2001: 40 AÑOS DE UNA OBRA MAESTRA
por Antonio Quintana Carrandi
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La estación

El 2 de abril de 1968, hace cuatro décadas, se estrenaba en Washington 2001, UNA ODISEA EN EL ESPACIO. Seis meses más tarde, el 17 de octubre del mismo año, la película se estrenó en España, en Barcelona y Madrid simultáneamente. El éxito del film, sin duda la obra más lograda de Kubrick, fue apoteósico. La recaudación en EE UU fue de más de 25 millones de dólares. En nuestro país, generó unos beneficios de 260 millones de pesetas, una inmensa fortuna para la época. Han pasado cuarenta años desde entonces. Muchas películas de su tiempo han quedado relegadas al olvido. Algunas, pocas, alcanzaron la categoría de obra maestra. Pero ninguna ha logrado lo que 2001: seguir siendo un film absolutamente vigente cuatro décadas después de su rodaje.

La película más importante de ese genio del Séptimo Arte que fue Stanley Kubrick, la creación más sublime y perfecta de la ciencia-ficción cinematográfica, ni siquiera ha envejecido. Rodada con las técnicas de efectos especiales disponibles en los sesenta, la mítica cinta del cineasta neoyorkino conserva aún una frescura extraordinaria, y no hay película actual, por elevado que sea su presupuesto y por ambiciosas que sean sus pretensiones, que pueda hacerle sombra. No ya en el género de la ciencia-ficción, al que pertenece, sino en ningún otro. Porque 2001 no sólo es la mejor película de ciencia-ficción jamás filmada, sino también una de las obras más importantes de la historia del cine.

A mediados de los años sesenta, Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke decidieron unir sus fuerzas para crear la, en palabras del propio escritor, proverbial buena película de ciencia-ficción. Hasta entonces, la ciencia-ficción cinematográfica, aunque había dado títulos tan estimables como ULTIMATUN A LA TIERRA (THE DAY THE EARTH STOOD STILL, Robert Wise, 1951); LA GUERRA DE LOS MUNDOS (WAR OF THE WORLDS, Byron Haskin, 1953); LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (INVASION OF THE BODY SNATCHERS, Don Siegel, 1956) o EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (THE INCREDIBLE SHRINKING MAN, Jack Arnold, 1957) seguía siendo considerada como un subgénero del cine fantástico. Kubrick y Clarke estaban dispuestos a cambiar esto, elevando el cine de ciencia-ficción a la categoría de género por derecho propio y diferenciándolo del resto del fantástico. Cineasta y escritor sabían que se trataba de un reto muy difícil de superar, pero aunando sus talentos y su extraordinaria capacidad de trabajo lograron su propósito.

Partiendo de EL CENTINELA (SENTINEL OF ETERNITY / THE SENTINEL) un relato corto de Clarke, éste y Kubrick dieron forma a un guión que no sólo aprovechaba el rico material literario del novelista británico, sino que incluso lo mejoraba sustancialmente gracias a las personalísimas aportaciones del gran director americano. El resultado fue una historia fascinante, construida sobre diversas concepciones filosóficas que imbuyen al relato de una trascendencia quizás no del todo deseada por Kubrick, pero que sería muy apreciada por público y crítica.

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Explorando

Algo en lo que estaban totalmente de acuerdo Stanley y Arthur era en que la película debía ser lo más realista posible. Ciencia-ficción, sí; pero plausible. Lo más importante para Kubrick era saber qué avances podría producir la ciencia en los próximos treinta y tres años. De modo que se consultaron laboratorios, corporaciones aeroespaciales, universidades, observatorios astronómicos e industrias de todo tipo, cuya colaboración fue inestimable a la hora de dotar de la mayor verosimilitud posible al aspecto visual de la cinta. Pocas veces se ha llevado a cabo una labor de documentación tan ardua a la hora de rodar una película, pero el resultado final valió la pena y el esfuerzo.

El problema más importante surgió a la hora de plasmar la historia en imágenes tal y como Kubrick quería. Las técnicas de efectos especiales clásicas daban resultados muy pobres en pantalla, así que el bueno de Stanley se las arregló para que la poderosa Metro Goldwyn Mayer aumentara el presupuesto de la película. De los seis millones de dólares presupuestados inicialmente, se pasó a diez millones y medio, lo que convirtió a 2001 en una de las producciones más costosas de la historia del Séptimo Arte. La inyección monetaria le vino muy bien a Kubrick, que invirtió buena parte de ese capital en financiar el desarrollo de nuevas técnicas de efectos especiales; técnicas que, posteriormente, serían empleadas en otras películas, y se convertirían en la base de los trucajes cinematográficos hasta la llegada de la informática avanzada y las infografías.

En diciembre de 1965 comenzó el rodaje de 2001. Para entonces, Kubrick llevaba ya nueve meses redactando y perfilando el guión, y otros seis meses trabajando en la planificación de la preproducción. El rodaje se prolongó durante dos largos años. El trabajo con los actores abarcó cinco meses. Los técnicos de efectos especiales, dirigidos por el propio Kubrick, tardaron año y medio en completar su trabajo, realizando un total de 205 efectos sobre los planos de la cinta. Cuando terminaron, hasta ellos mismos estaban asombrados de la perfección alcanzada. El film se rodó íntegramente en los estudios Boreham Wood´s de Inglaterra.

La película iba a titularse VIAJE MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS (JOURNEY BEYOND THE STARS) pero al final se decidió crear cierto paralelismo con LA ODISEA de Homero. Al finalizar el proceso de postproducción, 2001 duraba 160 minutos. La cinta fue pasada en diversas salas de Nueva York y Washington. Kubrick analizó cuidadosamente la reacción del público y, tras breves vacilaciones, decidió reducir el metraje inicial hasta los 141 minutos, que es la duración de la versión que todos conocemos. Curiosamente, el director llevó a cabo esta reducción sin que mediaran imposiciones de la productora. A Kubrick le gustaba hacer proyecciones de prueba de sus películas, y luego alterar el metraje y el montaje en función de la reacción del público. Hizo lo mismo con SENDEROS DE GLORIA (PATHS OF GLORY, 1957) y TELÉFONO ROJO, ¿VOLAMOS HACIA MOSCÚ? (DR. STRANGELOVE, 1963) con estupendos resultados.

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Comida... ¿apetitosa?

Uno de los aspectos más importantes del film es su banda sonora. Kubrick empleó varias piezas de compositores clásicos, logrando una armoniosa asociación entre esas melodías universales y las fabulosas escenas de los navíos espaciales surcando el vacío cósmico. Las composiciones utilizadas en la cinta son las siguientes:

Tema principal. El Danubio Azul, de Johann Strauss. Filarmónica de Berlín, dirigida por Herbert von Barajan.

Así habló Zarathustra, de Richard Strauss. Filarmónica de Berlín, dirigida por Karl Böhm.

Réquiem, de Gyorgy Ligeti. Radio-orquesta de Bavaria, dirigida por Francis Travis.

Gayane Ballet Suite, de Aram Ilich Khachaturyan. Filarmónica de Leningrado, dirigida por Gennadiy Rozhdestvenskiv.

Atmosphére, de Gyorgy Ligeti. Orquesta de la Alemania Suroeste, dirigida por Ernest Bour.

Lux Aeterna, de Gyorgy Ligeti. Escuela de Cantores de Stuttgart, dirigida por Clyttus Gottwald.

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Leyendo los labios

En abril de 1969 se celebró la 41ª Edición de los Oscars de Hollywood. Por vez primera, el acto tuvo lugar en el hoy célebre Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles. 2001 estuvo nominada para cuatro premios, los correspondientes a director, guión original, dirección artística y efectos especiales. Hoy nadie cuestiona que merecía haber ganado las cuatro estatuillas pero, como siempre, los cerebros grises de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood prefirieron repartir los galardones, premiando a cintas muy inferiores a la de Kubrick, que sólo obtuvo el Oscar a los mejores efectos especiales.

Vista hoy, cuatro décadas después de su estreno, sigue asombrando la perfección técnica de sus trucajes, así como la optimista visión que del futuro de la exploración espacial nos ofrece. En 1968 la carrera espacial estaba en pleno apogeo, y todo el mundo pensaba que en el último cuarto del siglo XX se producirían fantásticos avances en la conquista del espacio. Es cierto que hemos avanzado mucho, pero todavía no hemos alcanzado el nivel tecnológico mostrado en la película. La ISS se asemeja más a una modesta maqueta hecha con piezas de Lego, que a la fabulosa estación espacial imaginada por Kubrick. El transbordador espacial de la NASA, a pesar de los excelentes servicios que ha prestado, no puede hacerle sombra a la elegante, estilizada y lujosa lanzadera en la que viaja Heywood Floyd. Todavía no tenemos bases en la Luna, y al paso que vamos, es poco probable que lleguemos a tenerlas en un futuro cercano. No podemos construir naves del tamaño y complejidad del Discovery, con su gravedad artificial generada por rotación, ni hemos sido capaces de desarrollar ningún tipo de sistema de hibernación o suspensión animada. Tampoco poseemos computadoras tan sofisticadas como HAL, a pesar de los grandes avances realizados en el campo de la informática. En resumen: en el año 2008 estamos aún muy lejos de alcanzar el desarrollo técnico exhibido en esta estupenda película. Y esto es, a mi parecer, una de las cosas que hacen que 2001 siga siendo un film plenamente actual.

Lo único que podemos echar de menos en 2001 es la microelectrónica. Parece increíble, pero ni Kubrick ni Clarke se plantearon las inmensas posibilidades de la miniaturización en el campo de la electrónica. Pero quizás habría sido demasiado pedir que lo previeran todo, ¿verdad?

Han pasado cuarenta años desde su estreno y 2001: UNA ODISEA EN EL ESPACIO sigue siendo precisamente eso, una fabulosa odisea cinematográfica; una impactante sinfonía visual; una magnífica parábola sobre la vida que nos aguarda allá arriba, entre las estrellas. La mejor película de ciencia-ficción de la historia. Ni más ni menos. Disfrutemos de ella y confiemos en que muy pronto podamos surcar el espacio a bordo de naves tan hermosas como la lanzadera de Heywood Floyd.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.581 palabras) Créditos