NUNCA ME ABANDONES
NUNCA ME ABANDONES Kazuo Ishiguro
Título original: Never let me go
Año de publicación: 2005
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de Narrativas nº 618
Traducción: Jesús Zulaika
Edición: 2005
ISBN:
Precio: 18 EUR

A veces resulta difícil comprender las motivaciones de los autores. En ocasiones son capaces de narrar una aventura extraordinaria a partir de un detalle nimio, y otras parecen absolutamente ciegos a un Gran Tema y se pierden en... detalles nimios. NUNCA ME ABANDONES pertenece a esa segunda categoría. Ishiguro tiene entre manos la posibilidad de mostrar en toda su crudeza hasta que punto el ser humano puede ser bestial consigo mismo y le da una importancia más bien accesoria, prefiriendo contar una serie de anécdotas banales y de un recorrido muy corto.

Ishiguro plantea un escenario en el que, durante los años 50 del siglo XX, se desarrollan hasta tal punto las técnicas de clonación que ésta se realiza a gran escala con el fin de proporcionar una fuente inagotable de órganos para transplantes. Los clones son mantenidos en instituciones especializadas durante su infancia y transferidos posteriormente a pequeñas comunas al llegar a la adolescencia, para convertirlos finalmente en donantes, hasta que ya no queda nada por donar. Pueden optar, no obstante, por labores de apoyo de los donantes, lo que retrasa algunos años, pocos, sus propias donaciones.

NUNCA ME ABANDONES cuenta la historia de tres de ellos, Kath, Ruth y Tommy, alumnos durante su infancia del Hailsham, una de esas instituciones, convertida casi en leyenda gracias a su régimen abierto y peculiares métodos educativos.

Realmente no ocurre nada excepcional a lo largo de la novela. Las grandes revelaciones se despachan muy al final, apresuradamente, como si al autor se le hubiera venido a la memoria tras una tercera revisión del texto que había que atar todos los cabos. Todo lo demás es una sucesión de pequeñas peripecias, insustanciales y para nada relevantes que, apenas marcan de forma determinante la personalidad de los protagonistas. Aunque sea Kath la narradora en primera persona, no experimenta ningún cambio a lo largo de la novela, ni siquiera en los momentos de mayor tensión deja de ser una espectadora bastante impersonal de todo lo que ocurre. Ruth, siempre manipuladora y egoísta hasta el delirio, no cambia demasiado su comportamiento. Solo Tommy evoluciona como persona, pero no hacia la madurez, sino hacia la más absoluta de las apatías.

Lo más desconcertante es la sumisión de los donantes. En ningún momento Ishiguro les pone en situación de rebelarse ante un destino tan dramático. Pasan sus días con una flema casi ovina y su único anhelo es conseguir retrasar, que no evitar, el ciclo de donaciones gracias a su habilidad como cuidadores o mediante un improbable compromiso amoroso. Se podría dar por supuesto que de alguna forma los donantes están alterados genéticamente para ser tan sumisos, o que la educación recibida les hace indiferentes a su destino, pero Ishiguro no menciona nada al respecto, solo conduce a sus personajes al matadero sin que estos hagan nada por evitarlo. Son libres, inteligentes, sensibles, no hay controladores, y asombrosamente, cuando son llamados acuden sin una queja. Particularmente me parece una situación tan absurda que me resulta imposible tomarla como premisa válida.

Ishiguro tampoco plantea cuestiones éticas. Se limita a comentar de pasada lo triste que es el destino de los donantes, pero no se implica con ellos. Si pretendía transmitir el horror intrínseco a las situación que relata lo consigue a medias, y sólo por lo odioso de lo que cuenta, no porque se implique verdaderamente en ello. He visto telefilms de temática similar bastante más comprometidos con las consecuencias morales de la clonación humana.

Eso si, estilísticamente es impecable. Tras la traducción de Jesús Zulaika se adivina un autor contenido, de una precisión casi quirúrgica, al que no le hacen falta grandes alardes para expresarse con claridad. Lamentablemente mi nivel de inglés no da mucho de si, pero sospecho que debe ser un autor bastante fácil de seguir a poco que se tenga un conocimiento aceptable del idioma. Sin embargo, ese estilo sobrio, sencillo, frío en las más de las ocasiones, resulta insuficiente cuando el relato por si mismo no tiene gran entidad, las historias de patio de colegio relatadas casi con indiferencia no dicen nada, necesitan un elemento que las potencie, que las convierta en algo más que el parloteo propio de niños de ocho años, pero Ishiguro no lo hace así, la templanza acaba por convertirse en un extraño zumbido de fondo.

En resumen, NUNCA ME ABANDONES toca un Gran Tema, pero lo desarrolla de forma muy pequeña, pueril y anodina.

© Francisco José Súñer Iglesias, (735 palabras) Créditos