ficción, sino también del Séptimo Arte.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.808 palabras) Créditos Créditos

¿De qué se trata?

¡¡¡URGENTE, ULTIMA HORA!!! Llegan reportes desde las cuatro regiones del mundo, sobre un platillo volador que está sobrevolándolo todo. Finalmente, el platillo se posa nada menos que en Washington DC (ellos lo sabían, EE. UU. ganaría, porque de lo contrario, de sobra que se aparcan en la Plaza Roja de Moscú) De allí descienden dos criaturas distintas. Una de ellas es un astronauta alto como un poste de luz anoréxico, el otro es un robot antropomorfoide cuyos ojos son unas luces que se ven nada más nicantosas, y que seguro impresionan a todas las chicas del barrio. Por supuesto que la mili, que para algo son la mili, forman un cordón y se disponen a hacer lo que saben, o sea, disparar primero y preguntar después. Eso es exactamente lo que sucede, de manera que el bicho biológico, que se llama Klaatu, resulta herido. Se lo llevan de urgencia a un hospital, mientras que el robot, llamado Gort, se queda quietito. Los militares tratan de estudiar al prisionero, y, por si las dudas, lo dejan encerradito, no vaya a ser cosa que los espías soviéticos lo secuestren y acabe al otro lado de la cortina de hierro. Pobrecitos, no saben con lo que se enfrentan, porque para el extraterrestre es cosa nada más sencilla el fugarse. Con un poco de maña, consigue albergarse en una pensión en donde descubrirá el lado amable de la vida humana, abandonando su nombre alienígena de Klaatu para pasar a llamarse Carpenter. Allí se encuentra con una chica nada más mona, y que conserva su figura de lo más bien, a pesar de tener un hijo ya crecidito, y que a pesar de estar medio comprometida con un peor es nada, no tarda en empezar a hacerse la vaporosa con nuestro héroe extraterrestre. Mientras el chico le muestra la ciudad al extranjero (y si supiera cuan extranjero es en verdad, se le caerían los primeros pelos púbicos) éste lo utiliza para tratar de alcanzar a la comunidad científica, porque a pesar de que parece amistoso, en verdad el extraterrestre tiene agenda propia. Sucede que los gobiernos de la Tierra han empezado a darse la lata con la amenaza atómica y esas cosas, y pues bien, las fuerzas alienígenas no están dispuestas a que el recién llegado del barrio tenga armas de destrucción masiva, y si los humanitos deciden llevar la destrucción atómica al espacio, más vale que se vayan olvidando de su lindo planetita. Palabra de Klaatu (y de Gort también)

El espíritu de los tiempos

En 1951 el mundo estaba convulsionado. Estados Unidos y la Unión Soviética estaban en plena carrera por ver quien construía el mejor chiche nuclear, y el resultado es que la cantidad de megatones per cápita en el mundo estaba creciendo alegremente. La mejor parte de todo es que en caso extremo, estaban dispuestos a utilizarlo, algo que rescatan bien filmes disímiles y al mismo tiempo extrañamente familiares, como TRECE DÍAS o DOCTOR INSÓLITO (DR. STRANGELOVE) Por aquellos días se publicó un cuentecillo que parece ser no era nada del otro jueves, pero que algún ejecutivo de la Fox tuvo la buena idea de comprarlo por la miseria de 500 de los verdes. Y lo llevaron al cine. El señor Zanuck, mandamás de la Fox tan bueno con los números como putero (ya mencionamos como metió a su chica calientabragas en SINUHÉ EL EGIPCIO, y vamos a ver cómo hizo carrera Marilyn Monroe) vio un gran éxito potencial. Así es que contrató al director Robert Wise, por ese entonces un novato, pero que ya había dado un poco de que hablar, y que en años posteriores seguiría haciéndolo con pelis como HELENA DE TROYA, WEST SIDE STORY, LA NOVICIA REBELDE, LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA y VIAJE A LAS ESTRELLAS: LA PELÍCULA, por no hablar de su labor como editor en la faraónica y majestuosa CIUDADANO KANE, ahí es nada. El resultado podría haber sido otra de esas películas de ciencia-ficción basurientas de los 50, con platillos voladores a los que se le ve los hilos colgando y esas cosas, pero no. Resultó ser un clásico instantáneo, y eso hasta el día de hoy. Y uno puede buenamente preguntarse por qué, en realidad. No es que la película sea mala, pero es que revela unas cosas sobre la psicología de la gente, que, pues, no sé.

¿Por qué verla?

:: La interpretación clásica de la película va como sigue. La Humanidad descubre el arma atómica, y por ende se pone en riesgo de ser exterminada. Llegan entonces Klaatu y Gort, lanzan su ultimátum, y pues bien, todo arreglado, se supone que la Humanidad aprende a vivir en paz y esas cosas, en particular después de una buena demostración de fuerza. Y según esa gente, todo esto es un alegato pacifista y antibelicista. Es más, el propio Robert Wise, buenazo él, se la creía. Yo no sé qué película vio esa gente, y no tengo idea de qué pensaba el señor Wise cuando la rodó, pero definitivamente no era la peli que yo vi. Veamos. La Humanidad desarrolla un arma de destrucción masiva, y los extraterrestres, mosqueados porque algún día la china les puede tocar a ellos, deciden abortar el programa atómico humano en embrión y le ordenan desarmarse, así, porque sí, sin respeto alguno ni por la soberanía ni por el principio de autodeterminación, y si no, su ridícula pero potencialmente peligrosa fuerza nuclear será aplastada por nuestra inconmensurable y mayor cachilupi fuerza. Manerita de ser pacifista ésa. Esto no está mal, por supuesto. Como vemos, esta película hace una confesión explícita de que eso de la paz y la armonía mundial son ñoñadas, y lo que de verdad funciona si quieres tener paz, es tener un buen garrote detrás de la sonrisa amable, por si el desgraciado al que le sonríes decide tomárselo a mal. Seguro que de tener derecho a voto, Klaatu hubiera votado a George W. Bush, ¡si es que piensan tan parecido! Por supuesto que desde Cine 9009 no apoyamos al señor Bush por mentiroso y corrupto, pero sí que le encontramos la razón a Klaatu en un punto: si quieres que esos estúpidos y malvados terrícolas se desarmen, no pierdas el tiempo implorándoles que por favorcito, si fueran tan amables y se dignaran a comedirse un poco, boten sus armas atómicas y se dediquen a recoger florecitas en el parque. Mejor que eso, anda, amenázalos, aprovecha de ponerles una prueba de fuerza encima para que crean, y ya verás como consigues mejores resultados. Lo dicho, esta película es toda una escuela de realpolitik, y ese es probablemente su mejor mérito, y la razón de su supervivencia entre la ristra de platillos voladores que llegaron a la Tierra en los 50.

:: La parábola religiosa es también muy interesante. Klaatu desciende desde el cielo a la Tierra y se encarna commo humano en Carpenter (o sea, en carpintero) Pero cuando tiene que salir a su misión, terminan por descubrirlo y matarlo. Pero el carpintero resucita, y después de lanzar su mensaje de paz y amor (o se desarman, o los desarmamos, pero por presas) sube a los cielos. Un Cristo cualquiera, el muchacho. Por supuesto que, como buenos yankis, el Cristo de esta película no es el Padre amantísimo y fuente prístina de bondad, sino el terrible Dios del Trueno que se venga de los pecados de los pobres mortales (en este caso el arma atómica) y lo hace saber fuerte y claro jodiéndole la vida a los tranquilos paisanos que se niegan a seguir su Palabra, y que castiga las faltas de los padres hasta la tercera y la cuarta generación, en el más puro y viejo estilo veterotestamentario. Con razón los yankis viven aterrados y necesitan dominar a todo el mundo para sentirse seguros, porque con un dios así.

:: La historia está bien desarrollada. La anécdota es simple a rabiar, pero aún así los guionistas se las arreglan para sacarle el máximo de provecho. Y es que la trama del mensajero semidivino extraterreste escondido en una mugrosa pensión en las afueras suena hasta chusca, puesta así sobre papel (o posteada en un blog como Cine 9009) pero está resuelta con ingenio, y en algunos minutos, con sentimiento auténtico. Además, explota bien la paranoia de los ciudadanos, incentivada (en vez de menguada) por los milicos, que por una vez en la vida del cine made in Hollywood, son los tontos de la peli.

:: Mención aparte para los efectos especiales. Son primarios, para todo aquello que es posible de hacer hoy en día con los computadores, pero aún así tienen presencia. Para el robot Gort no se hacen mayores complicaciones y recurren al viejo traje de hulespuma de toda la vida, pero el efecto del cierre hermético de la puerta del platillo volador se ve perfecto incluso hoy en día. Las escenas estilo pseudonoticiaero le añaden bastante verismo al asunto (Paul Verhoeven no inventó nada, como pueden ver) y la prueba de fuerza es resuelta en términos fílmicos de manera aterradora (a pesar de que en rigor no sólo nadie muere, sino que Klaatu se asegura de que nadie salga dañado en toda la Tierra, eso es diligencia)

:: También se gana una gran mención el único e incomparable Bernard Herrman, que compone una grandiosa banda sonora para esta película. ¿Qué quién es Bernard Herrman? Déjenme decirlo de esta manera. Sin Bernard Herrman, Hitchcock habría sido sólo medio Hitchcock, para la posteridad.

Ideal para: Ver un clásico profundo de la ciencia-ficción, repleta de buenas ideas (pero no las buenas ideas que los sentimentaloides pretenden ver)

© Félix Capitán, (1.589 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en Cine 9009 el 3 de enero de 2008