WATCHMEN
WATCHMEN EE. UU., 2009
Título original: Watchmen
Dirección: Zack Snyder
Guión: David Hayter y Alex Tse
Producción: Lawrence Gordon, Lloyd Levin, Deborah Snyder
Música: Tyler Bates
Fotografía: Larry Fong
Duración: 182 min.
IMDb:
Reparto: Malin Akerman (Laurie Jupiter/Silk Spectre II); Billy Crudup (Dr. Manhattan/Jon Osterman); Matthew Goode (Adrian Veidt/Ozymandias); Jackie Earle Haley (Walter Kovacs/Rorschach); Jeffrey Dean Morgan (Edward Blake/The Comedian); Patrick Wilson (Dan Dreiberg/Nite Owl II); Carla Gugino (Sally Jupiter/Silk Spectre); Matt Frewer (Edgar Jacobi/Moloch the Mystic); Stephen McHattie (Hollis Mason/Nite Owl)
Comentarios de: J. P. Bango

Quizá sea Watchmen de Moore­ y Gibbons la obra más rotunda y profusamente cabal de todas y cuantas trataron de reconducir el subgénero superheroico por los poco transitables senderos de la pretensión, en una época (principios de los ochenta) que (solo) en apariencia simbolizaba el fin de las ideologías (entendidas como conceptos hegemónicos)

Paradójicamente, lejos de representar el inicio de una etapa de madurez en el mundo del cómic para adolescentes con neuronas, Watchmen (cómic) supondrá un cénit inalcanzable para la mayoría de los compañeros de profesión del propio Moore­ que, sin embargo, no ignoraron la difícil tarea de imitarlo, obviando el calado autocrítico de su subtexto (claramente autoconsciente, a la misma altura emocional que el quijote cervantino) y centrándose en lo más evidente, poblando el mundo del cómic de discusiones tremendistas y parábolas de tres al cuarto; en términos cinéfilos, propiciando algo similar en el mundillo del noveno arte a lo que aconteciera al cine de acción de principios de los noventa como consecuencia de la irrupción estruendosa de RESERVOIR DOGS, cuya sorna verborréica, personajes arquetípicos y (des) estructura narrativa sería insertada por doquier en multitud de productos, hoy justamente olvidados.

Zack Snyder, que es un tipo listo, se libera de algunas de las imbricaciones más pretenciosas (y de la mayoría de las sociopolíticas) contenidas en el libreto de Moore­ pero no de su tejido filosófico, buscando no ya solo la complicidad del seguidor más recalcitrante sino un mínimo sentido de coherencia que ayude a explicar no ya solo el suculento trasfondo emocional que ocultan los personajes sino también el sentido desmitificador que exuda toda la obra, también desde el punto de vista de sus superhéroes. Tampoco es ajeno el bueno de Snyder a la estructura narrativa de Moore­ (poblada de flashbacks, saltos temporales y organización coral) ni por supuesto a toda una escenografía (cortesía de David Gibbons) cuyos principales iconos podrían referirse al cine negro (una atmósfera umbría, conscientemente afeada, voz en off introductoria...) incluyendo un arquetipo puramente bogartiano en la figura de Rorschach, aspectos todos ellos que también contribuyeron a hacer de la obra epónima el cómic incontestable que todavía es.

El buen pulso narrativo del director de DAWN OF THE DEAD, en fin, ayuda a componer sobre tan gozosa base una primera hora, de veras, magistral, incluyendo un prólogo modélico que va a definir el contexto ucrónico donde va a desarrollarse el film (un género tan apasionante como ninguneado a este lado de la pantalla, por cierto) propiciando una obra de acción cuyo principal estímulo lo asume, paradójicamente, a través de la ausencia de acción, extendiéndose en el desarrollo de los personajes no ya como claves para entender su naturaleza en un entramado tipo whodunit sino como apotegmas morales que refieren los diferentes modos de enfrentarse a una misma realidad social (y ya hablamos de conductismo) aspecto crucial en la bibliografía made in Moore­.

La eficacia de su discurso se diluye, empero, no ya como consecuencia de la obviedad de algunos de sus segmentos (no en vano, no deja de ser una película de corte superheróico, aunque travestida con dilemas éticos y cierto nivel de trascendencia) sino por la propia inabarcabilidad de la historia que la da forma y sentido, quedando una parte intermedia desposeída de ritmo, quizá por concebirse a modo de resumen, y errando, por desgracia, en su encomienda final, viéndose incapaz de transferir el sentido autocrítico que dimana la obra de Moore­ al mundo de los superhéroes cinematográficos; un propósito que parcialmente si había conseguido Nolan en EL CABALLERO OSCURO.

Ninguno de estos desperfectos impiden, sin embargo, que estemos en presencia de una obra claramente disfrutable, además de lúcida; una película que introduce en el mundo de la ciencia-ficción cinefílica al que será uno de sus arquetipos para el futuro (el Dr. Manhattan) WATCHMEN, en fin, continua la afortunada tendencia de coaligar la obsesión pirotécnica (imposición obligada de los departamentos de producción) con el desarrollo de unos personajes, en verdad, intensos y relevantes. Un buen punto de partida para una más que anhelada revolución. Esperemos que arraigue la idea.

Lo más destacado: haber sabido evitar su fracaso.

Lo menos destacado: comprobar de primera mano que aún quedan varios lustros para que una obra quijotesca (pero de verdad) logre poner en su sitio el subgénero aludido.

Calificación: 7, 5.

© J. P. Bango, (722 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El séptimo vicio el 9 de marzo de 2009