REVELACIÓN
REVELACIÓN Drew Karpyshyn
Título original: Revelation
Año de publicación: 2007
Editorial: Timun Mas
Colección: Mass effect
Traducción: Borja Mitjants Minguell
Edición: 2008
Páginas: 282
ISBN:
Precio: 17 EUR

El advenimiento de nuevas formas de comunicación o entretenimiento trae consigo pronóstico agoreros acerca de la muerte de los medios más veteranos. El cine venía dispuesto a acabar con el teatro, que no obstante sobrevive socarrón con una mala salud de hierro, la televisión debía haber matado a la radio, pero la radio mutó, se adaptó y sigue siendo imprescindible. La televisión también parecía que iba a acabar con el cine, pero los contenidos no se crean por generación espontánea, y creativos, técnicos, y actores vieron como se les acumulaba el trabajo. La prensa gratuita iba a fulminar a la prensa tradicional, pero tampoco la evidencia de que se dirigían a nichos de lectores muy diferentes pareció obvia para nadie hasta años después. Por fin, internet y los entretenimientos electrónicos en general, estaban cavando la tumba de todo lo demás, pero no, no solo no han acabado con nada, sino que potencian y se apoyan en aquellos que no parecían en disposición de ofrecer una gran resistencia.

La literatura, tenía todas las papeletas para desaparecer abrumada por tanto audiovisual, sin embargo, miles de años de experiencia y costumbre no se echan de lado así como así y, de forma casi servil, las franquicias nacidas al calor de las consolas, los juegos de rol, y las películas o series de televisión acaban por tener una expansión natural en el mundo de la literatura. No resulta un misterio impenetrable. Los cientos, miles, millones de fans del juego o saga de turno siempre están sedientos de más y más aventuras, escenarios y situaciones. Los medios en los que nacen sus oscuros objetos de deseo tienen un alto coste de producción, y producir más drogaína supone un riesgo considerable. Obsérvese que he reiterado producir, antes que usar el más elegante crear. Crear es barato, los propios fans son capaces de expandir cualquier universo hasta límites inconmensurables, y ya no hablemos de los profesionales adecuadamente incentivados. Sin más rodeos, escribir una novela de Star Trek no solo es más barato, sino que infinitamente más rentable que rodar un episodio, por no hablar de una película. Y esto vale para Star Wars, los Warhammer, Resident Evil, y por supuesto la Dragon Lance.

Teniendo presente estas premisas, BioWare Corp. trasciende al mundo de la electrónica y lanza su propia línea de novelas ambientadas en el universo del juego de rol Mass Effect para Xbox. Desconozco completamente el juego y su mecánica, el universo que plantea y la relación del argumento de la novela con todo lo anteriormente publicado para la consola, no se si es la novelización del argumento o, mejor aún para los amantes del juego, una recreación de líneas argumentales paralelas, solo que por si misma es aceptable, una space-opera entretenida, sin grandes pretensiones literarias (en ocasiones resulta hasta extrañamente tosca) pero con algunos hallazgos interesantes que le dan un curioso punto de verosimilitud.

En el año 2148 la humanidad, englobada en la Alianza, y gracias a la tecnología obtenida de ciertos pecios alienígenas, ha tomado contacto con una serie de razas alienígenas coaligadas alrededor de la Ciudadela, un extraordinario artefacto anterior a la presencia de todas ellas en el espacio. Los humanos han sido los últimos en llegar y su integración está siendo lenta y diplomáticamente compleja, pero no exenta de energía. Un incidente ocurrido en una base militar inicia una desagradable cadena de acontecimientos que David Anderson, un oficial de la Alianza, y la embajadora Goyle lograrán mantener bajo un precario control, y sin que suponga graves perjuicios para la Alianza.

Drew Karpyshyn aporta, pese a su estilo a veces deslavazado, una interesante cantidad de buenos detalles que llevan a la novela más allá de la típica aventura estelar. Las entradas y salidas de los planetas están férreamente reguladas, de modo que nada de aterrizar con aparatosas naves donde Dios le de a entender a cada uno; las fintas diplomáticas sin ser demasiado elaboradas, al menos no son diálogos para besugos sin demasiado sentido, los personajes, pese al antropomorfismo de todas las razas implicadas, tienen un mínimo relieve y no se reducen a buenos muy buenos y malos muy malos.

En resumen, como entretenimiento ligero y lectura juvenil resulta bastante aceptable y amena, escenas sangrientas aparte, que también las hay, aunque sin llegar al sadismo insano de los warhammer.

© Francisco José Súñer Iglesias, (717 palabras) Créditos