CATÁSTROFE EN EL ESPACIO
CATÁSTROFE EN EL ESPACIO Harry Harrison
Título original: Skyfall
Año de publicación: 1976
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-ficción nº 77
Traducción: O. Sachs
Edición: 1984
ISBN:
Precio: Descatalogado

Fue durante la crisis del petróleo de 1973 cuando Occidente tuvo plena consciencia de su dependencia por el oro negro y, peor aún, que los países que controlaban la mayor parte de la producción estaban enfrentados cultural e ideológicamente con sus principales clientes. La situación venía de largo. Todos las maniobras británicas y francesas en Oriente Medio, en el periodo de entreguerras, estaban orientadas a minar la ya débil influencia turca sobre la zona e imponer gobernantes tan despóticos como dúctiles en el trato con sus padrinos occidentales. Pero la jugada salió mal, el nacionalismo árabe alentado por los británicos se conjugó con la creación del estado de Israel, lo que generó un fuerte sentimiento anti-occidental del que la citada crisis fue su primera señal significativa. No hace falta decir que, al día de hoy, aquellas políticas neocoloniales siguen cosechando amargos frutos.

La parte positiva fue que la crisis también alentó las políticas de investigación respecto a las energías alternativas. La hidroeléctrica era la más antigua y común, se potenció la energía nuclear y todo lo que tenía que ver con la energía eólica y solar empezó a despertar enorme interés, proponiéndose decenas de soluciones y proyectos, unos viables y ya de uso corriente, y otros pensando a más largo plazo, ya fuera por su imposibilidad técnica, o práctica,

El planteamiento base de CATÁSTROFE EN EL ESPACIO parte precisamente uno de estos proyectos, que propone concentrar la energía del Sol mediante unos grandes espejos situados en órbita sobre la Tierra y dirigirla a estaciones terrestres que la transformarían en energía eléctrica. Harry Harrison plantea un escenario en el que la enormidad del proyecto hace que para ponerlo en marcha sea necesaria la colaboración de las dos potencias espaciales de la época, Estados Unidos y la Unión Soviética. Los primeros aportando los elementos de ingeniería más delicados y los segundos su vasta experiencia en grandes impulsores.

Si todo hubiera quedado en un tratado de astronáutica la novela hubiera resultado tan entretenida como cualquier libro de divulgación científica. De hecho Harry Harrison se toma poquísimas licencias respecto a la tecnología empleada, todo lo que describe estaba al alcance de las agencias espaciales en aquel momento, hasta el punto de que más que de ciencia-ficción habría que hablar de tecno-thriller, de modo que prefiere decantarse por los aspectos políticos y humanos de la misión. Respecto a esta, Harrison no da concesiones, si algo puede salir mal, saldrá, y de principio a fin los esforzados tripulantes de la Prometeo verán como uno tras otros los sistemas de la nave fallan, se destruyen y hasta les atacan. Eso le permite construir una historia trepidante y llena de suspense, donde todo está en el aire (más bien espacio) hasta el último minuto, para volver de nuevo a empezar peor que antes. No obstante, Harrison no echa la culpa a los ingenieros, rusos o americanos, responsables del proyecto. Hace recaer toda la responsabilidad de los fallos en los políticos que apresuran la puesta en marcha de la misión con la obvia finalidad de conseguir beneficios propios de ello, la reelección del presidente Bandin por un lado y el mantenerse en el poder del premier Polyarni por otro. De hecho, los héroes son los ingenieros y astronautas que llevan al límite sus conocimientos y coraje para intentar que la misión no sea una catástrofe peor de lo que llega a ser.

Quien se espere encontrar rastros de BILL, HÉROE GALÁCTICO en esta novela que se olvide. Está más cerca de ¡HAGAN SITIO! ¡HAGAN SITIO! proponiendo un mundo que ha visto el futuro, que planea soluciones a largo plazo y que pese a los desastres, tiene claro el camino a seguir. Por lo demás el libro es de lectura muy agradecida, no precisamente por la edición de Ultramar, que como era habitual ofrecía buenas novelas en muy malas ediciones, pero el estilo directo y fluido de Harrison, su capacidad para establecer un ritmo narrativo regular y un buen sentido del suspense consiguen hacer de CATÁSTROFE EN EL ESPACIO una de esas obras que se leen de un tirón, e inmune a conversaciones a voz en grito, empujones, frenazos y acelerones.

© Francisco José Súñer Iglesias, (784 palabras) Créditos