YO, MUDD
Star Trek TOS: YO, MUDD EE. UU., 1967
Título original: I, Mudd
Dirección: Marc Daniels
Guión: Stephen Kandel
Producción: Gene Roddenberry
Música: Alexander Courage y Fred Steiner
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); Walter Koenig (Chekov); Roger C Carmel (Harry Mudd); Richard Tatro (Norman); Alyce Andrece (Alicias 1 a 250); Rhae Andrece (Alicias 251 a 500); Kay Elliot (Stella Mudd)
Temporada: 2, Episodio: 8

Sinopsis

Fecha estelar 4513.3. Norman, un androide camuflado como un tripulante más, se apodera de la Enterprise, desviándola de su curso y dirigiéndola hacia un planeta poblado sólo por sofisticadísimos robots. Al frente de ese mundo está, nada más y nada menos, que Harry Mudd, viejo conocido de Kirk. Los androides han capturado la Enterprise y su tripulación para conocer mejor a la humanidad, ya que Mudd no es precisamente un buen ejemplo de la misma. Los seres mecánicos concluyen que la humanidad es muy imperfecta y debe ser protegida de sí misma. Kirk y sus oficiales deben encontrar el medio de anularlos, para evitar que la galaxia caiga bajo una dictadura robótica.

De nuevo Mudd
De nuevo Mudd

Abrochaos los cinturones y preparaos a reír a mandíbula batiente, amigos trekkies. Porque ha vuelto el único, el inimitable, Harcourt Fenton Mudd. El único villano que apareció en dos ocasiones en la serie clásica. Aunque habrá que entrecomillar lo de villano, pues el bueno de Harry no es, ni mucho menos, un criminal o un loco ansioso de poder y gloria, sino un sinvergüenza bastante patoso al que todo le sale mal.

La Enterprise es secuestrada por un androide y conducida a un planeta desconocido por la Federación. Y allí, en ese mundo poblado por robots androides de una perfección asombrosa, nuestros héroes son recibidos por el monarca de los autómatas, que no es otro que Harry Mudd. Tras la sorpresa inicial, Kirk pregunta a Harry por qué demonios han secuestrado su nave. La respuesta del simpático bribón deja estupefactos a nuestros amigos. Los androides necesitan más especímenes humanos para estudiarlos, así que a él se le ocurrió la idea de infiltrar un androide en la Enterprise para apoderarse de ella. De este modo, los robots tendrán nada menos que cuatrocientos treinta ejemplares humanos para sus estudios, y él, Harry Mudd, podrá abandonar ese planeta de una vez por todas. Porque, aunque parezca que Harry lo está pasando divinamente, lo cierto es que es un prisionero. Los robots necesitaban un humano a quien observar, y cuando su nave naufragó en ese planeta, le acogieron y se pusieron a su servicio. Todo, absolutamente todo lo que Mudd desee, le es proporcionado por los androides. Pero no le permiten marcharse, ya que le necesitan para comprender a la humanidad. Ahora, con la llegada de la Enterprise, Mudd pretende permutar su libertad por la de Kirk y su tripulación. A Jim la cosa no le hace maldita la gracia, pero la situación parece que se les está yendo de las manos, ya que los robots se apoderan de la Enterprise. Harry se las promete muy felices, soñando con abandonar esa jaula de oro y hacer lo que realmente le gusta, que es vagabundear por el cosmos. Pero los autómatas se niegan a dejarle ir. No permitirán que ningún humano abandone el planeta. Los someterán a un minucioso estudio, y cuando hayan aprendido todo lo que se pueda aprender sobre el género humano, se lanzarán a la conquista de la galaxia utilizando la Enterprise. La amenaza que se cierne sobre la Federación es muy grave, y Kirk y su tripulación, con la colaboración de Mudd, ponen en marcha un plan para neutralizar a los robots.

La rebelión de las máquinas contra el hombre es uno de los recursos más tópicos de la ciencia-ficción. En este capítulo de TOS se incide de nuevo sobre el mismo tema, pero desde una óptica totalmente distinta a la de otras historias parecidas. Lo más importante es que, pese a la terrible amenaza que representan estos robots para la humanidad, YO, MUDD es esencialmente un episodio de comedia, con chistes a todo trapo, hilarantes gags y una genial interpretación de todos los actores, especialmente de Roger C. Carmel, que literalmente se merienda al reparto fijo de la serie.

Los androides de esta historia son muy interesantes. Según los registros incompletos que conservan de sus creadores, a los que llaman los fabricantes, proceden de la galaxia de Andrómeda. La civilización que los creó fue destruida por algún cataclismo cósmico, y sólo esta pequeña colonia de androides sobrevivió. Durante siglos han habitado ese mundo, multiplicándose de modo casi exponencial. Creados para servir a la humanidad, la inesperada arribada de Mudd les proporcionó un objetivo por el que trabajar. Claro que Mudd no es un representante muy ejemplar de la raza humana, y estos androides, tras estudiarlo detenidamente, llegan a la conclusión de que la humanidad es imperfecta, y por tanto, necesita ser guiada y protegida contra sí misma, tarea que ellos están dispuestos a cumplir asumiendo el control de toda la galaxia. Sin embargo, pese a lo que en principio pueda parecer, estos androides distan mucho de ser perfectos. Su inteligencia artificial es bastante limitada, y todas las unidades dependen de un programa principal centralizado en Norman, lo que limita mucho la flexibilidad de su comportamiento y su adaptabilidad. Y es precisamente esta característica la que utilizará Kirk como arma para neutralizarlos.

Androides-doides
Androides-doides

Para recrear las distintas series de androides exactamente idénticos en su aspecto externo, se recurrió a la colaboración de actores gemelos, entre los que destacan las hermanas Andrece, que nos ofrecen una insuperable caracterización de las Alicias. Con unos sencillos pero efectivos trucajes fotográficos, se logró dar la impresión de la existencia de docenas de robots iguales. Un detalle curioso, en el que repara Spock, es que existen numerosas series distintas, pero sólo un Norman, lo que lleva al oficial científico a deducir que éste debe ser el coordinador central de toda la colonia robótica. Por tanto, si consiguen desconectar a Norman, el resto de los androides, faltos de dirección y control, quedarán inutilizados.

Una vez comprobadas las limitaciones de estos robots, se impone desactivarlos como sea, y nuestros héroes logran hacerlo con lo que podríamos definir como una representación del teatro del absurdo. Los humanos escenifican una pantomima sin sentido, y al no poder procesar el ilógico comportamiento de Kirk y los demás, los androides van colapsándose uno a uno. Entre Kirk y Mudd se cargan al pobre Norman, cuya cabeza acaba humeando más que una chimenea en invierno, y privados de su control central, los miles de androides que pueblan esa colonia, y los que se han apoderado de la Enterprise, quedan inmovilizados.

Aunque sus cerebros no sean nada del otro mundo, la perfección física de estos robots resulta asombrosa. En una de las mejores escenas del episodio, Chekov comenta que es una lástima que las Alicias no sean reales, y ellas responden que sí lo son, ya que están programadas para comportarse en todo como hembras humanas. Vamos, que le dan a entender al pobre Pavel que incluso pueden mantener relaciones sexuales. A la vista de esto, y de las dos bellísimas Alicias, no es extraño que Chekov comente: Esto es incluso mejor que Leningrado.

Para conseguir la colaboración de los humanos, los androides tratan de seducirlos, ofreciendo a cada uno de ellos lo que siempre ha deseado. McCoy se muestra entusiasmado con el fabuloso equipo y los laboratorios médicos de la colonia. Scotty, como buen ingeniero, queda fascinado por la increíble tecnología de los androides. Pero la más impresionada es Uhura. Una de las Alicias le dice que los cuerpos androides pueden durar hasta ¡500.000 años! Y no sólo eso. La tecnología androide ha alcanzado tal grado de perfección, que es posible trasplantar un cerebro humano a un cuerpo robótico sin problemas. La eterna belleza y la inmortalidad al alcance de la mano. Toda una tentación para la diosa de ébano de la Enterprise. Pero Uhura, al igual que el resto de sus compañeros, tiene los pies en el suelo y no sucumbe ante tan sugestivo reclamo.

Mudd atrapado
Mudd atrapado

Mudd, por su parte, está dispuesto a colaborar con Jim. Un culo inquieto como él no puede quedarse mucho tiempo en el mismo sitio, aunque sea en un lugar tan cómodo como esa colonia, con miles de autómatas dispuestos a satisfacer hasta el menor de sus caprichos. De todas formas, queda claro que el bueno de Harry se lo pasaba de miedo en ese mundo robótico. Los robots no sólo satisfacían todas sus necesidades, incluso sexuales, sino que, además, hacían realidad hasta sus más peregrinos sueños. En este episodio nos enteramos de que Mudd tiene una mujer en la Tierra, Stella, que viene a ser como esposa y suegra en una sola pieza. Harry confiesa a Jim que fue Stella quien le impulsó a vagabundear por la galaxia, y que el recuerdo de su dulce cónyuge es lo que le hace alejarse más y más en el espacio. Los androides le han construido una réplica robótica de Stella, que permanece en un nicho de la pared hasta que Harry la necesita. El mayor placer de Mudd es ordenarle a su Stella mecánica, programada con la misma personalidad que la real, que cierre el pico de una vez. Obviamente, la Stella androide siempre obedece a Harry, algo que éste nunca consiguió de la verdadera. Al final del episodio, cuando los androides han sido reprogramados para que no representen una amenaza para la humanidad, Kirk decide dejar a Harry en el planeta, a fin de que los robots tengan un buen ejemplo de fracaso humano. Al principio, Mudd no está muy conforme. Pero luego, al mirar a las hermosas mujeres androides que le rodean, se lo toma por el lado bueno. Al fin y al cabo, los robots están dispuestos a seguir complaciéndole en todo como hasta entonces, así que el castigo impuesto por Kirk puede resultar, al final, muy agradable. Con lo que no contaba Harcourt Fenton Mudd es con el peculiar sentido del humor del capitán de la Enterprise. Jim ha programado un androide especial para Harry, y éste se muestra muy agradecido por ello... hasta que aparece el androide en cuestión. O los androides, mejor dicho, ya que se trata de una serie de 500 unidades de Stellas, tan reales tan reales, que no sólo no obedecen a Harry, sino que además están dispuestas a hacerle la vida imposible con sus continuas quejas, críticas y exabruptos.

Roger C. Carmel está inmenso como Harry Mudd. Este gran actor, ya fallecido, compuso uno de los personajes cómicos más logrados de la historia de la televisión. Mudd no volvería a aparecer en TOS, pero sí en la serie animada. Como dije en el ensayo sobre LAS CHICAS DE MUDD, es una verdadera pena que un personaje con tanto potencial fuera tan desaprovechado. Respecto al resto del reparto, cabe comentar que, por una vez, todos participan de forma activa en la trama, haciendo gala de unas sorprendentes dotes cómicas. Impagable el desternillante dúo musical escenificado por McCoy y Scotty.

Haciendo el tonto
Haciendo el tonto

Y no podemos olvidarnos de Kirk y Spock. Jim no considera a Mudd peligroso. Más aún, le hace gracia. No hay que perderse las sonrisas de nuestro idolatrado capitán mientras escucha los planes del jocoso bribón galáctico. Jim sabe que Harry no es un criminal, sino sólo un delincuente de pacotilla bastante fácil de manejar. Tampoco es totalmente culpable de lo que ocurre, ya que en realidad son los androides los que controlan a Mudd y no al revés. Por eso, cuando todo termina, en vez de entregarlo a las autoridades de Deneb V, Kirk decide castigarlo a su manera. El oficial científico, por su parte, disfruta comportándose ilógicamente para seguirle la corriente a sus compañeros. Una de las secuencias más divertidas de YO, MUDD es ésa en la que el pobre Norman, totalmente confundido por el irracional comportamiento de los humanos, se vuelve hacia Spock, ser lógico donde los haya, y le pide que explique la actitud de Kirk y los demás. La explicación del vulcaniano no tiene pies ni cabeza, lo que provoca un sobrecalentamiento de los circuitos cerebrales del líder de los robots, los cuales acabarán fundiéndose como un sorbete en el Valle de la Muerte cuando Jim y Harry le acosen con sus ilógicos comentarios.

YO, MUDD es uno de los mejores episodios de comedia de TOS, sólo superado por el fabuloso LOS TRIBBLES Y SUS TRIBULACIONES. Disfrutemos de una de las historias más hilarantes de Star Trek, un capítulo clásico que sigue conservando su frescura y su comicidad más de cuarenta años después de ser rodado.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.034 palabras) , 25 de mayo de 2021, Créditos