MAD MAX
MAD MAX Australia, 1979
Título original: Mad Max
Dirección: George Miller
Guión: George Miller, Byron Kennedy
Producción: Byron Kennedy
Música: Brian May
Fotografía: David Eggby
Duración: 88 min.
IMDb:
Reparto: Mel Gibson (Max Rockatansky); Joanne Samuel (Jessie Rockatansky); Hugh Keays-Byrne (Toecutter); Steve Bisley (Jim Goose); Tim Burns (Johnny); Roger Ward (Fifi Macaffee); Lisa Aldenhoven (Enfermera); David Bracks (Mudguts); Bertrand Cadart (Clunk); David Cameron (Barry)

Entre tanta película post-apocalíptica resulta muy extraño encontrarse con una que describa la disolución de la sociedad tal y como la conocemos. Las películas directamente apocalípticas se cuentan por decenas, desde CUANDO LOS MUNDOS CHOCAN y derivados, hasta el enésimo refrito de LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS, pero descripciones del desmoronamiento de una forma de vida son contados, CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE puede ser un ejemplo, HIJOS DE LOS HOMBRES está en esa línea, pero la que marca la pauta de estas rarezas es, sin duda, MAD MAX.

Discutiendo sobre el tema se me ha señalado que MAD MAX es una película apocalíptica como otra cualquiera por cuanto la sociedad que retrata está al borde del colapso a causa de una crisis petrolífera. Recordemos la de 1973-74, solo cinco años antes de producirse la película, y que tanto quebranto supuso para la economía mundial. MAD MAX únicamente prolonga ese declive un cuarto de siglo más y se sitúa justo al borde del colapso definitivo. Sin embargo, la razón de ser de las narraciones apocalípticas es presentar una enorme catástrofe, cuanto más grande mejor, visualmente espectacular y por lo general no lo bastante destructiva como para aniquilar por completo la vida (humana) y dejar unas cuantas moralejas instructivas. La gran diferencia con ellas es que en MAD MAX, además de que sus fuegos de artificio son modestos y no de tamaño planetario, es que no hay grandes hecatombes, ni soflamas esperanzadas en un nuevo Edén. Todo en la película es decadente, los propios personajes persiguen un futuro que no existe, pese a ello, resisten, intentan mantener en pie una civilización que se está degradando por momentos, y en la que el salvajismo es común. El hecho de que Max Rockatansky sea miembro de un cuerpo de policía tan violento como los delincuentes que pretende mantener a raya ya es todo un síntoma.

Probablemente todo esto trascienda a la misma esencia de la película, a caballo entre el road movie, la película de venganza, y el western crepuscular. Con un presupuesto muy corto y una duración más que contenida (apenas hora y media) no necesita mucho más para impactar. Rodada en una época en la que la violencia gratuita estaba en pleno auge, y con una buena cantidad de memorables antecedentes, como GRUPO SALVAJE, LA NARANJA MECÁNICA, HARRY EL SUCIO, etc, aún suponía una clara vocación provocadora, MAD MAX rompía el tabú de que el guardián de la ley, aunque actuara al filo de ésta, siempre era beneficio de la justicia y en bien de la comunidad. Max traspasa ese umbral y solo busca la venganza, además de una forma salvaje y cruel, despojándose de su papel de defensor del orden y sumándose al caos, o más bien multiplicándolo.

Explicar porqué tuvo en su tiempo tanta éxito no es difícil, se trata de una historia simple, directa, sin otro afán que mostrar un mundo acabado y describir con todo lujo de detalles una venganza violenta. Nada de personajes elaborados, pese al trabajo impecable de un primerizo Mel Gibson, nada de conflictos vitales o morales, nada que complique un desarrollo lineal y, sorprendentemente, breve. Además del corto presupuesto manejado, la narración se limita a escasamente hora y media que da la impresión de ser aún menos gracias a lo dinámico y medido de la historia, lo que lleva a concluir que más metraje no implica más facilidades para construir una buena historia, sino que en demasiadas ocasiones solo sirve para introducir escenas irrelevantes y generalmente aburridas.

© Francisco José Súñer Iglesias, (588 palabras) Créditos