Espacio 1999: TODO LO QUE BRILLA
Espacio 1999: TODO LO QUE BRILLA Gran Bretaña, 1975
Título original: Space 1999: All That Glisters
Dirección: Ray Austin
Guión: Keith Miles
Producción: Gerry Anderson y Fred Freiberger
Música: Derek Wadsworth
Fotografía: Brian Johnson
Duración: 49 min.
IMDb:
Reparto: Martin Landau (comandante John Koenig); Barbara Bain (doctora Helena Russell); Tony Anholt (jefe de Seguridad Tony Verdeschi); Nick Tate (primer piloto Alan Carter); Catherine Schell (Maya); Patrick Mower (geólogo Dave Reilly)
Espacio 1999

La segunda temporada de Espacio 1999, rodada en coproducción con EE. UU., se caracterizó por contar historias salpicadas de acción, aventura y algo de sentido del humor. Los guiones para esta temporada contenían una importante carga filosófica y trascendental, pero camuflada en un envoltorio supuestamente más ameno. Se trataba de conseguir que esta serie, que en USA no había cosechado el éxito que se esperaba, acabara cuajando entre los aficionados yanquis. Así pues, Gerry Anderson accedió a cambiar ciertos aspectos de la producción, confiando en que ello contribuiría a mejorar la aceptación de Espacio 1999 en la otra orilla del Atlántico. A pesar del esfuerzo realizado, no se logró dicho objetivo. La historia de este relativo fracaso es muy interesante, y en uno de mis próximos trabajos me extenderé sobre el asunto. Por el momento, baste decir que, al ceder con tanta facilidad a las pretensiones yanquis, lo único que consiguió Gerry Anderson fue precipitar el final de Espacio 1999.

Con todo, la segunda temporada nos ofreció un buen puñado de relatos interesantes. TODO LO QUE BRILLA, cuarto episodio de la nueva entrega, destaca como uno de los más entretenidos y originales.

La Luna, en su eterno deambular por el vacío cósmico, pasa muy cerca de un planeta desértico, en el que los sensores y escáneres de largo alcance de Alfa detectan indicios de milgonita, un mineral indispensable para el mantenimiento de los sistemas de soporte vital de la base. El Águila 4, equipada con un módulo/laboratorio, parte hacia ese mundo, ya que los alfanos no pueden dejar pasar la ocasión de hacerse con alguna cantidad de ese preciado mineral. El equipo de misión lo forman el comandante, la doctora Russell, el jefe de Seguridad Tony Verdeschi, la oficial científico Maya, el Primer Piloto Alan Carter y el geólogo Dave Reilly. El Águila 4 desciende sobre el planeta, atravesando un espeso banco de nubes, y aterriza cerca del lugar en el que se ha detectado un rico yacimiento de milgonita y una débil señal biológica que podría ser un signo de vida. Mientras Tony y Helena se quedan de retén a bordo de la nave, el resto parte en busca del valioso mineral. Como la Luna prosigue su inexorable derrota espacial, nuestros amigos sólo disponen de tres horas de tiempo para encontrar el mineral, de modo que deben actuar deprisa, a fin de regresar a Alfa antes de que la vieja Selene se haya alejado demasiado para alcanzarla con la reserva de combustible de la nave. Muy pronto localizan una roca, de regular tamaño, que brilla con una intensa luz amarilla. Todos se muestran muy satisfechos, pues parece que han encontrado una rica veta de ese mineral tan necesario para el sostenimiento de la base lunar. Pero cuando Reilly escanea la roca, las lecturas que obtiene indican que la milgonita no entra en la composición del singular peñasco. Cada vez más intrigado, el geólogo, con la aprobación del comandante, decide cortar un trozo de roca con el láser para examinarlo en el completo laboratorio de la nave. Al ser cortada, la roca segrega un extraño fluido que llama poderosamente la atención de Reilly, ya que nunca antes había visto nada semejante. De regreso a la nave, someten el trozo de roca a un completo análisis por computadora. Para mayor sorpresa de Dave, el pedrusco, a pesar de ser aparentemente eso, una peña, no produce ninguna reacción geológica normal a las pruebas a las que lo someten. Mientras discuten el asunto, Tony, dominado por la curiosidad, observa la roca a través del microscopio. De pronto, ésta emite un destello luminoso y el jefe de Seguridad de Alfa cae al suelo fulminado.

En un principio, la doctora cree que Tony ha muerto. Pero cuando lo conecta al equipo médico del Águila, descubren que sigue vivo, aunque en estado catatónico. Koenig quiere deshacerse de la roca y volver a la base lunar, donde podrán intentar curar a Tony, pero Maya y Helena insisten en que, si hay algún remedio para el joven, éste debe estar forzosamente en la misma roca que le ha dejado en tal estado.

Mientras Helena se queda en la nave, al cuidado de Verdeschi, el resto del equipo vuelve a la roca principal, pues Reilly está seguro de que por allí cerca debe haber milgonita. Un nuevo escaneo da resultado negativo: ni rastro de la milgonita que habían detectado durante el descenso del Águila. El geólogo quiere examinar la secreción de la roca bajo el microscopio portátil. Koenig lo prohibe, pues teme que a Dave le ocurra lo mismo que a Tony, pero Maya y el geólogo afirman que el fluido segregado por la roca no puede ser tan poderoso como ésta, y que el peligro por tanto es mínimo. No muy convencido, Koenig da su consentimiento. Dave examina la extraña secreción, que resulta ser algo muy parecido a la sangre. Anonadados por semejante revelación, nuestros héroes no tienen otro remedio que aceptar que esa roca es, en realidad, un organismo viviente. Sin duda, la forma de vida registrada por los biosensores del Águila.

Mientras tanto, en el Águila, y ante la sorpresa de la doctora Russell, Tony, actuando como un zombi, se levanta y abandona la nave. Helena, que ha comprendido que Tony está bajo el control de esa extraña roca, avisa a John de lo que ocurre. Nuestros amigos se desperdigan por los alrededores en busca de Verdeschi, mientras éste, como un autómata, llega hasta la roca madre, corta un nuevo trozo con el láser y regresa a la nave. Tras depositar el nuevo pedazo de peña junto al que ya tenían en el Águila, el jefe de Seguridad de Alfa vuelve a tumbarse en la camilla, entrando nuevamente en estado catatónico. Y entonces ocurre algo asombroso. Ante la atónita mirada de Helena Russell, ambos trozos de roca comienzan a chisporrotear de un modo extraño, atrayéndose el uno hacia el otro, para acabar fundiéndose, convirtiéndose en una sola roca. Un momento después llegan Koenig y los demás y Helena les explica lo que ha ocurrido. El comandante ordena el regreso a Alfa. Pero cuando él y Alan tratan de hacer despegar el Águila, comprueban que los sistemas de la nave no responden. Todo parece estar en orden, pero nada funciona, ni siquiera las comunicaciones. La única explicación posible es que esa sorprendente entidad pétrea esté bloqueando los sistemas de la navecilla, de modo parecido a como controla a Tony. Mientras Maya y Reilly vuelven a la roca madre, para seguir investigándola, Koenig, desoyendo los consejos de Helena, trata de sacar el trozo de roca del Águila, pero la criatura se lo impide, golpeándole con un destello de luz azul que noquea momentáneamente al comandante, pero sin apoderarse de su voluntad como hizo con Verdeschi. Nuestros héroes acaban dando por hecho que se trata de un ser inteligente, y que quiere algo, pero ¿qué? Todo parece indicar que la criatura, de alguna forma, logró engañar, por así decirlo, a los sensores de largo alcance de Alfa y a los de la nave, con el propósito de atraer a los humanos a ese planeta. Pero, ¿para qué? Sólo tienen una forma de averiguarlo. Deben intentar comunicarse con esa peña viviente, y sólo hay una manera de hacerlo.

Espacio 1999

Dejando a Helena al cuidado de Tony, Koenig y Alan van al encuentro de Reilly y Maya. El geólogo está bastante confundido. No hay ni rastro de milgonita por ninguna parte. Sin embargo, ha descubierto indicios de que en ese mundo hubo agua, aunque ahora sea un planeta desértico. Cuando Koenig le hace partícipe de sus sospechas sobre la roca, Dave se niega a creerlo. A petición del comandante, Maya adquiere la forma de esa roca y trata de comunicarse con ella. Pero cuando recobra su aspecto normal, la bella zykon admite que no le ha sido posible establecer contacto con tan extraña forma de vida, que ésta la ha rechazado.

Entre tanto, la roca que se halla a bordo del Águila cambia de color, adquiriendo un siniestro tono verde. La doctora avisa a John y éste le ordena abandonar la nave, pero el extraordinario ente mineral proyecta un cono de luz verdosa sobre ella, paralizándola. Al mismo tiempo, explora el interior de la nave con otro cono de luz verde. De pronto, la luz se detiene sobre las garrafas que contienen la provisión de agua de los expedicionarios alfanos, y de algún modo, el líquido elemento contenido en dichos recipientes comienza a ser extraído de los mismos, siendo proyectado hacia la roca, que lo absorbe sin que ni una sola gota caiga al suelo. La increíble criatura, al igual que la mayoría de los seres vivos, necesita agua para vivir.

Momentos después, la roca libera a Helena al tiempo que se torna de nuevo amarilla. Koenig ordena a la mujer que salga del Águila, pero la roca sigue bloqueando la puerta. Súbitamente, ante las atónitas miradas de John, Maya, Alan y Reilly, los motores del Águila se encienden y la hermosa nave comienza a elevarse, controlados sus mandos por la poderosa criatura. Pero apenas un minuto después, la nave desciende de nuevo. Reilly comprende en el acto lo que ocurre. El trozo de roca que se halla a bordo no puede abandonar al resto de sí misma.

La criatura toma el control de la computadora, en cuya pantalla comienzan a proyectarse diagramas de cartografía estelar. Evidentemente, está tratando de encontrar algún mundo con agua al que dirigirse. Para Koenig la cosa está muy clara. Esa fascinante forma de vida intenta abandonar ese planeta desértico, así que lo más probable es que utilice a Tony para que la vaya trasladando a bordo de la nave trozo a trozo. John traza un plan para intentar liberar a Tony del dominio de la roca. Cuando el jefe de Seguridad vaya en busca de otro pedazo, Alan y él le dispararán simultáneamente con los láseres en posición de aturdir. El comandante confía en que las descargas debiliten momentáneamente el poder de la roca y la obliguen a suspender su control sobre Verdeschi. Así lo hacen, pero cuando el bueno de Tony es alcanzado por los dos rayos paralizadores, desaparece, se esfuma como si nunca hubiera existido... materializándose casi de inmediato en el Águila. De alguna forma, la maldita roca lo ha teletransportado a la nave. Pero, a pesar de todo, la idea de Koenig ha funcionado, porque Tony recobra el conocimiento sin acordarse de nada de lo que ha ocurrido.

Ahora, por fin, los alfanos ven una oportunidad de salir de ese mundo hostil. El láser y el comunicador de Tony cayeron de sus manos cuando fue alcanzado por los láseres. Hasta entonces, la roca había bloqueado todos los comunicadores menos el de Tony, por razones obvias. Empleando el aparato del jefe de Seguridad, que como todos los comunicadores de Alfa lleva integrado un mando a distancia para las puertas de la base y las de las Águilas, podrán acceder al interior de la nave e intentar deshacerse de la siniestra peña y regresar a la Luna. Pero Reilly, que está obsesionado con esa peligrosa maravilla geológica, se les adelanta. Recoge el mando de Tony y se dirige al Águila, expulsando al exterior a la doctora y a Verdeschi. Luego, Dave, con su láser firmemente amartillado y en posición de matar, se dispone a destruir esa cosa, pero la roca, una vez más, reacciona más rápido que los humanos, desarma a Reilly y lo toma bajo su control. John, que ya cuenta con ello, ha ideado otro plan para tratar de recuperar la nave y huir de allí. Maya modifica el mecanismo del láser del comandante, a fin de que pueda emitir una descarga cuádruple, es decir, que pueda disparar cuatro rayos de máxima potencia al mismo tiempo. En teoría, semejante descarga bastaría para deshidratar la roca, volviéndola inofensiva. Nuestra admirada zykon también tiene un papel importante en el plan de Koenig. Cuando Reilly, controlado por la entidad, abandona la nave en busca de más rocas, se encuentra un trozo a mitad de camino, lo recoge y regresa al Águila. Koenig y Alan le siguen de cerca, consiguiendo colarse en la nave antes de que la escotilla se cierre tras el geólogo. Reilly deja la roca que lleva junto a la otra, que de inmediato comienza el proceso de fusión con su compañera, que no es otra que Maya transformada. La zykon, aterrada, pide auxilio al comandante, ya que si la roca logra su propósito, ella morirá. La entidad pétrea se defiende proyectando su luz azul sobre Koenig. Al no lograr detener a los humanos, la sorprendente forma de vida cambia a un color rojo intenso. Maya avisa a sus amigos que ése es el color que mata, Koenig y Alan esquivan el mortífero foco luminoso y, por fin, John consigue hacer fuego con su láser, alcanzando de lleno al pedrusco, que instantáneamente se torna grisáceo como cualquier piedra normal y corriente. La porción de peña que controlaba la nave está muerta, y es el momento de huir de ese mundo. Pero mientras el Águila se eleva rápidamente, nuestros héroes observan a la roca madre a través de un monitor de televisión. Está agonizando y Dave asegura que, si no recibe agua antes de dos horas, morirá. Maya, que de algún modo ha estado en contacto con tan singular forma de vida, sabe que en realidad no quería hacerles ningún daño, que sólo luchaba por sobrevivir. El planeta está cubierto de nubes y la bella zykon tiene una idea para ayudar a esa maravillosa criatura. A bordo de la nave llevan una buena provisión de cristales activos nucleares, y dejándolos caer sobre los nubarrones pueden provocar que éstos descarguen el agua que contienen. Dicho y hecho. Los cristales nucleares provocan un auténtico diluvio y la roca madre absorbe ávidamente el agua que necesita para sobrevivir, mientras el Águila 4, diestramente pilotada por Alan Carter, regresa a Alfa.

Hay varios detalles interesantes que comentar sobre éste episodio. Cuando lo vi por primera vez, en el lejanísimo año 1977, lo que más me sorprendió fue lo de la roca viviente. En el episodio EL DIABLO EN LA OSCURIDAD, de la serie original de Star Trek, había aparecido ya la Horta, una forma de vida que era, básicamente, una piedra dotada de movilidad e inteligencia. Pero Star Trek se había emitido en la Segunda Cadena de TVE, que en aquella época no cubría todo el territorio nacional como la Primera, así que muchos aficionados españoles no pudimos verla. Por lo tanto, para mi, y para otros muchos fanáticos de la ciencia-ficción, ésta fue la primera roca viva que conocimos.

La roca se erige en la gran protagonista del relato. Es un ser inquietante y misterioso, dotado de unos poderes muy especiales. Es capaz de defenderse con éxito de los humanos, y también de convertir a éstos en autómatas a su servicio. Puede comprender el funcionamiento de una nave espacial y, por tanto, pilotarla. Pero hay un detalle que sobra. Me refiero a eso de que pueda teletransportar a Tony de vuelta al Águila. Veamos; toma bajo su dominio a Verdeschi para que éste la vaya llevando a trozos a bordo de la nave, ya que, como peña que es, carece de movilidad propia. La pregunta es: ¿puede teletransportar a una persona y no es capaz de teletransportarse a sí misma? Francamente, esto no cuadra. Si yo hubiera escrito el guión, habría eliminado esta parte, dejando que Tony se desvaneciera bajo la doble descarga paralizadora y recuperara el conocimiento poco después, y en el mismo sitio.

Espacio 1999

Otro detalle que estropea un poquito el episodio se refiere a la transformación de Maya en el último tramo de la historia. Según veríamos a lo largo de la serie, cuando la zykon se convierte en alguna otra forma de vida, raras veces puede comunicarse oralmente con sus amigos. Sin embargo, en TODO LO QUE BRILLA se metamorfosea en una roca viviente y no sólo puede gritar en demanda de auxilio, sino que, además, la vemos en el interior de esa roca, como atrapada en la misma. Tal escena debería haberse rodado de otra forma. Habría bastado con que nos mostraran a la roca grande, atrayendo hacia sí a la pequeña (Maya) para que Koenig comprendiera que pretendía fundirse con ella, y obrara en consecuencia. Por otra parte, no era necesario que la roca Maya hablara para que nuestros héroes se percataran del peligro que representaba la luz roja. Con las experiencias previas que tuvieron con las luces cambiantes del pajolero pedrusco, hasta un crío de ocho años habría adivinado que la roja equivalía a muerte.

Pero la mayor pifia del episodio se refiere al Águila 4. Esta nave va equipada con un módulo/laboratorio, que tiene una forma característica. Cuando la roca hace despegar la nave, ésta lleva el módulo citado. Pero en la toma en la que vemos la nave en el aire, el módulo principal es del tipo estándar. Luego, cuando la nave aterriza, el módulo/laboratorio vuelve a estar en su sitio. Es evidente que para rodar esta escena se usaron dos maquetas de Águila distintas. ¿Es que nadie se fijó en el detalle? Francamente, sabiendo lo detallista que era Brian Johnson a la hora de filmar las escenas con maquetas, uno no acaba de comprender cómo se les pasó por alto semejante gazapo.

Las pistolas láser de Espacio 1999 son inconfundibles. Cuenta Alfonso Mereló, en el excelente artículo que dedicó a la serie, que muchos críos de la época le quitaban la hoja al serrucho de su padre y se quedaban con la empuñadura, que recordaba bastante la configuración del láser de Koenig y compañía. Yo me hice uno de madera que todavía conservo. Si nos fijamos bien, la pistola láser tiene cuatro cañones, aunque éste será el único episodio, de los 48 que se filmaron, en el que veamos a una de éstas armas disparar una descarga cuádruple.

La milgonita, el mineral que tan importante parece ser para el mantenimiento del sistema de soporte vital de Alfa, no se menciona en ningún episodio anterior de la serie, y tampoco en ninguno de los posteriores. Así que no nos queda más remedio que pensar que la dichosa milgonita no es más que lo que el gran Alfred Hitchcock llamaba el McGuffin, la excusa argumental que sólo sirve para situar a los protagonistas en el escenario en el que se desarrollará la acción.

En esta aventura no aparece ni la base Alfa ni ninguno de sus habitantes, aparte de los que componen la expedición geológica. Toda la acción se desarrolla, pues, en el planeta, que guarda cierta similitud con el Vulcano que vimos en LA ÉPOCA DE AMOK, episodio de la segunda temporada de Star Trek TOS.

Los actores están como siempre: espléndidos en sus papeles. El actor invitado, Patrick Mower, logra hacer creíble su personaje del geólogo Dave Reilly, un tejano de ascendencia irlandesa que ama su trabajo por encima de cualquier otra cosa. Mower le dotó de una gran personalidad, y creo que Reilly podría haber sido un estupendo secundario fijo en la serie. Es una pena que no apareciera más.

TODO LO QUE BRILLA, sin estar a la altura de algunos de los grandes episodios clásicos de Espacio 1999, tales como JUEGOS DE GUERRA, EL DOMINIO DEL DRAGÓN, EL TESTAMENTO DE ARKADIA o EL OTRO DOMINIO DE LA MUERTE, es una estupenda aventura de los esforzados náufragos espaciales de la Base Lunar Alfa. A pesar de las pifias antes mencionadas, sigue siendo una pequeña gran historia de ciencia-ficción. Disfrutemos de ella.

© Antonio Quintana Carrandi, (3.268 palabras) Créditos