LAS CHICAS DE MUDD
Star Trek TOS: LAS CHICAS DE MUDD EE. UU., 1967
Título original: Mudd´s Women.
Dirección: Harvey Hart
Guión: Stephen Kandel
Producción: Gene Roddenberry
Música: Alexander Courage y Fred Steiner
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock): Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); George Takei (Sulu); Nichelle Nichols (Uhura); Roger C. Carmel (Harry Mudd); Karen Steel (Eve); Maggie Thrett (Ruth); Susan Denberg (Magda); Gene Dynarsky (Ben Childress); Jim Goodwin (teniente Farrel)
Temporada: 1, Episodio: 6
Hartcourt Fenton Mudd, interpretado por Roger C. Carmel
Hartcourt Fenton Mudd, interpretado por Roger C. Carmel

El episodio LAS CHICAS DE MUDD es la presentación en sociedad de uno de los personajes más populares de TOS: Hartcourt Fenton Mudd, el sinvergüenza más simpático de nuestra galaxia y de parte de la de Andrómeda. Por desgracia, tan sugestivo personaje fue muy desaprovechado, ya que sólo aparecería en dos capítulos, éste que nos ocupa y el hilarante YO, MUDD de la segunda temporada. Una pena, porque Mudd podría haber dado mucho juego a la serie, sobre todo en episodios de comedia. Basta imaginar lo que podría haber sido LOS TRIBBLES Y SUS TRIBULACIONES con el bueno de Harry al frente del negocio de importación de tribbles.

La historia comienza con la Enterprise persiguiendo una nave que no se ha identificado y que trata de huir adentrándose en un campo de asteroides. Los motores de la nave fugitiva están hipercalientes, pero aún así intenta alejarse del crucero pesado federal. El resultado es que acaban quemando sus reactores y perdiendo potencia, con lo cual también pierden el deflector que los protege de una posible colisión. Consciente de que el carguero puede chocar en cualquier momento con un pedrusco espacial, Kirk ordena que se amplíe al máximo el alcance del deflector principal de la Enterprise, de modo que cubra a la nave desconocida. Scotty advierte al capitán que eso puede sobrecargar los motores, causando daños en los circuitos de litio. Y efectivamente, éstos comienzan a deteriorarse y se hace necesario recurrir a los acumuladores de energía de emergencia. La otra nave, a pesar de la protección del deflector de la Enterprise, puede ser destruida en cualquier instante, por lo que Kirk ordena el rescate de su tripulación con el transportador.

McCoy, Scotty y Spock se dirigen a la sala del transportador, y unos segundos más tarde se materializa en éste un individuo de curioso aspecto, que se identifica como Leo Walsh, capitán del carguero fugitivo. Unos instantes después, aparecen en el transportador tres personas más, tres mujeres poseedoras de una subyugante belleza, tres féminas increíbles que dejan a nuestros héroes literalmente patidifusos. A todos menos a Spock, claro. Ya se sabe; los vulcanos, aunque tengan una parte humana, suelen ser bastante insensibles al atractivo femenino, a no ser que haya un Pon-Farr de por medio.

La situación no es nada halagüeña para Kirk y su nave. La sobrecarga de los motores va fundiendo los circuitos de litio, hasta que sólo queda uno operativo. Ese cristal de litio que aún no se ha fundido no resistirá mucho tiempo, si toda la energía generada por la reacción materia/antimateria debe ser canalizada a través de él. Para acabar de complicar las cosas, Scotty detecta una pequeña fisura en dicho cristal, lo que agrava extraordinariamente la situación. Por suerte, se encuentran relativamente cerca del planeta Rigel XII, un mundo inhóspito en el que, según el banco de datos de la nave, hay un pequeño grupo de mineros de litio. Kirk ordena fijar rumbo hacia ese planeta, ya que espera que esos mineros puedan proporcionarles los cristales que necesitan.

El siguiente problema en importancia en la agenda de Kirk es el capitán Walsh. Aunque se controla muy bien, Jim está furioso. El rescate de Walsh y su tripulación ha causado graves daños a su amada Enterprise, y nuestro capitán quiere saber las razones por las que Walsh se negó a identificar su nave y trató de huir a través de un peligroso campo de asteroides. En su primera entrevista con Walsh, Kirk intuye que éste miente más que habla, de modo que le confina en un camarote, junto con sus tres tripulantes femeninas, hasta el momento en que pueda interrogarle en profundidad. Las mujeres que acompañan a Walsh preocupan a Jim. Éstas féminas parecen desprender un intenso y extraño influjo que altera los sentidos de los hombres de la tripulación. Decididamente, el capitán Walsh tiene muchas cosas que explicar.

Mudd y sus chicas
Mudd y sus chicas

La vista previa contra Walsh revela que éste es en realidad Hartcourt Fenton Mudd, un delincuente común con un extenso historial delictivo. Mudd, al verse descubierto, no tiene otro remedio que informar a Kirk del objeto de su viaje, que no es otro que llevar a esas tres bellas mujeres a un planeta fronterizo, Ophiucus III, para convertirse en las esposas de otros tantos colonos. Las chicas corroboran las palabras de Harry y a Kirk no le queda otro remedio que aceptar lo que hay, aunque eso sí, no piensa dejar que Mudd se vaya de rositas. Pero Harry tiene otros planes, que piensa llevar a cabo con la inestimable ayuda de sus tres hermosísimas acompañantes.

LAS CHICAS DE MUDD semeja, en principio, un remake en clave de ciencia-ficción de CARAVANA DE MUJERES, western clásico del gran William A Wellman. Al igual que el personaje de Robert Taylor, Mudd lleva un grupo de mujeres a una colonia remota para que sean las esposas de los sufridos colonos. Pero este episodio tiene muchas más lecturas de las que parece. Las fascinantes féminas ocultan un secreto. Su casi irreal belleza parece tener un origen artificial, ya que para mantenerla deben ingerir cada cierto tiempo unas curiosas cápsulas, las llamadas drogas de Venus, que les proporciona Mudd. Cuando el efecto de esa droga se disipa, la belleza de las chicas se marchita a marchas forzadas, como vemos en un momento del episodio, cuando Harry no acaba de encontrar las drogas que escondió en el camarote y ellas se desesperan porque van volviéndose más feas y ajadas a cada minuto que pasa. Esta es una de las escenas más reveladoras, porque mientras Magda y Ruth están fuera de sí, ansiando tomar la droga para recuperar la perfección de sus encantos, Eve permanece en un rincón, tan ajada como sus compañeras pero sin ser presa de la histeria como ellas. Cuando Harry encuentra la droga, Magda y Ruth se apresuran a tomarla, pero Eve duda. Ansía ser bella y perfecta, pero le repugna la idea de que esa belleza y esa perfección procedan de un compuesto químico y no de su propio ser. A pesar de su lucha interna, acabara tomando la droga y volviendo a ser la espectacular belleza de antes. Aunque esto pueda parecer, en principio, una especie de apología de la droga, lo cierto es que no hubo ningún problema con la rígida censura de la época, ya que el mensaje final del episodio está muy claro: la droga, sean cuales sean sus efectos, nunca es buena, y lo que realmente importa es la voluntad de las personas, como nos demuestra con sus actos el personaje de Eve.

Y es que Eve McHuron es una de las mujeres más interesantes que aparecieron en Star Trek. A pesar de hallarse en el siglo XXIII de nuestra Era, tanto ella como sus compañeras han llevado vidas no muy distintas a las de las mujeres de épocas pretéritas. Aunque en la mayoría de los mundos de la Federación la mujer es absolutamente igual en todo al varón, como lo demuestra la presencia en la Flota Estelar de tantas mujeres como hombres, ocupando puestos elevados dentro del organigrama no sólo de la Flota, sino también de la administración federal, aún existen planetas en los que las mujeres siguen representando los roles tradicionales. Eve es una de ellas, y harta de semejante situación, decidió unirse a Harry Mudd y buscar un futuro mejor en los mundos fronterizos de la galaxia, como esposa de algún rico colono. Con todo, Eve acaba rebelándose contra el papel de mujer-objeto que Mudd pretende que represente, y lucha por ser ella misma. Así, siguiendo las instrucciones de Harry, se dispone a seducir a Kirk, pero en el último momento, cuando nuestro idolatrado capitán está a punto de caramelo, ella se echa atrás, porque le gusta la clase de persona que es Jim y no quiere engañarle. Más adelante, cuando llegan a Rigel XII y aparece Ben Childress, el jefe del trío de mineros, Eve se sentirá atraída por él, a pesar de lo cual seguirá resistiéndose a representar el papel de simple señuelo erótico. Esto queda de manifiesto cuando descienden al planeta.

Mientras los compañeros de Childress se divierten con Ruth y Magda, auténticas representaciones carnales de la mujer como el reposo del guerrero, Eve vuelve a quedarse en un rincón, mirando a través de la ventana del refugio de los mineros. Ben, que, al igual que sus compañeros, lleva largo tiempo sin ver a una mujer, trata de intimar con ella, pero Eve no parece estar por la labor. Childress, que sólo quiere un poco de cálida compañía femenina, se aparta de ella enfadado y va en busca de una de las otras chicas, lo que acaba por provocar una pelea entre sus compañeros. Eve, asqueada, huye del refugio, no sin antes gritarles a los mineros que es mejor que lo echen a suertes, y el que pierda se quede con ella. Kirk se lanza en su busca, pero al no ser capaz de encontrarla, regresa a la nave para proseguir la búsqueda con los sensores de largo alcance. Pero éstos se ven interferidos por las fuertes tormentas magnéticas que asolan la superficie de Rigel XII. Es Childress quien, arriesgando su vida, encuentra a Eve y la lleva de vuelta al refugio. Durante las pocas horas que pasan juntos, Childress descubre que Eve posee otras cualidades más valiosas que la belleza. Sin embargo, aún sigue engañándose a sí mismo, creyendo que una cara bonita, siempre sonriente, y un cuerpo de diosa pagana hacen a una mujer. Cuando el efecto de la droga de Venus se va disipando y la hermosura de Eve parece diluirse, Ben se enfurece y cubre de improperios a la mujer, afirmando que con los valiosos cristales de litio que posee puede comprar los favores de las hembras más bellas de la galaxia.

Los mineros
Los mineros

Con la súbita irrupción de Kirk y Harry llegamos al clímax del episodio. El capitán y Mudd explican al minero todo lo relacionado con las drogas de Venus y sus curiosos efectos. Childress, atónito ante lo que acaba de escuchar, sigue observando a la auténtica Eve, tan distinta aparentemente de la hermosa muñeca que vio por primera vez a bordo de la Enterprise, y reprocha a Kirk y Mudd que le llevasen semejante mujer. Y es entonces cuando se revela el verdadero carácter de Eve McHudron. Encarándose con el minero, le espeta que lo que él quiere no es una esposa, si no la criatura artificial generada por una maldita sustancia química, la mujer físicamente perfecta que sólo tiene de mujer la fachada, algo que nunca podrá tener porque no es real. Eve le arrebata a Harry la cápsula y se la toma, volviendo a convertirse en la delicada beldad que vimos al principio del episodio. Volviéndose hacia Childress le pregunta, con voz aterciopelada y ademanes seductores, si es ésa la clase de mujer que quiere, egoísta, vana e inútil; o si, por el contrario, prefiere tener una compañera que le ayude en su trabajo, le ame y comparta con él alegrías y tristezas. Childress, perplejo, reconoce que la dichosa droga hace milagros, y es entonces cuando Kirk y Mudd confiesan que la píldora que Eve acaba de tomar no es más que un caramelo, un placebo, y que esa aura de belleza y perfección que parece envolver a la muchacha la crea ella misma. Porque sólo hay dos clases de hombres y mujeres: los que creen en sí mismos y los que no. Ben Childress comprende entonces lo equivocado que estaba e insiste en que Eve se quede con él, a lo que ella accede, ya que se ha enamorado del rudo minero.

Un aspecto interesante del episodio son los mineros de litio. Cuando pensamos en minería espacial, imaginamos enseguida enormes y costosas instalaciones, dotadas de la más avanzada tecnología y controladas por sofisticados ordenadores. En LAS CHICAS DE MUDD, por el contrario, nos muestran a unos mineros no muy distintos de aquellos otros que se lanzaron a la aventura de buscar oro en la California de 1850 o la Alaska de la década de 1890. Childress y sus dos compañeros son mineros a la antigua usanza. Los cristales de litio, indispensables para el funcionamiento de los motores de curvatura de las naves estelares, son muy escasos y, por tanto, valiosísimos. Al igual que sus predecesores del siglo XIX, estos tres hombres están dispuestos a arrostrar todos los peligros y dificultades, con la esperanza de encontrar un yacimiento de cristales que les haga ricos. Childress y sus socios llevan años viviendo en el inhóspito Rigel XII, en las más precarias condiciones, aislados de la civilización y trabajando sin descanso. No resulta extraño, pues, que la llegada de Mudd con sus tres beldades les trastorne. Cuando Childress se entrevista con Kirk en la Enterprise, el capitán le dice que está autorizado a ofrecerle un precio justo por los cristales, pero el líder minero sólo quiere una cosa: las mujeres que vienen con Harry Mudd. Kirk, naturalmente, se niega a entregárselas, y Ben, que está al tanto de la delicada situación en que se encuentra la nave estelar, chantajea al capitán. O permite que las chicas de Mudd bajen al planeta con ellos, o no le proporcionarán ni un solo cristal de litio. Más aún; asegura a Kirk que, de no aceptar sus condiciones, no obtendrá el litio que necesita ni enviando un equipo de descenso al planeta, ya que él y sus compañeros han ocultado los cristales. Jim recuerda a Childress que están aislados en ese planeta y dependen de los suministros que, cada cierto tiempo, les envía una nave de la Flota Estelar. Pero al final, nuestro estimado capitán no tiene otro remedio que ceder y permitir que las chicas desciendan a Rigel XII.

Otro detalle que llama la atención es el hecho de que los mineros no dispongan de nave propia. Es de suponer que una nave estelar, incluso un carguero de segunda mano, cueste una pequeña fortuna, pero eso de que Childress y sus amigos no tengan ni una mala lanzadera no resulta muy creíble. Bueno, al menos disponen de un transmisor/receptor subespacial.

Cuando comenzó el rodaje de la serie, a alguien se le ocurrió llamar litio a esos increíbles cristales, cuya densidad es tal que resisten el paso a través de ellos del flujo energético generado por una reacción materia/antimateria. Sin embargo, Gene Roddenberry cayó pronto en la cuenta de que el litio existía realmente, de modo que se decidió cambiar ligeramente el nombre de la dichosa materia, pasando a denominarse cristales de dilitio. Se rumorea que fue Isaac Asimov, gran amigo de Roddenberry y uno de los primeros trekkies de renombre, quien informó al Gran Pájaro de la Galaxia de la existencia del litio.

El decorado de Rigel XII es como todos los de TOS: cartón piedra a mansalva. Pero cumple su función a las mil maravillas. El efecto de la tormenta magnética y el ululante viento es estupendo. Obviamente, dado el escaso presupuesto con que contó la serie, la nave de Mudd nos la muestran como una mancha luminosa en la pantalla del puente de la Enterprise.

Las chicas de Mudd
Las chicas de Mudd

LAS CHICAS DE MUDD pudo haber sido el episodio piloto de Star Trek, tras el fallido LA JAULA (THE CAGE) que nunca fue emitido. En el último momento, Roddenberry decidió que el tono ligero de esta historia podría dar una impresión falsa respecto a lo que la serie pretendía ser en su conjunto. Por tanto, se escogió como segundo piloto UN LUGAR JAMÁS VISITADO POR EL HOMBRE (WHERE NO MAN HAS GONE BEFORE) La cadena NBC, inexplicablemente, no respetó el orden de producción de los episodios, de modo que el primero que se emitió, el 8 de septiembre de 1966, fue LA TRAMPA HUMANA (THE MAN TRAP)

El egocéntrico, ácrata y decididamente iconoclasta Harry Mudd volvería por sus fueros en YO, MUDD (I, MUDD) duodécimo episodio de la segunda temporada. como comenté al principio, es una pena que no se aprovechase más a Mudd. Roger C. Carmel era un gran actor, y su creación de esta especie de chiquillo grande, tan travieso que hasta se hace querer, es insuperable.

Y esto es LAS CHICAS DE MUDD, otro de los grandes episodios de TOS, la única y genuina Star Trek. Otra prueba más de que, para contar buenas historias de ciencia-ficción en televisión, no son imprescindibles ni elevados presupuestos, ni costosos efectos especiales, ni grandes dosis de acción.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.735 palabras) Créditos